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La Jornada. Domingo 31 de julio de 2005
El reciente viraje del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) -la Sexta Declaración de la Selva Lacandona- es
muy importante y debe ser saludado por todos los enemigos de la explotación,
la opresión, las injusticias, las guerras coloniales, o sea, del
capitalismo. Su abandono al rechazo a la política, su decisión
de hacer política a escala nacional e internacional, la ruptura
del silencio y de la inmovilidad, tendrán un efecto altamente positivo
y disiparán gran cantidad de tonterías “teóricas”.
Igualmente importante es que el EZLN no se defina ya simplemente como
“rebelde” y “antineoliberal” (ambas cosas son
compatibles con el capitalismo) sino que pase a decir que forma parte
de la “izquierda anticapitalista”. Porque eso implica no sólo
tratar de definir qué tipo de Estado transitorio y cuál
sistema remplazarán a los actuales, sino que exige también
hacer un balance del pasado reciente del EZLN y, sobre todo, un balance
del pasado de la izquierda mundial que se declaraba anticapitalista, y
requiere un análisis sobre cuáles son las fuerzas que podrían
contribuir a construir un socialismo democrático, antiestatal,
autogestionario.
Pero la evolución del EZLN impone aclarar algunas cosas.
Por ejemplo, aunque me repita, hay que insistir en que un frente se hace
con quienes en medidas distintas no son iguales a quien intenta promoverlo
y se hace admitiendo diversos matices en la propia organización
porque, en caso contrario, no sería más que una expansión
de la propia capilla incorporándole nuevos fieles. ¿Por
qué no reconocer y nombrar entonces a quienes, coincidiendo con
el EZLN organizaron el Diálogo Nacional y el Frente Obrero, Campesino
y etcétera, compuesto por 200 organizaciones, frente que, además
de organizar el primer paro nacional y varias movilizaciones, tiene un
programa mínimo no negociable -el de Querétaro-, que en
lo esencial coincide con el del EZLN? En toda organización de masas
-aunque no tenga registro como partido- hay gente que pertenece a algún
partido con registro y hay incluso charros o candidatos a serlo. ¿Significa
eso que hay que cerrar toda posibilidad de frente, por ejemplo, con el
Sindicato Mexicano de Electricistas, aunque éste y el EZLN luchen
conjuntamente contra la privatización de las empresas que son vitales
para el desarrollo nacional? ¿Y quienes apoyan al PRD llevan acaso,
como las vacas, la marca a fuego de sus dirigentes o son capaces de oponerse
a ellos y de tener ideas y voluntad propias? ¿Acaso la construcción
de un frente no tiene como una de sus principales tareas trabajar en común
con los que no son “fieles” del EZLN y realizar una acción
didáctica y organizativa que le permita a éste romper su
aislamiento y su provincialismo ganando nuevos aliados en todo el territorio
nacional? ¿Por qué decirle falsario y atacar como enemigo
a un científico respetable como Víctor Toledo que, aunque
se equivoque al redactar su texto, busca promover en el EZLN y en la izquierda
la tan necesaria política ecologista? ¿Cómo hacer
un frente también con los intelectuales progresistas si no se les
responde “estamos de acuerdo con su preocupación, que compartimos
desde hace rato, y los invitamos a trabajar juntos” y, en vez de
eso, se les insulta? Un frente requiere conciencia de que todos debemos
aprender del aliado, exige respeto por éste, eliminación
de la arrogancia de los sabihondos, voluntad de trabajar sobre los puntos
comunes para aclarar después las divergencias, conciencia de que
nadie tiene la Verdad (con V mayúscula) y de que los movimientos
sociales, como los ríos, también arrastran lodo y basuras,
pero son la vida misma.
Una asamblea constituyente, por otra parte, nace sólo
de dos modos: o gracias a un proceso seminsurreccional que atemoriza a
las clases dominantes y las obliga a concederla, o gracias a un alud de
votos que renueve las cámaras con representantes populares y permita
renovar la Constitución. Si se rechaza la vía insurreccional
“boliviana” y, a la vez, la electoral “uruguaya”,
¿quién convocará la asamblea constituyente? ¿Se
cree en serio en esa salida? Otra cosa: nadie trepida de amor por los
partidos y por las urnas, pero tampoco nadie está dispuesto a abandonarles
a las clases dominantes los derechos ciudadanos y la posibilidad de utilizar
los medios electorales para dar golpes al enemigo, tal como lo mostró
la manifestación del 24 de abril en el Zócalo. Las elecciones
son secundarias frente a la autorganización de los trabajadores,
pero ellas están aquí y el otro proceso es más largo.
El problema central no consiste, pues, en participar o no en las elecciones,
sino en utilizarlas para llegar a todos, para organizar la independencia
política de los oprimidos, para aclararles qué sucede. A
quien cree en salvadores hay que decirle “si no tienes organización,
¿quién hará que tu candidato cumpla sus promesas?”,
y a quien no cree en estas elecciones hay que explicarle “incluso
si hubiera en México un millón de revolucionarios, necesitarían
poder conquistar por lo menos a otros 50 millones de subalternos para
poder triunfar”. Además, el mundo no se divide sólo
en explotados y explotadores. Hitler y Schroeder tienen en común
ser servidores del capital alemán, pero no son iguales. Como no
lo son el PAN, el PRI, el PRD, ni Madrazo y López Obrador. Este
es un hombre del sistema, pero no un fascista ni un Salinas, y los poderosos
lo toleran y lo utilizarán si no tienen más remedio, pero
no confían en él y por eso quisieron desaforarlo, porque
no habla de vender las empresas estatales y apoya los acuerdos de San
Andrés. Las grietas “arriba” son importantes para los
de “abajo”. Hay que estudiar la historia de las revoluciones
porque, aunque Zibecchi y Holloway crean que han sido negativas, siguen
en el orden del día, aunque a mediano plazo.*
Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050731/023a1pol.php
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