Documentación histórica

Cronología de Laura Castellanos para el libro "Corte de Caja" (hasta 2008)

Cronología realizada por Laura Castellanos para el libro "Corte de Caja"

El primero de enero de 1994 amanecimos en México con dos realidades dispares: ese día arrancaba el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC) -entre México, Estados Unidos y Canadá- y una sublevación brotaba en los confines opuestos, en el sureste indígena, producto de una marginación y pobreza propias a la víspera de la Revolución Mexicana de 1910. Centenas de indígenas armados y encapuchados ocuparon siete cabeceras municipales del estado de Chiapas. Se presentaron como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y en su Primera Declaración de la Selva Lacandona difundieron las causas de su alzamiento: exigían tierra, trabajo, techo, alimentación, salud, educación, libertad, independencia, democracia, justicia y paz para todas las 56 etnias de la nación. La noticia de que tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, zoques y mames revivían el espíritu del revolucionario Emiliano Zapata nos cimbró en México. A Ricardo Trabulsi le significó que por primera vez tomara conciencia de la realidad nacional y se aproximara a las luchas libertarias latinoamericanas. A mí me dio una dimensión mayor de los temas indígenas a los que me había acercado desde años atrás.

En ese momento estaba en el aire el debate acerca (y en contra) del TLC, por considerarse que agudizaría la crisis del campo mexicano. Su implementación se sumaba a otro embate en contra del agro dado dos años atrás: la reforma al artículo 27 de la Constitución emanado de la lucha de Zapata por la tierra. El campesinado en miseria enfrentaría una competencia desigual frente a los productores estadounidenses, pero la enmienda constitucional ahora permitía que las extensiones comunales arrebatadas a los terratenientes en la Revolución Mexicana pudieran ser vendidas a la iniciativa privada. La insurrección indígena cobraba pues un relieve de proporciones únicas. La prensa voló al estado de herencia maya, fronterizo con Guatemala y con la mayor tasa nacional de mortandad infantil. Doce días duró la guerra. Fueron movilizados más de 3 mil soldados, tanquetas, aviones, helicópteros. El EZLN se replegó en las montañas y la Fuerza Aérea Mexicana los bombardeó. El desconcierto inicial de la sociedad civil devino en solidaridad masiva. El 12 de enero de 1994 decenas de miles de personas marchamos en la capital para exigir el alto al fuego. El presidente Carlos Salinas de Gortari se vio obligado a decretarlo y al mes siguiente abrió las negociaciones de paz con la intermediación del obispo Samuel Ruiz de San Cristóbal de las Casas.

El acontecimiento, a pesar de ocurrir en un paraje latinoamericano, conmocionó a la izquierda norteamericana y europea que atestiguaba la consolidación de la hegemonía estadounidense en la post guerra fría. Se trataba de “la primera expresión concreta contra la globalización”, escribió Ignacio Ramonet, director del periódico francés Le monde diplomatique. Pero, aunque la noticia se desperdigó con éxito por el mundo, la estrategia guerrillera había sufrido una voltereta del destino. Inicialmente, una comisión indígena sería la encargada de declarar las razones de la insurrección en la prensa. Pero un turista francés que quería salir de San Cristóbal provocó que mandaran traer al jefe militar, el Subcomandante Insurgente Marcos, que sabía inglés y francés, para explicarle que no podía salir de la zona. En plena charla francófona se acercaron periodistas locales y los reflectores le cayeron encima. La atención se centró en el misterioso personaje de complexión atlética y mirada aguerrida.

