Fragmento del Mural de Taniperla

Este comunicado habla de la guerra, no de la de Chiapas, sino de la que actualmente se desarrolla a nivel mundial, algo de lo que ya se había hecho mención antes y sobre el que se volverá de nuevo en varias ocasiones (ver entre otros “¿Cuales son las características fundamentales de la 4a Guerra Mundial?” del 20 de noviembre de 1999).
Comienza por caracterizar la “Guerra Fría” como III Guerra Mundial, cuyo final, con la caída del campo socialista, dejó un vencido pero no hubo un claro ganador. A partir de ahí, el nuevo marco de relaciones internacionales que se estableció en la lucha nueva por nuevos mercados y territorios, el neoliberalismo, produjo una nueva guerra mundial, la IV

7 piezas sueltas del rompecabezas mundial

(El neoliberalismo como rompecabezas:
la inútil unidad mundial que fragmenta y destruye naciones)

1. Pieza 1: La concentración de la riqueza y la distribución de la pobreza
2. Pieza 2: La globalización de la explotación
3. Pieza 3: Migración, la pesadilla errante
4. Pieza 4: Mundialización financiera y globalización de la corrupción y el crimen
5. Pieza 5: ¿La legítima violencia de un poder ilegítimo?
6. Pieza 6: La Megapolítica y los enanos
7. Pieza 7: Las bolsas de resistencia

“La guerra es un asunto de importancia vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación. Es indispensable estudiarla a fondo”.
El Arte de la Guerra. Sun Tzu.

La globalización moderna, el neoliberalismo como sistema mundial, debe entenderse como una nueva guerra de conquista de territorios.

El fin de la III Guerra Mundial o “Guerra Fría” no significa que el mundo haya superado la bipolaridad y se encuentre estable bajo la hegemonía del triunfador. Al terminar esta guerra hubo, sin lugar a dudas, un vencido (el campo socialista), pero es difícil decir quién fue el vencedor. ¿Europa Occidental? ¿Estados Unidos? ¿Japón? ¿Todos ellos? El caso es que la derrota del “imperio del mal” (Reagan y Thatcher dixit) significó la apertura de nuevos mercados sin nuevo dueño. Correspondía, por tanto, luchar para tomar posesión de ellos, conquistarlos.

No sólo eso, el fin de la “Guerra Fría” trajo consigo un nuevo marco de relaciones internacionales en el que la lucha nueva por esos nuevos mercados y territorios produjo una nueva guerra mundial, la IV. Esto obligó, como en todas las guerras, a una redefinición de los Estados Nacionales. Y más allá de la redefinición de los Estados Nacionales, el orden mundial volvió a las viejas épocas de las conquistas de América, Africa y Oceanía. Extraña modernidad esta que avanza hacia atrás, el atardecer del siglo XX tiene más semejanzas con sus brutales centurias antecesoras que con el plácido y racional futuro de algunas novelas de ciencia-ficción. En el mundo de la Posguerra Fría vastos territorios, riquezas y, sobre todo, fuerza de trabajo calificada, esperaban un nuevo amo…

Pero uno es el puesto de dueño del mundo, y varios son los aspirantes a serlo. Y para lograrlo se desata otra guerra, pero ahora entre aquellos que se autodenominaron el “imperio del bien”.

Si la III Guerra Mundial fue entre el capitalismo y el socialismo (liderados por los Estados Unidos y la URSS respectivamente), con escenarios alternos y diferentes grados de intensidad; la IV Guerra Mundial se realiza ahora entre los grandes centros financieros, con escenarios totales y con una intensidad aguda y constante.

Desde el fin de la II Guerra Mundial hasta 1992, se han librado 149 guerras en todo el mundo. El resultado, 23 millones de muertos, no deja dudas de la intensidad de esta III Guerra Mundial. (datos de UNICEF).

Desde las catacumbas del espionaje internacional hasta el espacio sideral de la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica (la “Guerra de las Galaxias” del cowboy Ronald Reagan); desde las arenas de Playa Girón, en Cuba, hasta el Delta del Mekong, en Vietnam; desde la desenfrenada carrera armamentista nuclear hasta los salvajes golpes de Estado en la dolorosa América Latina; desde las ominosas maniobras de los ejércitos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hasta los agentes de la CIA en la Bolivia del asesinato del Che Guevara; la mal llamada “Guerra Fría” alcanzó altas temperaturas que, a pesar del continuo cambio de escenario y el incesante sube-y-baja de la crisis nuclear (o precisamente por esto), acabaron por fundir al campo socialista como sistema mundial, y lo diluyeron como alternativa social.

La III Guerra Mundial mostró las bondades de la “guerra total” (en todas partes y en todas las formas) para el triunfador: el capitalismo. Pero el escenario de posguerra quedó perfilado, de hecho, como un nuevo teatro de operaciones mundial: grandes extensiones de “tierra de nadie” (por el desfonde político, económico y social de Europa del Este y de la URSS), potencias en expansión (Estados Unidos, Europa Occidental y el Japón), crisis económica mundial, y una nueva revolución tecnológica: la informática. “De la misma forma que la revolución industrial había permitido el remplazo del músculo por la máquina, la actual revolución informática apunta al remplazo del cerebro (al menos de un número cada vez más importante de sus funciones) por la computadora. Esta “cerebralización general” de los medios de producción (lo mismo en la industria que en los servicios) es acelerada por la explosión de nuevas investigaciones en las telecomunicaciones y por la proliferación de los cybermundos.” (Ignacio Ramonet. “La planété des désordres” en “Géopolitique du Chaos.” Maniére de Voir 3. Le Monde Diplomatique (LMD). Abril de 1997.)

El rey supremo del capital, el financiero, empezó entonces a desarrollar su estrategia guerrera sobre el nuevo mundo y sobre lo que quedaba en pie del viejo. De la mano de la revolución tecnológica que ponía al mundo entero, por medio de una computadora, en sus escritorios y a su arbitrio, los mercados financieros impusieron sus leyes y preceptos a todo el planeta. La “mundialización” de la nueva guerra no es más que la mundialización de las lógicas de los mercados financieros. De rectores de la economía, los Estados Nacionales (y sus gobernantes) pasaron a ser regidos, más bien teledirigidos, por el fundamento del poder financiero: el libre cambio comercial. Y no sólo eso, la lógica del mercado aprovechó la “porosidad” que, en todo el espectro social del mundo, provocó el desarrollo de las telecomunicaciones, y penetró y se apropió todos los aspectos de la actividad social. ¡Por fin una guerra mundial totalmente total!

Una de las primeras bajas de esta nueva guerra es el mercado nacional. Como una bala disparada dentro de un cuarto blindado, la guerra iniciada por el neoliberalismo rebota de uno a otro lado y hiere a quien la disparó. Una de las bases fundamentales del poder del Estado capitalista moderno, el mercado nacional, es liquidado por el cañonazo de la nueva era de la economía financiera global. El capitalismo internacional cobra algunas de sus víctimas caducando los capitalismos nacionales y adelgazando, hasta la inanición, los poderes públicos. El golpe ha sido tan brutal y definitivo que los Estados nacionales no disponen de la fuerza necesaria para oponerse a la acción de los mercados internacionales que transgrede los intereses de ciudadanos y gobiernos.

El cuidado y ordenado escaparate que se suponía heredaba el fin de la “Guerra Fría”, el “nuevo orden mundial”, pronto se ve hecho añicos por la explosión neoliberal. El capitalismo mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional. Empresas y Estados se derrumban en minutos, pero no por las tormentas de las revoluciones proletarias, sino por los embates de los huracanes financieros. El hijo (el neoliberalismo) devora al padre (el capitalismo nacional), y de paso destruye todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad.

En el escenario mundial producto del fin de la “Guerra Fría” sólo se percibe un nuevo campo de batalla y en éste, como en todo campo de batalla, reina el caos.

A finales de la “Guerra Fría”, el capitalismo crea un nuevo horror bélico: la bomba de neutrones. La “virtud” de esta arma es que sólo destruye la vida y respeta las construcciones. Ya se podían destruir ciudades enteras (es decir, sus habitantes) sin que fuera necesario reconstruirlas (y pagar por ello). La industria armamentista se felicitó a sí misma, la “irracionalidad” de las bombas nucleares era suplantada por la nueva “racionalidad” de la bomba de neutrones. Pero una nueva “maravilla” bélica será descubierta a la par del nacimiento de la IV Guerra Mundial: la bomba financiera.

Porque la nueva bomba neoliberal, a diferencia de su antecesora atómica en Hiroshima y Nagasaki, no sólo destruye la polis (la Nación en este caso) e impone la muerte, el terror y la miseria a quienes la habitan; o, a diferencia de la bomba de neutrones, no sólo destruye “selectivamente”. La neoliberal, además, reorganiza y reordena lo que ataca y lo rehace como una pieza dentro del rompecabezas de la globalización económica. Después de su efecto destructor, el resultado no es un montón de ruinas humeantes, o decenas de miles de vidas inertes, sino una barriada que se suma a alguna de las megápolis comerciales del nuevo hipermercado mundial y una fuerza de trabajo reacomodada en el nuevo mercado de trabajo mundial.

La Unión Europea, una de las megápolis producto del neoliberalismo, es un resultado de la presente IV Guerra Mundial. Aquí, la globalización económica logró borrar las fronteras entre Estados rivales, enemigos entre sí desde hace mucho tiempo, y los obligó a converger y plantearse la unión política. De los Estados Nacionales a la federación europea, el camino economicista de la guerra neoliberal en el llamado “viejo continente” estará lleno de destrucción y de ruinas, una de ellas será la civilización europea.

Las megápolis se reproducen en todo el planeta. Las zonas comerciales integradas son el terreno donde se erigen. Así ocurre en América del Norte, donde el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (“NAFTA” por sus siglas en inglés) entre Canadá, los Estados Unidos y México no es más que el preludio del cumplimiento de una vieja aspiración de conquista estadounidense: “América para los americanos”. En América del Sur se camina en igual sentido con el Mercosur entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. En Africa del Norte, con la Unión del Maghreb árabe (UMA) entre Marruecos, Algeria, Tunez, Libia y Mauritania; en Africa del Sur, en el Cercano Oriente, en el Mar Negro, en Asia Pacífico, etc., en todo el planeta explotan las bombas financieras y se reconquistan territorios.

¿Las megápolis sustituyen a las naciones? No, o no sólo. También las incluyen y les reasignan funciones, límites y posibilidades. Países enteros se convierten en departamentos de la megaempresa neoliberal. El neoliberalismo opera así la DESTRUCCIÓN / DESPOBLAMIENTO por un lado, y la RECONSTRUCCIÓN / REORDENAMIENTO por el otro, de regiones y de naciones para abrir nuevos mercados y modernizar los existentes.

Si las bombas nucleares tenían un carácter disuasivo, intimidatorio y coercitivo en la III Guerra Mundial, en la IV conflagración mundial no ocurre lo mismo con las hiperbombas financieras. Estas armas sirven para atacar territorios (Estados Nacionales) destruyendo las bases materiales de su soberanía nacional (obstáculo ético, jurídico, político, cultural e histórico contra la globalización económica) y produciendo un despoblamiento cualitativo en sus territorios. Este despoblamiento consiste en prescindir de todos aquellos que son inútiles para la nueva economía de mercado (por ejemplo los indígenas).

Pero, además, los centros financieros operan, simultáneamente, una reconstrucción de los Estados Nacionales y los reordenan según la nueva lógica del mercado mundial (los modelos económicos desarrollados se imponen sobre relaciones sociales débiles o inexistentes).

La IV Guerra Mundial en el terreno rural, por ejemplo, presenta este efecto. La modernización rural, que exigen los mercados financieros, trata de incrementar la productividad agrícola, pero lo que consigue es destruir las relaciones sociales y económicas tradicionales. Resultado: éxodo masivo del campo a las ciudades. Sí, como en una guerra. Mientras tanto, en las zonas urbanas se satura el mercado de trabajo y la distribución desigual del ingreso es la “justicia” que espera a quienes buscan mejores condiciones de vida.

De ejemplos que ilustran esta estrategia está lleno el mundo indígena: Ian Chambers, director de la Oficina para Centroamérica de la OIT (de las Naciones Unidas), declaró que la población indígena mundial, calculada en 300 millones, vive en zonas que tienen el 60% de los recursos naturales del planeta. Así que “no sorprenden los múltiples conflictos por el uso y destino de sus tierras alrededor de los intereses de gobiernos y empresas. (…) La explotación de recursos naturales (petróleo y minería) y el turismo son las principales industrias que amenazan los territorios indígenas en América” (entrevista de Martha García en “La Jornada”. 28 de mayo de 1997). Detrás de los proyectos de inversión vienen la polución, la prostitución y las drogas. Es decir, se complementan destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento de la zona.

En esta nueva guerra mundial, la política moderna como organizadora del Estado Nacional no existe más. Ahora la política es sólo un organizador económico y los políticos son modernos administradores de empresas. Los nuevos dueños del mundo no son gobierno, no necesitan serlo. Los gobiernos “nacionales” se encargan de administrar los negocios en las diferentes regiones del mundo.

Este es el “nuevo orden mundial”, la unificación del mundo entero en un solo mercado. Las naciones son tiendas de departamentos con gerentes a manera de gobiernos, y las nuevas alianzas regionales, económicas y políticas, se acercan más al modelo de un moderno “mall” comercial que a una federación política. La “unificación” que produce el neoliberalismo es económica, es la unificación de mercados para facilitar la circulación de dinero y mercancías. En el gigantesco hipermercado mundial circulan libremente las mercancías, no las personas.

Como toda iniciativa empresarial (y de guerra), esta globalización económica va acompañada de un modelo general de pensamiento. Sin embargo, entre tantas cosas nuevas, el modelo ideológico que acompaña al neoliberalismo en su conquista del planeta tiene mucho de viejo y mohoso. El “american way of life” que acompañó a las tropas norteamericanas en la Europa de la II Guerra Mundial, en el Vietnam de los 60´s, y, más recientemente, en la Guerra del Golfo Pérsico, ahora va de la mano (o más bien de las computadoras) de los mercados financieros.

No se trata sólo de una destrucción material de las bases materiales de los Estados Nacionales, también (y de manera tan importante como poco estudiada) se trata de una destrucción histórica y cultural. El digno pasado indígena de los países del continente americano, la brillante civilización europea, la sabia historia de las naciones asiáticas, y la poderosa y rica antigüedad del África y Oceanía, todas las culturas y las historias que forjaron naciones son atacadas por el modo de vida norteamericano. El neoliberalismo impone así una guerra total: la destrucción de naciones y grupos de naciones para homologarlas con el modelo capitalista norteamericano.

Una guerra pues, una guerra mundial, la IV. La peor y más cruel. La que el neoliberalismo libra en todas partes y por todos los medios en contra de la humanidad.

Pero, como en toda guerra, hay combates, hay vencedores y vencidos, y hay pedazos rotos de esa realidad destruida. Para intentar armar el absurdo rompecabezas del mundo neoliberal hacen falta muchas piezas. Algunas se pueden encontrar entre las ruinas que esta guerra mundial ha dejado ya sobre la superficie planetaria. Cuando menos 7 de esas piezas pueden reconstruirse y alentar la esperanza de que este conflicto mundial no termine con el rival más débil: la humanidad.

7 piezas para dibujar, colorear, recortar, y para tratar de armar, junto a otras, el rompecabezas mundial

La una es la doble acumulación, de riqueza y de pobreza, en los dos polos de la sociedad mundial. La otra es la explotación total de la totalidad del mundo. La tercera es la pesadilla de una parte errante de la humanidad. La cuarta es la nauseabunda relación entre crimen y Poder. La quinta es la violencia del Estado. La sexta es el misterio de la megapolítica. La séptima es la multiforme bolsa de resistencia de la humanidad contra el neoliberalismo.

PIEZA 1: La concentración de la riqueza y la distribución de la pobreza

La figura 1 se construye dibujando un signo monetario.

En la historia de la humanidad, distintos modelos sociales se han disputado el enarbolar el absurdo como distintivo de orden mundial. Seguramente el neoliberalismo tendrá un lugar privilegiado a la hora de los premios, porque su “reparto” de la riqueza social no hace más que distribuir un doble absurdo de acumulación: la acumulación de riquezas en manos de unos cuantos, y la acumulación de pobreza en millones de seres humanos.

En el mundo actual, la injusticia y la desigualdad son los signos distintivos. El planeta Tierra, tercero del sistema planetario solar, tiene 5 mil millones de seres humanos. En él, sólo 500 millones de personas viven con comodidades mientras 4 mil 500 millones padecen pobreza y tratan de sobrevivir.

Un doble absurdo es el balance entre ricos y pobres: los ricos son pocos y los pobres son muchos. La diferencia cuantitativa es criminal, pero el balance entre los extremos se consigue con la riqueza: los ricos suplen su minoría numérica con miles de millones de dólares.

La fortuna de las 358 personas más ricas del mundo (miles de millones de dólares) es superior al ingreso anual del 45% de los habitantes más pobres, algo así como 2 mil 600 millones de personas.

Las leontinas de oro de los relojes financieros se convierten en una pesada cadena para millones de seres. Mientras que la “… cifra de negocios de la General Motors es más elevada que el Producto Nacional Bruto (PNB) de Dinamarca, la de la Ford es más importante que el PNB de Africa del Sur, y la de la Toyota sobrepasa al PNB de Noruega.” (Ignacio Ramonet, en LMD I/1997 #15), para todos los trabajadores los salarios reales han caído, además de que deben sortear los cortes de personal en las empresas, el cierre de fábricas y la reubicación de sus centros laborales. En las llamadas “economías capitalistas avanzadas” el número de desempleados llega ya a los 41 millones de trabajadores.

En forma paulatina, la concentración de la riqueza en pocas manos y la distribución de la pobreza en muchas, va delineando el signo de la sociedad mundial moderna: el frágil equilibrio de absurdas desigualdades.

La decadencia del sistema económico neoliberal es un escándalo: “La deuda mundial (comprendiendo las de las empresas, los gobiernos y las administraciones) ha sobrepasado los 33,100 miles de millones de dólares, es decir, 130% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y crece a una tasa del 6% al 8% por año, más de 4 veces el crecimiento del PIB mundial” (Frédéric F. Clairmont. “Ces deux cents sociétés qui controlent le monde”, en LMD. IV/1997).

El progreso de las grandes transnacionales no implica el avance de las Naciones desarrolladas. Al contrario, mientras más ganan los gigantes financieros, más se agudiza la pobreza en los llamados “países ricos”.

La diferencia a eliminar entre ricos y pobres es brutal y no parece haber ninguna tendencia por ese rumbo, antes al contrario. Lejos de atenuarse, ya no digamos de eliminarse, la desigualdad social se acentúa, sobre todo en las naciones capitalistas desarrolladas: En los Estados Unidos, el 1% de los norteamericanos más ricos ha obtenido el 61,6% del conjunto de la riqueza nacional del país entre 1983 y 1989. El 80% de los norteamericanos más pobres no se han repartido más que el 1,2%. En la Gran Bretaña el número de los sin techo se ha duplicado; el número de niños que viven sólo de la ayuda social ha pasado del 7% en 1979 al 26% en 1994; el número de británicos que vive en la pobreza (definida como menos de la mitad del salario mínimo) ha pasado de 5 millones a 13,700,000; el 10% de los más pobres han perdido el 13 % de su poder adquisitivo, mientras que l0% de los más ricos han ganado el 65% y desde hace cinco años se ha doblado el número de millonarios (datos de LMD. IV/97).

A inicios de la década de los 90´s “… unas 37,000 firmas transnacionales encerraban, con sus 170,000 filiales, la economía internacional en sus tentáculos. Sin embargo, el centro del poder se sitúa en el círculo más restringido de las 200 primeras: desde los inicios de los años 80, ellas han tenido una expansión ininterrumpida por vía de las fusiones y las compras “de rescate” de empresas. De este modo, la parte del capital transnacional en el PIB mundial ha pasado de 17% a mitad de los años 60 a 24% en 1982 y a más del 30% en 1995. Las 200 primeras son conglomerados cuyas actividades planetarias cubren sin distinción los sectores primario, secundario y terciario: grandes explotaciones agrícolas, producción manufacturera, servicios financieros, comercio, etc. Geográficamente ellas se reparten entre 10 países: Japón (62), Estados Unidos (53), Alemania (23), Francia (19), Reino Unido (11), Suiza (8), Corea del Sur (6), Italia (5) y Países Bajos (4)”. (Frédéric F. Clairmont. Op.Cit.).

