Alejandro
Cerda García
Revista Memoria 177. Noviembre 2003
El anuncio de la conformación de los “Caracoles”
durante el pasado mes de agosto como una nueva forma de funcionamiento
y vinculación con la sociedad civil nacional e internacional, así
como las recientes propuestas de modificaciones a las reformas constitucionales
en materia indígena hechas en 2001, han puesto nuevamente en la
mesa de debate la viabilidad y desafíos que enfrentan los Municipios
Autónomos Zapatistas, como una de sus piezas claves.
Desde su puesta en marcha, los Municipios Autónomos han enfrentado
el reclamo de democratizar el espacio público autónomo y
resolver eficientemente las problemáticas sociales que los aquejan.
Al tiempo que estos cuestionamientos se utilizan para minimizar su propuesta,
se promueven y profundizan estrategias gubernamentales que evitan su reconocimiento
y limitan sus posibilidades de consolidación a través del
hostigamiento y la descomposición de su tejido social. Las localidades
autónomas presencian cotidianamente el enfrentamiento entre una
“política social gubernamental” focalizada y paliativa,
y una “política social autonómica” en construcción,
situación que ha hecho de la búsqueda de alternativas a
problemáticas cotidianas un conflictivo campo de disputa. Así
las cosas, resulta necesario preguntarse ¿cuáles son los
desafíos que se desprenden de la forma como actualmente operan
estos municipios y del reciente anuncio de la conformación de Juntas
de Buen Gobierno?.
El propósito de este trabajo es ubicar algunos de los desafíos
que se derivan del análisis del espacio público autonómico,
tomando como punto de referencia la forma como vienen operando algunos
municipios autónomos ubicados en los Municipios Oficiales de Ocosingo,
Las Margaritas y Altamirano, en Chiapas.
El espacio público en los Municipios Autónomos
Zapatistas
El abordaje de la cuestión multicultural en el ámbito de
las políticas públicas ha tomado mayor relevancia en tanto
distintos grupos étnicos proponen la “autonomía”
como una modalidad de relación con los Estados Nacionales que aportaría
significativamente al reconocimiento y ejercicio de sus derechos.
En México, las organizaciones indígenas entre las que se
encuentran los Municipios Autónomos Zapatistas, enfrentan hoy en
día la negativa al reconocimiento constitucional del régimen
autonómico al tiempo que han optado por implementar instancias
autónomas que consideran como un instrumento idóneo para
normar su relación con el Estado y para poner en práctica
un gobierno local-territorial que dé solución a sus principales
demandas.
En este marco, las políticas gubernamentales en curso frente a
la cuestión étnica están orientadas por una concepción
de estas diferencias que niega su contexto histórico y sus implicaciones
políticas. Dicha diferencia étnica es concebida como condición
esencial de algunos mexicanos que en el mejor de los casos les permite
ser destinatarios de un beneficio diferenciado, pero que niega el reconocimiento
de derechos políticos, entre ellos la autonomía. Esta visión
esencialista de las diferencias étnicas se correlaciona y refuerza
con una visión similar de las diferencias de género, cuestión
que en las políticas sociales en curso deviene en la transferencia
directa de recursos a mujeres mientras se les niega el acceso al pleno
ejercicio de los derechos políticos que ellas reclaman.
En contraposición a este planteamiento, iniciativas como las de
los Municipios Autónomos Zapatistas, entre otras, enfatizan la
dimensión política de la cuestión étnico nacional
al poner en práctica instancias encaminadas al ejercicio de sus
derechos de autogobierno, uso y control del territorio y de implementación
de políticas sociales. Sin embargo, y a pesar de su legitimidad,
estas propuestas no han logrado el consenso social necesario y suficiente
de modo que pudieran concretarse en su reconocimiento legal y su puesta
en práctica.
Si bien el anuncio de la conformación de Municipios Autónomos
por parte del EZLN se hizo por primera vez a finales del año 1994,
su puesta en marcha se fue dando durante los años posteriores y
hasta el año 2000.