Luego, la pluma de Marcos causó revuelo al romper con la rigidez histórica del discurso revolucionario. En el marco de las conversaciones de paz el insurgente escribió el texto “¿De qué nos van a perdonar?” que se hizo memorable. En él respondió a la polémica en los medios en la que un sector de la sociedad condenó la rebelión del EZLN. “¿De qué tenemos que pedir perdón?”, preguntó. “¿De no morirnos de hambre? ¿De no callarnos en nuestra miseria? ¿De no haber aceptado humildemente la carga histórica de desprecio y abandono? ¿De habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? (…) ¿De haber demostrado al resto del país y al mundo entero que la dignidad humana vive aún y está en sus habitantes más empobrecidos? (…) ¿De haber llevado fusiles al combate, en lugar de arcos y flechas? (…) ¿De ser mayoritariamente indígenas? ¿De llamar al pueblo mexicano a luchar, en todas las formas posibles, por lo que les pertenece? ¿De luchar por libertad, democracia y justicia? ¿De no seguir los patrones de las guerrillas anteriores? ¿De no rendirnos? ¿De no vendernos? ¿De no traicionarnos?... ¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?...”.

La irrupción del EZLN tensó aún más el escenario previo a las elecciones presidenciales de 1994. El candidato oficial del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ernesto Zedillo, triunfó y asumió el poder en medio de una grave crisis financiera en diciembre del mismo año. A dos meses de su llegada, y sin reanudar el proceso de diálogo, lanzó una ofensiva militar en Chiapas el 9 de febrero de 1995. Reposicionó al ejército en la región zapatista mientras detenía a parte de la militancia rebelde y difundía la presunta identidad del encapuchado: Rafael Sebastián Guillén Vicente, nacido en el puerto de Tampico 38 años atrás, proveniente de una familia dueña de una mueblería local, egresado con honores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y maestro de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). La foto de un hombre joven, barbudo, de ceja poblada y nariz recta, circuló en las mesas de redacción.

Sin embargo se tejía una red de apoyo en torno al EZLN, convertido ya en un movimiento pacífico. En agosto de 1994 la organización había abierto las puertas de su territorio al resto del país con el fin de que “derrocaran” la vía armada y la acompañaran en una lucha abierta y civil. Creó espacios de encuentro político y cultural llamados Aguascalientes. Siete mil simpatizantes, entre intelectuales, artistas, trabajadores, indígenas, periodistas, acudimos a su Convención Nacional Democrática (CND) en el Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac. Con el ascenso del Internet el apoyo se hizo internacional. A partir de 1995 brigadas extranjeras viajaron para hacer labores comunitarias o de vigilancia en las comunidades zapatistas. Y un año después más de 5 mil personas de 47 países acudieron a su primer encuentro intercontinental contra el neoliberalismo. La presión nacional e internacional obligó al gobierno a reabrir el diálogo en una instancia legislativa en la que el EZLN –asesorado por intelectuales y líderes indígenas- trabajara reformas constitucionales que erradicaran las desigualdades prevalecientes y que hiciera ley sus formas de gobierno y la autodeterminación sobre su territorio y recursos naturales.

Por primera vez en la historia de México los pueblos indígenas estaban en la agenda del poder. El crédito se le otorgaba al líder rebelde ya convertido en una celebridad. Si bien la izquierda mundial lo veía como el nuevo Ernesto Che Guevara, también despertó el interés de otros sectores. Su rostro encubierto se imprimió en camisetas y carteles, la empresa Benetton lo buscó para una campaña publicitaria y una pléyade de políticos, intelectuales, creadores y artistas, como Danielle Miterrand, José Saramago, Oliver Stone y Manú Chao, peregrinó a Chiapas para conocerlo.

La reubicación militar de 1995 había exacerbado el ambiente en Chiapas y comenzaba una escalada de hostigamientos contra comunidades zapatistas. Pero en la mesa del diálogo, tras diez meses de jaloneos y presiones, surgía el primer documento de paz en febrero de 1996, conocido como Los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, en referencia al nombre del poblado sede. En éste el gobierno federal se comprometía a reconocer constitucionalmente el derecho a la autonomía de los pueblos indígenas, pero nueve meses después se retractaba y presentaba una contrapropuesta. Los argumentos en contra eran que el país se fragmentaría. Los argumentos a favor alegaban que dicha autodeterminación está plasmada en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de la ONU. La exigencia por el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés se convirtió entonces en el principal detonante del activismo zapatista de México y de Occidente.