Los “Doscientos Primeros” del Mundo

País: Japón
Número de Empresas: 62
Negocios: 3196
Ganancias (MMD): 46
% de Negocios Mundiales: 407%
% Ganancias Mundiales: 183%

País: EU
Número de Empresas: 53
Negocios: 1198
Ganancias (MMD): 98
% de Negocios Mundiales: 254%
% Ganancias Mundiales: 392%

País: Alemania
Número de Empresas: 23
Negocios: 786
Ganancias (MMD): 24.5
% de Negocios Mundiales: 10.0%
% Ganancias Mundiales: 9.8%

País: Francia
Número de Empresas: 19
Negocios: 572
Ganancias (MMD): 16
% de Negocios Mundiales: 7.3%
% Ganancias Mundiales: 6.3%

País: Reino Unido
Número de Empresas: 11
Negocios: 275
Ganancias (MMD): 20
% de Negocios Mundiales: 3.5%
% Ganancias Mundiales: 8.0%

País: Suiza
Número de Empresas: 8
Negocios: 244
Ganancias (MMD): 9.7
% de Negocios Mundiales: 3.1%
% Ganancias Mundiales: 3.9%

País: Corea Sur
Número de Empresas: 6
Negocios: 183
Ganancias (MMD): 3.5
% de Negocios Mundiales: 2.3%
% Ganancias Mundiales: 1.4%

País: Italia
Número de Empresas: 5
Negocios: 171
Ganancias (MMD): 6
% de Negocios Mundiales: 2.2%
% Ganancias Mundiales: 2.5%

País: Reino Unido/Países Bajos
Número de Empresas: 2
Negocios: 159
Ganancias (MMD): 9
% de Negocios Mundiales: 2.0%
% Ganancias Mundiales: 3.7%

País: Países Bajos
Número de Empresas: 4
Negocios: 118
Ganancias (MMD): 5
% de Negocios Mundiales: 1.5%
% Ganancias Mundiales: 2.0%

País: Venezuela
Número de Empresas: 1
Negocios: 26
Ganancias (MMD): 3
% de Negocios Mundiales: 0.3%
% Ganancias Mundiales: 1.2%

País: Suecia
Número de Empresas: 1
Negocios: 24
Ganancias (MMD): 1.3
% de Negocios Mundiales: 0.3%
% Ganancias Mundiales: 0.5%

País: Bélgica/Países Bajos
Número de Empresas: 1
Negocios: 22
Ganancias (MMD): 0.8
% de Negocios Mundiales: 0.3%
% Ganancias Mundiales: 0.3%

País: México
Número de Empresas: 1
Negocios: 22
Ganancias (MMD): 1.5
% de Negocios Mundiales: 0.3%
% Ganancias Mundiales: 0.6%

País: China
Número de Empresas: 1
Negocios: 19
Ganancias (MMD): 0.8
% de Negocios Mundiales: 0.2%
% Ganancias Mundiales: 0.3%

País: Brasil
Número de Empresas: 1
Negocios: 18
Ganancias (MMD): 4.3
% de Negocios Mundiales: 0.2%
% Ganancias Mundiales: 1.7%

País: Canadá
Número de Empresas: 1
Negocios: 17
Ganancias (MMD): 0.5
% de Negocios Mundiales: 0.2%
% Ganancias Mundiales: 0.2%

Totales
Número de Empresas: 200
Negocios: 7,850
Ganancias (MMD): 251
% de Negocios Mundiales: 100%
% Ganancias Mundiales: 100%
PIB Mundial: 25,223
% PIB Mundial: 31.20%

 

(Frédéric F. Clairmont. Op.Cit.)…/

Aquí tiene usted el símbolo del poder económico.
Ahora píntese de color verde dólar.
Del olor nauseabundo no se preocupe,
el aroma a estiércol, lodo y sangre le
viene de nacimiento...

PIEZA 2: La globalización de la explotación

La figura 2 se construye dibujando un triángulo.

Una de las falacias neoliberales consiste en decir que el crecimiento económico de las empresas trae aparejados un mejor reparto de la riqueza y un crecimiento del empleo. Pero no es así. De la misma forma en que el crecimiento del poder político de un rey no trae como consecuencia un crecimiento del poder político de los súbditos (antes al contrario), el absolutismo del capital financiero no mejora la distribución de la riqueza ni provoca mayor trabajo para la sociedad. Pobreza, desempleo y precariedad del trabajo son sus consecuencias estructurales.

En los años de las décadas de 1960 y 1970, la población considerada pobre (con menos de un dólar diario de ingreso para resolver sus necesidades elementales, según el Banco Mundial) era de unos 200 millones de personas. Para el inicio de la década de los 90´s sumaba ya 2,000 millones de seres humanos. Además, el “… montante de las 200 empresas más importantes del planeta representa más de un cuarto de la actividad económica mundial; y sin embargo, esas 200 firmas emplean sólo a 18,8 millones de asalariados, o sea, menos del 0,75 % de la mano de obra del planeta” (Ignacio Ramonet en LMD. Enero 1997 #15).

Más seres humanos pobres y más empobrecidos, menos personas ricas y más enriquecidas, éstas son las lecciones del trazo de la pieza 1 del rompecabezas neoliberal. Para lograr este absurdo, el sistema capitalista mundial “moderniza” la producción, la circulación y el consumo de las mercancías. La nueva revolución tecnológica (la informática) y la nueva revolución política (las megápolis emergentes sobre las ruinas de los Estados Nacionales) producen una nueva “revolución” social. Esta “revolución” social no consiste más que en un reacomodo, un reordenamiento de las fuerzas sociales, principalmente de la fuerza de trabajo.

La Población Económicamente Activa (PEA) mundial pasó de 1,376 millones en 1960, a 2,374 millones de trabajadores en 1990. Más seres humanos con capacidad de trabajo, es decir, de generar riquezas.

Pero el “nuevo orden mundial” no sólo acomoda a esta nueva fuerza de trabajo en espacios geográficos y productivos, además, reordena su lugar (o su no-lugar, como en el caso de desempleados y subempleados) en el plan globalizador de la economía.

La Población Mundial Empleada por Actividad (PMEA) se modificó sustancialmente en los últimos 20 años. La PMEA en el sector agrícola y pesquero pasó del 22% en 1970, al 12% en 1990; en la manufactura del 25% en 1970, al 22% en 1990; mientras que en el sector terciario (comercio, transporte, banca y servicios) creció del 42% en 1970, al 56% en 1990. En el caso de los países subdesarrollados, el sector terciario creció del 40% en 1970, a 57% en 1990; mientras que su población empleada en el sector agrícola y pesquero cayó del 30% en 1970, al 15% en 1990. (Datos de “Mercado Mundial de Fuerza de Trabajo en el Capitalismo Contemporáneo”. Ochoa Chi, Juanita del Pilar. UNAM. Economía. México, 1997).

Esto significa que cada vez más trabajadores son canalizados hacia las actividades necesarias para incrementar la productividad o para acelerarla realización de mercancías. El sistema neoliberal opera así como un megapatrón, concibiendo al mercado mundial como una empresa unitaria, administrada con criterios “modernizadores”.

Pero la “modernidad” neoliberal parece más cercana al bestial nacimiento del capitalismo como sistema mundial, que a la “racionalidad” utópica. La “moderna” producción capitalista sigue basada en el trabajo de niños, mujeres y trabajadores inmigrantes. De los 1,148 millones de niños en el mundo, por lo menos 100 millones viven literalmente en la calle y 200 millones trabajan, y se prevé que serán 400 millones para el año 2000. Se dice, además, que 146 millones de niños asiáticos laboran en la producción de autopartes, juguetería, ropa, comida, herrería y química. Pero esta explotación del trabajo infantil no sólo se da en los países subdesarrollados, 40% de los niños ingleses y 20% de los niños franceses trabajan para completar el gasto familiar o para sobrevivir. También en la “industria” del placer hay lugar para los infantes. La ONU calcula que, cada año, un millón de niños entra al comercio sexual (datos en Ochoa Chi, J. Op.Cit.).

La bestia neoliberal invade el todo social mundial homogeneizando hasta las pautas de alimentación. “En términos globales si bien observamos que hay particularidades en el consumo alimenticio de cada región, (y a su interior), no por ello deja de ser evidente el proceso de homogeneización que se está imponiendo, incluso sobre las diferencias fisiológico – culturales de las diversas zonas.” (“Mercado mundial de medios de subsistencia. 1960-1990″. Ocampo Figueroa, Nashelly, y Flores Mondragón, Gonzalo. UNAM. Economía. 1994.)

Esta bestia le impone a la humanidad una pesada carga. El desempleo y la precariedad de millones de trabajadores en todo el mundo es una aguda realidad que no tiene visos ni siquiera de atenuarse. El desempleo en los países de la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económico (OCDE) pasó del 3,8% en 1966, al 6,3% en 1990. Tan sólo en Europa pasó del 2,2% en 1966, al 6,4% en 1990.

La imposición de las leyes del mercado en todo el mundo, el mercado globalizado, no ha hecho sino destruir las pequeñas y medianas empresas. Al desaparecer los mercados locales y regionales, los pequeños y medianos productores se ven a sí mismos sin protecciones y sin posibilidad alguna de competir contra los gigantes transnacionales.

Resultado: quiebre masivo de empresas. Consecuencia: millones de trabajadores al desempleo.

El absurdo neoliberal reiterado: el crecimiento de la producción no genera empleo, al contrario, lo destruye. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) nombra a esta etapa como “crecimiento sin empleo”.

Pero la pesadilla no termina ahí. Además de la amenaza del desempleo, los trabajadores deben enfrentar condiciones precarias de ocupación. Mayor inestabilidad del empleo, prolongación de las jornadas de trabajo y desventaja salarial, son consecuencias de la globalización en general y de la “terciarización” de la economía (el crecimiento del sector “servicios”) en particular. “En los países dominados, la mano de obra sufre una precariedad multiforme: extremada movilidad, empleos sin contrato, salarios irregulares y generalmente inferiores al mínimo vital y regímenes de jubilación héticos, actividades independientes no declaradas, con ingresos aleatorios, es decir, servidumbre o realización de un trabajo forzoso por parte de sectores, supuestamente protegidos, como los niños” (Alain Morice. “Los trabajadores extranjeros, avanzadilla de la precariedad”. LMD. Enero 97).

Las consecuencias de todo esto se traducen en un verdadero desfonde social globalizado. El reordenamiento de los procesos de producción y circulación de mercancías y el reacomodo de las fuerzas productivas, producen un excedente peculiar: seres humanos que sobran, que no son necesarios para el “nuevo orden mundial”, que no producen, que no consumen, que no son sujetos de crédito, en suma, que son desechables.

Cada día, los grandes centros financieros imponen sus leyes a naciones y a grupos de naciones en todo el mundo. Reordenan y reacomodan a sus habitantes. Y, al terminar la operación, se encuentran con que “sobran” personas. “Se dispara, por tanto, el volumen de población excedente, que no sólo está sometida al azote de la pobreza más aguda, sino que no cuenta para nada, que está desestructurada y atomizada, y cuya única finalidad es deambular por las calles sin rumbo fijo, sin vivienda ni trabajo, sin familia ni relaciones sociales -al menos mínimamente estables -, con la única compañía de sus cartones o bolsas de plástico” (Fernández Durán, Ramón. “Contra la Europa del capital y la globalización económica”. Talasa. Madrid, 1996).

La globalización económica “… hizo necesaria una disminución de los salarios reales a nivel internacional, que junto con la disminución del gasto social (salud, educación, vivienda y alimentación) y una política antisindical, vinieron a constituir la parte fundamental de las nuevas políticas neoliberales de reactivación capitalista” (Ocampo F. y Flores M. Op. Cit.).

Aquí tiene usted la representación de la pirámide de explotación mundial.

Pieza 3: Migración, la pesadilla errante

La figura 3 se construye dibujando un círculo.

Hablamos antes de la existencia de nuevos territorios, al final de la III Guerra Mundial, que esperaban ser conquistados (los antiguos países socialistas), y de otros que debían ser reconquistados por el “nuevo orden mundial”. Para lograrlo, los centros financieros llevan adelante una triple estrategia criminal y brutal: proliferan las “guerras regionales” y los “conflictos internos”, los capitales siguen rutas de acumulación atípica, y se movilizan grandes masas de trabajadores.

El resultado de esta guerra mundial de conquista es una gran rueda de millones de migrantes en todo el mundo. “Extranjeros” en el mundo “sin fronteras” que prometieron los vencedores de la III Guerra Mundial, millones de personas padecen la persecución xenófoba, la precarización laboral, la pérdida de identidad cultural, la represión policíaca, el hambre, la cárcel y la muerte.

“Del Río Grande americano al espacio Schengen “europeo”, se confirma una doble tendencia contradictoria: por un lado las fronteras se cierran oficialmente a las migraciones de trabajo, por otro, ramas enteras de la economía oscilan entre la inestabilidad y la flexibilidad, que son los medios más seguros para atraer la mano de obra extranjera” (Alain Morice. Op.Cit.).

Con nombres distintos, bajo una diferenciación jurídica, compartiendo una igualdad miserable, los migrantes o refugiados o desplazados de todo el mundo son “extranjeros” tolerados o rechazados. La pesadilla de la migración, cualquiera que sea la causa que la provoque, sigue rodando y creciendo sobre la superficie planetaria. El número de personas que estarían en el ámbito de competencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) ha crecido desproporcionadamente algo más de 2 millones en 1975, a más de 27 millones en 1995.

Destruidas las fronteras nacionales (para las mercancías), el mercado globalizado organiza la economía mundial: la investigación y el diseño de bienes y servicios, así como su circulación y consumo, son pensados en términos intercontinentales. Para cada parte del proceso capitalista, el “nuevo orden mundial” organiza el flujo de fuerza de trabajo, especializada y no, hacia donde lo necesita. Lejos de sujetarse a la “libre concurrencia” tan cacareada por el neoliberalismo, los mercados de empleo están cada vez más determinados por los flujos migratorios. Tratándose de trabajadores especializados, aunque poco en comparación con la migración mundial, este “traspaso de cerebros” representa mucho en términos de poder económico y de conocimientos. Pero, sea de fuerza de trabajo calificada, sea de simple mano de obra, la política migratoria del neoliberalismo está más orientada a desestabilizar el mercado mundial de trabajo que a frenar la inmigración.

La IV Guerra Mundial, con su proceso de destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento, provoca el desplazamiento de millones de personas. Su destino será el seguir errantes, con su pesadilla a cuestas, y ofrecer a los trabajadores con empleo en las distintas naciones una amenaza a su estabilidad laboral, un enemigo para suplir la imagen del patrón, y un pretexto para darle sentido a la sinrazón racista que el neoliberalismo promueve.

Éste es el símbolo de la pesadilla errante de la migración mundial,
una rueda de terror que gira por todo el mundo.

Pieza 4: Mundialización financiera y globalización de la corrupción y el crimen

La figura 4 se construye dibujando un rectángulo.

Los medios masivos de comunicación nos regalan una imagen de los dirigentes de la delincuencia mundial: hombres y mujeres vulgares, vestidos estrafalariamente, viviendo en mansiones ridículas o tras los barrotes de una cárcel. Pero esa imagen oculta más de lo que muestra: ni los verdaderos jefes de las mafias modernas, ni su organización, ni sus influencias reales en los terrenos económicos y políticos son divulgados públicamente.

Su usted piensa que el mundo de la delincuencia es sinónimo de ultratumba y oscuridad, está equivocado. Durante el período de la llamada “Guerra Fría”, el crimen organizado fue adquiriendo una imagen más respetable y no sólo empezó a funcionar como cualquier empresa moderna, también fue penetrando profundamente en los sistemas políticos y económicos de los Estados nacionales. Con el inicio de la IV Guerra Mundial, la implantación del “nuevo orden mundial”, y su consiguiente apertura de mercados, privatizaciones, la desregulación del comercio y las finanzas internacionales, el crimen organizado “globalizó” sus actividades.

“Según la ONU, los ingresos mundiales anuales de las organizaciones criminales transnacionales (OCT) son del orden de 1000 miles de millones de dólares, un monto equivalente al PNB combinado de países de ingreso débil (según la categorización de la banca mundial) y de sus 3 mil millones de habitantes. Esta estimación toma en cuenta tanto el producto del tráfico de droga, las ventas ilícitas de armas, el contrabando de materiales nucleares, etc., y las ganancias de las actividades controladas por las mafias (prostitución, juego, mercado negro de divisas…).

En cambio, no mide la importancia de las inversiones continuamente realizadas por las organizaciones criminales dentro de la esfera de control de negocios legítimos, ni tampoco la dominación que ellas ejercen sobre los medios de producción dentro de numerosos sectores de la economía legal” (Michel Chossudovsky, “La Corruption mondialisée” en “Géopolitique du Chaos”. Op. Cit.).

Las organizaciones criminales de los 5 continentes han hecho suyo el “espíritu de cooperación mundial” y, asociadas, participan en la conquista y reordenamiento de los nuevos mercados. Pero no sólo en actividades criminales, también participan en negocios legales. El crimen organizado invierte en negocios legítimos no sólo para “blanquear” el dinero sucio, también para hacerse de capital para sus actividades ilegales. Las empresas preferidas para esto son las inmobiliarias de lujo, la industria del ocio, los medios de comunicación, la industria, la agricultura, los servicios públicos y… ¡la banca!

¿Alí Babá y los 40 banqueros? No, algo peor. El dinero sucio del crimen organizado es utilizado por los bancos comerciales para sus actividades: préstamos, inversiones en los mercados financieros, compra de bonos de deuda externa, compra y venta de oro y divisas. “En muchos países, las organizaciones criminales se han convertido en los acreedores del Estados y ejercen, por su acción sobre los mercados, una influencia sobre la política macroeconómica de los gobiernos. Sobre las bolsas de valores, ellas invierten igualmente en los mercados especulativos de productos derivados y de materias primas” (M. Chossudovsky, Op. Cit.).

Por si fuera poco, el crimen organizado cuenta con los llamados paraísos fiscales. En todo el mundo hay, cuando menos, 55 paraísos fiscales (uno de ellos, en las Islas Caimán, tiene el quinto lugar mundial como centro bancario y tiene más bancos y sociedades registradas que habitantes). Las Bahamas, las islas Vírgenes británicas, las Bermudas, San Martin, Vanuatu, las islas Cook, la isla Mauricio, Luxemburgo, Suiza, las islas Anglo-Normandas, Dublín, Mónaco, Gibraltar, Malta, son buenos lugares para que el crimen organizado se relacione con las grandes firmas financieras del mundo.

Además de “blanqueo” de dinero sucio, los paraísos fiscales son usados para evadir impuestos, de aquí que sean un punto de contacto entre gobernantes, empresarios y capos del crimen organizado. La alta tecnología, aplicada a las finanzas, permite la circulación rápida del dinero y la desaparición de ganancias ilegales. “Los negocios legales e ilegales están cada vez más imbricados, introducen un cambio fundamental en las estructuras del capitalismo de la posguerra. Las mafias invierten en negocios legales e, inversamente, ellas canalizan recursos financieros hacia la economía criminal, a través del control de bancos o de empresas comerciales implicadas en el blanqueo de dinero sucio o que tiene relaciones con las organizaciones criminales. Los bancos pretenden que las transacciones son efectuadas de buena fe y que sus dirigentes ignoran el origen de los fondos depositados. La consigna de no preguntar nada, el secreto bancario y el anonimato de las transacciones, todo está garantizando los intereses del crimen organizado, protegen a la institución bancaria de investigaciones públicas y de inculpaciones. No solamente los grandes bancos aceptan blanquear dinero, en vista de sus pesadas comisiones, sino que también concesionan créditos a tasas de interés elevadas a las mafias, en detrimento de las inversiones productivas industriales o agrícolas” (M. Chossudovsky, Op. Cit.).

La crisis de la deuda mundial, en los 80´s, provocó que el precio de las materias primas se fuera para abajo. Esto hizo que los países subdesarrollados vieran reducidos drásticamente sus ingresos. Las medidas económicas dictadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, supuestamente para “recuperar” la economía de estos países, sólo agudizaron las crisis de los negocios legales. En consecuencia, la economía ilegal se ha desarrollado para llenar el vacío dejado por la caída de los mercados nacionales.

De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, “la intrusión de los sindicatos del crimen a sido facilitada por los programas de ajuste estructural que los países endeudados han sido obligados a aceptar para tener acceso a los préstamos del Fondo Monetario Internacional” (United Nations. “La Globalization du crime” New York, 1995).

Así que aquí tiene usted el espejo rectangular donde legalidad e ilegalidad intercambian reflejos.
¿De qué lado del espejo está el criminal?
¿De cuál el que lo persigue?

Pieza 5: ¿La legítima violencia de un poder ilegítimo?

La figura 5 se construye dibujando un pentágono.

El Estado, en el neoliberalismo, tiende a contraerse al “mínimo indispensable”. El llamado “Estado Benefactor” no sólo se convierte en obsoleto, se desprende de todo lo que lo constituía en tal y se queda desnudo.

En el cabaret de la globalización, tenemos el “show” del Estado sobre una “table dance” que se despoja de todo hasta quedar con su prenda mínima indispensable: la fuerza represiva. Destruida su base material, anuladas sus posibilidades de soberanía e independencia, desdibujadas sus clases políticas, los Estados Nacionales se convierten, más o menos rápido, en un mero aparato de “seguridad” de las megaempresas que el neoliberalismo va erigiendo en el desarrollo de esta IV Guerra Mundial.

En lugar de que la inversión pública la orienten al gasto social, los Estados Nacionales prefieren mejorar su equipo, armamento y preparación para cumplir con eficacia la labor que la política dejó de cumplir hace años: el control de la sociedad.

Los “profesionales de la violencia legítima” se llaman a sí mismos los aparatos represivos de los Estados Modernos. Pero, ¿qué hacer si la violencia está ya bajo las leyes del mercado? ¿Dónde está la violencia legítima y dónde la ilegítima? ¿Qué monopolio de la violencia pueden pretender los maltrechos Estados nacionales si el libre juego de la oferta y la demanda desafía ese monopolio? ¿No demostró la pieza 4 que el crimen organizado, los gobiernos y los centros financieros están más que bien relacionados? ¿No es palpable que el crimen organizado cuenta con verdaderos ejércitos sin más frontera que el poder de fuego del rival? Así que el “monopolio de la violencia” no pertenece ya a los Estados Nacionales. El mercado moderno lo puso a venta…

Viene a cuento esto porque, debajo de la polémica entre violencia legítima e ilegítima, también está la disputa (falsa, pienso) entre violencia “racional” e “irracional”.

Cierto sector de la intelectualidad mundial (insisto en que su quehacer es más complejo que el simple ser “de derecha o de izquierda”, “progubernamental o de oposición”, “etcétera bueno o etcétera malo”) pretende que la violencia se puede ejercer de modo “racional”, administrar de forma selectiva, (hay quien, incluso, adelanta algo así como la “mercadotecnia de la violencia”), y aplicar con habilidad “de cirujano” en contra de los males de la sociedad. Algo así inspiró la pasada etapa armamentista en la Unión Americana: armas “quirúrgicas”, precisas, y operaciones militares como bisturí del “nuevo orden mundial”. Así nacieron las “smart bombs” (que, según me platicó un reportero que cubrió “Desert Storm”, no son tan “inteligentes” y batallan para distinguir entre un hospital y un depósito de misiles, en la duda, las “smart bombs” no se abstienen, destruyen). En fin, el Golfo Pérsico, como decían los compañeros de los pueblos zapatistas, está más allá de la capital estatal de Chiapas (aunque la situación de los kurdos tenga semejanzas espeluznantes con los indígenas de un país que se precia de ser “democrático” y “libre”), así que no insistamos en “aquella” guerra cuando tenemos la “nuestra”.