Como instancias de carácter civil, los Municipios Autónomos
comenzaron a operar a partir de la elección de Consejos Autónomos
y Comisiones, instancias colectivas que integradas por los militantes
zapatistas desarrollan funciones tanto al interno del Municipio como otras
instancias zapatistas como con actores externos.
Cada Municipio nombra sus propias Comisiones que se conforman a partir
de los miembros de las localidades que han sido designados en asamblea
para llevar a cabo funciones específicas bajo la modalidad de “Delegados”
o “Promotores”. Algunas comisiones tienen la finalidad de
atender a problemáticas o necesidades cotidianas (Educación,
Salud, Producción) mientras que otras funcionan como espacios de
organización de segmentos de la población (mujeres, ancianos)
y otras se enfocan a garantizar la operación del municipio (registro
civil, tierra y territorio, honor y justicia).
A pesar de que los procesos de conformación de los municipios han
sido potenciados por experiencias organizativas previas de gestión
de los asuntos públicos y de formación de agentes locales,
el desarrollo ha sido limitado por la carencia de recursos disponibles
y el surgimiento de múltiples conflictos sobre todo en el ámbito
agrario. El hostigamiento por parte del Ejército Federal y de la
Seguridad del Estado de Chiapas ha sido una constante durante ya casi
diez años que sin duda ha limitado los alcances de la propuesta
autonómica y ha representado un fuerte desgaste para las poblaciones
indígenas que la sustentan. Reportes periodísticos, imágenes,
producción académica y testimonios orales dan cuenta de
etapas especialmente cruentas como las desarrolladas en febrero de 1995
y en los primeros meses de 1998, en las que lamentablemente las mujeres
han sido blanco predilecto.
El “gobernar para todos” y el reconocimiento
de las diferencias
Como uno de los componentes más significativos de la propuesta
de operación de las Juntas de Buen Gobierno se ha anunciado su
pretensión de “gobernar para todos”. Se trata de un
planteamiento importante en tanto que implica el reconocimiento de que
en el territorio de los Municipios Autónomos conviven de manera
cotidiana, compartiendo el espacio, las necesidades y los escasos servicios,
tanto partidarios del proyecto zapatista como miembros de organizaciones
oficialistas e independientes, e incluso, paramilitares.
Esta pretensión de inclusión de las diferencias políticas
en los hechos resulta una tarea por demás compleja, sobre todo
en tanto que, en contraposición a lo estipulado en los Acuerdos
de San Andrés las instancias autonómicas operan sin un “reconocimiento
legal” y en un contexto local que desacredita y desgasta a un movimiento
zapatista que enfoca buena parte de sus esfuerzos a la posibilidad de
contar con una mayor base social.
En un ámbito local caracterizado por la diversidad de militancia
política y de pluralidad de composición étnica (tojolabal,
tzeltales, mestizos) y de fuertes cuestionamientos en torno a la participación
política de las mujeres, se hace especialmente necesaria la búsqueda
de mecanismos de reconocimiento de las diferencias enfatizando precisamente
los derechos políticos de los distintos grupos y géneros.
Este reconocimiento de la diversidad en el ámbito público
autónomo implica reflexionar sobre los mecanismos para la administración
de justicia y para garantizar el respeto a los derechos humanos, tema
por demás polémico en tanto atraviesa por la discusión
en torno a las implicaciones del reconocimiento de sistemas jurídicos
indígenas.
Como parte de la estructura de los Municipios Autónomos opera la
Comisión de Honor y Justicia que se enfoca precisamente a la resolución
de conflictos no sólo entre zapatistas, sino entre estos y otros
grupos, así como entre grupos o personas no zapatistas ubicados
bajo el genérico de “quienes nos reconozcan y nos respeten”.
En la vida cotidiana de los Municipios es posible ubicar algunos casos
de conflictos no sólo entre zapatistas y priístas, sino
incluso entre distintos grupos afines a dicho partido y que recurren,
se adhieren a la mediación y acatan las resoluciones de las “instancias
autónomas de administración de justicia”.
