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Proceso No. 1148. 1 de noviembre de 1998
Jaime Martínez Veloz
En más de tres años de iniciada la labor de la
Cocopa, ésta ha demostrado ser la instancia más confiable
por sus posiciones en favor de una paz digna. Sin duda, su participación
ha sido la más estable de cuantos están involucrados en
el conflicto. De aquí que no sea extraño que el EZLN busque
de nueva cuenta entablar una relación de diálogo con dicha
Comisión, buscando con ello “retomar el puente” donde
se quedó. Cabe recordar que el hilo de las conversaciones entre
zapatistas y Cocopa fue roto en enero de 1997, cuando se discutía
el tema de los derechos y la cultura de los pueblos indios.
De la Cocopa se han escrito y dicho muchas cosas; en varias ocasiones,
más de un análisis político, han decretado su muerte
o señalado su ineficacia. Cierto es que ha pasado por periodos
críticos, pero es menester reconocer la firmeza de sus posiciones.
Sigue siendo la única Comisión en el Congreso de la Unión
que tiene una composición paritaria y toma sus decisiones por unanimidad.
Esta ha sido una de las razones que explican en parte su legitimidad.
El método también ha sido su Talón de Aquiles en
muchas ocasiones, pues basta el veto de uno de sus integrantes para que
se paralice su actividad.
A pesar de los obstáculos, esta instancia legislativa ha seguido
adelante conservando sus mejores características: con respeto republicano
ha demostrado en todas las coyunturas la autonomía que tiene del
Poder Ejecutivo y el amplio margen de maniobra que posee frente a los
partidos a los que están adscritos sus integrantes. Esta independencia
le ha permitido generarse un espacio político propio que le otorga
un grado importante de interlocución con las partes y con otros
sectores sociales.
Aun en los momentos de mayor crisis, por ejemplo, en aquella ocasión
en la que el senador Heberto Castillo amenazó públicamente
con renunciar debido a lo difícil de la situación en Chiapas,
la Cocopa nunca ha claudicado frente al que ha sido su objetivo central:
hacer todo lo que esté a su alcance para coadyuvar en el entendimiento
y el diálogo entre las partes. A diferencia de otros actores, no
ha antepuesto ningún otro interés más que el de la
paz concertada. Esta puede ser la explicación del porqué
se ha ganado a una franja de la opinión pública. Más
aún, por lo menos en las primeras etapas del diálogo también
logró establecer un marco de respeto y colaboración con
las partes involucradas en el conflicto. Fue, junto con la desaparecida
Conai, la fuerza que impulsó el acercamiento que hizo que se vislumbrara
la paz como algo muy cercano.
Sin embargo, esta situación cambió a finales de 1996, fecha
a partir de la cual hubo un distanciamiento palpable de la Cocopa con
el gobierno federal. A pesar de que han transcurrido prácticamente
dos años desde aquel entonces y públicamente se señalaron
las razones de tal alejamiento, conviene recordar puntualmente el porqué
de dicho distanciamiento, que le ha brindado tragos amargos a la comisión
paritaria encargada de la coadyuvancia: el gobierno federal no cumplió
con lo firmado por sus representantes en los Acuerdos de San Andrés
(febrero 1996) y, ante el método de trabajo propuesto por la Comisión
para zanjar este obstáculo (noviembre-diciembre de 1996), nuevamente
incumplió su compromiso y con sus posición dañó
gravemente la labor de la Cocopa y puso en peligro el proceso de pacificación.
Desde ese momento, la tensión ha sido, por experiencia propia y
como se puede constatar por medio de la prensa, la norma que ha ceñido
las relaciones entre las representaciones de los dos Poderes (Secretaría
de Gobernación y Cocopa). Se ha llegado a que funcionarios federales
han tenido palabras de descalificación hacia la instancia legislativa
o minimizado la importancia de su tarea. Ha parecido, en más de
una ocasión, que el gobierno federal está a punto de desecharla
como instrumento de coadyuvancia.
Aunque menos álgido, el EZLN ha recorrido un camino similar al
del gobierno federal en cuanto a su relación con la Cocopa. Primero
hubo un trabajo en común y luego incluso acusaciones equivocadas
e injustas de que las actitudes de la Comisión podían estar
solapando las supuestas traiciones del gobierno federal. La nueva Cocopa,
integrada hace poco más de un año, ha quedado atrapada entre
los jaloneos de las partes y el deterioro de las condiciones sociales
y políticas de la entidad. Esto le ha dificultado el acercamiento
con el zapatismo. Sin embargo, lejos de desanimarse, no ha temido, inclusive,
arriesgar su prestigio político en aras de restablecer ya no el
diálogo, meta ambiciosa así como están las cosas,
sino el contacto entre esta Comisión legislativa y el EZLN. Estos
esfuerzos se han visto recompensados con el reconocimiento del subcomandante
Marcos a su labor en pro del diálogo. Con esto se repara un señalamiento
injusto.
No debe creerse, sin embargo, que la Cocopa ha estado exenta de errores.
Ha compartido las dificultad inherente a una negociación de este
tipo y se ha enfrentado a la ausencia de voluntad de las partes, pero
ha mostrado tres cualidades valiosas en todo momento: autonomía,
claridad y tenacidad. Este es el patrimonio que la hace confiable y el
único que le permitirá seguir adelante con su labor.
Ahora la pelota está en la cancha del gobierno federal, que haría
bien en tomar el ejemplo del EZLN, para buscar la cercanía con
los legisladores “cocopos” con el objeto de empezar a discutir
cómo restablecer el diálogo, cosa difícil por la
dinámica en la que están envueltas las partes.
Si es anhelo heredar un México sin crisis, no estaría nada
mal que, al menos, se promoviera ante los zapatistas, con ayuda de la
Cocopa, una agenda de acuerdos mínimos para no empeorar la situación
prevaleciente en Chiapas. Entre estos acuerdos se antoja que se tendrá
que anotar el desarme de los llamados grupos paramilitares, la atención
a los desplazados, el reposicionamiento del Ejército y el retomar
la discusión sobre la propuesta de ley elaborada por la Comisión
en materia de derechos y cultura indígenas.
Acosado por las críticas de afuera y de adentro del país,
puesto otra vez ante la idea de invitar al diálogo a organizaciones
y figuras de otros países, el gobierno tiene la opción de
soportar la presión y desgastarse más o nuevamente darle
juego político a la Cocopa.
Pero no basta con reconocer la labor de los “cocopos”; si
esto fuera suficiente, desde hace mucho tiempo que el conflicto estaría
en vías de resolverse. Hace falta que las partes le den el espacio
y la confianza que necesita para su trabajo político. Hace falta
que demuestren con hechos lo que han sostenido en el discurso.
A la Cocopa no le queda otro camino que intentar restaurar el diálogo
entre las partes, no importando que el EZLN de antemano lo considere causa
perdida o que el gobierno federal se otorgue a sí mismo estrellitas
de buena conducta. La Ley para el Diálogo y el interés de
los mexicanos la obligan a seguir luchando por la causa de la paz.
Fuente: Proceso No. 1148. 1 de noviembre de 1998
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