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1. "Alguien pregunta:
¿todavía eres marxista? Nunca antes ha sido tan extensa
como hoy la devastación provocada por la búsqueda de la
ganancia, según la define el capitalismo. Casi todo el mundo lo
sabe. Cómo es entonces posible no hacerle caso a Marx, quien profetizó
y analizó tal devastación. La respuesta sería que
la gente, mucha gente, ha perdido sus coordenadas políticas. Sin
mapa alguno, no saben a dónde se dirigen". Así escribe
John Berger en un texto reciente, Dónde hallar nuestro lugar (en
Ojarasca, junio 2005).
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional dice,
en la Sexta Declaración de la Sierra Lacandona, que una vez más
se va a lanzar a caminar, ahora por territorios para ellos apenas explorados
y de los cuales tienen referencias amigas, pero no experiencias muy directas.
Saben a dónde quieren dirigirse, pero el mapa de la ruta lo irán
haciendo junto con otros en el camino. Razón de más para
estudiar qué nos quisieron decir con su Declaración. Pues
en su caminata ellos esperan encontrar abrigo y compañía.
Es como lanzarse a navegar, nada más que por tierra. En
las montañas andinas al autobús que va de pueblo en pueblo
lo llaman "flota" -"apúrate, mamá, que ya
viene llegando la flota..."-, tal vez por misteriosas reminiscencias
marinas de aquellas alturas. Se van a lanzar a navegar, pues, por los
caminos. La Declaración y sus documentos preliminares son la preparación
escrita de este andar.
2. Cuando uno va a partir en empresa
semejante, no lo hace sin antes recapitular lo pasado: el mapa para un
camino que no tiene mapas está en la memoria de lo vivido. Uno
sí sabe a dónde quiere ir, lo que no tiene es el mapa preciso.
La Sexta Declaración comienza diciendo lo que hasta ahora han hecho,
contando para las comunidades indígenas y para todos su propia
historia de estos años. Empieza entonces donde ésta empieza,
en el ¡Ya Basta!:
"... nos levantamos en armas en enero de 1994 porque vimos
que ya está bueno de tantas maldades que hacen los poderosos, que
nos humillan, nos roban, nos encarcelan y nos matan, y nada que nadie
dice ni hace nada". Por la humillación se inicia la insurrección,
porque "ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor
que como animales. [...] Nuestra pequeña historia es que nos cansamos
de la explotación que nos hacían los poderosos y pues nos
organizamos para defendernos y para luchar por la justicia".
Humillación y explotación , es decir, racismo y
capitalismo entrelazados, son dos ideas clave que sustentan cuanto sigue
en esta Declaración. La tercera es rebelión, insurrección,
desquite, el nombre que se le quiera dar a la fulgurante acción
principio de todo lo que vino:
"Entonces nos preparamos bien con la política y las
armas y de repente, cuando los ricos están echando fiesta de Año
Nuevo, pues les caímos en sus ciudades y ahí nomás
las tomamos y les dejamos dicho a todos que aquí estamos, que nos
tienen que tomar en cuenta."
Luego vino el apoyo, la gritadera de la gente de las ciudades
que pudo parar la guerra, los diálogos, los acuerdos y otra vez,
como en la historia inmemorial, los engaños y las traiciones de
los gobiernos, la paciencia y la espera indígenas, la unión
con los "otros pueblos indios de México" y, también,
los encuentros internacionales en territorio zapatista.
Después fueron las marchas, las consultas nacionales,
la Marcha por la Dignidad Indígena de inicios de 2001, apoyada
por millones, hasta el Congreso de la Unión. Todo lo que se podía
hacer, se hizo. Pero no: el Congreso se negó a reconocer esos derechos
y aprobó una ley tramposa: "O sea que ese día que los
políticos del PRI, PAN y PRD aprobaron una ley que no sirve, pues
lo mataron de una vez al diálogo".
Entonces, "desde mediando el 2001 hasta mediando el 2005",
se dedicaron, explica la Declaración, a cumplir solos, por su lado,
en territorio zapatista, lo que dicen "los Acuerdos de San Andrés
en lo de los derechos y cultura indígenas" y formaron las
Juntas de Buen Gobierno:
"Este modo de gobierno autónomo no es inventado así
nomás por el EZLN, sino que viene de varios siglos de resistencia
y de la propia experiencia zapatista, y es como el autogobierno de las
comunidades."
Cuenta entonces la Declaración los problemas, las dificultades,
los apoyos, los logros ("aunque todavía falta un buen tanto
para lo que debe de ser") y explica sobre la tarea silenciosa de
esos años:
"Bueno, pues nosotros los zapatistas del EZLN nos dedicamos
ese tiempo a nuestra fuerza principal, o sea a los pueblos que nos apoyan."