De forma simultánea el gobierno echó a andar una estrategia contrainsurgente que consistía en organizar grupos armados civiles, llamados paramilitares, entre pobladores de comunidades no zapatistas para confrontarlos con las del EZLN y otros neutrales. Primero surgió el llamado Paz y Justicia. Tres años después actuaban seis grupos paramilitares más. Cubiertos por militares y policías, colocaban retenes, agredían, mataban, quemaban casas, exigían dinero. El EZLN, advertido por el gobierno de que no podía transitar libremente por el país, decidió romper el cerco militar y paramilitar y exigir el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés. Primero envió a la comandanta Ramona al primer Congreso Nacional Indígena (CNI), foro que los zapatistas impulsaban para hacer confluir a la diversidad de etnias del país. Después, envió a 1,111 zapatistas que marcharon hasta el Zócalo de la capital en septiembre de 1997. Su entrada fue apoteósica. La respuesta fue un mayor hostigamiento de los paramilitares. En el municipio de Chenalhó, en Los Altos de Chiapas, provocaron el desplazamiento masivo más grande del México moderno. En diciembre más de 6 mil indígenas zapatistas y neutrales debieron huir de sus poblaciones y refugiarse en las montañas, a la intemperie. El gobierno ignoró las denuncias del EZLN por la violencia imperante y el 22 de diciembre ocurrió la matanza de Acteal. Ese día, un número indeterminado de paramilitares acribilló a 45 indígenas de la asociación civil neutral de Las Abejas, entre ellos había 25 mujeres y 15 niños. Hubo protestas en 70 países. La mayor de todas la protagonizaron 50 mil italianos en Roma.

Al iniciar 1998 el gobierno lanzó además incursiones castrences en poblaciones zapatistas. Los soldados asaltaron poblados de Las Cañadas, quemaron y destruyeron alimentos, robaron dinero, amenazaron con violar a las mujeres. Me tocó recorrer la zona con motivo de un reportaje que escribí para el suplemento feminista Doblejornada de La Jornada. Así constaté cómo, sin que necesariamente hubiera disparos, la vida comunitaria se desgarra bajo ese tipo de estrategias contrainsurgentes. Las mujeres son las más vulnerables, además de que deben hacerse cargo de infantes, ancianos y enfermos. Recogí las voces tanto de las desplazadas y sobrevivientes de Acteal, y de otras mujeres que vivían bajo el acoso de los paramilitares, y de las poblaciones en las que se instalaban acantonamientos de soldados. En general, las mujeres, además de vivir en la pobreza extrema, eran sometidas a una fuerte presión emocional que les provocaba insomnio, diarreas, pérdida de leche en caso de lactancia, menstruaciones más largas. Como carecían totalmente de servicios médicos, los casos de abortos espontáneos y muertes por embarazos riesgosos eran comunes. Supe también de la colocación de retenes por parte de paramilitares para impedir el paso de alimentos, medicinas y personas, y descubrí cómo el ejército importaba la prostitución a los poblados donde se acuartelaba, en los que aumentaba el alcoholismo y llegaba la drogadicción.

En ningún momento el EZLN rompió su determinación de seguir la vía pacífica. Esta vez organizó una consulta para preguntar a la sociedad civil si apoyaba o no los Acuerdos de San Andrés, la vía del diálogo y el regreso de los soldados a los cuarteles. Cinco mil delegados zapatistas viajaron a todo el país para apoyar la consulta. Fue realizada en marzo de 1999 y participaron 2 millones 800 mil mexicanos y 58 mil 300 personas en 29 países que de manera mayoritaria dieron su aval a los Acuerdos.