A la posición autocrítica del Ejército Zapatista
en tanto señala que las Juntas de Buen Gobierno no son “buenas”
en sí mismas, corresponde al parecer la conformación de
mecanismos internos encaminados a evitar la concentración de poder
y a lograr mejores mecanismos de administración de justicia materializadas
a través de instancias integradas por miembros de las localidades,
diferenciando entre las destinadas al ejercicio de la autoridad (consejos
autónomos), de aquellas que se enfocan a la mediación en
los conflictos (Comisión de Honor y Justicia) y de otras que tienen
la responsabilidad de ejecutar las sentencias.
Este tipo de medidas ha sido considerado como positivo por agrupaciones
civiles de derechos humanos que han mostrado su preocupación por
la necesidad de que tañes mecanismos se institucionalicen en las
instancias autónomas.
Las mujeres en el espacio público
Las reivindicaciones de género y la plena participación
de las mujeres en la definición de la propuesta autonómica
han sido sistemáticamente planteadas por las mujeres que forman
parte y simpatizan con el movimiento. Desde la Ley Revolucionaria de las
Mujeres y pasando por los Diálogos de San Andrés, distintas
sesiones del Congreso Nacional Indígena y la intervención
en la Tribuna del Palacio Legislativo de San Lázaro se ha puesto
de manifiesto la necesidad de articular la propuesta autonómica
con las demandas de género .
En el ámbito público de los Municipios Autónomos
se puede constatar una creciente participación de mujeres en Comisiones
y en las movilizaciones. Se observa cómo, a partir de su involucramiento
en el movimiento, las mujeres realizan una serie de funciones y acciones
que previamente no llevaban a cabo, tales como la participación
en eventos fuera de su localidad aún sin la presencia de familiares,
su participación en eventos formativos y en instancias de toma
de decisiones.
A pesar de este tipo de avances y de que se puede constatar un mayor grado
de participación de mujeres zapatistas respecto de quienes no lo
son, queda aún pendiente la necesidad de involucramiento de las
mujeres en la definición de la propuesta autonómica, así
como la inclusión de las demandas de género y el análisis
del vínculo entre “etnia” y “género”
como dimensiones que pueden reforzar la propuesta autonómica y
que falsa y simplistamente han sido ubicadas como contrapuestas.
La política social como campo de batalla
Entre las manifestaciones más evidentes de la situación
de empobrecimiento y marginación que caracteriza a la mayoría
de las localidades que han optado por adherirse al movimiento zapatista
destacan aquellas que se relacionan con la educación y la salud.
En este ámbito se observa el desarrollo de una “política
social autonómica” que en la medida de sus posibilidades
representa actualmente una alternativa para la resolución de problemáticas
concretas en las localidades y que al mismo tiempo enfrenta serias dificultades
de reconocimiento formal, carencia de recursos, elementos técnicos
y descalificación (explícita e implícita) por parte
de las instancias gubernamentales.
En los niveles de Localidades, Municipios y Zonas o “Caracoles”
autónomos se prestan servicios a través de agentes locales
en distintos niveles de educación escolarizada y en atención
básica de salud . Las acciones de prestación de servicios
se articulan con la formación de delgados o promotores y con la
realización de “campañas” o “encuentros”
que con distintos motivos involucran a la población de las localidades
que forman parte del movimiento como una forma de dar mayor fortaleza
a su proyecto político y afianzar su arraigo local.
En forma paralela, compartiendo el territorio y en muchas ocasiones, implementándose
con familias de una misma localidad, la política social gubernamental
opera a través de los criterios de focalización y transferencia
directa de recursos. Al recorrer las localidades autónomas se observa
la ausencia o presencia mínima de infraestructura gubernamental
para la prestación de servicios básicos de salud (en pocas
localidades se han instalado “Casas de Salud” que eventualmente
reciben medicamentos) y educación (existen localidades que no cuentan
con servicios de Educación Primaria y no existen servicios de otros
niveles). Obviando lo innegable, la política social gubernamental
se centra casi indistintamente en la operación del “Programa
Oportunidades” y en algunos casos al de “Crédito a
la Palabra”.