Bien, la pugna entre violencia “racional” e “irracional” abre una vía de discusión interesante y, lamentablemente, no es inútil en los tiempos actuales. Podíamos tomar, por ejemplo, qué se entiende por “racional”. Si se responde que es la “razón del Estado” (suponiendo que eso existiera y, sobre todo, que se le pudiera reconocer alguna razón al actual Estado neoliberal), entonces cabe preguntarse si esa “razón de Estado” se corresponde a la “razón de la sociedad” (siempre suponiendo que la sociedad de hoy retiene algo de racionalidad) y, más todavía, si la violencia “racional” del Estado es “racional” también a la sociedad. Aquí no hay mucho que discurrir (como no sea ociosamente), la “razón de Estado” en la modernidad no es otra que “la razón de los mercados financieros”.

Pero, ¿cómo administra su “violencia racional” el Estado moderno? Y, ojo a la historia, ¿cuánto tiempo dura esa “racionalidad”? ¿El tiempo que va desde una a otra elección o golpe de Estado (según el caso)? ¿Cuántas violencias de Estado, que fueron aplaudidas como “racionales” en su tiempo, son ahora “irracionales”?

Lady Margaret Thatcher, de “grata” memoria para el pueblo británico, se tomó la molestia de prologar el libro “The Next War”, de Caspar Weinberg and Peter Schweizer. (Regnery Publisihng, Inc. Washington, D.C. 1996).

En este texto, la señora Thatcher, adelanta algunas reflexiones sobre las 3 similitudes entre el mundo de la Guerra Fría y el de la Pos Guerra Fría: La primera de ellas es que el “mundo libre” nunca carecerá de agresores potenciales. La segunda es la necesidad de una superioridad militar de los “Estados democráticos” sobre los posibles agresores. La tercera similitud es que tal superioridad militar debe ser, sobre todo, tecnológica.

Para terminar su prólogo, la llamada “dama de hierro” define la “racionalidad violenta” de los Estados modernos al señalar: “Una guerra puede ocurrir de muchas maneras diferentes. Pero la peor usualmente pasa porque un poder cree que puede alcanzar sus objetivos sin una guerra o al menos con una guerra limitada que puede ser ganada rápidamente – y, en consecuencia, fallan los cálculos”.

Para los señores Weinberg y Schweizer los escenarios de las “Guerras Futuras” son: Corea del Norte y China (abril 6 de 1998), Irán (abril 4 de 1999), México (marzo 7 del 2003), Rusia (febrero 7 del 2006), y el Japón (agosto 19 de 2007). No hay, pues, duda de quiénes serían los posibles agresores: asiáticos, árabes, latinos y europeos. ¡Casi la totalidad del mundo es considerado “posible agresor” de la “democracia” moderna!

Lógico (cuando menos en la lógica liberal): en la modernidad, el poder (es decir, el poder financiero) sabe que sólo puede “alcanzar sus objetivos” con una guerra, y no con una “guerra limitada que puede ser ganada rápidamente”, sino con una guerra totalmente total, mundial en todos los sentidos. Y, si le creemos a la nueva secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, cuando dice: “Uno de los objetivos prioritarios de nuestro gobierno es el de asegurar que los intereses económicos de los Estados Unidos puedan extenderse a escala planetaria” (“The Wall Street Journal”. 21/I/1997), entonces debemos entender que todo el mundo (y quiero decir “todo todo”) es el teatro de operaciones de esta guerra.
Es de entender, entonces, que si la disputa por el “monopolio de la violencia” no se da de acuerdo a las leyes del mercado, sino que es desafiado desde abajo, el poder mundial “descubra” en ese reto a un “posible agresor”. Este es uno de los desafíos (de los menos estudiados y más “condenados”, entre los muchos que representa) lanzado por los indígenas en armas y en rebeldía del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en contra del neoliberalismo y por la humanidad…

Éste es el símbolo del Poder militar norteamericano, el pentágono. La nueva “policía mundial”
pretende que los ejército y policías “nacionales” sólo sean el “cuerpo de seguridad” que garantice
el “orden y el progreso” en las megápolis neoliberales.

Pieza 6: La Megapolítica y los enanos

La figura 6 se construye dibujando un garabato.

Antes dijimos que los Estados Nacionales son atacados por los centros financieros y “obligados” a disolverse dentro de las megápolis. Pero el neoliberalismo no sólo opera su guerra “uniendo” naciones y regiones. Su estrategia de DESTRUCCIÓN / DESPOBLAMIENTO y RECONSTRUCCIÓN / REORDENAMIENTO produce una o varias fracturas en los Estados Nacionales.

Esta es la paradoja de la IV Guerra Mundial: hecha para eliminar fronteras y “unir” naciones, lo que va dejando tras de sí es una multiplicación de las fronteras y una pulverización de las naciones que perecen en sus garras. Más allá de los pretextos, ideologías o banderas, la actual dinámica MUNDIAL de quiebre de la unidad de los Estados Nacionales responde a una política, igualmente mundial, que sabe que puede ejercer mejor su poder, y crear las condiciones óptimas para su reproducción, sobre las ruinas de los Estados Nacionales.

Si alguien tuviera alguna duda sobre este caracterizar al proceso de globalización como una guerra mundial, debería desecharla al hacer cuentas de los conflictos que provocaron y han sido provocados por los colapsos de algunos Estados Nacionales. Checoslovaquia, Yugoslavia, la URSS, son muestras de la profundidad de estas crisis que dejan hechos añicos no sólo los fundamentos políticos y económicos de los Estados Nacionales, también las estructuras sociales. Slovenia, Croacia y Bosnia, además de la presente guerra dentro de la federación Rusa con Chechenia de escenario, no marcan sólo el destino de la trágica caída del campo socialista en los fatídicos brazos del “mundo libre”, en todo el mundo este proceso de fragmentación nacional se repite en escala e intensidad variables. Hay tendencias separatistas en el Estado Español (País Vasco, Cataluña y Galicia), en Italia (Padua), en Bélgica (Flandes), en Francia (Córcega), en el Reino Unido (Escocia y el País de Gales), y en Canadá (Québec). Y hay más ejemplos en el resto del mundo.

Ya nos referimos al proceso de construcción de las megápolis, ahora hablamos de la fragmentación de países. Ambos procesos se dan sobre la destrucción de los Estados Nacionales. ¿Se trata de dos procesos paralelos, independientes? ¿Dos facetas del proceso de globalización? ¿Son síntomas de una megacrisis aún por estallar? ¿Meros hechos aislados?

Pensamos que se trata de una contradicción inherente al proceso de globalización, una de las esencias del modelo neoliberal. La eliminación de fronteras comerciales, la universalidad de las telecomunicaciones, las superautopistas de la informática, la omnipresencia de los centros financieros, los acuerdos internacionales de unidad económica, en fin, el proceso de globalización en su conjunto produce, al liquidar los Estados Nacionales, una pulverización de los mercados internos. Éstos no desaparecen o se diluyen en los mercados internacionales, sino que consolidan su fragmentación y se multiplican.

Sonará contradictorio, pero la globalización produce un mundo fragmentado, lleno de pedazos aislados unos de otros (y no pocas veces enfrentados entre sí). Un mundo lleno de compartimentos estancos, comunicados apenas por frágiles puentes económicos (en todo caso tan constantes como la veleta de viento que es el capital financiero). Un mundo de espejos rotos reflejando la inútil unidad mundial del rompecabezas neoliberal.

Pero el neoliberalismo no sólo fragmenta el mundo que supone unir, también produce el centro político-económico que dirige esta guerra. Y si, como señalamos antes, los centros financieros imponen su ley (la del mercado) a naciones y a grupos de naciones, entonces deberíamos redefinir los límites y alcances de la política, es decir, del quehacer político. Conviene entonces hablar de la megapolítica, en ésta sería donde se decidiría el “orden mundial”.

Y cuando decimos “megapolítica” no nos referimos al número de quienes en ella se mueven. Son pocos, muy pocos, los que se encuentran en esta “megaesfera”. La megapolítica globaliza las políticas nacionales, es decir, las sujeta a una dirección que tiene intereses mundiales (que por lo regular son contradictorios a los intereses nacionales) y cuya lógica es la del mercado, es decir, la de la ganancia económica.

Con este criterio economicista (y criminal) se decide sobre guerras, créditos, compra y venta de mercancías, reconocimientos diplomáticos, bloqueos comerciales, apoyos políticos, leyes de migración, golpes de Estado, represiones, elecciones, unidades políticas internacionales, rupturas políticas intranacionales, inversiones, es decir, la supervivencia de naciones enteras.

El poder mundial de los centros financieros es tan grande, que pueden prescindir de la preocupación por el signo político de quien detente el poder en una nación, si es que se garantiza que el programa económico (es decir, la parte que corresponde al megaprograma económico mundial) no se altere. Las disciplinas financieras se imponen a los distintos colores del espectro político mundial en cuanto se llega al gobierno de una nación.

El gran poder mundial puede tolerar un gobierno de izquierda en cualquier parte del mundo, siempre y cuando ese gobierno no tome medidas que vayan en contra de las disposiciones de los centros financieros mundiales. Pero de ninguna manera tolerará que una alternativa de organización económica, política y social se consolide. Para la megapolítica, las políticas nacionales son hechas por enanos que deben plegarse a los dictados del gigante financiero. Así será, hasta que los enanos se rebelen…

Aquí tiene usted la figura que representa la “megapolítica”. Comprenderá usted que es inútil
tratar de encontrarle una racionalidad y que, desenredando la madeja, nada quedará claro.

Pieza 7: Las bolsas de resistencia

La figura 7 se construye dibujando una bolsa.

“Para empezar, te ruego no confundir la Resistencia con la oposición política. La oposición
no se opone al poder sino a un gobierno, y su forma lograda y completa es la de un partido
de oposición; mientras que la resistencia, por definición (ahora sí), no puede ser un partido:
no está hecha para gobernar a su vez, sino para… resistir.”

Tomás Segovia. “Alegatorio”. México, 1996.

La aparente infalibilidad de la globalización choca con la terca desobediencia de la realidad. Al mismo tiempo que el neoliberalismo lleva adelante su guerra mundial, en todo el planeta se van formando grupos de inconformes, núcleos de rebeldes. El imperio de las bolsas financieras enfrenta la rebeldía de las bolsas de resistencia.

Sí, bolsas. De todos los tamaños, de diferentes colores, de las formas más variadas. Su única semejanza es su resistirse al “nuevo orden mundial” y al crimen contra la humanidad que conlleva la guerra neoliberal.

Al tratar de imponer su modelo económico, político, social y cultural, el neoliberalismo pretende subyugar a millones de seres, y deshacerse de todos aquellos que no tienen lugar en su nuevo reparto del mundo. Pero resulta que estos “prescindibles” se rebelan y resisten contra el poder que quiere eliminarlos. Mujeres, niños, ancianos, jóvenes, indígenas, ecologistas, homosexuales, lesbianas, seropositivos, trabajadores y todos aquellos y aquellas que no sólo “sobran”, sino que también “molestan” al orden y el progreso mundiales, se rebelan, se organizan y luchan. Sabiéndose iguales y diferentes, los excluidos de la “modernidad” empiezan a tejer las resistencias en contra del proceso de destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento que lleva adelante, como guerra mundial, el neoliberalismo.

En México, por poner un ejemplo, el llamado “Programa de desarrollo integral del Istmo de Tehuantepec” pretende construir un moderno centro internacional de distribución y ensamble de mercancías. La zona de desarrollo abarca un complejo industrial en el que se refina la tercera parte del crudo mexicano y se elabora el 88% de los productos petroquímicos. Las vías de tránsito interoceánico consistirán en carreteras, una ruta fluvial aprovechando el tendido natural de la zona (río Coatzacoalcos) y, como eje articulador, la línea del ferrocarril transístmico (a cargo de 5 empresas, 4 de EU y 1 de Canadá). El proyecto sería zona ensambladora bajo el régimen de maquiladoras. Dos millones de pobladores del lugar pasarían a ser estibadores, controladores de paso o maquiladores. (Ana Esther Ceceña. “El Istmo de Tehuantepec: frontera de la soberanía nacional”. “La Jornada del Campo” 28 de mayo 1997.) También en el sureste mexicano, en la selva Lacandona, se echa a andar el “Programa de Desarrollo Regional Sustentable para la Selva Lacandona”. Su objetivo real es poner a disposición del capital las tierras indígenas que, además de ser ricas en dignidad e historia, también lo son en petróleo y uranio.

El resultado previsible de estos proyectos será, entre otros, la fragmentación de México (separando al sureste del resto del país). Además, y ya que de guerras hablamos, los proyectos tienen implicaciones contrainsurgentes. Forma parte de una pinza para liquidar la rebeldía antineoliberal que explotó en 1994. En medio quedan los indígenas rebeldes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

(Ya en el tema de indígenas rebeldes conviene un paréntesis: los zapatistas piensan que, en México (ojo: en México) la recuperación y defensa de la soberanía nacional es parte de una revolución antineoliberal. Paradójicamente, el EZLN es acusado de pretender la fragmentación de la nación mexicana. La realidad es que los únicos que han hablado de separatismo son los empresarios del estado de Tabasco (rico en petróleo) y los diputados federales chiapanecos que pertenecen al PRI. Los zapatistas piensan que es necesaria la defensa del Estado Nacional frente a la globalización, y que los intentos de partir a México en pedazos vienen del grupo gobernante y no de las justas demandas de autonomía para los pueblos indios. El EZLN, y lo mejor del movimiento indígena nacional, no quieren que los pueblos indios se separen de México, sino ser reconocidos como parte del país con sus especificidades. No sólo eso, quieren un México con democracia, libertad y justicia. Las paradojas siguen, porque mientras el EZLN lucha por la defensa de la soberanía nacional, el Ejército Federal Mexicano lucha contra esa defensa y defiende a un gobierno que ha destruido ya las bases materiales de la soberanía nacional y ha entregado el país, no sólo al gran capital extranjero, también al narcotráfico).

Pero no sólo en las montañas del sureste mexicano se resiste y se lucha contra el neoliberalismo. En otras partes de México, en la América Latina, en los Estados Unidos y el Canadá, en la Europa del Tratado de Masstrich, en el África, en el Asia, y en Oceanía, las bolsas de resistencia se multiplican. Cada una de ellas tiene su propia historia, sus diferencias, sus igualdades, sus demandas, sus luchas, sus logros. Si la humanidad tiene todavía esperanzas de supervivencia, de ser mejor, esas esperanzas están en las bolsas que forman los excluidos, los sobrantes, los desechables.

Éste es un modelo de bolsa de resistencia, pero no haga mucho caso de él. Hay tantos modelos como resistencias y como mundos hay en el mundo. Así que dibuje el modelo que más le guste. En esto de las bolsas, como en las resistencias, la diversidad es riqueza.

Hay, a no dudarlo, más piezas del rompecabezas neoliberal. Por ejemplo: los medios de comunicación, la cultura, la polución, las pandemias. Aquí sólo hemos querido mostrarle el trazo de 7 de ellas.

Estas 7 bastan para que usted, después de dibujarlas, colorearlas y recortarlas, se dé cuenta que es imposible armarlas juntas. Y éste es el problema del mundo que la globalización ha pretendido rearmar: las piezas no encajan.

Por esto, y por otras razones que no vienen al espacio de este texto, es necesario hacer un mundo nuevo. Un mundo donde quepan muchos mundos, donde quepan todos los mundos…

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos
Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
México, Junio de 1997.

P.D. QUE CUENTA SUEÑOS QUE EL AMOR ANIDA.- Reposa la mar a mi lado. Comparte desde hace tiempo angustias, incertidumbres y no pocos sueños, pero ahora duerme conmigo la caliente noche de la selva. Yo miro su trigo agitado en el sueño y me maravillo de nuevo al encontrarla a ella como es ley: tibia, fresca y a mi lado. La asfixia me saca del lecho y toma mi mano y la pluma para traer al Viejo Antonio hoy, como hace años…

He pedido al Viejo Antonio que me acompañe en una exploración río abajo. No llevamos más que un poco de pozol para comer. Durante horas seguimos el caprichoso cauce y el hambre y el calor aprietan. Toda la tarde la pasamos tras una piara de jabalíes. Casi anochece cuando le damos alcance, pero un enorme censo (puerco de monte) se desprende del grupo y nos ataca. Yo saco a relucir todos mis conocimientos militares, dejo tirada mi arma y me trepo al árbol más cercano. El Viejo Antonio queda inerme ante el ataque, pero en lugar de correr, se pone tras una maraña de bejucos. El gigantesco jabalí arremete de frente y con toda su fuerza, pero queda atrapado entre las lianas y las espinas. Antes de que pueda librarse, el Viejo Antonio levanta su vieja chimba y, de un tiro en la cabeza, resuelve la cena de ese día.

Ya en la madrugada, cuando he terminado de limpiar mi moderno fusil automático (un M-16, calibre 5.56 mm, con selector de cadencia y alcance efectivo de 460 metros, además de mira telescópica, bipie y cargador de “drum” con 90 tiros), escribo en mi diario de campaña y, omitiendo todo lo sucedido, sólo anoto: “Topamos puerco y A. mató una pieza. Altura 350 msnm. No llovió”.

Mientras esperamos que se cueza la carne, le cuento al Viejo Antonio que la parte que me toca servirá para las fiestas que se preparan en el campamento. “¿Fiestas?”, me pregunta mientras atiza el fuego. “Sí”, le digo, “No importa el mes, siempre hay algo que celebrar.”. Después sigo con lo que yo supuse era una brillante disertación sobre el calendario histórico y las celebraciones zapatistas. En silencio escucha el Viejo Antonio y, suponiendo que no le interesa, me acomodo para dormir.

Entre sueños miró al Viejo Antonio tomar mi cuaderno y escribir algo. En la mañana, repartimos la carne después del desayuno y cada uno toma su camino. Ya en nuestro campamento, reporto al mando y le muestro la bitácora para que sepa lo ocurrido. “Esta no es tu letra”, me dice mientras me muestra la hoja del cuaderno. Ahí, al final de lo que yo anoté ese día, el Viejo Antonio había escrito con letras grandes:

“Si no puedes tener la razón y la fuerza, escoge siempre la razón y deja que el enemigo tenga la fuerza. En muchos combates puede la fuerza obtener la victoria, pero en la lucha toda sólo la razón vence. El poderoso nunca podrá sacar razón de su fuerza, pero nosotros siempre podremos obtener fuerza de la razón”.

Y más abajo, con letra muy pequeña: “Felices fiestas”.

Ni para qué decirlo, se me quitó el hambre. Las fiestas, como siempre, estuvieron bien alegres. “La del moño colorado” estaba todavía, felizmente, muy lejos del “hit parade” de los zapatistas…

La homogeneización/fragmentación ocasionadas por el neoliberalismo, ha barrido las antiguas evidencias del Poder y las ha reordenado o cambiado por otras nuevas. Ya no existe el Estado-Nación tal y como se había conocido; la globalización ha hecho saltar por los aires los mercados internos, propicia una homogeneización de las culturas nacionales y desplaza a las viejas clases políticas nacionales que son remplazadas por nuevos modelos políticos… con mil caras: el político-empresario (o el país como una empresa), el político abogado (o la subordinación a instrumentos jurídicos supranacionales), el político-publicista (o un mercado donde hasta el líder político está subordinado a la publicidad), el político-general (la “ordenada libertad” sutilmente militarizada y siempre en torno al “libre mercado”), el político-embajador (o la necesidad de internacionalizar el quehacer político, siempre en torno a la compra, la venta y la idea de “marca”), el político-historiador (o cómo poner en valor el presente en oposición al pasado, caduco y derrotado) y por último, el político-tódologo (o cómo cualquier político sabe de todo, puede opinar de todo y, desde luego, puede ocuparse de cualquier asunto).
Frente a todo esto, está la importancia de la memoria porque con ella se pueden encontrar las corrientes subterráneas de la resistencia crítica, las rutas de la inconformidad.

Un periscopio invertido (o la memoria, una llave enterrada)

“… de modo que esta teoría de la Tierra hueca viene a materializar, por decirlo así, la milenaria intuición hermética: ¡lo que está abajo es igual a lo que está arriba!”

Umberto Eco. “El péndulo de Foucault”

1.- La Historia: aprender a ver bajo tierra.

En medio de una playa de nubes para que la mar repose su cansancio (llave cuarta), la luna llena es una nacarada estrella, tan gorda que los filos se le han limado. Recostados como estamos, le cuento a la mar la historia que el Viejo Antonio me narró una madrugada como ésta, pero con el humo del tabaco supliendo las nubes.

Con una última voluta de humo completamos el cerco que, sin decirlo, le habíamos ido tendiendo a la luna para fijarla en el cielo. Fue inútil, ella siguió su avance venciendo horas y nubes. Estábamos callados, acechando a un tepescuintle. El Viejo Antonio se había propuesto demostrarme que también se puede “lamparear” al tepes en luna llena.

-¡Ahí está! ¿Lo ves? –me gritó con un susurro el Viejo Antonio.

-Sí –mentí mientras buscaba inútilmente los ojos esmeralda que supuestamente dibujaría el haz de luz del focador del Viejo Antonio.

La chimba brilló con un sonido seco que pronto se apagó bajo el tenaz tambor de los grillos. Corrí hacia el punto al que había señalado la lámpara del Viejo Antonio. Un tepescuintle de un medio metro de largo se estremecía, con el canto plano del machete completé la comida iniciada con la chimba del Viejo Antonio. Lo agarré y lo llevé a donde el Viejo Antonio liaba otro cigarrillo.

-Ni lo viste siquiera – me dice sin mirarme.

Yo, la verdad, estaba “pajareando” esperando que la luna cayera de una buena vez, pero repetí con firmeza la mentira:

-Sí lo vi-. La luz de un cerillo encendido ilumina la sonrisa y el cigarro que el Viejo tiene en los labios.