En el 2000 hubo elecciones presidenciales y arribó al poder por primera vez un candidato de oposición, Vicente Fox, del derechista Partido Acción Nacional (PAN). Se destronaba al PRI tras 71 años de gobernar a México. Fox prometió en su campaña que resolvería la situación de Chiapas “en quince minutos”. El primero de diciembre, el mismo día que asumió el poder, la comandancia zapatista informó que realizaría la Marcha del Color de la Tierra hacia la capital mexicana en exigencia del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés. El trayecto multitudinario duró dos semanas. Era la primera vez que Marcos salía de la zona de conflicto. El 11 de marzo del 2001 la dirigencia zapatista arribó al corazón del país sobre la caja de un tráiler. Un millón de personas les dimos la bienvenida con admiración y alegría. El EZLN estaba en su clímax. Estadounidenses, españoles, galos, suecos, alemanes, finlandeses, japoneses, viajaron para acompañarlos. El mayor contingente fue el italiano, con 250 personas. Se hicieron presentes José Saramago, Danielle Miterrand, José Bové, Manuel Vázquez Montalbán, Alain Touraine, y declaraban su apoyo Noam Choamsky y Eduardo Galeano, entre otros.

A fines de marzo el EZLN se anotaba otro triunfo. Logró fijar su posición en el Congreso Legislativo a través de la voz de la Comandanta Esther en un largo mensaje que fue transmitido por televisión. Tras esta intervención la comandancia del EZLN regresó a su bastión chiapaneco. Pero un mes después todos los partidos, incluido el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), rechazaron la ley y votaron otra, trabajada simultáneamente, que no reconocía la autonomía indígena. El EZLN lo consideró una traición, especialmente del líder moral del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, ex candidato presidencial en 1994 y que se había reunido varias veces con la guerrilla. Cárdenas también había contendido en las elecciones presidenciales de 1988 en las que el fraude electoral llevó a Salinas de Gortari al poder. Esa ocasión encabezó un movimiento popular sin precedentes que dio origen a la fundación del PRD.

En el verano del 2001, pueblos indígenas del país presentaron 330 controversias constitucionales en la Suprema Corte de Justicia en contra de la ley aprobada. La instancia judicial retrasó su resolución por más de un año y hasta septiembre del 2002 falló negativamente en la generalidad de los casos. El EZLN se replegó por dos años. Eso provocó mi distancia del movimiento porque no entendí sus tiempos ni cambio de estrategia. El EZLN rompió con el poder político: el presidente, los legisladores y los partidos. Creó una zona liberada en la que organizó a sus 39 municipios autónomos en cinco regiones llamadas Caracoles. En estos ejerce ahora la autonomía indígena que constitucionalmente se le negó. Se trata de una experiencia inédita en el mundo. Decenas de miles de indígenas viven bajo un gobierno independiente tanto del gobierno como de la estructura militar de la propia guerrilla. Los municipios autónomos son regidos por una instancia horizontal, colectiva y rotativa llamada Junta del Buen Gobierno (JBG). Las comunidades mismas han creado sus propios programas de educación, salud y justicia con los que combaten el analfabetismo, la mortandad materna e infantil, las enfermedades reproductivas y sexuales, la inequidad de género, el hambre. También impulsan proyectos productivos con apoyos particularmente de la comunidad internacional. La formación de los Caracoles, presentados en 2003, incrementó la hostilidad de los paramilitares.

En 2005, un año antes de las elecciones presidenciales, Marcos y el EZLN hicieron de nuevo aparición. El jefe militar daba a conocer su documento “La (imposible) ¿geometría? del poder en México” en el que criticaba a los candidatos del PRI, PAN y PRD. Especialmente cuestionó a Andrés Manuel López Obrador, candidato del PRD, y lo acusó que en caso de llegar a la presidencia protegería los intereses económicos de la oligarquía. Intelectuales de izquierda tacharon de divisionista su posición. Marcos no bajó su guardia. Esta era la segunda polémica mediática en la que estaba envuelto. La primera había ocurrido en 2002, tras año y medio de silencio por el fracaso legislativo. Marcos pretendió atraer la atención mundial al proponer a Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y a la sociedad española y vasca una reunión para dirimir su conflicto histórico. Fue su apuesta para que el EZLN incursionara en Europa. Las críticas abundaron. Intelectuales tomaron distancia. Años después, en entrevista con Gloria Muñoz, publicada en el libro 20 y 10 el fuego y la palabra, reconoció hacerlo fue un error.