Pero también, agregan, "lo que pasó en este tiempo
es que nuevas generaciones renovaron toda nuestra organización"
y en esos 12 años "los comités han estado preparando
toda una nueva generación de comandantes y comandantas [...] insurgentes,
insurgentas, milicianos, milicianas, responsables locales y regionales,
así como las bases de apoyo que eran jóvenes en el inicio
del alzamiento, son ya hombres y mujeres maduros, verdaderos combatientes
y líderes naturales en sus unidades y comunidades". Y además
quienes entonces eran niños ahora son jóvenes y "estos
jóvenes tienen una formación política, técnica
y cultural que no teníamos quienes iniciamos el movimiento zapatista".
Esta recapitulación de la propia historia, como todo el
documento, parece estar destinada en primer lugar a las propias comunidades,
a ser leída y releída, comentada y platicada, reconocida
y recordada y pormenorizada con más detalles ("¿y te
acuerdas aquella vez cuando...?") por los lectores, escuchadores
y comentadores colectivos. Comienza por la insurrección y sus prolegómenos
en donde tomaron la decisión y esta vez no, como en otras historias
dirigidas a otras audiencias, con la larga y silenciosa tarea preparatoria
del grupo guerrillero que años antes se internó en la selva.
Quien tiene idea de cómo se organizan las fuerzas de un
movimiento para lanzarse a una lucha incierta -e inciertas son en sus
inicios todas las grandes luchas- sabe que es preciso primero asegurar
la comprensión, la solidez interior, la confianza en si misma de
la fuerza inicial, del entramado humano ya existente y probado del propio
movimiento. Requiere pues explicar, discutir, recapitular, razonar entre
todos, no nomás lanzar directivas desde arriba o "bajar línea",
como se dice en jerga de activista.
Cuando uno va a partir, recapitula entre todos lo andado y deja
a su gente, en el puerto o en el poblado, al mejor reparo que pueda tener.
Esa tarea no se improvisa ni se deja al azar. Seguros de sí mismos,
y no desarmados, tienen que quedar los que organizados en sus pueblos
permanecen mientras los otros parten, ahora que "llegó la
hora de arriesgarse otra vez y dar un paso peligroso pero que vale la
pena". El Congreso no sirve, los partidos tampoco, la soledad no
es buena, el encierro tampoco: "Un nuevo paso en la lucha indígena
sólo es posible si el indígena se junta [...] con los trabajadores
de la ciudad y el campo".
A razonar y explicar los fundamentos y el contenido de ese paso
está destinada la parte sucesiva de esta Sexta Declaración.
3. Cuando uno va a partir, estudia las
costas conocidas, averigua las corrientes y los vientos, pregunta al cielo
por el estado del mar y, a quienes saben, por los peligros y las sorpresas
que lo esperan. Pero sobre todo se asegura de llevar consigo los buenos
instrumentos de navegación. Una lectura atenta de la Sexta Declaración
me dice que, en este caso, esos instrumentos existen. Bien utilizados,
deberán permitir lo principal en cualquier lucha: no equivocarse
de enemigo.
En la descripción del mundo y del país, la Declaración
pinta una inconfundible raya roja y negra: el enemigo es el capitalismo
y éste no es un conjunto de personas, sino "un sistema social
, o sea una forma como en una sociedad están organizadas las cosas
y las personas, y quien tiene y quien no tiene, y quien manda y quien
obedece". Los que tienen grandes riquezas "las obtienen de explotar
el trabajo de muchos. O sea que el capitalismo se basa en la explotación
de los trabajadores ". Entonces:
"Al trabajador no le pagan cabal lo que es su trabajo, sino
que apenas le dan un salario para que coma un poco y se descanse un tantito"
y al otro día vuelva al "explotadero". Esta palabra,
"explotadero", es una definición, porque al parecer deriva
del nombre popular del lugar donde se trabaja, el trabajadero, nada más
que ahora es también el lugar donde se explota, el explotadero.
De estas ideas fundadoras, explotación y plustrabajo ,
enunciadas en el párrafo anterior, la Declaración pasa a
otros dos conceptos clave para explicar la dinámica del capital:
el despojo y la violencia .
"Y también el capitalismo hace su riqueza con despojo
, o sea con robo, porque les quita a otros lo que ambiciona, por ejemplo
tierras y riquezas naturales. [...] Y además de explotar y despojar
, el capitalismo reprime porque encarcela y mata a los que se rebelan
contra la injusticia."
