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La Jornada Sábado 20 de agosto de 2005
El fin de semana pasado se celebró en la comunidad autónoma
zapatista Javier Hernández la reunión de trabajo entre el
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los representantes
de los pueblos indígenas que respondieron al llamado de la otra
campaña y de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.
En ella quedó claro que, hoy día, tres son los
grandes ejes sobre los cuales se construyen las convergencias entre el
EZLN y las 51 organizaciones referidas: la lucha por el reconocimiento
del territorio indígena y por el control de sus recursos naturales,
la demanda de reconocimiento de la cultura y de las formas de gobierno
indígenas, y la exigencia de un alto a la represión y a
la violencia ejercida contra las organizaciones, comunidades y líderes
indígenas. Estas demandas-reclamos fueron expresados con diferentes
palabras, pero siempre de manera enfática y, sobre todo, fueron
pronunciadas por voces femeninas. Asunto relevante en un país en
el que hasta hace poco los representantes campesinos e indígenas
habían sido siempre hombres.
Las indígenas asistentes al encuentro señalaron
repetidas veces la importancia que ha tenido la lucha de las mujeres zapatistas
para sus propias luchas. Hombres y mujeres coincidieron en afirmar la
necesidad de avanzar en la construcción de autonomías y
de resistencias, así como en la urgencia de fortalecer los movimientos
que van en contra de las diferentes expresiones que ha tomado el neoliberalismo
en el campo y en la ciudad. La convergencia de todas estas demandas nos
recuerda una de las cualidades que ha distinguido al zapatismo: su naturaleza
de red de movimientos, organizaciones e individuos. Sin duda, la clave
de la construcción de esas redes ha sido la posibilidad de lograr
amplias y diversas convergencias y alianzas, que han tenido sus altas
y bajas, sus grandes momentos y sus grandes rupturas. Se han expandido
y se han contraído. Se han fortalecido y se han debilitado.
Así pues, los nodos que hoy componen la nueva red sociopolítica
EZLN-pueblos indios no nacieron el sábado pasado, sino que provienen
principalmente de dos fuentes: del Congreso Nacional Indígena y,
a su vez, del movimiento indígena, sobre todo de los años
90. Así lo expresaron en sus intervenciones los representantes
de comunidades y asociaciones (civiles y políticas) indígenas.
La mayoría hizo referencia a su participación en la marcha
zapatista de 2001 y a la visita realizada por el EZLN a sus lugares de
origen durante esa marcha, legitimando así un caminar juntos y
una historia de lucha compartida.
Lo que más llamó mi atención fue lo importante
que resultó para los indígenas que respondieron a la convocatoria
del EZLN que la otra campaña sea un espacio de construcción
desde abajo, donde todos "puede decir su palabra", en donde
ésta es escuchada y tomada en cuenta, sin llegar a ser, dicen,
aplastada por la palabra o la acción del líder, del partido,
del gobernante o del político. Esto, que puede sonar a algunos
como pura retórica, no lo es para los ahí convocados, pues
para ellos las asambleas, los acuerdos y los consensos son el "pan
de cada día". Esto no quiere decir que no existan facciones,
luchas de poder o jerarquías en sus comunidades u organizaciones,
claro que existen, pero el espíritu, la práctica y la ideología
que les rige es la búsqueda de la resolución del conflicto
vía las asambleas, el consenso y el acuerdo. Sobre esa base es
que se busca construir, en la otra campaña, la "otra política",
y sobre esa base es, en mucho, que se construyen las divergencias con
el ritmo y el quehacer propio de los partidos políticos y las democracias
electorales.
En esta coyuntura, el EZLN se encuentra en un momento privilegiado
de reconstitución de alianzas y estrategias para reposicionarse,
sobre todo, en el plano nacional. En concreto, la otra campaña
depura, obliga a definiciones y a la construcción de alternativas.
Construcciones ahora marginales, dado que la atención y la acción
de las mayorías está puesta en las elecciones, los partidos
y los candidatos. De hecho, en la otra campaña la construcción
colectiva de alternativas aún está marcada por la denuncia
y el reclamo, pues apenas se empiezan a rearticular los actores (que ya
es mucho en política) y poner sobre la mesa las propuestas para
la convergencia. Entre ellas, este fin de semana se mencionaron las siguientes:
"avanzar en un solo pensamiento por la humanidad y en contra del
neoliberalismo"; avanzar como pueblos indígenas, sin perder
esa especificidad; favorecer el modo indígena que tiende a lo colectivo
y no a lo individual; hacer avanzar las luchas de las mujeres indígenas
y las luchas por la autonomía.
Para las organizaciones indígenas que han suscrito la
Sexta Declaración (y no sólo para ellas, sino para todos
aquellos que la hemos suscrito), muchos son los retos que se tienen por
delante: quizás el más inmediato y evidente es lograr ir
más allá de la polémica AMLO-Marcos, PRD-Marcos,
no porque no sea relevante -al contrario, como señaló Luis
Hernández, el pleito no "es una cuestión de rivalidad
personal" ("La foto rota", La Jornada, 16/8/05)-, sino
porque ella representa sólo un aspecto del debate EZLN-partidos
políticos-proyecto(s) de nación. Pero además, cómo
lograr que la otra campaña sea a más de nacional y crítica,
alternativa, propositiva y creativa, de tal manera que llegue a estructurar
estrategias y acciones que contribuyan a hacer avanzar al país
en el corto, mediano y largo plazos. Queda por construir el cómo
lograr que los esfuerzos de los zapatistas y sus seguidores repercutan
de manera positiva en los diferentes niveles, ritmos y actores políticos,
ya que los zapatistas y sus redes tienen como meta abonar en la dirección
de un cambio estructural, cultural y sistémico.
* Doctora en antropología por la Universidad de Manchester,
investigadora del CIESAS
xleyva@mac.com
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2005/ago05/050820/021a2pol.php
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