Pero en el caso de la ruptura con la clase política mexicana no cambió de opinión. En su Sexta Declaración de la Selva Lacandona, dada a conocer en 2005, Marcos y el EZLN confirmaron no sólo el rompimiento con el poder político sino también con la intelectualidad progresista. Las condenas en su contra se multiplicaron y lo tacharon de protagónico. Al mismo tiempo el EZLN buscó sumar a su lucha indígena la de otros grupos vulnerables: mujeres, jóvenes, lesbianas y homosexuales. Empezando 2006, y en los preparativos por la carrera presidencial, el EZLN arrancó La Otra Campaña, con la intención de crear un frente común con las minorías del país. Cinco meses después, su base en Atenco, estado de México, fue reprimida. Un enfrentamiento entre ejidatarios del pueblo y policías provocó que 3 mil policías agredieran a la población. Hubo un muerto, un muchacho sufrió muerte cerebral y 217 detenciones con torturas y violaciones sexuales contra 23 mujeres del pueblo, entre las que estaban la chilena Valentina Larissa Palma, la alemana Samantha Ariane Marei y las españolas Cristina Valls y María Sostres Tarrida. El EZLN logró movilizaciones de protesta en México y en diferentes partes del mundo.

Luego vendrían las elecciones del 2006 en las que López Obrador denunció un fraude a favor del candidato oficial Felipe Calderón. Las manifestaciones en apoyo a López Obrador fueron multitudinarias porque revivía el recuerdo del fraude de 1988. López Obrador organizó la toma masiva de la avenida Reforma para exigir el recuento de los votos. Miles de simpatizantes instalaron un campamento de protesta que duró 49 días. El EZLN se replegó y esperó que bajara la efervescencia del movimiento perredista. En marzo del 2007 reinició la segunda fase de La Otra Campaña para crear una retícula social que elabore un plan de lucha para impulsar una nueva Constitución. Para acercarse a las minorías, en 2007 el EZLN organizó el Encuentro de los Pueblos Indios de América, el Encuentro de los Pueblos Zapatistas del Mundo, al que asistieron por vez primera simpatizantes de Corea, India y Paquistán, y el Encuentro de Mujeres Zapatistas con Mujeres del Mundo.

Marcos considera que el EZLN vive el momento de más vulnerabilidad a la violencia, similar incluso al que prevalecía antes de la matanza de Acteal de 1998. Sin embargo, a diferencia del pasado, ahora el movimiento está aislado no sólo de los medios de comunicación, sino también de la sociedad civil. “Pasamos de moda”, afirma el jefe militar. El Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas (CAPISE) de Chiapas, que vigila la actuación militar y paramilitar en zona zapatista desde hace cinco años, registra el establecimiento de 56 campamentos militares permanentes y el cambio de tropa militar por cuerpos especiales de elite. CAPISE realiza sus tareas de vigilancia con el apoyo de brigadas de simpatizantes, la mayoría de voluntarios extranjeros. CAPISE estima que actualmente hay 6 grupos paramilitares con ramificaciones en Chiapas. Algunos se crearon bajo el cobijo de Juan Sabines, llevado al gobierno de Chiapas por el PRD y que antes fue militante del PRI.