-¿Cómo supiste cuándo encender la lámpara y a dónde iluminar?-, le pregunto para cambiar el tema.

-Lo vi acá abajo-, responde el Viejo Antonio y señala con el gesto y la mano hacia el suelo.

-¿Lo viste abajo de la tierra?-, pregunto-digo con burla. El Viejo Antonio no me responde. Bueno, no directamente. De pronto, recostándose, empieza a contarme…

LA HISTORIA DE LA LLAVE ENTERRADA

“Cuentan que los más primeros dioses, los que nacieron el mundo, tenían muy mala memoria y rápido se olvidaban de lo que hacían o decían. Unos dicen que era porque los más grandes dioses no tenían por qué acordarse de nada, porque ellos ya eran desde cuando el tiempo no tenía tiempo, o sea que no hubo nada antes de ellos y si no hubo nada antes entonces no había de qué tener memoria. Quién sabe, pero el caso era que todo lo olvidaban. Este mal lo heredaron a todos los gobernantes que en el mundo son y han sido. Pero los dioses más grandes, los más primeros, supieron que la memoria era la llave del futuro y que había que cuidarla como se cuida la tierra, la casa y la historia. Así que, como antídoto para su amnesia, los más primeros dioses, los que nacieron el mundo, hicieron una copia de todo lo que habían hecho y de todo lo que sabían. Esa copia la escondieron bajo el suelo de modo que no se confundiera con lo que había sobre la superficie. Así que debajo del suelo del mundo hay otro mundo idéntico al de acá arriba, con una historia paralela a la de la superficie. El mundo primero está bajo la tierra.”

Le pregunté al Viejo Antonio si es que el mundo subterráneo era una copia idéntica a la del mundo que conocemos.

“Fue”, me respondió el Viejo Antonio, “ya no”. Y es que -explicó- el mundo de afuera se fue desordenando y desacomodando al paso del tiempo. “Cuando los más primeros dioses se fueron, nadie de los gobiernos se acordó de mirar abajo para ir arreglando lo que se iba desacomodando. Así que cada nueva generación de jefes pensó que el mundo que le tocaba así era de por sí y que no era posible otro mundo. Así que lo que está abajo de la tierra es igual a lo que está arriba, pero es en forma distinta”.

Dijo el Viejo Antonio que por eso es costumbre de los hombres y mujeres verdaderos el enterrar el ombligo del recién nacido. Lo hacen para que el nuevo ser humano eche un vistazo a la historia verdadera del mundo y sepa luchar para acomodarlo de nuevo como debe ser.

Así que allá abajo no sólo está el mundo, sino que está la posibilidad de un mundo mejor.

-¿Y estamos también los dos? -pregunta la mar somnolienta.

-Sí, y juntos -le respondo.

-No te creo -dice la mar, pero con discreción gira sobre su costado y se asoma por un huequito que una piedrita dejó en el suelo.

– Deveras -le insisto- si tuviéramos un periscopio podríamos asomamos.

-¿Un periscopio? -murmura.

-Sí -le digo- un periscopio, un periscopio invertido…

II.- El Caótico Cascarón de la Globalización.

“Después comprendí que la imagen era proyectada por otra pantalla, situada encima de mi cabeza, en la que aparecía invertida, y que esa segunda pantalla era el ocular de un rudimentario periscopio, construido, por decirlo así, con dos cajones ensamblados en ángulo obtuso, el más largo tendido como un tubo fuera de la garita, encima de mi cabeza y a mis espaldas, hacia una ventana desde la cual, claramente por un juego interno de lentes que le permitía abarcar un amplio ángulo de visión, captaba las imágenes del exterior”.

Umberto Eco. Op. Cit.

El proceso mundial de homogeneización/fragmentación operado por el neoliberalismo ha barrido con las antiguas evidencias del Poder y las ha reordenado o suplantado por nuevas. Entre las víctimas de esta nueva guerra mundial están el Estado Nacional y la tríada sobre la que descansó su supervivencia, esto es: mercado interno, lengua y cultura nacionales, y clase política local. Para mantener, fortalecer y hacer crecer estos tres aspectos, los Estados Nacionales se apoyaron en policía y ejército, en gobiernos, instituciones y leyes, en medios de comunicación e intelectuales, en fin, en todo lo que fue la esencia del Estado moderno.

Fue, ya no más.

El complejo proceso de globalización visto como lo que es, como una guerra de destrucción/reordenamiento, hace saltar en pedazos los mercados internos, tiende a diluir dentro de una homogeneización brutal las lenguas y culturas nacionales, y se empeña en desplazar y destruir las clases políticas locales.

Con las crisis liquidadoras de los tres fundamentos de los Estados Nacionales, entran en crisis sus apoyos: ejército, policía, gobierno, instituciones, legislaciones, medios de comunicación, intelectuales.

Los huecos dejados por estas crisis aniquiladoras no permanecen vacíos. “La mundialización financiera ha creado, por otra parte, su propio Estado. Un Estado supranacional que dispone de sus aparatos, sus redes de influencia y su medios de acción. Se trata de la constelación formada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización Mundial del Comercio (OMC).” (Ramonet, Ignacio. “Desarmar los Mercados”. Le Monde Diplomatique. Dic. 1997 #525.)

Las hiperbombas financieras, detonadas a conveniencia del Poder global, han devastado la superficie política, cultural y económica de las naciones del mundo. El recuento de daños suma desempleados por millones, guerras múltiples en microrregiones, destrozos definitivos en el hábitat natural, explotación de mano de obra infantil, incontables muertes por miseria, millones de vagabundos en busca de mejores condiciones de vida, y matanzas como la de Acteal.

Pero también entre los antiguos “de arriba” hay bajas. Los agonizantes Estados Nacionales arrastran consigo a los viejos poderes políticos y económicos. A las quiebras masivas de empresas se agregan los derrumbes de clases políticas enteras.

La lógica de la globalización neoliberal no es sólo económica, también es política. La imposición de una economía transfronteriza no es sólo una apertura forzada de la capilaridad de los mercados nacionales, es también (y sobre todo) un combate contra el responsable del surgimiento y protección de estos mercados, el Estado Nacional. La homogeneización de la economía corre paralelo a la fragmentación y pulverización de la política “vieja”, y a su relevo por una clase política “moderna”.

De los antiguos poderes dominantes quedan restos desordenados del complicado rompecabezas que los mantuvo arriba por décadas. Un caos de intereses, y de personajes que representan esos intereses, deambula por los cada vez más estrechos pasillos de los Poderes nacionales. Los políticos de antes son remplazados por nuevos modelos: políticos con mil caras…

III.- La Nueva Política y sus Detentadores. Las 7 caras de los políticos profesionales.

“When I use a word”, Humpty Dumpty said, in rather a scornful tone, “it means just what I choose
it to mean -neither more nor less”.
“The question is”, said Alice, “whether you can make words mean so many different things”.
“The question is”, said Humpty Dumpty, “which is to be master -that’s all.”
“Through the looking-glass. And what Alice found there”.

Lewis Carroll.

Al mismo tiempo que los Estados nacionales son destruidos, el Estado Mundial se consolida. Pero éste no necesita a sociedad alguna, puede prescindir de ella porque el Poder del que es depositario es el otorgado por los mercados financieros y las hiperempresas. En lugar de ciudadanos electores, las bolsas de valores conceden la legitimidad necesaria y única: la del poder económico.

Así las cosas, el Estado Mundial necesita, y produce, políticos nuevos para conducirlo. Políticos no-políticos (puesto que el fundamento social de la política, el ciudadano, ha sido eliminado) que son una especie de mutantes cibernéticos capaces de varias funciones (previa programación según el software neoliberal, of course). Estos no-políticos se “producen” en los centros de “alta” educación tecnócrata (Oxford, Harvard, Yale), y se exportan a los diferentes países para completar la destrucción de los Estados Nacionales. Para esto, deben tener…

La cara Uno: El Político-Empresario.- En el Estado “Nacional” moderno la política es fundamentalmente economía de mercado. El país debe ser concebido como una empresa más o menos grande y debe manejarse como tal. Los planes políticos se asemejan a presupuestos de inversiones y cálculos de costos y ganancias. La llamada “administración pública” cada vez es más administración y menos pública.

Como en una empresa, lo más importante es la productividad, la máxima ganancia al mínimo costo. A este criterio se subordinan programas sociales, aperturas y cerrazones políticas, relaciones internacionales, alianzas y pactos nacionales, ascenso o descenso del “éxito” político, planes gubernamentales y procesos electorales.

Para el Político-Empresario los ciudadanos no son más que empleados y los funcionarios públicos son capataces con mayor o menor poder de decisión. La Nación y sus prioridades son valoradas con criterios de “mercadotecnia moderna”: vale el que vale como productor/consumidor. Y el que no vale, puede y debe ser desechado, eliminado.

La cara Dos: El Político-Abogado.- Para la globalización económica, la estructura legislativa del antiguo Estado Nacional se convierte en camisa de fuerza y obstáculo a vencer.

Por lo regular, las legislaciones nacionales responden a una triple vertiente. Por un lado la histórica, que recoge el pasado de la Nación y que consiste en una asimilación jurídica de ese pasado. Por otro lado la que incorpora las luchas populares y sus exigencias, y regula, a través de normas jurídicas, la satisfacción de esas demandas y/o su redefinición. En un tercer nivel, se refiere a las formas jurídicas con que las clases políticas dominantes “legalizan” su poder y legitimidad.

Pero esta estructura jurídica, cohesionadora primaria del Estado Nacional, es un obstáculo legal para poder operar la disolución de las naciones que la globalización supone y necesita. Así que el neoliberalismo rompe con ese corpus legal y se confecciona uno a la medida. En nombre de la “libertad de comercio” se abrogan las legislaciones “nacionales” en educación, derecho laboral, medio ambiente, salud pública, tenencia de la tierra, uso de los recursos naturales, migración, etcétera. Para esto se crean instrumentos jurídicos supranacionales. ¿Un ejemplo? En la OCDE se negocia a escondidas, desde mayo de 1995, el Acuerdo Multilateral Sobre las Inversiones (AMI), para ser firmado en 1998 por los países miembros. Este Acuerdo da a los inversionistas poderes grandes frente a los gobiernos en materia de inversión, contratación y manejo de las ganancias.

Por esto, el político “moderno” deber ser, también, un abogado de los dineros internacionales, un abogado del diablo.

La cara Tres: El Político-Publicista.- La “explosión de los mercados” no va sola. Es acompañada por la “revolución tecnológica” y por la consiguiente creación de las superautopistas de la comunicación. Por medio de la una y a través de las otras, el espacio público es invadido por el mercado y sus referentes: compra, vende. Así que la política moderna se ejerce como “publicidad global”.

El líder político es fabricado por la publicidad. Hombres grises y mediocres simulan estaturas de estadistas (como Ernesto Zedillo en México) gracias a técnicas publicitarias y teatrales. La “legalidad” (que no la legitimidad) del gobernante depende cada vez más de la máquina publicitaria, tan caprichosa como el mercado al que sirve. Un escándalo bien manejado puede destrozar una carrera política o encumbrarla, incluso en tiempos alternantes (véase Clinton y el remis de “Deep Throat” montado en la Sala Oval de la Casa Blanca). Reducida la política a una cuestión de mercado, es decir, de intercambio de mercancías, el político debe manejar las técnicas publicitarias.

La cara Cuatro: El Político-General.- La Política, como desde su inicio en la historia de la humanidad, es sobre todo el ejercicio de la violencia organizada. Por eso el político moderno es también un General. Si ayer la “Nación” era el argumento para las guerras, ahora es la “ORDENADA libertad” (con el aclarativo “de mercado” cuidadosamente simulado). El asesinato en masa y la destrucción son también “medios publicitarios” de mercadotecnia. Estados Unidos es ejemplar en esto. En México, Acteal y la guerra que contra los pueblos indios lleva adelante Zedillo, le han ganado el aplauso de comentaristas de televisión, revistas de intelectuales, cúpulas empresariales, el alto clero y juristas decadentes.

Los monstruos que provocan estos “generales” poco o nada tienen que ver con “EL ORDEN”. El desorden es la norma, y el caos es cuidadosamente administrado por una economía mundial que sigue teniendo en el mercado bélico un importante soporte. Después del fin de la tercera guerra mundial (o “guerra Fría”), los gastos en armamento se reducen en todo el mundo. Pero a partir de 1994 vuelven a repuntar: En Medio Oriente pasa de 11,9 miles de millones de dólares a 15,3 en 1996. En el Oriente Asiático de 7,0 a 8,9. En América Latina de 0,8 a 1,6. En el Sudeste Asiático de 0,9 a 1,4. En la ex URSS de 0, 1 a 0,3. Sólo en Europa Occidental-OTAN decrecen de 9,3 a 8,5.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) declaró que en 1996 el mercado mundial de material militar aumentó en 8%, y llegó a 39,9 miles de millones de dólares. En 1994 ya había crecido en 13%. Todo esto después de haber caído, de 1987 a 1994, en menos 61,5% (Courier International #366. Nov de 1997). En lo que se refiere a los principales vendedores de armamento en 1996: EU tiene el 42,6% del mercado mundial, el Reino Unido el 22,1%, Francia el 14,1%, Rusia el 8,6%, Israel el 3,3%, y China el 1,5%. A partir de 1990 suben EU, Reino Unido y Francia. Cae la ex URSS y se mantienen China e Israel (Ian Black y David Fairhall en “The Guardian”, Londres, UK, 1997).

La cara Quinta: El Político-Embajador.- Rotas las fronteras para los capitales y redefinido el mercado como amo supremo, la internacionalización del quehacer político obliga a los políticos modernos a desempeñarse más como agentes viajeros, duchos en idiomas extranjeros y diplomacias de salón. El político moderno no tiene nacionalidad definida ni más idiosincrasia que la del mercado. Es norteamericano en Estados Unidos, y en América Latina, y en Europa, y en Asia, y en Africa, y en Oceanía. Su patria única es Wall Street, su color el verde dólar, piensa en inglés y vive al ritmo de los índices Dow Jones y Nikkei.

La cara Sexta: El Político-Historiador.- En el neoliberalismo la Historia se recicla para negarse y provocar arrepentimiento. En el globalizado sacrificio de las utopías se incluye la quema de banderas de rebeldía y se abrazan las del cinismo y el conformismo. El Saber se recicla y recicla sus “sacerdotes”. La nueva verdad, la de los mercados financieros, necesita nuevos profetas. El nuevo político es también un historiador, pero en sentido inverso. Para él sólo el presente tiene valor y el pasado debe ser visto como el responsable de todo lo malo que ocurra. “La verdadera historia”, nos dice y se dice el neo-político, “empieza conmigo”.

La cara Séptima: El Político-Todólogo.- Invadido el todo social por la lógica del mercado, y convertido el político en el “conductor” de esa invasión, sus “conocimientos” deben abarcar todo, por eso se sienten con capacidad para opinar de todo. Y si una parte de ese “todo” no es traducible en términos de mercadotecnia, entonces esa parte no merece atención siquiera…

Estas son pues las 7 caras del político moderno. ¿Le interesa el puesto? No se requiere inteligencia alguna (Menem en Argentina, Fujimori en Perú, y Zedillo en México lo demuestran). Basta con obedecer a los mercados…

IV.- La Vieja Política y sus cadáveres vivientes.

“Miremos a donde miremos han desaparecido buena parte de las siluetas de lo que sabíamos y
en lo que creíamos, como si el “sky line” memorizado de ideas y proyectos sociales se hubiera
esfumado y nos hubiéramos quedado sin imaginarios fundamentales de una cultura que no hace
mucho tiempo llamábamos progresista por oposición a la cultura reaccionaria”.

Manuel Vázquez Montalbán. “Panfleto desde el planeta de los simios”.

La política antigua, la de principios y programas, se autoinmola en el altar del mercado global. Ahora es el libre juego de la oferta y la demanda el que determina la orientación ideológica de los “modernos” partidos políticos. Tener una buena mercancía para competir frente a otras en la “preferencia del consumidor” es lo que importa. La propuesta política pasa a ser una trivia consumible, digerible y desechable. Cada vez menos ciudadanos conocen la historia, principios y programas de las organizaciones políticas. Cada vez más las diferentes ofertas lo son en tanto que son distintos los personajes (muchas veces ni eso, como lo demuestra el PRD mexicano). Las propuestas políticas no son tales, son opiniones y posturas respecto a situaciones coyunturales. Tienen, por tanto, la constancia de una veleta de viento en medio de una tormenta. Como en un tiovivo de una feria pueblerina, la derecha se hace centro e izquierda, la izquierda se derechiza y centra. Montado en la figura de su gusto, el ciudadano pasa por todo el espectro ideológico.

La política moderna se hace, cada vez más, asunto de elite. Y su ejercicio supremo en quehacer de una elite de elites. La sociedad pasa de actor eventual a espectador constante.

Pronto la “política” ciudadana se ejercerá por telecomunicación. Frente a una computadora el ciudadano manifestará su “voto”, es decir, su aval. Nada de calles cerradas, nada de movilizaciones, nada de mítines, nada de tomas de edificios, nada de disturbios que, como su nombre lo indica, sólo disturban los mercados, es decir, la “Nación”. El ciudadano escogerá una opción política como escoge una mercancía en un supermercado, pero desde su domicilio.

Lo existente abruma y derrota a lo necesario. Las encuestas y estadísticas conducen los planteamientos políticos, tal y como antes lo hacían los análisis históricos y las convicciones ideológicas. Ya no más la transformación de la reflexión histórica en teoría política y de ésta en principios y programa de lucha. Ahora lo “moderno” es la traducción del estudio de mercado en programa de mercadotecnia, y de éste en campaña publicitaria.

La atrofia es vertiginosa. El aparato partidario se vuelve omnipotente y arrolla a la filosofía política, la propuesta de transformación/conservación de las relaciones sociales y las definiciones frente al espectro político. En este sentido, la política más “moderna” se da en tierras mexicanos.

Una amnesia crónica afecta a las organizaciones políticas en todo el mundo. Si alguien menciona al pasado, debe hacerlo con una mezcla de condena, vergüenza y arrepentimiento. El “no lo vuelvo a hacer” es el máximo y único axioma de la reflexión histórica moderna.

Pero los “olvidos” históricos presentarán, más temprano que tarde, su factura. Al igual que en la economía, no hay el “fair play” de la libre concurrencia en el mercado político. El Poder “juega” a favor de sus afines y en contra de sus rivales. El código básico cultural contiene elementos fijos (por ejemplo: izquierda = revolución = violencia = caos = catástrofe). El “bien de elite” se metamorfosea en “bien común”. La conservación del Poder se iguala a consolidación de avances, seguridad y desarrollo. Otra vez México demuestra ser el alumno más aventajado de las lecciones neoliberales de “política”.

La democracia social participativa ha sido arrollada por la democracia política profesional y privatizada. La Razón de Estado es, al final, la Razón del Mercado. Esta tolera y alienta la doble moral de un doble discurso: “digo lo que no hago/hago lo que no digo”. A falta de realidad que corresponda al discurso político-social del Poder, los medios de comunicación construyen una nueva realidad y con ella delinean el “Mercado Social” de los Estados modernos. El poder de los medios de comunicación, señaladamente los electrónicos, es, por decirlo de alguna manera, todavía más poderoso.

Las tan aducidas (y tan violadas) libertades de las “democracias modernas”: expresión, reunión y asociación, se redefinen ahora según la lógica del mercado mundial. Pero las únicas libertades son las de compra-venta que, como es obvio, son bastante selectivas, excluyen a la mayoría y conforman el quehacer político (fuera del propiamente electoral, es decir, la mayor parte del tiempo) como asunto de unos cuantos, los más poderosos.

V.- Las corrientes subterráneas de la resistencia crítica.

“Ahora teníamos a toda la modernidad recorrida por laboriosos topos que
perforaban el subsuelo espiando el planeta por debajo”.

Umberto Eco. Op. Cit.

Dice el escritor portugués José Saramago que “al contrario de lo que generalmente se pretende hacer creer, no hay nada más fácil de comprender que la historia del mundo, aunque mucha gente ilustrada todavía se empeñe en afirmar que es demasiado complicada para el rudo entendimiento del pueblo”.

El miedo neoliberal a la Historia no es tanto a su existencia (al fin y al cabo los pobres también existen y pueden ser ignorados), sino a que se conozca, a que se aprenda de ella.

Para evitar esto, la Historia es secuestrada por esa “gente ilustrada” y maquillada adecuadamente, de modo de hacerla irreconocible para los de abajo.

El secuestro de la Historia por las elites es para “remodelar” su consumo de modo que se escamotee al ser humano su patrimonio fundamental: la memoria.

En la nueva “historia mundial”, el presente derrota al pasado y sujeta al futuro. El hoy es el nuevo tirano, a él se le rinde pleitesía y obediencia.

Pero, en todo el mundo, topos de todos los colores y tamaños hurgan la Historia oculta y encuentran y entienden. Cada tanto estos topos emergen y abren boquetes de luz subterránea que iluminan en la superficie los grises del caos neoliberal.

Además de intentar matarlos, el Poder globalizado adiestra a sus “pensadores” para aislar a estos topos de la historia. Los intelectuales modernos determinan, con oscuros juicios y jurados, la banalización y descalificación del pensamiento crítico. “Poesía, utopía, mesianismo”, son los cargos más recurrentes. ¿La condena? La persecución y la calumnia.

Es de entender, la emergencia constante de estos topos coincide escandalosamente con la aparición de movilizaciones sociales. Y éstas desafían el orden establecido porque también desafían el quehacer político moderno. Los “intrusos” de la política acechan detrás de cada rincón de la historia.

Contra la política moderna, y con la Historia como bandera, la sociedad civil en el mundo se empecina en resurgir una y otra vez. Destella y se sumerge de nuevo para, otra vez, reaparecer.

La Fénix se rehace en el nido de la Historia…

VI.- La Inconformidad como ruta (llave tercera).

“Que ella gritó : ¡cuán verdadero par
Parece este uno concordante!
Amor tiene razón, razón ninguna,
Si así pueden quedar las partes.”

