Sexta Declaración de la Selva: una retrospectiva. Pacto:
Marcos propone una etimología moral. Saramago desea que AMLO sea
presidente.
La Jornada. Sábado 2 de julio de 2005
Después de anunciar a través del subcomandante
insurgente Marcos una serie de medidas espectaculares que no encontrarían
justificación real a la luz de los hechos posteriores -intempestiva
alerta roja en toda la zona de conflicto, cierre de caracoles, pase de
autoridades a la clandestinidad, expulsión de menores de edad extranjeros
de la selva y de los Altos, entre otras-, y luego de una andanada verbal
contra la clase política en su conjunto y de excesos desmesurados
("huevo de la serpiente", "espejo de Salinas") contra
el jefe de Gobierno del Distrito Federal (GDF), el Ejército Zapatista
de Liberación Nacional (EZLN) ha dado a conocer su Sexta Declaración
de la Selva Lacandona.
Compendio retrospectivo de las iniciativas que la organización
rebelde ha desplegado a lo largo de los 11 años y medios de su
vida pública, el documento plantea más preguntas que respuestas
y no explica por qué, en su extenso proemio, habla de una "despedida"
a quienes deseen acompañar a los pueblos indios "hasta aquí",
si lo que se propone, según se alcanza a ver, no sugiere rupturas
o cambios opuestos a formas o tácticas de lucha anteriores, como
se puede fácilmente apreciar. La Sexta... llama a elaborar una
"nueva" Constitución, a impulsar la lucha obrero-campesina,
a realizar otro encuentro "intergaláctico" y a recorrer
el país en el contexto de una "campaña nacional"
más, similar a otras que se llevaron a cabo con más éxito
mediático que político.
¿Nueva Constitución?
El 1º de junio de 1994, después de una consulta
con sus bases de apoyo, el EZLN emitió su Segunda Declaración
de la Selva Lacandona para cancelar el diálogo con el gobierno
de Carlos Salinas y convocar a la Convención Nacional Democrática
(CND), que se efectuó en agosto del mismo año en una ciudadela
construida expresamente junto a Guadalupe Tepeyac con el nombre de Aguascalientes.
Orador central de ese evento, al que invitó para que se integrara
un "parlamento alternativo" del que surgiría una "nueva"
Constitución, Marcos ofreció que los acuerdos que se alcanzaran
en los debates serían puestos a la disposición del candidato
presidencial que quisiera hacerlos suyos. Pero, como se sabe, un aguacero
impidió esos debates y no sucedió nada más.
Para fastidio del vocero zapatista, la CND se redujo a una especie
de arca de Noé en la que se quedaron, como gorrones de una fiesta
que ya había terminado, las más variadas burocracias de
la izquierda marginal. Pero tras las elecciones presidenciales de ese
año, la asunción de Ernesto Zedillo y el saqueo de divisas
por parte de Salinas de Gortari y su equipo, Marcos lanzó la "segunda
ofensiva" militar de 1994 en la que no disparó un solo tiro,
avanzó a sus fuerzas sobre el territorio de los municipios autónomos
(tema que iba a desarrollar con extraordinario genio político en
el curso de los años siguientes hasta consolidar la estructura
actual de los caracoles) pero, también, le brindó a Zedillo
un pretexto excepcional para devaluar el peso en 100 por ciento.
Desde entonces, Marcos no volvió a hablar del proyecto
de "nueva Constitución". Sin embargo, para salir de la
coyuntura en que se encontraba inmerso, a finales de enero de 1995 expidió
la Tercera Declaración de la Selva.
¿Lucha obrero-campesina?
Para librarse de los gorrones indeseables -ese mosaico de membretes
burocratizados- que se habían adueñado de la CND y, al mismo
tiempo, para regresar a la lucha política sin empleo de las armas,
la Tercera... propuso básicamente la formación de un Movimiento
de Liberación Nacional (MLN), como instrumento para unir y coordinar
las luchas de los trabajadores del campo y la ciudad. Pocas semanas después
hubo un encuentro de la "sociedad civil" en el puerto de Acapulco
y los resultados que produjeron fueron más bien decepcionantes.
¿Por qué? Bueno, porque todos los parásitos enquistados
en la CND se mudaron al MNL.
Si desde el punto de vista organizativo la Tercera... fue un
desastre, en términos de coyuntura comenzaba a dar frutos -Esteban
Moctezuma, secretario de Gobernación, propuso a sugerencia de Marcos
el Pacto de Los Pinos (a imagen y semejanza del de La Moncloa en la península
ibérica), y trató de sacar a Roberto Madrazo del "gobierno"
de Tabasco, hechos que estaban confiriendo un nuevo protagonismo al vocero
de los rebeldes-, cuando las fuerzas más oscuras y atrasadas del
sistema político mexicano -con Hank González y el propio
amenazado Madrazo acicateándolas- impusieron el ataque militar
del 10 de febrero de 1995, elevando a Marcos, paradójicamente,
a la categoría de héroe legendario de estatura mediática
mundial.
