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La Jornada. Jueves 7 de julio de 2005
El EZLN ha llamado a un nuevo encuentro intergaláctico
y ha decidido recorrer el país para construir un frente político
y social indígena, obrero, campesino, estudiantil y popular para
articular las resistencias al neoliberalismo y demostrar, de manera no
electoral, aunque aprovechando las elecciones, la posibilidad de hacer
otra política y la necesidad de elaborar una nueva constitución.
Las reacciones en torno a esta Sexta Declaración de la
Selva Lacandona han sido variadas y en general de gran aceptación.
Las dudas y las preguntas, sin embargo, también se han escuchado
y podrían ordenarse en cuatro grupos: primero, las que recuerdan
que este tipo de llamados ya ha sido hecho por los zapatistas en 1994,
con la Convención Nacional Democrática; un año después,
con el Movimiento de Liberación Nacional; entre 1996 y 1999 con
los encuentros intergalácticos, y en 2001 con la Marcha del Color
de la Tierra. En todos los casos los grupos de la izquierda mexicana escenificaron
una especie de Babel, o un arca de Noé, como ha recordado Jaime
Avilés.
El segundo peligro que parece cernirse sobre la propuesta zapatista
es el que podría derivar de un enfrentamiento entre la izquierda
independiente y algunos grupos radicales, por un lado, y la izquierda
institucionalizada, por otro, como aconteció en 1999 con el movimiento
del CGH y su furibundo enfrentamiento con el gobierno perredista del Distrito
Federal (se frotarán las manos el tricolor, el blanquiazul y Bucareli
mientras se atiza ese fuego).
El tercer peligro tiene que ver con la dinámica espontánea
de un frente amplio, de esa acumulación de fuerzas para “la
construcción de un programa de lucha nacional y de izquierda”,
al que están convocados, “de manera individual o colectiva,
indígenas, obreros, campesinos, maestros, estudiantes, amas de
casa, colonos, pequeños propietarios, pequeños comerciantes,
microempresarios, jubilados, discapacitados, religiosos y religiosas,
científicos, artistas, intelectuales, jóvenes, mujeres,
ancianos, homosexuales y lesbianas, niños y niñas”.
En este punto las precauciones también deben ser muchas, pues nada
asegura que una acumulación disímbola de tal magnitud esté
exenta de caer en configuraciones populistas, que constituyen justamente
el aspecto más odiado de la izquierda independiente contra la izquierda
institucionalizada.
Hay todavía un cuarto peligro: después de algunos
reveses en el plano internacional, particularmente con el asunto de ETA,
y otros más en el plano de la política nacional, por el
rechazo de los tres partidos a los acuerdos de San Andrés, el zapatismo
se recluyó en el plano local-regional reagrupando a los municipios
autónomos en los cinco caracoles.
El esfuerzo por levantar estos espacios regional-territoriales
ha sido enorme y buenos progresos se han logrado en aspectos de educación,
salud, buen gobierno, etcétera. Se entiende que estén rotos
los puentes hacia los programas del sector público y que la propuesta
que los zapatistas hacen a otros movimientos y experimentos regionales
sea mantener un distanciamiento total con los programas gubernamentales
e incluir en tal rechazo a los centros nacionales de educación
y otras instituciones públicas, aunque no necesariamente gubernamentales,
dando prioridad a los apoyos internacionales. Ya Armando Bartra fue objeto
de censura cuando se permitió opinar que el rechazo indiscriminado
del apoyo gubernamental no se justificaba en todos los casos y que hay
experimentos regionales que aprovechan programas públicos sin que
eso desnaturalice su labor.
Este cuarto peligro tiene entonces dos vertientes: primero,
que el experimento de los caracoles, que han sido cerrados temporalmente
y que constituyen sin duda el logro más sustentable y espectacular
del zapatismo, pueda verse desdibujado por un regreso del EZLN demasiado
eufórico a la política nacional e intergaláctica.
Segundo, que se establezca como rasgo reprobable la cooperación
entre programas gubernamentales y movimientos y experimentos local-regionales,
asunto muy comprensible en el caso del zapatismo.
Enumerar los peligros debe verse aquí como una invocación
de las precauciones. Una vez repasada la lista, bienvenidas sean todas
las iniciativas, ¡que se abran mil flores!
Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050707/021a1pol.php
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