El Tórtolo y Fénix.William Shakespeare

(llave sexta).

La Mariya (tojolabal, 4 años y un Coeficiente Intelectual de 180 -que la descalifica para la política moderna-) ha triunfado en la competencia de tiro con tiradora. Derrotó a 3 varoncitos (de las 6 personas que estábamos presentes). Los niños, imagino que por la edad (Húber de 4 años, Andrés de 3 y Andulio de 6), no se sienten heridos en el sentimiento machista del que tanto nos enorgullecemos los zapatistas. La mar levanta en hombros a la Mariya y declara solemnemente el triunfo del poder femenino. Yo soy el Sup, así que salgo en defensa de los machitos y alego que fue caballerosidad y no mala puntería lo que dejó fuera a “mis muchachitos”. “¡El premio!”, gritan al mismo tiempo la mar y la Mariya. Yo ya no tengo dulces así que, a cambio, ofrezco…

EL CUENTO DEL SAPITO INCONFORME

“Había una vez un sapito que no estaba conforme con su ser sapito y que quería ser cocodrilo. Entonces fue al pantano a buscar al cocodrilo y le dijo: “Yo quiero ser cocodrilo”. El cocodrilo le contestó: “No puedes ser cocodrilo porque de por sí eres un sapito”. “Sí -dijo el sapito-, pero yo quiero ser cocodrilo. ¿Qué necesito hacer para ser cocodrilo?” El cocodrilo le dijo “No hay que hacer nada, uno nace cocodrilo y así es de por sí, un cocodrilo es un cocodrilo”. El sapito le dijo: “Pero yo no quiero ser sapito, yo quiero ser cocodrilo. ¿Usted sabe en dónde o con quién me puedo inconformar por ser sapito y que me dejen ser cocodrilo?” “No sé, tal vez el búho sepa”, respondió el cocodrilo. Y entonces el sapito fue a buscar al búho en el bosque. Ahí se encontró con otro sapito y le preguntó por el búho. “Ese sólo trabaja de noche -le respondió el otro sapito-, pero ten cuidado cuando hables con él porque el búho come sapitos”. Entonces el sapito esperó a que llegara la noche y mientras esperaba se hizo una su fortificación para protegerse de los ataques del búho. Puso una piedra encima de otra y así hasta que se hizo una pequeña cuevita y ahí se metió. Cuando llegó la noche también llegó el búho, y el sapito, desde dentro de su cueva le preguntó: “Señor búho, ¿usted sabe con quién o dónde me puedo inconformar por ser sapito y exigir que me dejen ser cocodrilo que es lo que yo quiero ser?”. “¿Quién me habla y de dónde?”, preguntó a su vez el búho. “Yo soy y aquí estoy”, respondió el sapito, y el búho se abalanzó para cogerlo con sus garras, pero como el sapito estaba dentro de la cueva, el búho sólo agarró una piedra y se la comió pensando que era un sapito lo que comía. Entonces el peso de la piedra hizo que el búho se cayera al suelo y que mucho le doliera la barriga. “Ay, ay -decía el búho-, ayúdame a sacarme esta piedra de la panza porque si no no puedo volar”. El sapito le dijo que le ayudaría sólo si le respondía su pregunta. “Ayúdame primero y luego te respondo”, le dijo el búho. “Naranjas -dijo el sapito-, primero dime, porque si te ayudo a sacar la piedra primero entonces me vas a comer y ya no me vas a responder”.

“Bueno -dijo el búho-, te voy a responder: con el que tienes que inconformarte es con el león, él es el rey y sabe por qué cada quién es cada cual. Ahora ayúdame a sacar la piedra”. “Never de limón la never -respondió el sapito-, porque si te saco la piedra te vas a seguir comiendo sapitos”. “Ahí está -dijo el búho-, de balde te quieres inconformar, todavía te preocupas de los sapitos y tú ni siquiera quieres ser sapito”. Pero el sapito no le hizo caso y se fue a buscar al león.

El león vivía en una cueva y el sapito pensó que no fuera a ser que el león comiera sapitos y tuvo una idea. Se mojó en un charquito y se revolcó en la tierra y así quedó disfrazado de piedrita. Cuando el león salió de su cueva, el sapito le dijo “Señor Rey León, vengo a inconformarme porque soy un sapito y yo quiero ser un cocodrilo”. “¿Quién me habla?”, preguntó el León. Y el sapito le respondió “Yo soy”. “Pero tú eres una piedrita, ¿qué es toda esa historia de sapitos y cocodrilos?”, le dijo el León. “Pues vengo a inconformarme porque uno no es lo que quiere ser sino lo que de por sí es”, dijo el sapito. “Así es de por sí -dijo el León-, uno es lo que es y no puede ser otra cosa. Lo único que se puede ser es ser bien lo que uno es”, dijo el León bostezando filosóficamente. En eso empezó a llover y el lodo que cubría al sapito se lavó y se vio claro que era un sapito y no una piedrita. El sapito no sabía si los leones comen sapitos y mejor se fue saltando de regreso a su charca.

Muy triste iba el sapito, brinca brincando, porque uno es lo que es y no puede ser otra cosa y porque lo único que puede ser es ser bien lo que uno es. Tristeando en eso que pensaba, llegó el sapito a su charca y rápido fue a buscar al cocodrilo. Cuando llegó al pantano no encontró al cocodrilo. Lo buscó por todos lados y no lo encontró. Le preguntó a los otros animales y éstos le respondieron “¿No sabías? Al cocodrilo lo encontró un cazador y ahora es un par de zapatos y una bolsa de piel de cocodrilo…” El sapito quedó pensando y, cuando todos pensaban que iba a decir que qué bueno que no era cocodrilo y qué bueno que era sapito, exclamó: “¡Eso es trascender el ser animal y no fregaderas!”. Y se puso a estudiar y a practicar para ser un buen cocodrilo. Parece que lo hizo bastante bien y logró engañar a un cazador.

Dicen que el sapito es ahora un monedero carísimo. “Es de piel de un cocodrilo muy especial”, dice la señorona que lo compró.

Moraleja: Del tamaño del sapo es la pedrada. Tan-tan.”

La Mariya se aburrió y se fue cuando el sapito apenas iba a ver al búho. La mar se ha quedado (no le queda otro remedio) hasta el final del cuento.

-Ya cálmate Esopo-, se burla.

Soy un incomprendido, no cabe duda.

VII.- ¿Un mañana gestándose en la profundidad?

“¡Me parece evidente! El que trama, si trama, lo hace por debajo, no a la luz del sol. Eso se sabe
desde el principio de los tiempos. El dominio del mundo significa el dominio de lo que hay debajo.
De las corrientes subterráneas”.

Umberto Eco. Op. Cit.

Finalmente me parece que el Viejo Antonio tiene razón cuando dice que hay debajo de nosotros un mundo mejor que el que padecemos, que la memoria es la llave del futuro, y que (agrego yo) la Historia no es más que un periscopio invertido…

 

Desde (debajo de) las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos

Planeta Tierra, Febrero de 1998.

P.D.- Las llaves cuarta, tercera y sexta abren puertas que sólo la mar conoce. Vendrán más llaves y más puertas…

El texto analiza cómo las dos guerras llamadas Mundiales han tenido unas características similares que se repiten en dos periodos posteriores en los que, aparentemente, no hay actividad bélica generalizada; uno, el que va desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del campo socialista, a finales de los ochenta, y otro, desde entonces a hoy en día; esto les permite a los zapatistas definir esos periodos como III y IV Guerra Mundial, respectivamente.
A partir de ahí, se analiza el desarrollo de la IV Guerra: como se conquistan y destruyen los territorios; cómo se reconstruyen y reordenan, como se ataca todo lo que hace que un Estado sea “nacional” (lengua, cultura, economía local, tejido social…), y se cambia por un solo mercado en que cualquier persona pueda conseguir el mismo producto, en cualquier parte del mundo. Si el mercado es ahora global, la vida también habrá de serlo, y para ello, todos y todas debemos homogéneos, tener las mismas ideas y los mismos gustos. Solo se nos distinguirá por nuestro valor en términos de capacidad de compra.
Sin embargo, y contrariamente a lo deseado, el mundo se está fragmentando y eso hace emerger a los diferentes y a las diferencias que se multiplican en búsqueda de una identidad propia.

Publicado en la Revista Rebeldía nº 4, febrero de 2003. Sección»La pregunta»

¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?

(En esta ocasión, hemos destinado la sección de la pregunta a un texto que pensamos
da respuesta a muchas de las interrogantes que hoy están planteadas ante la situación de guerra)

Hace algunos meses, La Jornada publicó, bajo el título de “La Cuarta Guerra Mundial”
un fragmento de la plática impartida por el subcomandante Marcos ante la
Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos en
La Realidad, Chiapas, el 20 de noviembre de 1999, de la cual se publicó su
bosquejo en las cartas 5.1 y 5.2, en noviembre del mismo año con el título:
“Chiapas: la guerra: I. Entre el satélite y el microscopio, la mirada del otro”,
y “II. La máquina del etnocidio”.
El siguiente es el texto completo de dicha plática.

Chiapas: la guerra

Subcomandante Insurgente Marcos

Originalmente, esta plática estaba concebida como una carta, previendo que no fuera posible un encuentro personal. Así que queda como una carta leída en voz alta y frente al destinatario, o más bien frente a uno de los destinatarios, porque va dirigida a la sociedad civil nacional e internacional. Escogí la fecha del aniversario de la Revolución Mexicana, además que por travesura, por razón de traer hasta acá dos imágenes de este siglo: una es el rostro de Emiliano Zapata; la otra es una niña indígena, con la cara parcialmente oculta por un paliacate rojo. Más adelante volveré a hablar de estas dos imágenes.

Tengo en mis manos un calendario que se hizo en el Estado español. Para el mes de noviembre tiene precisamente las dos imágenes: la imagen de Zapata y la imagen de la niña. A pesar de que el gobierno mexicano hace lo imposible por negar algo tan evidente, para nosotros no se trata tanto de demostrar que en las tierras indias del sureste mexicano hay una guerra, sino de entender el porqué de la continuación de esta guerra. Esta guerra, que inició el primero de enero de 1994, debió haber terminado cuando se firmaron los primeros Acuerdos de San Andrés y el proceso de diálogo aparecía ya definitivamente encarrilado hacia la paz. Que la guerra continúe, pese a que pudo haber terminado de una forma digna y ejemplar, tiene sus razones.

Entre el satélite y el microscopio
La reestructuración de la guerra

Según nuestra concepción, hay varias constantes en las llamadas guerras mundiales, sea la Primera Guerra Mundial, la Segunda o las que nosotros llamamos la Tercera y la Cuarta.

Una de estas constantes es la conquista de territorios y su reorganización. Si consultan un mapamundi, van a ver que al término de cualquier guerra mundial hubo cambios, no sólo en la conquista de territorios sino en las formas de organización. Después de la Primera Guerra Mundial hay un nuevo mapamundi, después de la Segunda Guerra Mundial hay otro mapamundi.

Al término de lo que nosotros nos atrevemos a llamar la “Tercera Guerra Mundial” y que otros llaman “Guerra Fría”, hubo una conquista de territorios y una reorganización. A grandes rasgos, la III guerra mundial se puede ubicar a finales de los años ochenta con el derrumbe del campo socialista de la Unión Soviética y al principio de los años noventa. A partir de entonces se vislumbra lo que llamamos la Cuarta Guerra Mundial.

Otra constante en las guerras mundiales es la destrucción del enemigo. Es el caso del nazismo en la Segunda Guerra Mundial y, en la Tercera, de todo lo que se conocía como URSS y el campo socialista como una opción frente al mundo capitalista.

La tercera constante es la administración de la conquista. En el momento en que se logra la conquista de territorios, es necesario administrarlos de manera que aporten ganancias a la fuerza que ganó. Nosotros usamos mucho el término “conquista” porque somos expertos en esto, los Estados que antes se llamaban nacionales siempre han intentado conquistar a los pueblos indios.

A pesar de estas constantes, hay una serie de variables que cambian de una guerra mundial a otra: la estrategia, los actores (o sea las partes contendientes), el armamento utilizado y, por ultimo, las tácticas. Aunque éstas vayan cambiando, las constantes se manifiestan y se pueden aplicar para entender una guerra y otra.

La Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría, abarca de 1946 (o, si se quiere, desde la bomba de Hiroshima, en 1945) hasta 1985-1990. Es una gran guerra mundial compuesta de muchas guerras locales. Como en todas las otras, al final hay una conquista de territorios que destruye a un enemigo. Acto seguido, se pasa a la administración de la conquista y se reorganizan los territorios. En esta guerra mundial estaban como actores o contendientes: uno, las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética con los relativos satélites; dos, la mayoría de los países europeos; tres, América Latina, África, partes de Asia y Oceanía. Los países periféricos giraban en torno a EU o a la URSS, según les convenía. Después de las superpotencias y de los periféricos estaban los espectadores y las víctimas, o sea el resto del mundo. No siempre las dos superpotencias se peleaban de frente. A menudo lo hacían por medio de otros países. Mientras las grandes naciones industrializadas se sumaban a uno de los dos bloques, el resto de los países y de la población aparecían como espectadores o como víctimas. Lo que caracterizaba esta guerra era: uno, la carrera armamentista y dos, las guerras locales. Con la guerra nuclear, las dos superpotencias competían para ver cuantas veces podían destruir el mundo. La forma de convencer al enemigo era presentarle una fuerza muy grande. Al mismo tiempo, en todas partes se desarrollaban guerras locales en las que estaban metidas las dos superpotencias.

El resultado fue, como todos sabemos, la derrota y la destrucción de la URSS, y la victoria de EU, alrededor del cual se aglutinan hoy la gran mayoría de los países. Es cuando sobreviene lo que llamamos “Cuarta Guerra Mundial”.

Aquí surge un problema. El producto de la anterior guerra debía ser un mundo unipolar -una sola nación que domina a un mundo donde no hay rivales- pero resulta que, para hacerse efectivo, este mundo unipolar tiene que llegar a lo que se conoce como “globalización”. Hay que concebir al mundo como un gran territorio conquistado con un enemigo destruido. Es necesario administrar este nuevo mundo y por lo tanto globalizarlo. Entonces se acude a la informática que, en el desarrollo de la humanidad, es tan importante como la invención de la maquina de vapor. La informática permite estar simultáneamente en cualquier lado; ya no hay más fronteras, limitaciones temporales o geográficas. Es gracias a la informática que empieza el proceso de globalización. Se erosionan las separaciones, las diferencias, los Estados nacionales y el mundo se convierte en lo que también se llama, con verosimilitud, la aldea global. Todo el mundo como una aldea con muchas casitas.

La concepción teórica que da fundamento a la globalización es lo que nosotros llamamos “neoliberalismo”, una nueva religión que va a permitir que el proceso se lleve a cabo. Con esta Cuarta Guerra Mundial, otra vez, se conquistan territorios, se destruyen enemigos y se administra la conquista de estos territorios.

El problema es qué territorios se conquistan y reorganizan y quién es el enemigo. Puesto que el enemigo anterior ha desaparecido, nosotros decimos que ahora el enemigo es la humanidad. La Cuarta Guerra Mundial está destruyendo a la humanidad en la medida en que la globalización es una universalización del mercado, y todo lo humano que se oponga a la lógica del mercado es un enemigo y debe ser destruido. En este sentido todos somos el enemigo a vencer: indígenas, no indígenas, observadores de los derechos humanos, maestros, intelectuales, artistas. Cualquiera que se crea libre y no lo está.

Esta Cuarta Guerra Mundial usa lo que nosotros llamamos “destrucción”. Se destruyen los territorios y se despueblan. A la hora que se hace la guerra, se tiene que destruir el territorio, convertirlo en desierto. No por afán destructivo, sino para reconstruir y reordenar. ¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta este mundo unipolar para globalizarse? Los Estados nacionales, las resistencias, las culturas, las formas de relación de cada nación, lo que las hace diferentes. ¿Cómo es posible que la aldea sea global y que todo el mundo sea igual si hay tantas diferencias? Cuando decimos que es necesario destruir los Estados nacionales y desertificarlos no quiere decir acabar con la gente, sino con las formas de ser de la gente. Después de destruir hay que reconstruir. Reconstruir los territorios y darles otro lugar. El lugar que determinen las leyes del mercado; he aquí lo que está marcando la globalización.

El primer obstáculo son los Estados nacionales: hay que atacarlos y destruirlos. Hay que destruir todo lo que hace que un Estado sea “nacional”: la lengua, la cultura, la economía, su quehacer político y su tejido social. Si no sirven más las lenguas nacionales, hay que destruirlas y hay que promover una nueva lengua. Contra lo que se pueda pensar, ésta no es el inglés, sino la informática. Hay que homologar todas las lenguas, traducirlas al idioma informático, incluso el inglés. Todos los aspectos culturales que hacen que un francés sea francés, un italiano sea italiano, un danés, danés, un mexicano, mexicano, deben ser destruidos porque son barreras que impiden acceder al mercado globalizado.

Ya no es cuestión de hacer un mercado para los franceses y otro para los ingleses o los italianos. Debe haber un solo mercado en donde una misma persona pueda consumir un mismo producto en cualquier parte del mundo y en donde una misma persona se comporte como un ciudadano del mundo y no ya como un ciudadano de un Estado nacional.

Eso significa que la historia cultural, la historia de la tradición choca con este proceso y es un enemigo de la Cuarta Guerra Mundial. Esto es particularmente grave en Europa donde hay naciones con grandes tradiciones. Las lógicas culturales francesas, italianas, inglesas, alemanas, del Estado español, etcétera -todo lo que no pueda ser traducido en términos informáticos y de mercado- son un impedimento para esta globalización.

Ahora las mercancías van a circular por los canales de la informática y todo lo demás debe ser destruido o hecho a un lado. Los Estados nacionales tenían su propia estructura económica y lo que se llamó “burguesía nacional” -capitalistas con sedes nacionales y con ganancias nacionales. Esto ya no puede existir: si la economía se decide a nivel global, las políticas económicas de los Estados nacionales que querían proteger a los capitales nacionales son un enemigo al que hay que vencer. El Tratado de Libre Comercio y la unificación de la moneda en la Unión Europea, el Euro, son síntomas de que la economía se globaliza, aunque en principio se trate de una globalización regional, como en el caso de Europa. Los Estados nacionales construyen sus relaciones políticas, pero ahora las relaciones políticas no sirven más. No las califico de buenas o malas; el problema es que estas relaciones políticas son un impedimento para que se cumplan las leyes del mercado. La clase política nacional es vieja, ya no sirve, tiene que ser cambiada. Traten de hacer memoria; intenten recordar aunque sea el nombre de un solo hombre de Estado en Europa. Sencillamente, no pueden. Los personajes más importantes de la Europa del Euro son gente como el presidente de la Bundes Bank, un banquero. Lo que él dice es lo que va a regir las políticas de los distintos presidentes o primeros ministros que padecen los países de Europa.

Si el tejido social está roto, las antiguas relaciones de solidaridad que hacían posible la convivencia en un Estado nacional también se rompen. De ahí que se alienten las campañas contra los homosexuales y las lesbianas, contra los migrantes, o las campañas de xenofobia. Todo lo que antes mantenía un cierto equilibrio tiende a romperse a la hora que esta guerra mundial ataca al Estado nacional y lo transforma en otra cosa.

Se trata de homogeneizar, de volver a todos iguales y de hegemonizar una propuesta de vida. Es la vida global. Su mayor diversión debe ser la informática, su trabajo debe ser la informática, su valor como ser humano debe ser el número de tarjetas de crédito, su capacidad de compra, su capacidad productiva.

El caso de los académicos es muy claro. Ya no vale quién tiene más conocimiento o quién es más sabio; ahora vale quién produce más investigaciones y en este sentido se deciden sus sueldos, sus prestaciones, su lugar en la universidad. Esto tiene mucho que ver con el modelo estadounidense.

Sin embargo sucede que esta Cuarta Guerra Mundial también produce un efecto contrario que llamamos “fragmentación”. De manera paradójica el mundo no se está haciendo uno sino que se está partiendo en muchos pedazos. Aunque se supone que el ciudadano se está haciendo igual, emergen los diferentes en tanto que diferentes: los homosexuales y lesbianas, los jóvenes, los migrantes.

Los Estados nacionales funcionan como parte de un gran Estado, el Estado-tierra-sociedad anónima que nos parte en muchos pedazos.

Si observan un mapamundi de este periodo -el final de la Tercera Guerra Mundial- y analizan los últimos ocho años, ha habido una recomposición, sobre todo en Europa, pero no sólo. Donde antes había una nación ahora hay muchas naciones, el mapamundi se ha fragmentado. Este es el efecto paradójico que está ocurriendo a causa de esta Cuarta Guerra Mundial. En lugar de que se globalice, el mundo se fragmenta y en lugar de que este mecanismo hegemonice y homogenice, van apareciendo cada vez más los diferentes. La globalización y el neoliberalismo están haciendo del mundo un archipiélago. Y hay que darle una lógica de mercado, organizar estos fragmentos en un común denominador. Es lo que nosotros llamamos “bomba financiera”.

Al mismo tiempo que aparecen los diferentes, se multiplican las diferencias. Cada joven tiene su grupo, su forma de pensar, por ejemplo los punks, los skin heads; todos los que hay en cada país. Ahora los diferentes no sólo son diferentes, sino que multiplican sus diferencias y buscan una identidad propia. Evidentemente, la Cuarta Guerra Mundial no les ofrece un espejo que les permita verse con un común denominador, sino que les está ofreciendo un espejo roto. Cada quien escoge el pedacito que le toca y, con éste, su conducta de vida. Mientras tenga el control del archipiélago -sobre los seres humanos, no sobre los territorios- el poder no se va a apenar mucho.

El mundo se está partiendo en muchos pedazos, grandes y pequeños. Ya no hay continentes en el sentido de que yo sea europeo, africano o americano. Lo que ofrece la globalización del neoliberalismo es una red construida por el capital financiero o, si se quiere, el poder financiero. Si hay una crisis en este nudo, el resto de la red va a amortiguar los efectos. Pero si hay bonanza en un país, no se produce un efecto de bonanza en el resto de los países.