La otra estrategia contrainsurgente está centrada en el despojo de las extensiones de terratenientes que los zapatistas tomaron durante su alzamiento. El titular del CAPISE, Ernesto Ledesma, asegura que las comunidades zapatistas están por ser desalojadas de 74, 134 hectáreas. Estas acciones se realizan bajo tres modalidades: la invasión violenta por parte de paramilitares o policías. En este caso se encuentran 13,234 hectáreas en las que viven 917 familias zapatistas. La segunda modalidad ocurre a través de la burocracia agraria. Así les han quitado 28,568 hectáreas. Y la tercera es la de los decretos federales que expropian territorios para hacerlos áreas ecológicas protegidas. En la Zona Lacandona familias zapatistas y no zapatistas están por perder 32,332 hectáreas. La tierra es lo que da el sentido a las comunidades indígenas. Un viejo de la tribu cucapá se lo explicó así a Marcos: “Si no tenemos territorio no somos pueblo aunque hablemos la lengua o nos vistamos, no tenemos ningún sustento porque sin territorio no tenemos la raíz”.

Ricardo y yo hemos hecho este libro para darle un espacio serio y amplio a la voz del zapatismo en su momento de mayor aislamiento. Para eso publicamos el trabajo que entre los dos hicimos para el reportaje Retrato Radical de la revista Gatopardo publicado en su edición bimensual de diciembre del 2007 y enero del 2008. A través del reportaje me acerqué al movimiento tras una ausencia de 10 años. Me sorprendió lo que encontré. Coincido con la mirada de Ricardo se ha forjado del movimiento durante una década. Los dos creemos que el zapatismo es una lección para la humanidad. Sus municipios autónomos ejemplifican la necesidad y, al mismo tiempo, la posibilidad de que vivamos a través de acuerdos, de forma horizontal, incluyente, y en contra del despojo de los territorios indígenas y de la devastación de la naturaleza por parte de gobiernos y del gran capital. Creemos que el zapatismo alinea aspiraciones universales con prácticas concretas. Su filosofía tiene enormes dimensiones porque lo mismo puede leerse en una comunidad de 20 familias en medio de la selva o para debatir sobre el mundo global.

También ponemos en escena la figura de Marcos, que ha sido criticado con justa razón o no por sus detractores. Con este libro queremos hacerle un pequeño reconocimiento al zapatismo y al líder rebelde. Su contribución a la lucha libertaria está fuera de toda duda. No sólo creó un nuevo discurso revolucionario en el mundo, sino que a través de su pluma y de su personaje proyectó el clamor de los pueblos indígenas y de las minorías excluidas en la esfera internacional. Además reconocemos que como jefe militar ha impedido que las comunidades autónomas hayan sido atacadas en gran escala, ha contenido las embestidas contrainsurgentes del gobierno y ha sido capaz de sostener una discusión seria con todos los sectores de la sociedad. Su palabra hablará por sí misma en las dos entrevistas que me concedió para el reportaje.

Anoto de paso que decidimos invertir el orden cronológico, ubicando la segunda entrevista en el tiempo al comienzo del libro, para captar la atención del lector sobre los puntos más reveladores y urgentes del testimonio. Creemos que esa organización contribuye a la fluidez de la exposición. Salvo esta redistribución, nos avocamos a presentar un texto que preserva el testimonio del Subcomandante Marcos en su integridad. En dichas entrevistas no sólo recapitula sobre el EZLN y su frágil situación, si no que fija posiciones con respecto al distanciamiento zapatista con la intelectualidad progresista de México y del mundo, opina de las figuras más relevantes de la izquierda latinoamericana, como Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales, y abre un resquicio sobre su vida personal.

El libro también incluye las fotografías en las que Marcos posó por vez primera en su historia como figura pública. Ricardo considera que si bien el dirigente guerrillero ha sido registrado infinidad de veces, las fotos que se dejó tomar en dos sesiones -en la capital mexicana y en Chiapas- tienen un valor único: el hombre tras el pasamontañas posa y mira a la cámara con la conciencia de su momento, de todo lo que es y del peso que ya tiene en la historia. Las regalías por la venta del libro serán destinadas a las comunidades autónomas zapatistas.

Laura