De allí, la Declaración lleva a sus lectores a
la mercancía:
"El capitalismo todo lo convierte en mercancía ,
hace mercancías a las personas, a la naturaleza, a la cultura,
a la historia, a la conciencia. Según el capitalismo, todo se tiene
que poder comprar y vender. Y todo lo esconde detrás de las mercancías
para que no veamos la explotación que hace. "
Las mercancías, a su vez, no son lo que aparentan o lo
que dicen ser, sino un fetiche escondedor y engañador:
"Y entonces las mercancías se compran y se venden
en un mercado. Y resulta que el mercado, además de servir para
comprar y vender, también sirve para esconder la explotación
de los trabajadores. [...] O sea que en el mercado vemos mercancías,
pero no vemos la explotación con la que se hicieron."
Extender explotación, despojo, represión y mercancías,
es decir, extender el capitalismo, en superficie y en profundidad, a todos
los territorios geográficos y humanos del globo terráqueo,
es lo que se llama "globalización neoliberal", agrega
el documento:
"O sea que el neoliberalismo es como la teoría, el
plan pues, de la globalización capitalista. Y el neoliberalismo
tiene sus planes económicos, políticos, militares y culturales",
que consisten en imponer y mandar en "un mercado mundial, un mercado
para comprar y vender todo lo del mundo y para esconder toda la explotación
de todo el mundo ". Por eso, "la globalización neoliberal
es una guerra de conquista de todo el mundo, una guerra mundial".
Además de tratar de eliminar a los indígenas pues
"estorban a la globalización neoliberal" porque "no
producen ni venden las mercancías de la modernidad" y encima
se rebelan, "el capitalismo neoliberal también quita las leyes
que no lo dejan hacer muchas explotaciones y tener muchas ganancias":
las leyes sociales, las regulaciones sobre los movimientos y las ganancias
del capital, los derechos de los trabajadores, las tierras ejidales y
comunales -es decir, el artículo 27-, las propiedades públicas
como la energía y el petróleo:
"Entonces, como quien dice que resumiendo, el capitalismo
de la globalización neoliberal se basa en la explotación,
el despojo, el desprecio y la represión a los que no se dejan.
O sea, igual que antes, pero ahora globalizado, mundial".
Pero resulta que los que no se dejan son muchos y "hacen
resistencias", y "no sólo en un país sino que
donde quiera abundan, o sea que, así como hay una globalización
neoliberal, hay una globalización de la rebeldía . [...]
Y vemos todo esto en todo el mundo y ya nuestro corazón aprende
que no estamos solos ".
Con esta concepción teórica del mundo del capital,
de la explotación y de las luchas, escondida en la desconcertante
dulzura de la traducción literal al castellano de modos de los
idiomas indígenas, la Sexta Declaración traza un cuadro
muy preciso de la situación -es decir, se sitúa, se ubica
y dice, entonces, que ese es el punto de partida del programa que, junto
con otras y otros, propone elaborar.
En ese cuadro coloca después el análisis y la descripción
de la situación mexicana. Es trasparente y no creo necesario repetirlo
aquí. Sólo subrayar que una y otra vez insiste en otras
dos palabras: experiencia y organización , organización
y experiencia, es decir, la herencia intangible que cada generación
recibe, recicla y enriquece, a su modo y con sus broncas, en la nueva
situación que le tocó vivir.
4. Grandes interrogantes se han planteado
muchos, en estos días, sobre las dos últimas partes de la
Sexta Declaración de la Selva Lacandona, "lo que queremos
hacer" y "cómo lo vamos a hacer". Cada uno tiende
a interpretarlas en función de sus propias inquietudes, preguntas
y deseos: el conocido y natural "efecto espejo".
Me parece que, hasta donde lo tienen claro, lo dicen claro. Aparte
de las acciones simbólicas de solidaridad con tantos que en su
momento fueron solidarios o están luchando, lo que se proponen
es "un acuerdo con personas y organizaciones de mero izquierda",
y con ellas hacer "un plan para ir a todas las partes de México
donde hay gente humilde y sencilla como nosotros" y "preguntarles
cómo es su vida, su lucha, su pensamiento, de cómo está
nuestro país y de cómo hacemos para que no nos derroten".
Entonces "tal vez encontramos un acuerdo [...] y juntos nos organizamos
en todo el país", y unimos "nuestras luchas que ahorita
están solas, apartadas unas de otras, y encontramos algo así
como un programa que tenga lo que queremos todos" y un plan de "cómo
vamos a conseguir que ese programa se cumpla".
A eso la declaración le llama "un programa nacional
de lucha, pero un programa que sea claramente de izquierda, o sea anticapitalista,
o sea antineoliberal, o sea por la justicia, la democracia y la libertad
para el pueblo mexicano", que tenga en cuenta "las demandas
del pueblo mexicano, como son: techo, tierra, trabajo, alimento, salud,
educación, información, cultura, independencia, democracia,
justicia, libertad y paz". Y, además, "una nueva Constitución
que reconozca los derechos y libertades del pueblo y defienda al débil
frente al poderoso".