Es entonces una red que no funciona, lo que nos dijeron fue una mentira, una mentira del tamaño del mundo, es un discurso reiterado en los líderes de América Latina, ya sea Ménem, Fujimori, Zedillo u otros dirigentes de comprobada calidad moral.

En la realidad ocurre que la red ha hecho mucho más vulnerables a los Estados nacionales. Los está acabando de destruir, ahora por efectos internos. De nada sirve que un país se esfuerce por construirse un equilibrio y un destino propio en cuanto nación. Todo depende de lo que pase en un banco de Japón o lo que está haciendo la mafia en Rusia o un especulador en Sydney. De una u otra forma, los Estados nacionales no son salvados, son condenados definitivamente. Cuando un Estado nacional acepta integrarse a esta red -porque no hay más remedio, porque lo obligan o por convicción- firma su acta de defunción.

En suma, lo que quiere hacer este gran mercado es convertir todas estas islas no en naciones, sino en centros comerciales. Se puede pasar de un país a otro y encontrar los mismos productos, ya no hay ninguna diferencia. En París o en San Cristóbal de Las Casas se puede consumir lo mismo; si uno está en San Cristóbal de Las Casas puede estar simultáneamente en París recibiendo noticias. Es el fin de los Estados nacionales. Y no sólo: es el fin de los seres humanos que los conforman. Lo que importa es la ley del mercado y la ley del mercado marca que: tanto produces, tanto vales, tanto compras, tanto vales. La dignidad, la resistencia, la solidaridad estorban. Todo lo que impide que un ser humano se convierta en una maquina de producir y comprar es un enemigo y hay que destruirlo. Por esto, nosotros decimos que esta Cuarta Guerra Mundial tiene como enemigo al género humano. No lo destruye físicamente pero sí lo destruye en cuanto ser humano.

De manera paradójica, al destruirse los Estados nacionales, la dignidad, la resistencia y la solidaridad se construyen de nuevo. No hay lazos más fuertes, más sólidos, que los que existen entre los grupos diferentes: entre los homosexuales, entre las lesbianas, entre los jóvenes, entre los migrantes. Entonces, esta guerra pasa también por el ataque a los diferentes. A eso se deben las campañas tan fuertes en Europa y en Estados Unidos en contra de los diferentes, porque son morenos, hablan otra lengua o tienen otra cultura. La forma de cultivar la xenofobia en lo que queda de los Estados nacionales, es hacer amenazas: “estos migrantes turcos te quieren quitar tu trabajo”, “estos migrantes mexicanos vienen a violar, vienen a robar, vienen a meter malas costumbres”. Los Estados nacionales -o lo poco que de ellos queda- delegan en los nuevos ciudadanos del mundo, los informáticos, el papel de sacar a esos migrantes. Y es ahí donde proliferan grupos como el Ku Klux Klan, o llegan al poder personas de tanta probidad como Berlusconi. Todos construyen su campaña sobre la xenofobia. El odio hacia los diferentes, la persecución en contra de cualquiera que sea diferente es mundial; pero también la resistencia de cualquiera que es diferente es mundial. Frente a esa agresión, estas diferencias se multiplican, se solidifican. Esto es así, no voy a calificar si es bueno o malo, así está ocurriendo.

La guerra no es sólo militar

En términos propiamente militares la Tercera Guerra Mundial tenía su lógica. Era en primer lugar una guerra convencional, concebida de manera que si yo pongo soldados y tú pones soldados, nos enfrentamos y quien quede vivo gana. Esto acontecía en un territorio específico que, en el caso de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, y del Pacto de Varsovia, era Europa. A partir de la guerra convencional, o sea entre ejércitos, se estableció una carrera militar y armamentista.

Vamos a ver un poco más los detalles. Ésta [enseña un rifle], por ejemplo, es una arma semi automática y se llama AR-15. La fabricaron para el conflicto de Vietnam y se puede desarmar muy fácilmente [la desarma], ya está. Cuando la hicieron, los estadunidenses pensaban en un escenario de guerra convencional, es decir, grandes contingentes militares que se enfrentan. “Juntamos a muchos soldados, los aventamos y al final alguien tiene que quedar.” Al mismo tiempo, el Pacto de Varsovia desarrollaba el fusil automático Kalashnikov que comúnmente se llama AK-47, un arma con mucho volumen de fuego a distancias cortas, de hasta cuatrocientos metros. La concepción soviética implicaba grandes oleadas de tropa: aventaban un montón de soldados disparando, y si morían, llegaba una segunda oleada y una tercera. Ganaba el que tenia más soldados. Entonces, los estadunidenses pensaron: “ya no sirve más el viejo fusil Garand de la Segunda Guerra Mundial. Ahora necesitamos una arma que tenga mucho volumen de fuego para rangos cortos”. Sacaron el AR-15 y lo probaron en Vietnam. El problema es que se descompuso, no sirvió. Cuando atacaban los vietcong, el mecanismo se quedaba abierto y a la hora de disparar hacia ‘clic’. Y no era una cámara fotográfica, era un arma.

Intentaron resolver el problema con el modelo M16-A1. Aquí, la trampa está en la bala que se llama de dos diferentes maneras. Una, la civil de .223 -fracción de pulgadas- se puede comprar en cualquier tienda de Estados Unidos. La otra, de 5.56 milímetros, es de uso exclusivo de las fuerzas de la OTAN. Esta es una bala muy rápida y tiene una trampa. En la guerra el objetivo es conseguir que el enemigo tenga bajas, no muertos, y un ejército considera que tiene bajas cuando un soldado ya no puede combatir. La Convención de Ginebra -un acuerdo para humanizar la guerra- prohíbe las balas expansivas porque la bala expansiva entra y a la hora de entrar destruye más y es mucho más letal que una bala de punta dura.

“Puesto que la idea es subir el número de heridos y bajar el número de muertos” -dijeron- “prohibamos las balas expansivas”. Un balazo de una bala dura te deja inutilizado, ya estás de baja, no te mata a menos que alcance un punto vital. Para cumplir con la Convención de Ginebra y hacer trampa, los estadunidenses crearon la bala de punta blanda que, al introducirse en el cuerpo humano, se dobla y da vueltas. El orificio de entrada es de un tamaño y el de salida es mucho más grande. Esta bala es peor que la expansiva y no viola los convenios. Sin embargo, si te da en un brazo…te lo vuela. Una bala 7.62 mm. te atraviesa y te deja herido; pero ésta (muestra la .223) te destroza. Como por casualidad, el gobierno mexicano acaba de comprar 16 mil de estas balas.

Es decir, se generaron armas para escenarios precisos. Vamos a suponer que no querían usar la bomba nuclear; ¿qué usaban? Muchos soldados contra muchos soldados. Y así se crearon las doctrinas de guerra convencional de la OTAN y del Pacto de Varsovia.

La segunda opción era una guerra nuclear localizada, una guerra con armas nucleares, pero sólo en algunas partes y no en otras. Había un acuerdo entre las dos superpotencias para no atacarse en sus propios territorios y pelearse sólo en un territorio neutral. Sobra decir que este territorio era Europa. Ahí es donde iban a caer las bombas y a ver quién quedaba vivo en Europa Occidental y lo que entonces se llamaba Europa Oriental.

La última opción de la Tercera Guerra Mundial era la guerra nuclear total que fue un gran negocio, el negocio del siglo. La lógica de la guerra nuclear es que no había ganador, no importa quién disparaba primero; por muy rápido que disparara, el otro alcanzaba a disparar también. La destrucción era mutua y, desde el principio, simplemente se renunció a esta opción. Su carácter pasó a ser lo que en términos de diplomacia militar se llama “disuasión”. “Disuasión”: esta palabra la van a oír mucho: “el ejército federal no está atacando a los zapatistas, los está ‘disuadiendo’ o ‘conteniendo’; para que ya no vayan a hacer travesuras, hay 60 mil soldados federales en Chiapas”.

Para que los soviéticos no usaran el arma nuclear, los estadunidenses desarrollaron muchas armas nucleares y para que éstos no usaran el arma nuclear, los soviéticos desarrollaron más armas nucleares y así sucesivamente. Se llamaban IMB (Intercontinental Missil Balistic) y eran los cohetes que iban de Rusia a los Estados Unidos y de Estados Unidos a Rusia. Costaron una fortuna y ahorita ya no sirven para nada. También había otras armas nucleares de uso local que eran las que se iban a usar en Europa en el caso de una guerra nuclear localizada.

Cuando comenzó esta fase, a partir de 1945, había una guerra por librar porque Europa estaba partida en dos. La estrategia militar -estamos hablando de aspectos puramente militares- era la siguiente: unos puestos avanzados frente a la línea enemiga, una línea de logística permanente y la metrópoli, llámese Estados Unidos o la Unión Soviética. La línea de logística abastecía los puestos avanzados. Grandes aviones que estaban en el aire las 24 horas del día, los B-52 Fortaleza, cargaban las bombas nucleares y nunca necesitaban bajar. Y estaban los pactos militares. El pacto de la OTAN, el Pacto de Varsovia y la SEATO (South East Asia Treaty Organization), que es como la OTAN de los países sudasiáticos. El modelo se ponía en juego en guerras locales. Todo tenía una lógica y era lógico pelearse en Vietnam que era un escenario acordado. En el papel de los puestos de avanzada estaban los ejércitos locales o insurgentes; en el papel de la logística permanente estaban las líneas de venta de armamento clandestino o legal, y en el papel de la metrópoli, las dos superpotencias. También había un acuerdo sobre los lugares en donde tenían que quedarse como espectadores. Los ejemplos más claros de estas guerras locales son las dictaduras de América Latina, los conflictos en Asia, particularmente Vietnam, y las guerras en África. Aparentemente, éstas no tenían absolutamente ninguna lógica, pues la mayoría de las veces no se entendía que estaba pasando, pero lo que ocurría era parte de este esquema de guerra convencional.

En esta época -y eso es importante- es cuando se desarrolla el concepto de “guerra total”: en la doctrina militar entran elementos que ya no son militares. Por ejemplo, en Vietnam, desde la ofensiva del Teth (1968) hasta la toma de Saigón (1975), los medios de comunicación se vuelven un frente de batalla muy importante. Así, se desarrolla entre los militares la idea de que no basta con el poder militar: Es necesario incorporar otros elementos como los medios de comunicación. Y que también se puede atacar al enemigo con medidas económicas, con medidas políticas y con la diplomacia, que es el juego de las Naciones Unidas y de las organizaciones internacionales. Unos países hacían maniobras para obtener condenas o censuras contra otros, lo que se llamaba “guerra diplomática”.

Todas estas guerras seguían la lógica del dominó. Suena ridículo, pero estaban como dos rivales jugando dominó con el resto de la población. Uno de los contrincantes ponía una ficha y el otro intentaba poner la suya para cortarle el seguimiento. Es la lógica de aquel personaje ilustre que se llama Kissinger, secretario de Estado del gobierno estadunidense en la época de Vietnam, quien decía: “no podemos abandonar Vietnam porque sería cederle la partida de dominó en el Sureste asiático a los otros”. Y por eso hicieron lo que hicieron en Vietnam.

Además, se trataba de recuperar la lógica de la Segunda Guerra Mundial. Para la mayoría de la población, ésta había tenido una lógica heroica. Ahí está la imagen de los marines liberando Francia de la dictadura, liberando Italia del Duce, liberando Alemania de los nazis, el ejército rojo entrando por todos lados.

Supuestamente, la Segunda Guerra se hizo para eliminar un peligro para toda la humanidad, el nacionalsocialismo. Entonces, de una u otra forma, las guerras locales trataron de recuperar la ideología de que “estamos en la defensa del mundo libre”; pero ahora en el papel del nacionalsocialismo estaba Moscú. Y, por su parte, Moscú hacía lo mismo: ambas superpotencias trataban de usar como argumento la “democracia” y “el mundo libre” según cada quien los concebía.

Después, viene la Cuarta Guerra Mundial que destruye todo lo anterior porque el mundo ahora ya no es el mismo y no se puede aplicar la misma estrategia. Se desarrolla más el concepto de “guerra total”: no es sólo una guerra en todos los frentes, es una guerra que puede estar en cualquier lado, una guerra totalizadora en donde el mundo entero está en juego. “Guerra total” quiere decir ahora: en cualquier momento, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia.

Ya no existe la idea de pelear por un lugar en particular; ahora la pelea se puede dar en cualquier lugar y momento; ya no hay una lógica de escalamiento del conflicto con amenazas, tomas de posición e intentos de reposicionarse. En cualquier momento y en cualquier circunstancia puede surgir un conflicto. Puede ser un problema interno, puede ser un dictador y todo lo que han sido las guerras en los últimos cinco años, desde Kosovo hasta la Guerra del Golfo Pérsico. Se destruye así toda la rutina militar de la Guerra Fría.

No es posible hacer la guerra, en la Cuarta Guerra Mundial, con los criterios de la Tercera porque ya tengo que pelear en cualquier lugar, no sé en donde me va a tocar de pelear, ni sé cuándo, tengo que actuar rápidamente, ni sé qué circunstancias voy a tener para llevar adelante esta guerra.

Para resolver el problema, los militares desarrollaron primero la guerra de “despliegue rápido”. El ejemplo sería la guerra del Golfo Pérsico, una guerra que significa una gran acumulación de fuerza militar en poco tiempo, un gran accionar militar en poco tiempo, las conquistas de territorios y la retirada. La invasión de Panamá sería otro ejemplo de esta fuerza de despliegue rápido. De hecho, hay un contingente de la OTAN que se llama “fuerza de intervención rápida”.

El despliegue rápido es una gran masa de fuerza militar que se avienta contra el enemigo y no distingue entre un hospital infantil y una fábrica de armamento químico. Es lo que pasó en Irak: las bombas inteligentes eran bastante estúpidas, no distinguían. Pero ahí se quedaron porque se dieron cuenta que esto es muy caro y es muy poco lo que aporta. En Irak hicieron todo un despliegue, pero no hubo conquista de territorio. Estaban los problemas de las protestas locales, estaban los observadores internacionales de derechos humanos.

Tuvieron que replegarse. Ya les había enseñado Vietnam que, en estos casos, no es prudente insistir. “No, ya no podemos hacer esto”, dijeron. Entonces pasaron a la estrategia de “proyección de fuerza”.

“Mejor que tener posiciones avanzadas en las bases militares norteamericanas de todo el mundo, acumulemos una gran fuerza continental que, en cuestión de horas y días, tenga capacidad de poner unidades militares en cualquier lugar del mundo”. Y en efecto pueden poner una división de cuatro o cinco mil hombres en el punto más lejano del planeta en cuatro días, y después más, y más, cada vez más.

Pero la proyección de fuerza tiene el problema de basarse en soldados locales, o sea en soldados estadunidenses. Ellos consideran que si el conflicto no se resuelve rápidamente, empiezan a llegar las “body bags”, las bolsas en las que “empacan” a los muertos, como en Vietnam, y eso puede provocar muchas protestas internas en Norteamérica o en el país que sea.

Para evitar esos problemas, abandonaron la proyección de fuerza haciendo, para entendernos, cálculos de tipo mercantil. No hicieron cálculos sobre destrucción de fuerza humana o de la naturaleza, sino de imagen publicitaria. Así la guerra de proyección fue abandonada y pasaron a un modelo de guerra con soldados locales, más apoyo internacional, más una instancia supranacional. Ya no se trata sólo de enviar soldados, sino de pelear también por medio de los soldados que están ahí, apoyarlos según la base del conflicto y no usar el modelo de una nación que declara la guerra, sino una instancia supranacional como la ONU o la OTAN. Los que hacen el trabajo sucio son los soldados locales y los que salen en las noticias son los estadunidenses y el apoyo internacional. Este es el modelo. Protestar ya no funciona: no es una guerra del gobierno estadunidense; es una guerra de la OTAN y además la OTAN sólo está haciendo el favor de ayudar a la ONU.

En todo el mundo, la reestructuración de los ejércitos es para que puedan enfrentar un conflicto local con apoyo internacional bajo una cobertura supranacional y bajo el disfraz de la guerra humanitaria. De lo que se trata ahora es de salvar a la población de un genocidio, matándola. Y es lo que ocurrió en Kosovo. Milósevich hizo una guerra contra la humanidad: “si nos enfrentamos a Milósevich estamos defendiendo a la humanidad”. Es el argumento que usaron los generales de la OTAN y que trajo tantos problemas a la izquierda europea: oponerse a los bombardeos de la OTAN implicaba apoyar a Milósevich, entonces mejor apoyaron los bombardeos de la OTAN. Y a Milósevich, ustedes lo saben, lo armó Estados Unidos.

En el concepto militar, que está funcionando, la totalidad del mundo -ya sea Sri Lanka o cualquier país, el más lejano que se les ocurra- es ahora el traspatio de la metrópoli porque el mundo globalizado produce simultaneidad. Y ese es el problema: en este mundo globalizado, cualquier cosa que pase en cualquier lugar afecta al nuevo orden internacional. El mundo ya no es el mundo, es una aldea y todo está cerquita. Por lo tanto, los grandes policías del mundo -y en particular Estados Unidos- tienen el derecho de intervenir en cualquier lado, a cualquier hora, bajo cualquier circunstancia.

Ellos pueden concebir cualquier cosa como una amenaza a su seguridad interna; perfectamente pueden decidir que el alzamiento indígena en Chiapas amenaza la seguridad interna de Norteamérica o los tamiles en Sri Lanka o lo que ustedes quieran. Cualquier movimiento -y no necesariamente armado- en cualquier lado puede ser considerado una amenaza a la seguridad interna.

¿Qué es lo que ha pasado? Que las viejas estrategias y las viejas concepciones de hacer la guerra se derrumbaron. Vamos a ver.

“Teatro de operaciones” es el término militar para indicar el lugar donde se desarrolla la guerra. En la Tercera Guerra Mundial, Europa era el teatro de operaciones. Ahora ya no se sabe dónde va a estallar, puede ser en cualquier lugar, ya no es seguro que vaya a ser Europa.

Entonces, la doctrina militar transita de lo que se denomina “sistema” a lo que ellos llaman “versatilidad”. “Tengo que estar listo para hacer cualquier cosa en cualquier momento. Un esquema ya no es suficiente: ahora necesito muchos esquemas, no sólo para construir una respuesta a determinados hechos, sino para construir muchas respuestas militares a determinados hechos”. Es donde interviene la informática. Este cambio hace que se pase de lo sistemático, de lo cuadrado, de lo rígido, a lo versátil, a lo que puede cambiar de un momento a otro. Y eso va a definir toda la nueva doctrina militar de los ejércitos, de los cuerpos militares y de lo soldados. Este sería un elemento de la Cuarta Guerra Mundial.

El otro sería el paso de la “estrategia de contención” a la de “alargamiento”, o “extensión”: ya no sólo se trata de conquistar un territorio, de contener al enemigo, ahora se trata de prolongar el conflicto a lo que ellos llaman “actos de no-guerra”. En el caso de Chiapas, esto tiene que ver con quitar y poner gobernadores y presidentes municipales, con los derechos humanos, con los medios de comunicación, etcétera.

Dentro de la nueva concepción militar se incluye una intensificación de la conquista del territorio. Esto quiere decir que no sólo es necesario preocuparse del EZLN y de su fuerza militar, sino también de la Iglesia, de las organizaciones no gubernamentales, de los observadores internacionales, de la prensa, de los civiles, etcétera. Ya no hay civiles y neutrales. Todo el mundo es parte del conflicto. Todo lo que hay en ese teatro de operaciones es parte del conflicto, es el enemigo según su concepción.

Eso implica que los ejércitos nacionales no sirven porque ya no tienen que defender a los Estados nacionales. Si no hay Estados nacionales: ¿qué van a defender? En la nueva doctrina los ejércitos nacionales pasan a jugar el papel de policía local. El caso de México es muy claro: cada vez más el ejército mexicano hace labores policíacas como la lucha contra el narcotráfico o este nuevo organismo contra la delincuencia organizada que se llama Policía Federal Preventiva y que está formado por militares. Se trata de que los ejércitos nacionales se conviertan en policía local a la manera del cómic estadunidense: un Súper Cop, un Súper Policía. Cuando se reorganice el ejército en la ex Yugoslavia tiene que convertirse en una policía local y la OTAN va a ser su Super Cop, su gran socio en términos políticos. La estrella es la instancia supranacional, en este caso la OTAN o el Ejército estadounidense, y los extras son los ejércitos locales.

Pero los ejércitos nacionales se construyeron con base en una doctrina de “seguridad nacional”. Si hay enemigos o peligros para la seguridad de una nación, su trabajo es mantener la seguridad, a veces frente a un enemigo externo, a veces frente a enemigos internos desestabilizadores. Ésta es la doctrina de la Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría. Bajo estos presupuestos, los ejércitos nacionales desarrollaron una conciencia nacional, lo cual ahora dificulta convertirlos en policías amigos del Super Policía. Entonces hay que transformar la doctrina de la seguridad nacional en la “estabilidad nacional”. El punto ya no es defender a la nación. Como el principal enemigo de la estabilidad nacional es el narcotráfico y el narcotráfico es internacional, los ejércitos nacionales que operan bajo la consigna de la estabilidad nacional aceptan la ayuda internacional o la interferencia internacional de otros países.

A nivel mundial existe el problema de volver a reordenar los ejércitos nacionales. Ahora bajemos a América y de ahí a América Latina. El proceso es un poco el mismo que ya se dio en Europa y que se vio en la guerra de Kosovo con la OTAN. En el caso de América Latina, está la Organización de Estados Americanos, OEA, con el Sistema de Defensa Hemisférico. Según la idea del ex presidente de Argentina, Ménem, todos los países de América Latina somos amenazados y necesitamos unirnos, destruir la conciencia nacional de los ejércitos y hacer un único gran ejército bajo la doctrina de un sistema de defensa hemisférico con el argumento del narcotráfico. Puesto que lo que está en juego es la versatilidad, o sea la capacidad de hacer la guerra en cualquier momento, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia, empieza a haber ensayos. Los pocos bastiones de la defensa nacional que todavía existen deben de ser destruidos por este sistema hemisférico.

