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Gilberto López y Rivas
1 de julio de 2005
Entre las reacciones en contra del EZLN, a partir de sus comunicados
y la "alerta roja", destacan las declaraciones de Federico Reyes
Heroles, quien asumió la posición de la Secretaría
de la Defensa Nacional (Sedena) de vincular a los zapatistas con el narcotráfico.
Según él, los comunicados del subcomandante Marcos son una
"cortina de humo" para encubrir el hallazgo de plantíos
de mariguana cerca de los territorios en rebeldía.
Partidario de la contrarreforma salinista al artículo
27 constitucional, renuente a reconocer derechos específicos a
los pueblos indígenas, asesor y defensor de Ernesto Zedillo (responsable
del crimen de Acteal), el ahora coordinador de Transparencia Mexicana
e intelectual cercano de precandidatos priístas a la Presidencia
de la República reclama al vocero zapatista que "curiosamente
reaparece en momentos electorales"; lo tilda de "cacique sin
fuerza real" y pone en duda su vocación democrática,
ya que "Marcos siempre ha despreciado la vía electoral".
Reyes Heroles exalta las obras sociales que el Estado mexicano
ha realizado en Chiapas durante los tres últimos sexenios y la
"estrategia" de construir "escuelas, hospitales y carreteras".
Afirma, además, que "gran cantidad de indígenas que
apoyaban este movimiento (EZLN) por la falta de condiciones y marginalidad,
ahora se han alejado de él".
Lo más singular de lo expresado por el politólogo
es la crítica al gobierno de Vicente Fox por ser "condescendiente
con el movimiento zapatista". También se pronuncia por que
el "ejército mantenga el control", llegando incluso a
utilizar un nosotros muy significativo cuando con vehemencia sostiene:
"creo que hay que mantener las posiciones (militares), echarnos para
enfrente, digo. ¡Qué pueden hacer! Cualquier acción
que toque a la población civil va a obligar a las autoridades a
meter al ejército".
Este es un caso paradigmático de pensadores que se ponen
del lado de la solución militar, posición que seguramente
muchos de los dirigentes partidistas, empresariales y jefes militares
aprueban en privado y ocultan en público por motivos "tácticos"
o interés electoral.
El subterfugio de asociar narcotráfico con guerrilla,
de inspiración estadunidense, utilizado ya por los asesores de
inteligencia de Salinas para atacar al EZLN, es insostenible. Todos los
grupos parlamentarios del Congreso de la Unión que han integrado
la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) nunca han
tenido a la mano documento alguno que pruebe dicha relación y,
una y otra vez, la Cocopa respectiva, incluyendo la actual, han desvinculado
al EZLN del tráfico de estupefacientes.
En un reciente recorrido por los caracoles zapatistas del Grupo
Paz con Democracia, los miembros de las juntas de buen gobierno informaron
que casos excepcionales de delincuencia organizada han sido turnados a
las autoridades federales y estatales para su inmediata atención.
Si alguna vez Reyes Heroles y sus similares hicieran un viaje
por tierra (no en helicópteros del gobierno del estado, el Centro
de Inteligencia y Seguridad Nacional o inteligencia militar) a la zona
denominada de "conflicto", se podrían percatar del grado
de concentración de efectivos militares, una vigilancia de 24 horas
al día de la sección segunda (con sus orejas en las comunidades),
la acción de paramilitares, retenes, guarniciones, grandes cuarteles,
los convoyes mixtos pasando cotidianamente por todos los caminos que confluyen
a los caracoles y por las nuevas carreteras abiertas con fines contrainsurgentes
que rodean, penetran, irrumpen en el territorio rebelde. Con toda esa
maquinaria de control y vigilancia castrense, ¿se puede ocultar
el sembradío de mariguana por campesinos de filiación zapatista?
¿No se han puesto a pensar estos analistas en otra hipótesis,
múltiples veces probada en otros territorios de la geografía
nacional: la vinculación ejército-narcotráfico?
¿Cuánto conocimiento tendrán las bases de
sustentación académica de la contrainsurgencia sobre el
movimiento indígena y el campo mexicano? ¿Será cierto
que los zapatistas ya no cuentan con los pueblos indígenas de México?
O será que en Foxilandia, después de estos años de
auge y prosperidad, con la revolución verde en el campo que ha
conseguido por fin detener el éxodo campesino y ha hecho recobrar
nuestra suficiencia alimentaria; con las escuelas y los hospitales recién
inaugurados en las más apartadas rancherías; con el reconocimiento
logrado de los derechos indígenas basado en la propuesta de Cocopa
y tras el éxito rotundo del Plan Puebla-Panamá, que ha erradicado
la pobreza de la región, ¿tendría el EZLN algún
soporte solidario de los indígenas como el demostrado durante la
marcha Color de la Tierra?
Soliviantar la acción de las fuerzas armadas en momentos
en que abundan las denuncias sobre la militarización de varios
estados del país, y muy pronto de algunas zonas del Distrito Federal,
es altamente preocupante. En especial, cuando se ha demostrado el fracaso
en la lucha contra el narcotráfico, también militarizada,
y en el control del ejército sobre muchos de los aparatos policiacos
estatales por la vía de soldados con licencia y el uso de la Policía
Federal Preventiva, intervenida igualmente por elementos castrenses.
La reciente firma, sin consultar al Congreso de la Unión
y mucho menos a los ciudadanos, de un acuerdo con Estados Unidos y Canadá
en materia de seguridad y control interior, que viola la Constitución
y somete a todos los mexicanos a la política imperialista de "lucha
contra el terrorismo", es el contexto en que voceros de la contrainsurgencia
critican al zapatismo y portan con entusiasmo la camiseta verde olivo.
Fuente: La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050701/028a1pol.php
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