|
La Jornada. Martes 5 de julio de 2005
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha
lanzado un desafío al gobierno federal al anunciar el inicio de
un proyecto político organizativo que implica, entre muchas otras
cosas, tener presencia física a nivel nacional y más allá,
y luchar no sólo por los pueblos indígenas ni sólo
con ellos, todo lo cual está ampliamente explicado en la Sexta
Declaración de la Selva Lacandona, que fue precedida de un documento
en el que dio cuenta de su visión sobre las principales fuerzas
partidistas y sobre algunos de sus políticos más destacados,
en el cual llamaron la atención los francos excesos en que se incurrió
tratándose de las valoraciones sobre López Obrador.
Obviamente el EZLN deja ver que el desafío es ante todo
para sí mismo, pues desde sus primeros comunicados da cuenta del
proceso de consulta sobre una decisión "arriesgada" que
ya ha sido tomada y es el proceso de largo plazo el que definirá
su sentido. Abordaré dos de las aristas implicadas en la nueva
etapa: una inmediata, casi coyuntural, y la otra de más fondo.
Me refiero en el primer caso a la reacción del gobierno
federal. Estos días se han difundido una serie de declaraciones
que dan cuenta de una maniobra por establecer una falsa equivalencia de
la declaración zapatista de que no pretende iniciar ninguna ofensiva
militar, con el hecho de que esté manifestando "disposición
al diálogo", obviamente en su cancha.
Siguiendo esa línea abundaron desde Los Pinos en la "oferta"
del desistimiento de acciones penales. El propio presidente Fox declaró:
"estoy a sus órdenes, señor Marcos". Por su parte,
algunos gobernadores integrantes del Tucom dieron la bienvenida a "la
política" al EZLN mientras hubo legisladores que se atrevieron
a ofrecer afiliaciones "de manera individual" a los zapatistas,
entre ellos Jesús Ortega, quien evidentemente no cometió
"un error" en 2001, como ha declarado públicamente, sino
tomó una decisión que, según explica a sus correligionarios,
fue "por el bien de la nación". Mientras tanto la Cocopa
ha obrado con cautela y algunos de sus integrantes han aclarado a Presidencia
que existe la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la
Paz Digna en Chiapas, así como una ley de amnistía; por
ello no tiene por qué ofrecer desistimiento alguno.
Lo real es que con mucha inteligencia el EZLN definió
en su sexta declaración la posición que le permite seguir
cobijado por dicha ley: seguirá respetando el cese al fuego y su
proyecto es de carácter eminentemente político; con ello
ni se detuvo a aclarar que no se dirige a una mesa de diálogo para
el incumplimiento.
Puestas así las cosas, "el negociador" Luis
H. Alvarez anotó la "incompatibilidad de optar por la vía
política y seguir armado", mientras Gobernación anunció
que no dejará pasar esta oportunidad y buscará "acercamientos".
Si sólo fuera eso, con la evidente respuesta en rechazo a los mismos
el asunto estaría concluido. Sin embargo, no podemos ignorar que
el Ejército está de por medio y se le vio muy activo en
generar la confusión nada inocente sobre la destrucción
de plantíos de mariguana en zonas "zapatistas" en los
mismos días en que el EZLN anunciaba su alerta roja con motivo
de la consulta que realizaría. Ahí quedó ese elemento,
pese a desmentidos y aclaraciones sobre el hecho de que dichas zonas no
son zapatistas. Así que habrá que dar contenido concreto
a la alerta civil, pues hay que defender el derecho que tiene el EZLN
a emprender movilizaciones políticas, pues las garantías
de sus integrantes no se han suspendido y por supuesto no es cárcel
para ellos el territorio chiapaneco. Por lo demás, el estancamiento
del diálogo obedece directamente al incumplimiento del gobierno
federal .
Por otra parte, una de las implicaciones de fondo en la nueva
etapa es la relativa a los pueblos indígenas. Ya el Congreso Nacional
Indígena expresó su adhesión y sin duda cuenta con
la madurez suficiente para continuar con la reconstitución de sus
pueblos a través de la autonomía en los hechos. No obstante,
la decisión zapatista se desarrollará con el telón
de fondo de una hegemonía ideológica que en la izquierda
ha coexistido con la causa indígena, sin asumir a fondo la implicación
de la misma y pensando que en realidad los indígenas son "explotados"
como tantos otros "sectores de clase"; un ejemplo: en estos
doce años se han publicado numerosos análisis en los cuales
se han destacado las contribuciones del EZLN a la teoría y práctica
políticas, a la crítica al neoliberalismo, al movimiento
altermundista, entre otros muchos aspectos. Sin embargo, en sus reflexiones
escasamente refieren a la dimensión indígena. Algunas expresiones
de las izquierdas prefieren el diálogo con el subcomandante Marcos
antes que con la comandancia indígena. Así que en el inventario
de riesgos está el desplazamiento que en los hechos se pueda realizar
de una causa que sólo el EZLN ha colocado en la agenda nacional.
Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050705/019a2pol.php
|