Si en Europa fue Kosovo, en el caso de América Latina son Colombia y Chiapas. ¿Cómo se construye ese sistema de defensa hemisférico? De dos formas.

En Colombia, donde se presenta la amenaza del narcotráfico, el gobierno está pidiendo la ayuda de todos: “tenemos que intervenir porque el narcotráfico no afecta sólo a Colombia sino a todo el continente”.

En el caso de Chiapas se aplica el concepto de guerra total. Todos son parte, no hay neutrales, o eres aliado o eres enemigo. Así se concibe el escenario de teatro de operaciones. Si en una guerra hay dos partes en conflicto y un pasillo en medio donde está la población civil o las personas que permanecen neutrales, este pasillo se va haciendo cada vez más estrecho hasta que desaparece. Siguiendo esta lógica, el gobierno mexicano ha trazado una línea en la sociedad mundial y en la sociedad chiapaneca para dividir entre los que son sus aliados y los que son sus enemigos.

En el caso de Chiapas, la pregunta era ¿por qué no se acabó la guerra cuando se debía de haber acabado? La respuesta es que el objetivo a destruir no era el EZLN. Ni siquiera llegamos a la categoría de enemigos. Nada más nosotros somos un estorbo, una molestia, un mosquito que está ahí nomás dando lata. Lo que se trata de destruir son los pueblos indios. Este es el objetivo, eso es lo que hay que destruir, el enemigo que hay que destruir y los demás que estén a favor de ellos son los estorbos pero no les importan.

Por eso, en todas las visitas que ustedes están realizando y que van a realizar, el gobierno les va a decir: nosotros al EZLN no le hemos hecho nada, porque el EZLN no es el enemigo. Los pueblos indios son el enemigo y por eso los golpes van dirigidos a ellos. Al Ejército Zapatista nomás hay que buscar la forma de darle un golpe, no es un peligro militar. A ver si tienen precio y a comprarlos. A ver si traicionan. El problema real son los pueblos indios. Por eso todas las violaciones y los ataques en los últimos cuatro años -precisamente, desde 1996 a la fecha- son contra población indígena. El más escandaloso es Acteal, pero de la misma crueldad son también Unión Progreso y Chavajeval el 10 de junio de 1998.

Si el enemigo no es el EZLN, ¿por qué pactar la paz con ellos? Este fue el problema que se enfrentó el gobierno. Además, la paz con el EZLN pasa por el reconocimiento del enemigo verdadero y esto no pueden aceptarlo. Por lo tanto, no tiene caso que se firme la paz con el EZLN. “Si lo que quiero es destruir a los pueblos indios y firmar la paz con el EZLN significa reconocer a los pueblos indios, entonces no me conviene”.

Pero ¿por qué escogieron a los pueblos indios como enemigo? ¿Por qué son chaparritos y morenos? ¿Por qué hablan muy diferente? ¿Por qué no les gustan? ¿No lo sabemos? Sí lo sabemos.

La nueva conquista

Este mapa muestra los dos grandes tratados del reparto del mundo: el Tratado de Libre Comercio del Norte y el de la Unión Europea. Aquí vienen los datos en versiones mundiales, qué territorio implica este tratado, que población tiene y cual es el producto interno bruto. Este otro mapa, se refiere al petróleo.

La respuesta a la pregunta “¿por qué no ha terminado la guerra de Chiapas?” Se encuentra en este mapa. El Mundo Maya, Guatemala, Belice, Chiapas, partes de Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, está lleno de petróleo y de uranio. Esto es lo que está en juego. En el proceso de fragmentación que hemos apreciado -convertir todo el mundo en archipiélago- el poder financiero quiere una nación especial aquí.

Es un punto importante porque los militares dicen que los zapatistas quieren hacer otro país, la Nación Maya. Nosotros lo investigamos. Es un proyecto del capital financiero internacional: construir un nuevo centro comercial que tenga turismo y recursos naturales. Tienen todo lo necesario para hacer un país de estos tres pedazos de México, de Belice y de Guatemala. Esto es lo que está en juego en la guerra en Chiapas.

A parte de estar lleno de petróleo y uranio el problema es que está lleno de indígenas. Y los indígenas, además de no hablar el español, no quieren tarjetas de crédito, no producen, se dedican a sembrar maíz, frijol, chile, café y se les ocurre bailar con marimba sin usar el computer. No son consumidores ni son productores. Sobran. Y todo el que sobra es eliminable. Por eso hacen todo lo posible para que dejen de ser indígenas. Pero no se quieren ir y no quieren dejar de ser indígenas. Es más: su lucha no es por tomar el poder. Su lucha es porque los reconozcan como pueblos indios, que reconozcan que tienen el derecho a existir, sin convertirse en otros.

El problema es que aquí, en el territorio que está en guerra, en territorio zapatista, están las principales culturas indígenas, están las lenguas y los más grandes yacimientos de petróleo. Están los siete pueblos indios que participan en el EZLN, tzeltal, tzotzil, tojolabal, chol, zoque, mam y mestizos. Este es el mapa de Chiapas: comunidades con población indígena y con petróleo, uranio y maderas preciosas.

A éstos es a los que hay de quitar de aquí porque no conciben la tierra como la concibe el neoliberalismo. Para el neoliberalismo todo es una mercancía, se vende, se explota. Y estos indígenas vienen a decir que no, que la tierra es la madre, es la depositaria de la cultura, que ahí vive la historia y que ahí viven los muertos. Puras cosas absurdas que no entran en ninguna computadora y no se cotizan en una bolsa de valores. Y no hay manera de convencerlos de que se vuelvan buenos, que aprendan a pensar bien, nomás no quieren. Hasta se alzaron en armas.

Es por esto -decimos nosotros- que el gobierno mexicano no quiere hacer la paz: es porque quiere acabar con este enemigo y desertificar a este territorio, después volver a organizarlo y echarlo a andar como un gran centro comercial, un Mall en el Sureste Mexicano.

El EZLN apoya los pueblos indios y en esta medida también es un enemigo, pero no el principal. No bastaría arreglarse con el EZLN, y peor si arreglarse con el EZLN significa renunciar a este territorio, porque eso significaría la paz en Chiapas: significaría renunciar a la conquista de un territorio rico en petróleo, en maderas preciosas y uranio. Es por esto que no lo hicieron y no lo van a hacer.

La máquina del etnocidio
El papel de los ejércitos.

La primera característica del Ejército Federal en Chiapas es que es un ejército de ocupación; no es un ejército que esté en su territorio, es un ejército que en su dispositivo, en su moral, y en la forma con que se relaciona con el resto de la gente, se da cuenta que está en un territorio que le es ajeno. El soldado federal mexicano es consciente de que es extranjero. Está igual que los clásicos ejércitos de ocupación. Tal y como, por ejemplo, operaba el ejército alemán en la segunda guerra mundial, así opera el ejército federal en las comunidades indígenas.

Por eso en Amador Hernández pusieron trampas “cazabobos” alrededor de su cuartel. Son hoyos profundos con estacas afiladas y unas ramitas encima de modo que, cuando alguien las pisa, cae sobre las estacas afiladas.

Es un ejército que teme a la población civil porque sabe que no hay posición militar nuestra ahí. Entonces a lo que le tienen miedo es a los niños, a las mujeres, a los hombres, a los ancianos. A los que todos los días gritan: ¡qué se vayan! Es tanto el temor que tiene de estar en una tierra extranjera, que se comporta como un ejército de ocupación. Ésta es la lógica y por esto están los retenes y los puestos de migración. Es como si entraran a otro país; no hay puestos de migración para entrar a la ciudad de México. Además se le da el control del poder político local al “Croquetas” -como le decimos nosotros- Albores Guillen, lo sostiene el ejército, al igual que a los presidentes municipales locales.

Al mismo tiempo, como no puede presentar una imagen agradable a los medios de comunicación, crea sus propios medios de comunicación, compra periodistas, periódicos, canales de televisión, para construirse la imagen que él no puede darse a sí mismo. Y aquí está el botín de guerra.

El ejército federal está metido en una red para secuestrar y vender a niños indígenas. En concreto, esto se da, por ejemplo, en el hospital de Guadalupe Tepeyac. Cuando van a parir las indígenas, las atienden y según se pone la circunstancia, ya no les regresan al niño. No se lo dan, el niño queda. A veces les dicen que se murió o que no se lo van a dar porque no tienen papeles -es muy frecuente no tener papeles aquí. La encargada del negocio tiene nexos con el general Cuevas que está al mando de la guarnición de Guadalupe Tepeyac. Hay una red de tráfico de infantes, que a ver hasta donde termina. No sé en cuánto se coticen los niños zapatistas, pero algo debe ganar el general por esa felonía.

El narcotráfico. Desde enero de 1994 hasta el febrero de 1995 nosotros estuvimos en control de este territorio. Se impidió la siembra, el tráfico y el consumo de enervantes. Esto quiere decir que se cerraron las pistas de aterrizaje que usaban los narcotraficantes como trampolín para los Estados Unidos y todos los sembradíos de marihuana o de amapola fueron destruidos. Evidentemente este territorio, básico para brincar hacia el mercado de consumo más atractivo -el de los Estados Unidos- tuvo que ser reconquistado. Por supuesto, lo primero que hace el ejército es garantizar que el narcotráfico pueda usar las pistas de aterrizaje en los lugares donde tiene posiciones. La tajada que se llevan los generales es muy grande, la tajada militar.

La trata de blancas. No es de blancas porque aquí son morenas, pero es la prostitución. El que administra las prostitutas, o sea el padrote, es el general que da el servicio a sus soldados, es el que organiza la entrada de ilegales indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras. Son mujeres jóvenes a las que meten en enganche con la prostitución y las meten a trabajar con sus soldados. Así lo que le paga con una mano al soldado, el general lo recoge con la otra de la mano prostituta.

Los puestos de alcohol. Aquí no había consumo y ahora los principales puestos tienen el apoyo de los militares. Aparte hay un negocio en las promociones y es muy buen negocio ser asignado en Chiapas. Estar en Chiapas significa ganar más sueldo y tener más prestaciones ya que lo toman en cuenta como acción en combate. Por eso no conviene que la guerra se acabe, porque se acaba el negocio. El hermano del secretario de la Defensa Nacional -el general Cervantes- se vio involucrado en varios de estos hechos aquí cerca en San José la Esperanza y es el jefe de la guarnición de Maravilla Tenejapa.

Deserciones. Hay muchas deserciones en el ejército federal. Nosotros lo sabemos porque el soldado que deserta siempre pide apoyo en las comunidades para que le presten ropa civil y le den un guía para poderse escapar, librando los retenes. El caso es que cuando un soldado deserta, el general no lo da de baja en la lista de nómina. Mejor sigue cobrando el salario como si el soldado estuviera ahí.

La policía militar. Otro elemento que llama la atención acerca del ejército federal desde hace unos dos o tres años es la aparición de la policía militar. Antes sólo había soldados, ahora hay policía militar lo cual quiere decir por lo menos dos cosas. Una es que están aumentando los actos de insubordinación y las detenciones dentro del propio ejército porque la policía militar es básicamente un cuerpo de seguridad interna. La otra es que, cada vez más, el ejército está cumpliendo labores policíacas: donde no entra la policía judicial -la policía que legalmente debería hacerlo- entra la policía militar.

Las estrategias. La estrategia de este ejército de ocupación es doble: el golpe quirúrgico y el golpe total. El golpe quirúrgico, quiere decir que tienen que dar un golpe a la cabeza del EZLN. Este golpe tiene que ser rápido y sin bajas civiles. Para esta tarea tienen listos a los Grupos Aerotransportados de Fuerzas Especiales, GAFE, que cuentan con unos 90 a 105 soldados por unidad y son un poco como los rangers o sea los rambos mexicanos. Hay varios en las cercanías de cada Aguascalientes o en donde se supone pueda aparecer la Comandancia zapatista. Se supone que a la hora decidida actúan, se retiran y ya. El problema aquí sería el costo político y entonces lo que necesitan es tenerlo todo preparado para cuando digan: “ahora es cuando”. No es una decisión de días, puede ser minutos: “es ya ahorita porque está pasando tal cosa en tal lado”. En todo caso ese no es su problema principal ya que el verdadero enemigo no es EZLN sino los pueblos indios. Y aquí el concepto que rige es el del golpe total. Una primera parte del dispositivo militar va a funcionar como tapón para sellar la zona. Nadie va a poder entrar ni salir, ni observadores internacionales, ni prensa, ni sociedad civil, ni nada. Después viene el golpe interno. Entonces, primero se cierra la zona, con tantos militares, tal profusión de retenes.

No todas las fuerzas entran en juego: a algunos les toca cerrar y a los que están adentro dar el golpe interno.

Hay un dato importante. Según sabemos, cuanto menos en el cuartel de San Quintín tienen construidas abajo unas criptas y túneles secretos para sacar a los desaparecidos. No se va a saber cuantos muertos ni quienes, ni nada. Van a desaparecer en el sentido estricto del término, enterrados ahí. ¿Por qué lo sabemos? Sencillamente, porque los que construyeron el cuartel fueron indígenas. Como algunos de ellos eran zapatistas, nos contaron que le preguntaban a los soldados, “y eso, ¿para qué es?” “Pues no, aquí el que baja ya no sale, pero se trata de que no se sepa”. Aparte de que tienen un cementerio clandestino abajo del cuartel, criptas y calabozos para interrogatorios, tienen túneles de salida para poder sacar hacia la montaña los cadáveres y poder salir ellos, sin tantos problemas. Todo esto, por supuesto, lo van a negar pero a ver si aceptan una inspección interna de sus cuarteles, sobre todo de los sótanos. Ésta es otra característica de un ejército de ocupación: que tiene sus dispositivos.

Además este es un ejército que se tiene que reorganizar porque es un ejército que todavía tiene mucho la doctrina anterior, sobre todo la doctrina de seguridad nacional y el nacionalismo. Su estructura actual es lo que van a sacrificar en Chiapas y el resultado de la guerra, aparte de la destrucción de los pueblos indios, es el desprestigio total del ejército federal para obligarlo a una reestructuración. Los militares no lo saben -y si lo saben son cómplices- pero lo que se está jugando en esta guerra es su desaparición, la manera como están estructurados ahora. Va a ser tal el desprestigio de esta guerra, que va a tener que redefinirse este ejército que operó estas cosas y entonces sí podrá nacer el nuevo ejército que necesitan el neoliberalismo y la globalización.

Finalmente, el ejército federal mexicano está trabajando en Chiapas para su propia destrucción, porque esta conciencia nacionalista que tiene no cuaja con este mapa. A los militares les han vendido la idea de que nosotros queremos separarnos de México y unirnos con Guatemala y Belice para hacer un nuevo país. No, esto lo quieren las transnacionales, de hecho están trabajando en esto y hay un proyecto turístico que se llama “El Mundo Maya”. Es lo que está en juego. A la hora que nos están atacando, los militares están promoviendo que esto se consiga y están promoviendo su propia destrucción. Que les importe no estoy muy seguro, yo creo que no. Los altos mandos están suficientemente inmersos en la corrupción como para que, prácticamente, les estén vendiendo su propia jubilación. “Puesto que de todos modos vamos a destruirte como ejército, lo que te ofrezco es tu despido y que te lleves una buena tajada de dinero. Esta tajada es Chiapas, haz la guerra ahí. Después ya no vas a servir para nada pero vas a tener bastante para poder vivir”. En los altos mandos es así. En los mandos medios y en la tropa no hay nada de esto; son soldados y hacen lo que se les dice.

Lo que está en juego en esta gran guerra es ese territorio que hay que conquistar y una de las consecuencias va a ser la destrucción del ejército federal en tanto que su estructura actual; seguirá siendo ejército pero de otra forma. Hay rumores de que las fuerzas armadas se van a reestructurar y que a partir de Chiapas quieren concebir un modelo estadounidense con una comandancia general. Ahora el ejército no funciona por comandancia general, sino por comandancia de zona; lo que quieren es concentrar el poder -un solo mando es más versátil- en el comando central o comandancia general, también les dicen ellos. De esta manera, se les quitaría el poder a los jefes de zona militar y a los jefes de región militar, que son los que ahorita tienen repartido el país.

Tenemos el dato que desde el 1986, había aproximadamente 170 mil efectivos, entre ejército, fuerza aérea y marina, y en 1996, hace tres años, había 229 mil, casi el 50 por ciento de incremento. Lo mismo creció el presupuesto: 44 por ciento de 1995 a 1996. Además hay una pugna, o sea una disputa entre las armas: el ejército y las otras armas. Se les llama “armas”, al arma de infantería, al arma de caballería, al arma de fuerza aérea, al arma de unidades. En cada cuerpo los militares se pelean entre ellos por ver quién tiene más presupuesto, porque el presupuesto es una ganancia para ellos, entre el ejército, la fuerza aérea y la marina. En esta reestructuración se están dando todas estas pugnas internas. Además, hay que agregar la injerencia estadounidense. Aquí les paso un dato de la oficina de agregaduría del departamento de fuerzas armadas de los Estados Unidos de Norteamérica con sede en la embajada norteamericana en México, D.F., la cual señala que en 1995 tenía cuanto menos dos equipos especiales en Chiapas con la aprobación del ejército federal.

El problema no sólo son los derechos humanos individuales. Estamos ante un conjunto de casos de violación de derechos humanos de pueblos indígenas. A la hora que se quiere destruir a los pueblos indios, su forma cultural y todo esto, no sólo se está atentando en contra del individuo -al que no se le deja ir a la milpa, o al que se le golpea o que se le tortura-, se está atentando en contra del derecho humano de un colectivo que quiere vivir como colectivo y eso no está en el derecho internacional. No hay observadores de derechos humanos colectivos.

Y aquí se está dando el nuevo modelo de violación de derechos humanos, según nosotros.

A partir de este rincón del mundo, las guerras del siglo XXI van a ser en contra de los que quieran ser diferentes. Frente a los que se resisten a desaparecer como diferentes, cada vez más se va atentar contra sus derechos colectivos, cuidando el respeto de los derechos humanos individuales. El gobierno mexicano tiene como máxima aspiración librarse de un grupo de observadores, que no puedan probar que se tortura gente o se le golpea. Pero es evidente que quiere destruir a estos pueblos indígenas como pueblos y nadie le puede reclamar porque ni existe este derecho.

El llamado que les queremos hacer nosotros, cuando hablen con los que van a hablar, de regreso, sea en sus países o cuando se entrevisten con los medios de comunicación o con los funcionarios de las Naciones Unidas, es que hagan hincapié en esto que les estoy señalando. Lo que se está conformando en esos testimonios que van juntando, es una gran violación al derecho humano colectivo de los pueblos indígenas mayas, a su existencia como tales.

Dos fotos: Zapata y una niña

Y aquí vuelvo a la foto. Esta foto es de Emiliano Zapata (enseña el calendario). Bueno, es una pintura y representa el rostro de Emiliano Zapata. Se le ven los ojos, la nariz, la boca, el bigote; es conocido, y por lo tanto cualquiera puede ver a Zapata. La gran paradoja es que cualquier campesino indígena se parece a Zapata: moreno, ojos negros intensos, pueden verlos detrás de muchos pasamontañas. Además es una imagen del pasado. Sí, esto pasó, alguien se alzó en armas y además con una actitud muy especial porque lo que hizo Zapata no fue luchar por el poder. Está la anécdota de cuando llegan a la Ciudad de México -él y Francisco Villa. La silla presidencial está vacía pues han hecho correr al que estaba ahí y Villa le dice a Zapata que se siente y Zapata dice que no. Villa dice que sí, pero nada más para ver qué se siente. Se sienta y ya se levanta, pero lo que está diciendo Zapata es que el problema no es quién está en el poder, sino la relación entre gobernantes y gobernados. Ésta es la parte que nosotros agarramos de Zapata, su relación frente al poder en la lucha que estamos llevando a cabo.

La imagen de la niña es un acercamiento de otra imagen que está al principio: un grupo de mujeres indígenas que están gritando con el puño izquierdo arriba. Detrás de la niña, hay muchas mujeres que no son jóvenes; tampoco son ancianas pero pasa que las mujeres se acaban muy rápido en las comunidades indígenas. La foto representa el mañana. Nosotros no concebimos que el mundo va a ser ya diferente para esta niña; concebimos que también a ella le va a tocar luchar y los zapatistas somos un puente, somos la correa de transmisión de una herencia al otro heredero que es el que le va a seguir. Cuánta rebeldía hay en esta niña indígena. Se está rebelando como indígena, como mujer, como niña, como ser humano y como trabajadora. En esta imagen se sintetizan todas las contradicciones; todos los otros y diferentes están resueltos aquí. Esta niña nos está diciendo que aprendió a luchar y que detrás de ella están los que le enseñaron, los adultos. Las mujeres que se ven [las indica] aunque serían jóvenes en el medio urbano, ya son grandes por el trabajo y lo que sufren en las comunidades indígenas. Estas mujeres ya son ancianas, personas de edad o de juicio, como le dicen aquí. Ellas son el puente -las que están atrás de esta niña- para que ella siga luchando. No para que el mundo cambie, sino para que siga habiendo gente que luche porque cambie.

Eso es como lo concebimos nosotros, ese es nuestro trabajo, somos indígenas, queremos vivir y queremos seguir siendo indígenas, somos mexicanos y queremos seguir siéndolo. Yo sé que es difícil en el mundo actual, sobre todo en Europa, hablar de nacionalismo. Pero si entienden lo que intenté decirles, en el caso de México y de Chiapas, ser nacionalistas, o sea luchar para que se mantenga la estructura nacional, es ir contra el neoliberalismo. Lo cual no quiere decir que en otra parte del mundo sea igual. Yo sé que el nacionalismo en Europa tiene muchas connotaciones fascistas, pero en México, en el México del final del siglo XX es una subversión. Aquí la moda es hacer la internacional del dinero, y defender el concepto de nación u oponerse a estos proyectos de fragmentación es ser revolucionario. Y esto es lo que estamos haciendo nosotros, nos oponemos a eso.

