AMLO-Marcos: alianza de facto
La gente los apoya y quiere que luchen juntos
¿Qué es ser de izquierda? Más definiciones
La Jornada. Sábado 13 de agosto de 2005
UNA VEZ MAS, como en los primeros meses de este año y
en diversos momentos de 2004, el vasto movimiento social que respalda
a Andrés Manuel López Obrador ha salido, por voluntad propia
y de manera espontánea, a dar la cara por su dirigente. Si durante
la manifestación del 24 de abril la muchedumbre más grande
jamás congregada se valió de cartulinas y plumones para
externar multitudinariamente sus ideas, ahora ha recurrido al fax, el
Internet, el papel y la tinta para volver a empuñar el arma de
la palabra -una herramienta de combate recreada por la gesta zapatista-
con el propósito de "dispararla" en los espacios naturales
que tiene más al alcance de la mano: El Correo Ilustrado de este
diario, por supuesto, y los incontables foros electrónicos de la
madre de todas las redes.
Lo que sucedió esta semana en México es digno de
la mayor consideración por todo lo que tiene de fenómeno
social en marcha. La fuerza ciudadana que ha resuelto jugársela
con López Obrador, lanzó un mensaje colectivo, construido
como un mosaico de opiniones individuales o de pequeños grupos
que llevan, por lo menos, dos años deliberando acerca de los graves
problemas y de las probables soluciones de nuestro país. Las ingeniosas
y concienzudas cartulinas del 24 de abril no fueron simples ocurrencias,
como el aluvión de cartas de los días actuales tampoco refleja
una reacción de las tripas ("visceral", como se decía
antes, olvidando que el cerebro es también una víscera).
En respuesta a las invectivas del subcomandante Marcos en contra
de López Obrador, el movimiento social que desea llevar a la Presidencia
de la República al ex jefe del Gobierno del Distrito Federal ha
emitido un mensaje claro, rotundo, inequívoco, pero de múltiples
significaciones, que se podrían articular, estructurar, jerarquizar
de la siguiente forma. A la gente, en primer lugar, no le gustó
que la tachen de ingenua por creer en un dirigente político que
ha sabido ganarse su confianza: la sociedad civil sabe que ha conquistado
con muchos esfuerzos la mayoría de edad y no acepta que vengan
a "revelarle" que se equivocó -¿engañada
tal vez por la propaganda de Televisa?- ni a pedirle que destruya a sus
"falsos ídolos", como ordenaban los Evangelios a los
primeros cristianos.
A la gente, en consecuencia, tampoco le agradó que la
acusen no sólo de boba sino de filosalinista y pronazi porque no
fue capaz de "advertir" que López Obrador es el vivo
retrato de Salinas y la reencarnación de Hitler, escondida en el
cacareado huevo de la serpiente. Y ninguna gracia le ha causado a la gente
el que, de buenas a primeras, la insulten "informándole"
que la histórica batalla contra el desafuero era un burdo reality
show -urdido con seguridad por el talento maquiavélico de Marta
Sahagún- ni que todo se "arregló", como un tongo
boxístico, mediante los grandes acuerdos de las grandes cúpulas
para devolverle el DF a la derecha y acabar en Chiapas con el EZLN.
Pero si tales desvaríos tienden a volverse anecdóticos,
lo positivo de esta nueva e insólita circunstancia de la vida política
nacional es que la gente, lejos de enojarse y prorrumpir en insultos,
descalificaciones y amenazas, ha dado pruebas de una asombrosa madurez.
Así, las cartas sobre la mesa han establecido una coincidencia
fundamental: quienes apoyan a López Obrador y pretenden elevarlo
al gobierno también simpatizan con el EZLN, han arriesgado el pellejo
protegiendo sus armas simbólicas y sus luchas justas, lo han defendido
con todo su corazón durante los pasados 11 años, pero simultáneamente
piensan que el tabasqueño beneficiaría desde el poder a
los pueblos indios de todo el país, y no sólo siguen respetando
a Marcos, sino que ahora les parece lógico, razonable y bueno que
éste se alíe con Andrés Manuel para que ambos, codo
a codo, defiendan los intereses, los derechos y las legítimas aspiraciones
de los jodidos.
Esta, en pocas palabras, es la voluntad suprema de la gente,
y lo acepten o no lo acepten los destinatarios del mensaje -el Peje y
el Sup-, esa alianza va a darse de facto (de hecho) pero nunca de jure
(de derecho), a menos que ocurriera un milagro -"por ejemplo, que
me vuelva a crecer el pelo", diría Eduardo Galeano-, porque
cada uno de ellos representa concepciones y proyectos contrapuestos y
distintos. Marcos no lucha por el poder sino por someterlo al control
de la sociedad; Andrés Manuel no sólo ha ejercido el poder
exitosamente, sino que desea emplearlo de nuevo para transformar el país.
Y a partir de estas diferencias elementales podrían derivarse muchas
contradicciones más, pero no es el caso ni el tiempo ni el espacio.
