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La Jornada. Viernes 29 de julio de 2005
De cara a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona
se pueden tener diversas actitudes y esta semana hemos visto todas. La
más difundida ha sido la indiferencia, no sólo de los grandes
medios o de la fuerza política obsesivamente ocupada en colocar
sus peones e "imagen" en los tableros políticos con vista
a la elección del próximo año. Inclusive la izquierda
más radical y tradicionalista persevera en el error de juzgar marginal
la rebelión zapatista, o sea, fuera de los "puntos calientes"
del conflicto entre capital y trabajo. Ellos parecen afirmar: "¿qué
nos pueden decir ustedes, minúsculos, arcaicos indígenas
rebeldes, a nosotros que estamos en la cima del volcán de la modernidad?"
Los insurgentes son vistos con simpatía, pero se considera que
no pueden enseñar algo. Estas fuerzas se quedan en la espera del
Mesías, de la Revolución, disponiéndose mientras
tanto a "combatir" y a tener en alto la bandera de la lucha
proletaria.
Está además quien suelta un suspiro de alivio.
Algún periódico escribió que con la Sexta Declaración
los zapatistas finalmente decidieron transformarse en partido político.
En su lógica, la anomalía se vuelve normal, la percepción
que provocaba un extraño grupo de "guerrilleros" que
no sólo no disparan, sino promueven movilizaciones civiles gigantescas,
finalmente se quita de en medio.
Una tercera posibilidad, el hecho de que el EZLN no es una guerrilla
ni aspira a convertirse en un partido "legal", no existe para
ellos. Ni es comprensible para los grandes medios, ni tampoco para una
izquierda más razonable, no liberal que carga con los paradigmas
del pasado. No comprenden así por qué cuando los zapatistas
proponen una gran campaña política, queman todos los puentes
hacia la izquierda institucional mexicana. Se toca un punto sensible:
¿es mejor tener el gobierno de Lula o el de Cardoso? ¿Zapatero
o Aznar? ¿Prodi o Berlusconi? ¿Bush o aquel candidato demócrata
del cual nadie recuerda más el nombre?
En los últimos años, muchos de quienes han simpatizado
fuertemente con el EZLN han vuelto la mirada a Venezuela y a la trayectoria
de Hugo Chávez. Ahí todas las cuentas salen: hay gran efervescencia
y movilización social y civil, pero también un presidente,
una nueva Carta Constitucional, un ejército, para ofrecer la suspirada
"salida política", sin la cual cualquier movimiento o
construcción de alternativas está destinado a quedar en
el limbo de la posibilidad, en el más puntual y disperso fenómeno:
en una suma inútil.
Opiniones de este tipo, inclusive con una fuerte carga de resentimiento,
fueron escritas también en La Jornada, donde se dijo: ¿por
qué excluir la posibilidad, junto a una vasta activación
civil y ciudadana, de un gobierno de izquierda? Y el mismo consejo del
Foro Social Mundial (FSM) no sólo no ha considerado nunca seriamente
la influencia zapatista en las decenas de miles de personas que viajaron
a Porto Alegre, Mumbai, Florencia o París, sino que ha convocado
a uno de los FSM "policéntricos" de 2006 en Venezuela,
porque la conquista del gobierno nacional, no obstante la decepcionante
experiencia brasileña y el empujón de los "soberanistas"
franceses de Attac, es un mensaje que, para ellos, debe ser lanzado claro
y fuerte. ¿Responderá positivamente el consejo del FSM al
llamado del EZLN, que mientras propone Encuentros Intergalácticos,
cita, no por casualidad, el lema: "otro mundo es posible"?
Está también otro tipo de reacción a la
Sexta Declaración: el de las redes sociales que fueron el cuerpo
del movimiento altermundista. Su respuesta es menos visible, más
reflexiva, dominada por un sentimiento ubicado entre la sorpresa, el alivio
y la preocupación. La sorpresa, porque la elección de cultivar
el jardín propio, es decir, promover la autogestión y la
autonomía de la comunidad indígena rebelde -los caracoles-
parecía definitiva. Un mensaje que parecía decir: abandonemos
la escena nacional, aun si mantenemos nuestros nexos internacionales,
para demostrar que de cara a la violencia y a la estafa del poder podemos
crear a partir de nosotros mismos, en nuestro terreno, un mundo nuevo.
El alivio, porque por muchas razones de aquella elección se percibían
como aislacionistas al bajar el volumen de la Radio Rebelde zapatista,
que era escuchada fuerte y clara en todos los continentes.
Los zapatistas están poniendo en riesgo todo aquello que
esas fuerzas habían conquistado hasta ahora. Por esta razón,
observadores agudos del fenómeno zapatista o lejanos entre ellos,
como Immamnuel Wallerstein y Raúl Zibechi, pueden hablar de una
"segunda revolución" o "segunda fase" del zapatismo.
Y poner en riesgo aquello que ha representado el inicio del nuevo movimiento,
la "revolución" que ha abierto el nuevo siglo, como la
de Emiliano Zapata inauguró el siglo XX, equivale a poner en peligro
todo eso que, en torno al discurso zapatista, gracias a su novedad, ha
sido creado en casi 12 años en México y en todo el mundo,
incluido Porto Alegre.
El EZLN se propone crear "un nuevo modo de hacer política"
para construir en México la alianza más vasta posible entre
sectores sociales, políticos y culturales y aplicar un "programa
nacional de lucha" hasta llegar a una "nueva Constitución".
Confronta a los movimientos nacidos después del siglo con los movimientos
revolucionarios y anticapitalistas que han hecho de la conquista del poder
su objetivo principal, adecuando los medios para obtener el objetivo de
conquistar. Los zapatistas vuelcan este paradigma y arrojan ellos mismos
su historia, su capacidad de comunicarse y de organizar en la dirección
opuesta: la que busca cambiar su país por otros medios, coherentes
con el fin. Será la democracia más radicalmente conocida,
nacida en el day after del aniquilamiento de la democracia liberal-nacional
de parte de la "bomba neoliberal".
El mensaje que viene de la Sexta Declaración es muy simple:
vivimos ya nuestro futuro, debemos hacer que viva también en nuestras
mentes, en nuestros corazones, en nuestra capacidad de estar juntos.
Director del semanario italiano Carta
Traducción: Guillermo García Espinosa de los Monteros
Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050729/020a1pol.php
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