Entre Zapata y la niña estamos nosotros, y a lo que nos dedicamos es a cuestionarlo todo, incluso a nosotros mismos. A cuestionar nuestros pasos, por qué armados, por qué la lucha armada, por qué todo lo que ustedes han visto aquí y no otra cosa. También esto es parte de nuestro cuestionamiento, porque tenemos que reafirmarlo con ustedes y reconocerlo: nosotros somos un ejército y un ejército es lo más absurdo que hay porque es recurrir a la fuerza de un arma para tener razón, y un ser humano que tiene que recurrir a un arma para tener razón, no es un ser humano. Nosotros no queremos que el futuro sea el que tenemos ahora.

Esta niña tampoco va a querer que el mundo sea como el de ella; le va a tocar otra cosa, diferente. ¿Cómo va a ser?, no lo sabemos. Ya los que lleguen entonces, sabrán cómo le van a hacer; nosotros pensamos que lo van a hacer bien.

Lo que sí sabemos es que este mundo actual no lo queremos. No lo queremos y no lo merecemos y no nos importan cuantas mentiras digan respecto a nosotros, ni cuantos soldados nos ataquen, ni cuantas bombas nos quieran echar encima; no vamos a dejar que el mundo siga así. Todo lo que vayamos a hacer para hacer que el mundo cambie, ni siquiera nos preocupa si lo vamos a lograr, ni siquiera pensamos que pueda ser posible o no, estamos seguros que lo vamos a hacer.

Eso es lo que somos nosotros, el puente entre este pasado y este mañana y nos toco aquí en Chiapas. Si nos hubiera tocado en Kósovo diríamos otras cosas, en África, Estados Unidos, Italia, Europa, lo que sea que es cada quien. Eso es lo que les queríamos decir.

El mundo vive en una tormenta producida por la destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir… Nada de eso son producto de los excesos del Capital sino de la esencia de un sistema imposible “racionalizar” o “humanizar”. No es cierto que lo peor ya pasó; lo peor está por llegar y la disputa es entre el sistema y la humanidad.
Y como el capitalismo como sistema mundial colapsa sin que los grandes capitanes atinen a dónde ir, se repliegan a sus guaridas de origen y ofrecen lo imposible: la salvación local contra la catástrofe mundial, algo que se vende bien entre una clase media precarizada que pretende suplir sus carencias económicas con defensas de raza, credo, color y sexo. La salvación de arriba es anglosajona, blanca, creyente y masculina. Para enfrentar la tormenta el sistema no busca construir techos para guarecerse, sino muros detrás de los cuales esconderse.
Por ello, considerando que el sistema es incapaz de frenar la destrucción y considerando que, abajo y a la izquierda, no debe haber cabida para el conformismo y la resignación, este es el momento de organizarse para luchar y de decir “NO” a la pesadilla que desde arriba nos imponen.

Frente a los muros del Capital: la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda.

Los muros arriba, las grietas abajo (y a la izquierda)

Febrero del 2017.

La tormenta en nuestro caminar.

Para nosotras, nosotros, pueblos originarios zapatistas, la tormenta, la guerra, lleva siglos. Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes. En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente.

Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero.

Resistimos, siempre resistimos. Nuestras rebeldías fueron suplantadas en la disputa entre unos contra otros por el Poder. Unos y otros, arriba siempre, nos demandaron luchar y morir para servirlos, nos exigieron obediencia y sometimiento bajo la mentira de liberarnos. Como aquellos a quienes decían y dicen combatir, vinieron y vienen a mandar. Hubo así supuestas independencias y falsas revoluciones, las pasadas y las por venir. Los de arriba se turnaron y se turnan, desde entonces, para mal gobernar o para aspirar a hacerlo. Y en calendarios pasados y presentes, su propuesta sigue siendo la misma: que nosotras, nosotros, pongamos la sangre; mientras ellos dirigen o simulan dirigir.

Y antes y ahora, olvidan ellos que no olvidamos.

Y siempre la mujer abajo, ayer y hoy. Incluso en lo colectivo que fuimos y somos.

Pero los calendarios no sólo trajeron dolor y muerte para nuestros pueblos. Al expandir su dominio, el Poder creó nuevas hermandades en la desgracia. Vimos entonces al obrero y al campesino hacerse uno con nuestro dolor, y yacer bajo las cuatro ruedas del carromato mortal del Capital.

Conforme avanzó el Poder en su paso por el tiempo, más y más crecía el abajo, ensanchando la base sobre la que el Poder es Poder. Vimos entonces sumarse a maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionistas, los etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares.

No bastó. El Poder es un espacio exclusivo, discriminatorio, selecto. Entonces las diferencias fueron también perseguidas abiertamente. El color, la raza, el credo, la preferencia sexual, fueron expulsadas del paraíso prometido, siendo que el infierno fue su casa permanente.

Les siguieron la juventud, la niñez, la ancianidad. El Poder convirtió así a los calendarios en materia de persecución. Todo el abajo es culpable: por ser mujer, por ser niñ@, por ser joven, por ser adulto, por ser ancian@, por ser human@.

Pero, al expandir la explotación, el despojo, la represión y la discriminación, el Poder también amplió las resistencias… y las rebeldías.

Vimos entonces, y ahora, levantarse la mirada de muchas, muchos, muchoas. Diferentes pero semejantes en la rabia y la insumisión.

El Poder sabe que sólo es lo que es sobre quienes trabajan. Los necesita.

A cada rebelión respondió y responde comprando o engañando a los menos, encarcelando y asesinando a los más. No teme sus demandas, es su ejemplo el que le causa horror.

No bastó. De dominar naciones, el Poder del Capital buscó poner a la humanidad entera bajo su pesado yugo.

Tampoco fue suficiente. El Capital pretende ahora manejar a la naturaleza, domarla, domesticarla, explotarla. Es decir, destruirla.

Siempre con la guerra, en su avance destructor el Capital, el Poder, demolió primero feudos y reinos. Y sobre sus ruinas levantó naciones.

Luego devastó naciones, y sobre sus escombros erigió el nuevo orden mundial: un gran mercado.

El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías. Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente.

Pero en el gran mercado del Capital no sólo se intercambian mercancías. La “libertad económica” es sólo un espejismo que simula acuerdo mutuo entre quien vende y quien compra. En realidad, el mercado se basa en el despojo y la explotación. El intercambio es entonces de impunidades. La justicia se transformó en una caricatura grotesca y en su balanza siempre pesa más el dinero que la verdad. Y la estabilidad de esa tragedia llamada Capitalismo depende de la represión y el desprecio.

Pero no bastó tampoco. Dominar en el mundo material no es posible si no se domina en las ideas. La imposición con religiones se profundizó y alcanzó a las artes y las ciencias. Como modas de vestir, surgieron y surgen filosofías y creencias. Las ciencias y las artes dejaron de ser lo distintivo de lo humano y se acomodaron en un estante del supermercado mundial. El conocimiento pasó a ser propiedad privada, lo mismo que la recreación y el placer.

El Capital, así, se consolidó como una gran máquina trituradora, usando ya no sólo a la humanidad entera como materia prima para producir mercancías, también a los conocimientos, a las artes, … y a la naturaleza.

La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital, o de una conducción errónea de un sistema que prometió orden, progreso, paz y prosperidad.

No, todas las desgracias son la esencia del sistema. De ellas se alimenta, a costa de ellas crece.

La destrucción y la muerte son el combustible de la gran máquina del Capital.

Y fueron, son y serán inútiles los esfuerzos por “racionalizar” su funcionamiento, por “humanizarlo”. Lo irracional y lo inhumano son sus piezas claves. No hay arreglo posible. No lo hubo antes. Y ahora ya tampoco se puede atenuar su paso criminal.

La única forma de detener la máquina es destruirla.

En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.

Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.

Quienes todavía pretenden “arreglar” o “salvar” al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder.

Pero en el sistema no hay solución.

Y no bastan ni el horror, ni la condena, ni la resignación, ni la esperanza en que ya pasó lo peor y las cosas no harán sino mejorar.

No. Lo cierto es que se va poner peor.

Por esas razones, más las que cada quien agregue de sus particulares calendarios y geografías, es que hay que resistir, hay que rebelarse, hay que decir “no”, hay que luchar, hay que organizarse.

Por eso hay que levantar el viento de abajo con resistencia y rebeldía, con organización.

Sólo así podremos sobrevivir. Sólo así será posible vivir.

Y sólo entonces, como fue nuestra palabra hace 25 años, podremos ver que…

“Cuando amaine la tormenta,
cuando la lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra,
el mundo ya no será el mundo, sino algo mejor.”

-*-

La guerra y los muros de afuera y de adentro.

Si antes el sufrimiento causado por la guerra era patrimonio exclusivo del abajo mundial, ahora ensancha sus calamidades.

Sobre cada rincón del planeta, el odio y el desprecio pretenden destruir familias, comunidades enteras, naciones, continentes. No es necesario ya haber cometido un delito o ser presunto criminal, basta ser sospechoso de ser humano.

Provocada por la codicia del gran dinero, la pesadilla actual pretende ser cobrada a quienes la padecen. Las fronteras ya no sólo son líneas punteadas en los mapas y garitas aduanales, ahora son murallas de ejércitos y policías, de cemento y ladrillos, de leyes y persecuciones. En todo el mundo de arriba, la caza del ser humano se incrementa y se festina en competencias clandestinas: gana quien más expulse, encarcele, confine, asesine.

Como llevamos diciendo desde hace más de 20 años, la globalización neoliberal no trajo el surgimiento de la aldea planetaria, sino la fragmentación y disolución de los llamados “Estados-nación”. Llamamos entonces, y ahora, a ese proceso con el nombre que mejor lo describe: “guerra mundial” (la cuarta, según nosotr@s).

Lo único que se mundializó fue el mercado y, con él, la guerra.

Para quienes hacen funcionar las máquinas y hacen nacer a la tierra, las fronteras siguieron y siguen siendo lo que siempre han sido: cárceles.

Nuestra afirmación provocó entonces, hace dos décadas, sonrisas burlonas de la intelectualidad internacional encadenada a viejos y caducos dogmas. Y esos mismos hoy tartamudean ante una realidad frenética, y, o ensayan viejas recetas, o se mudan a la idea de moda que, tras una compleja elaboración teórica, esconde lo único verdadero: no tienen ni la más remota idea de lo que pasa, ni de lo que sigue, ni de lo que antecedió a la pesadilla actual.

Se lamentan. El pensamiento de arriba les prometió un mundo sin fronteras, y su resultado es un planeta atiborrado de trincheras chovinistas.

El mundo no se transformó en una gigantesca megalópolis sin fronteras, sino en un gran mar sacudido por una tempestad que no tiene precedentes de igual magnitud. En él, millones de desplazados (a quienes, con rubor mediático, se les unifica bajo el nombre de “migrantes”) naufragan en pequeñas barcas, esperando ser rescatados por el gigantesco navío del gran Capital.

Pero no sólo no lo hará; él, el gran Capital, es el principal responsable de la tormenta que amenaza ya la existencia de la humanidad entera.

Con el torpe disfraz del nacionalismo fascista, los tiempos del oscurantismo más retrógrada vuelven reclamando privilegios y atenciones. Cansado de gobernar desde las sombras, el gran Capital desmonta las mentiras de la “ciudadanía” y la “igualdad” frente a la ley y el mercado.

La bandera de “libertad, igualdad y fraternidad” con la que el capitalismo vistió su paso a sistema dominante en el mundo, es ya sólo un trapo sucio y desechado en el basurero de la historia de arriba.

Al fin el sistema se desemboza y muestra sus verdaderos rostro y vocación. “Guerra siempre, guerra en todas partes”, reza el emblema del soberbio buque que navega en un mar de sangre y mierda. Es el dinero y no la inteligencia artificial la que combate a la humanidad en la batalla decisiva: la de la supervivencia.

Nadie está a salvo. Ni el ingenuo capitalista nacional, que soñaba con la bonanza que le ofrecían los mercados mundiales abiertos, ni la conservadora clase media sobreviviendo entre el sueño de ser poderosa y la realidad de ser rebaño del pastor en turno.

Y ni hablar de la clase trabajadora del campo y la ciudad, en condiciones más difíciles si posible fuera.

Y, para completar la imagen apocalíptica, millones de desplazados y migrantes agolpándose en las fronteras que, de pronto, se volvieron tan reales como los muros que, a cada paso, interponen gobiernos y criminales. En la geografía mundial de los medios de comunicación y las redes sociales, los desplazados, fantasmas errantes sin nombre ni rostro, apenas son un número estadístico que muta su ubicación.

¿El calendario? Apenas un día después de la promesa del fin de la historia, de la solemne declaración de la supremacía de un sistema que otorgaría bienestar a quien trabajara, de la victoria sobre el “enemigo comunista” que pretendía coartar la libertad, imponer dictaduras y generar pobreza, de la eternidad prometida que anulaba todas las genealogías. El mismo calendario que anunciaba apenas ayer que la historia mundial recién empezaba. Y resulta que no, que todo no era sino el preludio de la más espantosa pesadilla.

El capitalismo como sistema mundial colapsa, y, desesperados, los grandes capitanes no atinan a dónde ir. Por eso se repliegan a sus guaridas de origen.

Ofrecen lo imposible: la salvación local contra la catástrofe mundial. Y la pamplina se vende bien entre una clase media que se difumina con los de abajo en sus ingresos, pero pretende suplir sus carencias económicas con refrendos de raza, credo, color y sexo. La salvación de arriba es anglosajona, blanca, creyente y masculina.

Y ahora, quienes vivían de las migajas que caían de las mesas de los grandes capitales, ven desesperados cómo también contra ellos se levantan los muros. Y, el colmo, pretenden encabezar la oposición a esa política guerrera. Así vemos a la derecha intelectual hacer gestos de contrariedad e intentar tímidas y ridículas protestas. Porque no, la globalización no fue el triunfo de la libertad. Fue y es la etapa actual de la tiranía y la esclavitud.

Las Naciones ya no lo son, aunque aún no se hayan percatado de ello sus respectivos gobiernos. Sus banderas y emblemas nacionales lucen raídos y descoloridos. Destruidos por la globalización de arriba, enfermos por el parásito del Capital y con la corrupción como única señal de identidad, con torpe premura los gobiernos nacionales pretenden resguardarse a sí mismos e intentar la reconstrucción imposible de lo que alguna vez fueron.

En el compartimento estanco de sus murallas y aduanas, el sistema droga a la medianía social con el opio de un nacionalismo reaccionario y nostálgico, con la xenofobia, el racismo, el sexismo y la homofobia como plan de salvación.

Las fronteras se multiplican dentro de cada territorio, no sólo las que pintan los mapas. También y, sobre todo, las que levantan la corrupción y el crimen hecho gobierno.

La bonanza posmoderna no era sino un globo inflado por el capital financiero. Y vino la realidad a pincharla: millones de desplazados por la gran guerra llenan las tierras y las aguas, se amontonan en las aduanas y van haciendo grietas en los muros hechos y por hacer. Alentados antes por el gran Capital, los fundamentalismos encuentran tierra fértil para sus propuestas de unificación: “del terror nacerá un solo pensamiento, el nuestro”. Después de ser alimentada con dólares, la bestia del terrorismo amenaza la casa de su creador.

Y, lo mismo en la Unión Americana, que en la Europa Occidental o en la Rusia neo zarista, la bestia se retuerce e intenta protegerse a sí misma. Encumbra ahí (y no sólo ahí) a la estupidez y la ignorancia más ramplonas y, en sus figuras gobernantes, sintetiza su propuesta: “volvamos al pasado”.

Pero no, América no volverá a ser grande de nuevo. Nunca más. Ni el sistema entero en su conjunto. No importa qué hagan los de arriba. El sistema llegó ya al punto de no retorno.

-*-

Contra el Capital y sus muros: todas las grietas.

La ofensiva internacional del Capital en contra de las diferencias raciales y nacionales, promoviendo la construcción de muros culturales, jurídicos y de cemento y acero, busca reducir más aún el planeta. Pretenden crear así un mundo donde sólo quepan los que arriba son iguales entre sí.

Sonará ridículo, pero así es: para enfrentar la tormenta el sistema no busca construir techos para guarecerse, sino muros detrás de los cuales esconderse.

Esta nueva etapa de la guerra del Capital en contra de la Humanidad debe enfrentarse sí, con resistencia y rebeldía organizadas, pero también con la solidaridad y el apoyo a quienes ven atacadas sus vidas, libertades y bienes.

Por eso:

Considerando que el sistema es incapaz de frenar la destrucción.

Considerando que, abajo y a la izquierda, no debe haber cabida para el conformismo y la resignación.

Considerando que es momento de organizarse para luchar y es su tiempo de decir “NO” a la pesadilla que desde arriba nos imponen.

LA COMISIÓN SEXTA DEL EZLN Y LAS BASES DE APOYO ZAPATISTAS CONVOCAMOS:

I.- A la campaña mundial:

Frente a los muros del Capital:
la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda.

Con el objetivo de llamar a la organización y la resistencia mundial frente a la agresividad de los grandes dineros y sus respectivos capataces en el planeta, y que aterroriza ya a millones de personas en todo el mundo:

Llamamos a organizarse con autonomía, a resistir y rebelarse contra las persecuciones, detenciones y deportaciones. Si alguien se tiene que ir, que sean ellos, los de arriba. Cada ser humano tiene derecho a una existencia libre y digna en el lugar que mejor le parezca, y tiene el derecho a luchar para seguir ahí. La resistencia a las detenciones, desalojos y expulsiones son un deber, así como deber es apoyar a quienes se rebelan contra esas arbitrariedades SIN IMPORTAR LAS FRONTERAS.

Hay que hacerle saber a toda esa gente que no está sola, que su dolor y su rabia es vista aún a la distancia, que su resistencia no es sólo saludada, también es apoyada así sea con nuestras pequeñas posibilidades.

Hay que organizarse. Hay que resistir. Hay que decir “NO” a las persecuciones, a las expulsiones, a las cárceles, a los muros, a las fronteras. Y hay que decir “NO” a los malos gobiernos nacionales que han sido y son cómplices de esa política de terror, destrucción y muerte. De arriba no vendrán las soluciones, porque ahí se parieron los problemas.

Por eso llamamos a la Sexta en su conjunto a que se organice, según su tiempo, modo y geografía, para apoyar en y con actividades a quienes resisten y se rebelan contra las expulsiones. Sea apoyándolos para que regresen a sus hogares, sea creando “santuarios” o apoyando los ya existentes, sea con asesorías y apoyos legales, sea con paga, sea con las artes y las ciencias, sea con festivales y movilizaciones, sea con boicots comerciales y mediáticos, sea en el espacio cibernético, sea donde sea y como sea. En todos los espacios donde nos movamos es nuestro deber apoyar y solidarizarnos.

Llegó el momento de crear comités de solidaridad con la humanidad criminalizada y perseguida. Hoy, más que nunca antes, su casa es también nuestra casa.

Como zapatistas que somos, nuestra fuerza es pequeña y, aunque es amplio y hondo nuestro calendario, nuestra geografía es limitada.

Por eso y para apoyar a quienes resisten a las detenciones y deportaciones, desde hace varias semanas la Comisión Sexta del EZLN ha iniciado contactos con individu@s, grupos, colectivos y organizaciones adherentes a la Sexta en el mundo, para ver el modo de hacerles llegar una pequeña ayuda de modo que les sirva como base para lanzar o continuar toda suerte de actividades y acciones a favor de l@s perseguid@s.

Para iniciar, les enviaremos las obras artísticas creadas por l@s indígenas zapatistas para el CompArte del año pasado, así como café orgánico producido por las comunidades indígenas zapatistas en las montañas del sureste mexicano, para que, con su venta, realicen actividades artísticas y culturales para concretar el apoyo y la solidaridad con los migrantes y desplazados que, en todo el mundo, ven amenazadas su vida, libertad y bienes por las campañas xenofóbicas promovidas por los gobiernos y la ultra derecha en el mundo.

Eso por lo pronto. Ya iremos ideando nuevas formas de apoyo y solidaridad. Las mujeres, hombres, niños y ancianos zapatistas no les dejaremos sol@s.

II.- Invitamos también a toda la Sexta y a quien se interese, al seminario de reflexión crítica “LOS MUROS DEL CAPITAL, LAS GRIETAS DE LA IZQUIERDA” a celebrarse los días del 12 al 15 de abril del 2017, en las instalaciones del CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. Participan:

 

Don Pablo González Casanova.
María de Jesús Patricio Martínez (CNI).
Paulina Fernández C.
Alicia Castellanos.
Magdalena Gómez.
Gilberto López y Rivas.
Luis Hernández Navarro.
Carlos Aguirre Rojas.
Arturo Anguiano.
Sergio Rodríguez Lascano.
Christian Chávez (CNI).
Carlos González (CNI).
Comisión Sexta del EZLN.

Próximamente daremos más detalles.

III.- Convocamos a tod@s l@s artistas a la segunda edición del “CompArte por la Humanidad” con el tema: “Contra el Capital y sus muros: todas las artes” a celebrarse en todo el mundo y en el espacio cibernético. La parte “real” será en fechas del 23 al 29 de julio del 2017 en el caracol de Oventik y el CIDECI-UniTierra. La edición virtual será del 1 al 12 de agosto del 2017 en la red. Próximamente daremos más detalles.

IV.- También les pedimos estar atent@s a las actividades a las que convoque el Congreso Nacional Indígena, como parte de su proceso propio de conformación del Concejo Indígena de Gobierno.

V.- Convocamos a l@s científic@s del mundo a la segunda edición del “ConCiencias por la Humanidad” con el tema: “Las ciencias frente al muro”. A celebrarse del 26 al 30 de diciembre del 2017 en el CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, y en el espacio cibernético. Próximamente daremos más detalles.

No es todo. Hay que resistir, hay que rebelarse, hay que luchar, hay que organizarse.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Moisés. Subcomandante Insurgente Galeano.
México, febrero 14 (también día de nuestr@s muert@s) del 2017.