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La Jornada. Martes 19 de julio de 2005
La Sexta Declaración de la Selva Lacandona se va desplegando
y aparecen más elementos que nos permiten comprenderla y analizarla.
El anuncio de la organización en Chiapas de diversas reuniones
nos dice que han optado por tener un primer intercambio por sectores;
ojalá que más adelante se distribuyan por regiones, de manera
que se produzca un diálogo intersectorial, evitando los compartimentos
y, sobre todo, que al centralizar el EZLN las relaciones con cada sector
se reproduzcan fenómenos propios de la concepción vanguardista
que ha rechazado. En esta experiencia hace falta un balance de lo que
han significado esfuerzos previos, como la Convención Nacional
Democrática o el Frente Zapatista.
Por lo pronto podemos observar que la reunión con organizaciones
políticas permitirá precisar si se trata de alianzas y en
qué términos, o si es una sumatoria. Al respecto ya se han
expresado inquietudes de que no se debe partir de cero, pues hay procesos
en curso, que algunas organizaciones han impulsado, y que no se trata
de "mimetizarse" en la Sexta.
Con el movimiento indígena agrupado en el Congreso Nacional
Indígena la relación será armónica sin duda,
pues ha sido continua y de convergencia. Las organizaciones sociales mostrarán
junto a su disposición la preocupación por la autonomía
de su perfil específico. En el caso de quienes asistan a título
personal también el intercambio permitirá prevenir protagonismos
excesivos que en la década pasada llevaron a que los zapatistas
disolvieran su grupo de asesores.
Mientras avanzan las tareas de coordinación resulta necesario
profundizar en la problemática y contexto de la Sexta Declaración.
En primer lugar, retomo la reflexión sobre el sujeto. Ya el EZLN
precisó que en adelante no trabajará sólo con los
pueblos indígenas ni sólo por ellos, al respecto hay quienes
señalan que el inicio del zapatismo era más amplio; sin
embargo, si se relee el importante libro de Gloria Ramírez, 20-10,
y se sigue el proceso con atención, observamos que tanto en la
etapa de trabajo interno como en la última década (más
dos) de vida política y pública, los pueblos indígenas,
su cultura, cosmovisión y sobre todo su historia de resistencia
se impusieron como signo característico que el zapatismo asumió
sin reparo alguno y sin que exista contradicción entre las demandas
de estos pueblos y el programa antineoliberal.
Probablemente el proceso pactado en el diálogo con el
gobierno federal lo hubiera llevado necesariamente a los otros sectores
y fue el estancamiento del mismo, con el incumplimiento de los acuerdos
de San Andrés, lo cual lo dejó prácticamente como
rehén del tema y es justamente el cerco que busca romper.
Ahora bien, habrá que reconocer que posicionarse como
izquierda social requiere la más amplia presencia de todos los
sectores. En fin, que el EZLN puede prevenir el riesgo del desplazamiento
indígena que la hegemonía ideológica de la izquierda
hace propicio, pues ya se restableció el funcionamiento de las
juntas de buen gobierno, así como su reorganización y probable
evaluación, aunado al señalamiento de que la mayoría
de la dirección zapatista continuará cerca de este trascendental
y emblemático proyecto.
Otro tema central es la propuesta de llevar al país a
la realización de un nuevo constituyente que, como el de 1917,
perfile y defina la nación. El zapatismo tendría que introducir
matices o etapas en algunos de sus planteamientos iniciales; por ejemplo,
descalificar con razones en lo general válidas a la clase política
y a los partidos actuales no puede convertirse en una negación
a ultranza de los espacios propios de la democracia representativa. Justamente
el debate que hemos sostenido es que este tipo de democracia es insuficiente
para incluir al continente de la democracia toda, a la cual falta el contenido
de las formas de democracia directa y participativa, como es el caso de
la autonomía de los pueblos indígenas.
No podemos olvidar que un constituyente será posible con
un nuevo pacto social y ello es mucho más amplio que las agrupaciones
que la izquierda social pueda lograr. Basta mirar la complejidad de nuestra
sociedad para darnos cuenta de que no es fácil lograr una nueva
Constitución si no se tienden puentes con otros sectores, también
democráticos, pero de otros signos. Y aclaro que estoy entendiendo
que el planteamiento es lograr una nueva Constitución que derogue
a la actual y no simplemente redactar un proyecto de Constitución,
que para eso no se requiere transitar por puentes y pactos sociales.
Ahora bien, en tiempos electorales es el único momento
en que todos los partidos "descienden" a encontrarse con los
potenciales electores para su causa y es muy positivo que la izquierda
social esté presente.Ya construirá el zapatismo estrategias
con el movimiento aliado. Así que como la matroshka seguirá
dando señales; una tras otra aparecerán en su momento.
Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050719/018a1pol.php
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