Estando escrito tan claro (del mismo modo como está escrito
que no dejan las armas: ver el comunicado sobre la restructuración
de los mandos del EZLN), me resulta extraño tanto ir y venir de
interpretaciones y deducciones sobre qué se proponen, qué
se traen y adónde nos quieren llevar.
Este "adónde" lo dicen muy claro, y también
el "con quién" y el "contra quién".
Pero el "cómo" y el "por dónde" es lo
que, según explica la Sexta Declaración, se proponen averiguar
en el trayecto: "si por mar en un buque de guerra, si por tierra
en un tren militar", habría agregado el corrido aquel.
Yo además creo que, como decía la frasecita clásica,
todavía "falta lo que falta". Entre otras cosas, que
ahora hablen otros y cuenten también sus historias y sus triunfos
y sus derrotas y sus empates y de por qué fue así y no de
otro modo y de cómo se pudo una vez y otra vez no se pudo y de
cómo no hay que tanto andar buscándonos culpas mutuas sino
trayendo memorias y aprendiendo experiencias.
Escuchar entonces, escuchar el uno al otro y el otro al uno,
escuchar a cuantos vengan y tengan algo que decir. Escuchar es respetar
y sin respeto al otro y a la otra ni siquiera a sí mismo uno se
respeta: La pace fra gli oppressi, la guerra all'oppressor, según
la canción de los anarquistas italianos en los inicios del siglo
pasado.
El EZLN, dice la declaración, "enviará una
delegación de su dirección para hacer este trabajo en todo
el territorio nacional y por tiempo indefinido". También esto
está claro: serán dirigentes responsables de lo que hacen
y de a qué se comprometen. Encontrarán, creo, fraternidad
y solidaridad y, espero, no mando ni obediencia, sino acuerdos entre libres
y entre iguales cuya ley es que la palabra empeñada se respeta.
Encontrarán también, de esto sí estoy seguro, peligros,
asechanzas y amenazas. Lo saben y al anunciarlo a todos se están
tomando el riesgo.
"Pero mientras lo piensan -concluye el documento- les decimos
que hoy, en el sexto mes del año 2005, los hombres, mujeres, niños
y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
ya nos decidimos y ya suscribimos esta Sexta Declaración de la
Selva Lacandona".
En términos militares: una vez más -y por sorpresa,
único modo de lograrlo- los zapatistas se lanzaron a romper el
cerco. Se adelantaron así a la amenaza inminente que tendía
sobre las comunidades indígenas y sobre ellos el Gran Acuerdo de
las Grandes Cúpulas, después del reality-show de todos conocido,
para el restablecimiento neoliberal del orden antes de que termine este
sexenio.
Romper el cerco es siempre un momento de peligro, para los que
salen y para los que se quedan. Romper el cerco es para ambos, una vez
más, poner el cuerpo: necesidad manda, compromiso obliga.
Como en enero de 1994, como en la Consulta, como en la Marcha
del Color de la Tierra, como en otras ocasiones, esta empresa requiere
apoyo, discusión, intervención y, sobre todo, organización
de otras fuerzas e iniciativas convergentes. Una vez más, y a ver
cómo resulta.
Decían los antiguos marinos del Mediterráneo: "Navegar
es necesario, vivir no". Entonces, pues, una vez más a navegar,
hasta encontrar buen puerto.
5. Describe John Berger, en Dónde
hallar nuestro lugar, lo que él llama "el tiempo digital":
"Es el tiempo del presente guardado aparte del pasado y
el futuro. En su interior sólo el presente tiene carga, los otros
dos carecen de gravedad. El tiempo ya no es una matriz sino una única
columna de unos y ceros. Un tiempo vertical sin nada que lo circunde,
excepto la ausencia. [...] Con un solo presente, dentro del tiempo digital
no puede hallarse ni establecerse localización alguna".
Dónde, entonces, encontrar nuestro lugar. Hay que buscarlo
en nuestros propios órdenes del tiempo, el del altiplano boliviano,
el de los indígenas ecuatorianos, el de los barrios de París
y de las ciudades italianas, los de los varios tiempos de esta infinita
tierra mexicana. Así lo dice John Berger:
"Tomemos nuestras coordenadas de otro sistema temporal.
Lo eterno, según Spinoza (que fue el filósofo más
querido de Marx) es ahora. No es algo que nos aguarde, sino algo que encontramos
durante esos breves y no obstante intemporales momentos donde todo embona
con todo y ningún intercambio es inadecuado".
Ciudad de México, 6 de julio de 2005
Fuente: Periódico La Jornada, días 7 y 8 de Julio de
2005
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