Lo cierto es que, cada cual en su ámbito de lucha, el
Sup y el Peje, se encuentran ya íntima e inseparablemente ligados,
como si la vida los hubiera casado a fuerzas. Juzgue usted si no. López
Obrador ha difundido un catálogo de "50 compromisos"
para llevar a cabo su denominado proyecto alternativo de nación,
que piensa impulsar en nombre y en colaboración con el movimiento
social que inspira y dirige, mismo que se autodefine de izquierda. La
mayoría de las metas que se ha fijado son correctas, lo que no
significa que sean suficientes, pues hay otros planteamientos que deben
ser incorporados. Sin embargo, por amor a la congruencia, Andrés
Manuel no podrá pedir el voto de la izquierda para realizar tres
de esos inconcebibles compromisos -el megaproyecto zedillista del Istmo
de Tehuantepec, el megaproyecto ecocida de las plantaciones forestales
comerciales y el mejoramiento de la "estrategia" foxista para
que no se nos vayan las maquiladoras que nada bueno, salvo sueldos de
hambre, le dan a los trabajadores mexicanos-, porque si no rectifica en
este aspecto, Marcos se lo comerá crudo, y tendrá toda la
razón.
Más aún, si el compañero López Obrador
no rectifica en esos tres renglones, comienza a decirse ya en las juntas
del Plan de los 3 Puntos, será preciso adoptar medidas de protesta
muy enérgicas. Pero si, por otra parte, la campaña de López
Obrador concita el entusiasmo desbordado de las masas y es convertida
en un intenso debate de ideas y propuestas dirigidas a la transformación
verdadera de México, la "otra campaña" carecerá
de legitimidad, y peor aún, quedará bajo las peores sospechas
si dedica sus "mejores" esfuerzos a impedir que Andrés
Manuel sea el próximo titular del Poder Pejecutivo Federal. De
allí, como salta a la vista, que ambas figuras políticas,
a los ojos del pueblo, se encuentren a partir de ahora unidas involuntariamente
en indisoluble coyunda. Y qué bueno que así sea, porque
ante todo saldrá ganando el movimiento social que nació
en 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas, renovó su esperanza
el primero de enero de 1994, permitió que Vicente Fox le comiera
el mandado en 2000 y sueña con inaugurar una de las más
esplendorosa etapas de la historia de México y de América
Latina a partir del primero de diciembre de 2006.
Pero, ¿somos de izquierda?
La pregunta sigue en el aire y las respuestas continúan
llegando, incluso desde la tienda de enfrente. Al respecto, véase
por favor lo que escribió Guillermo Almeyra en su artículo
del domingo pasado (La Jornada 07/07/05). Pero antes disfrutemos de esta
perla.
Ser de izquierda es privilegiar el creer sobre el saber, padecer
profundos complejos de inferioridad y rencores. Es saberse incapaz para
resolver problemas y querer hacerlo en forma colectiva, mediante la dilución
del esfuerzo propio. Es ser flojo, victimista y envidioso. Es ser atenido
con dosis elevada de cobardía al optar por soluciones de grupo.
Entre los hombres es tener miembro corto y dificultad con las mujeres;
entre las mujeres es padecer acné, pechos caídos y no inspirar
ni bostezos de los hombres.
Andrés Lozano, México, DF.
Ser de izquierda es ser derecho.
Javier Valdés, México, DF.
Ser de izquierda para un arribista es pugnar por tener la democracia
suficiente para pelear por una regiduría, una diputación
o ver mi nombre en la dirección nacional, estatal o municipal del
partido, porque ahora nadie da un paso sin huarache. La democracia es
el derecho de los mexicanos al hueso, al huesito, el derecho a treparnos
en un tabique y marearnos con un poco de poder. O ser de izquierda es
asquearse de esa ficción, esa cobardía por ausencia de compromiso
y recuperar la dignidad del ser humano. Volver a ser sensibles al dolor,
la soledad ajena, la injusticia. Recuperar el amor y descubrir que nunca
deja de crecer, siempre y cuando nos demos cuenta de que podemos criticarnos
y ser mejores.
Julio César García, Pátzcuaro, Mich.
Para mí, la verdadera izquierda ama la naturaleza. Por
ello, no creo que AMLO sea de izquierda, ya que ni en su proyecto de nación
ni en sus 50 compromisos se muestra el amor a la naturaleza. Sin embargo,
votaría por él por su amor a los pobres y a los ancianos.
Ojalá regrese a sus épocas de luchador sencillo, sin trajes
ni relojes.
Lourdes Ontiveros, Xalapa,Ver.
Ser de izquierda es ir más allá de buenos deseos
sólo para México y los mexicanos. Es ante todo ser internacionalista,
porque la justicia social es universal. Por ello, donde quiera que nos
movamos es necesario hacer vida en comunidad y en ese ámbito luchar,
actuar y ser solidarios con las víctimas de la injusticia que prevalece
en el mundo que nos tocó vivir.
Rosario Hernández, Washington DC.
Es leer la sexta de los zapatistas sin ruborizarse, escuchar
las 50 propuestas de AMLO y no ponerse nena. Es convencer a Cárdenas
con argumentos, es blindar a las redes ciudadanas infiltrando nuestras
huestes. Es tener cabezas de playa dentro del PRD, que monitoreen sus
pendejadas para acotarlas hasta donde se pueda. Es ver a la izquierda
en el poder en 2006 y saber qué hacer con una minoría en
el Congreso. Es saber que PRI y PAN tendrán apoyo de la CIA. Es
saber que no serán suficientes las urnas y que en las calles, las
escuelas, en el campo y en
las fábricas se definirá un proyecto de nación. Y
aquí, en Cerro San Pedro, es luchar contra la Minera San Xavier.
Carlos Covarrubias Rendón, San Luis Potosí, SLP.
Ser de izquierda es decirle al subcomandante que si no deja de
regañar a quienes le caen mal, terminarán cantándole:
"Polpotito no es un primor, pero baila que da pavor".
Luis Ortega, México, DF.
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Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/ago05/050813/004o1pol.php
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