Entonces, gracias a la intervención de la Cámara
de Diputados, nació el proceso del diálogo -que más
tarde trajo consigo los acuerdos- de San Andrés, que al cabo de
largos meses permitiría el retorno de Marcos a la escena pública.
¿Nuevo intergaláctico?
En diciembre de 1995, ojeroso y flaquísimo, al bajar
a La Realidad desde sus posiciones de montaña donde estuvo escondido
pasando hambres y angustias, Marcos trajo consigo la Cuarta Declaración
de la Selva que sería, por lo menos hasta ahora, la más
creativa, innovadora y estimulante para los intelectuales de todo el mundo
que la saludaron con alabanzas, la interpretaron con estusiasmo y la proclamaron
como "vía inédita" para hacer política,
algo encomiable y digno de la mayor admiración.
La Cuarta... estableció que el arma de la lucha zapatista
era la palabra, el teatro de la guerra sólo el del diálogo
(entre los oprimidos de todas partes, pero no con los partidos y menos
con los gobiernos) y, lo más asombroso, que de allí en adelante
la lucha sería no por la toma del poder, sino por el control del
poder a través de la movilización y la crítica. Para
poner en práctica tales ideas, el EZLN impulsó cinco "encuentros
continentales" y uno "intercontinental" que Carmen Castillo
rebautizó como "intergaláctico" y esa fue la línea
de la política exterior zapatista a lo largo de 1996, 1997, 1998
y hasta principios de 1999. En ese lapso, distintas delegaciones rebeldes
viajaron a Italia y España, y la comandante Ramona y mil 111 bases
de apoyo, en episodios distintos, visitaron la ciudad de México,
mientras en Chiapas Zedillo desarrollaba exponencialmente las fuerzas
paramilitares que en diciembre de 1997 desencadenarían, para horror
del planeta, la matanza de Acteal.
¿Campaña nacional?
La "campaña nacional" que ahora propone la
Sexta... tiene antecedentes en la consulta del 21 de marzo de 1999 sobre
la legitimidad de la lucha zapatista, convocada a principios de ese año
por la Quinta Declaración de la Selva. Esa iniciativa llevó
a 5 mil bases de apoyo del EZLN, en estructura de parejas mixtas, a los
2 mil 500 municipios del país para vigilar las urnas en las que
3 millones de personas refrendaron la autoridad moral de los insurgentes.
Una vez obtenido este respaldo, Marcos se embarcó en la huelga
de la UNAM contra la privatización de la educación pública,
demanda que los estudiantes ganaron en pocos meses y pasó a segundo
plano para dar lugar a una batalla campal entre todas las expresiones
de izquierda que pulverizó la candidatura de Cuauhtémoc
Cárdenas y contribuyó al triunfo de Vicente Fox.
Pero la "campaña nacional" por excelencia fue
la de la Marcha del color de la tierra, en febrero y marzo de 2001, en
la que Marcos por primera y hasta ahora única vez salió
del territorio de Chiapas (desde el 1º de enero de 1994) y en compañía
de 23 comandantes y comandantas recorrió 12 estados del sur y del
centro de México antes de llegar al Congreso de la Unión
enarbolando los acuerdos de San Andrés que los tres partidos políticos
nacionales rechazaron por unanimidad para su mayor vergüenza y deshonra.
¿Nuevas metas?
No hay, como se ve, nada nuevo en la suma de iniciativas que
contiene la Sexta... Esta, como las anteriores, rechaza la lucha electoral,
pero desempolva el proyecto de hacer, "desde abajo y por abajo",
una nueva Constitución, idea que el documento expresa de manera
reduccionista pero coincide con la propuesta que Andrés Manuel
López Obrador formuló en el Zócalo el 24 de abril,
cuando señaló la necesidad urgente de forjar un "nuevo
pacto social", lo que significa exactamente lo mismo, si bien Marcos
descalificó el concepto de "pacto" como sinónimo
de transacción sospechosa o deshonesta, asestándonos una
"etimología moral" muy discutible.
La semana pasada, mientras el Sup comparaba a López Obrador
con Hitler ("el huevo de la serpiente"), José Saramago
declaraba en Costa Rica que "ojalá (Andrés Manuel)
sea el próximo presidente de México para que se fortalezca
la tendencia de gobiernos de izquierda en América Latina".
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Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050702/004o1pol.php
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