La Sexta... y sus asegunes
Sergio Zermeño


La Jornada. Jueves 7 de julio de 2005

El EZLN ha llamado a un nuevo encuentro intergaláctico y ha decidido recorrer el país para construir un frente político y social indígena, obrero, campesino, estudiantil y popular para articular las resistencias al neoliberalismo y demostrar, de manera no electoral, aunque aprovechando las elecciones, la posibilidad de hacer otra política y la necesidad de elaborar una nueva constitución.

Las reacciones en torno a esta Sexta Declaración de la Selva Lacandona han sido variadas y en general de gran aceptación. Las dudas y las preguntas, sin embargo, también se han escuchado y podrían ordenarse en cuatro grupos: primero, las que recuerdan que este tipo de llamados ya ha sido hecho por los zapatistas en 1994, con la Convención Nacional Democrática; un año después, con el Movimiento de Liberación Nacional; entre 1996 y 1999 con los encuentros intergalácticos, y en 2001 con la Marcha del Color de la Tierra. En todos los casos los grupos de la izquierda mexicana escenificaron una especie de Babel, o un arca de Noé, como ha recordado Jaime Avilés.

El segundo peligro que parece cernirse sobre la propuesta zapatista es el que podría derivar de un enfrentamiento entre la izquierda independiente y algunos grupos radicales, por un lado, y la izquierda institucionalizada, por otro, como aconteció en 1999 con el movimiento del CGH y su furibundo enfrentamiento con el gobierno perredista del Distrito Federal (se frotarán las manos el tricolor, el blanquiazul y Bucareli mientras se atiza ese fuego).

El tercer peligro tiene que ver con la dinámica espontánea de un frente amplio, de esa acumulación de fuerzas para “la construcción de un programa de lucha nacional y de izquierda”, al que están convocados, “de manera individual o colectiva, indígenas, obreros, campesinos, maestros, estudiantes, amas de casa, colonos, pequeños propietarios, pequeños comerciantes, microempresarios, jubilados, discapacitados, religiosos y religiosas, científicos, artistas, intelectuales, jóvenes, mujeres, ancianos, homosexuales y lesbianas, niños y niñas”. En este punto las precauciones también deben ser muchas, pues nada asegura que una acumulación disímbola de tal magnitud esté exenta de caer en configuraciones populistas, que constituyen justamente el aspecto más odiado de la izquierda independiente contra la izquierda institucionalizada.

Hay todavía un cuarto peligro: después de algunos reveses en el plano internacional, particularmente con el asunto de ETA, y otros más en el plano de la política nacional, por el rechazo de los tres partidos a los acuerdos de San Andrés, el zapatismo se recluyó en el plano local-regional reagrupando a los municipios autónomos en los cinco caracoles.

El esfuerzo por levantar estos espacios regional-territoriales ha sido enorme y buenos progresos se han logrado en aspectos de educación, salud, buen gobierno, etcétera. Se entiende que estén rotos los puentes hacia los programas del sector público y que la propuesta que los zapatistas hacen a otros movimientos y experimentos regionales sea mantener un distanciamiento total con los programas gubernamentales e incluir en tal rechazo a los centros nacionales de educación y otras instituciones públicas, aunque no necesariamente gubernamentales, dando prioridad a los apoyos internacionales. Ya Armando Bartra fue objeto de censura cuando se permitió opinar que el rechazo indiscriminado del apoyo gubernamental no se justificaba en todos los casos y que hay experimentos regionales que aprovechan programas públicos sin que eso desnaturalice su labor.

Este cuarto peligro tiene entonces dos vertientes: primero, que el experimento de los caracoles, que han sido cerrados temporalmente y que constituyen sin duda el logro más sustentable y espectacular del zapatismo, pueda verse desdibujado por un regreso del EZLN demasiado eufórico a la política nacional e intergaláctica. Segundo, que se establezca como rasgo reprobable la cooperación entre programas gubernamentales y movimientos y experimentos local-regionales, asunto muy comprensible en el caso del zapatismo.

Enumerar los peligros debe verse aquí como una invocación de las precauciones. Una vez repasada la lista, bienvenidas sean todas las iniciativas, ¡que se abran mil flores!


Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050707/021a1pol.php


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