Contrario a lo asentado en informes y evaluaciones gubernamentales, en
las localidades autónomas se encuentran una serie de limitantes
en la operación de tales programas gubernamentales que se relacionan
con sus mismos lineamientos (los beneficios debieran recibirse a través
de la infraestructura gubernamental que en el espacio local es prácticamente
inexistente), y con su impacto limitado y paliativo en una situación
de empobrecimiento que se origina en el rumbo político y económico
que se ha dado al país durante las últimas décadas
.
Ante esta situación, los partidarios del proceso autonómico
han optado por un posicionamiento de “resistencia” que se
concretiza en el rechazo a la aceptación de los beneficios de este
tipo de programas como una forma de protesta y de lucha por la reivindicación
de sus derechos. Este “enfrentamiento” en el campo de las
políticas sociales ha llevado a la desesperación gubernamental
por lograr que la población utilice los beneficios de sus programas,
recurriendo a la capitalización de conflictos internos e incluso,
a señalar que, en caso necesario, las fuerzas de seguridad pública
actuarán para garantizar que los servicios gubernamentales puedan
brindarse o instalarse en las localidades.
Una mirada amplia al espacio público autónomo
El debate sobre las autonomías en México debe continuarse
a partir de los planteamientos que de ella hacen las organizaciones indígenas
que la impulsan, lo cual implica conocer, analizar y dialogar con las
experiencias autonómicas que se desarrollan actualmente con distintos
énfasis y en diversos estados del nuestro país. Quienes
impulsan este tipo de propuestas y la sociedad en su conjunto tendrán
que analizar sus desafíos en el contexto actual.
La revisión hecha hasta ahora sobre la forma como operan algunos
municipios autónomos zapatistas apunta a señalar que, entre
dichos desafíos, es posible ubicar la necesidad de reflexionar
colectivamente sobre el significado y las implicaciones de las autonomías;
la construcción de mecanismos de gobierno que reconozcan los derechos
políticos de los distintos grupos que conviven en un territorio
autónomo; la definición y puesta en práctica de procedimientos
de administración de justicia que garanticen el respeto a los derechos
humanos en dichos territorios; avanzar en el reconocimiento de los derechos
de las mujeres a partir de su participación plena en las definiciones
sustantivas de la propuesta autonómica; y la definición
de propuestas de política social autónoma que, al tiempo
que cuestionan la orientación de las actuales políticas
gubernamentales, logren dar respuestas efectivas a las problemáticas
cotidianas a partir del involucramiento de la población que forma
parte del movimiento.
Asimismo, resulta imperativo reconocer y revertir el proceso de militarización
y hostigamiento hacia los municipios autónomos que se refleja en
el aumento de su conflictividad y en la reducción de las posibilidades
de construir arreglos políticos en el ámbito local.
La instalación de las Juntas de Buen Gobierno ofrece la posibilidad,
sin que esto sea una garantía, de vincular la lucha autonómica
con las estrategias de lucha desarrolladas hoy en día por distintas
fuerzas sociales y que pugnan por garantizar los derechos humanos frente
a propuestas de reformas estructurales que conducirían a excluir
a amplios sectores de nuestra sociedad entre los que se encuentran los
indígenas.
El vínculo entre las Juntas de Buen Gobierno y organizaciones sociales
y civiles en el ámbito nacional e internacional a través
de “hermanamientos” y distintos dispositivos de colaboración
puede contribuir a fortalecer esa presencia zapatista en el ámbito
global que hoy en día no sólo se valora como positiva, sino
incluso, es reclamada por movimientos sociales de distintos continentes.
El autor pertenece al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores
en Antropología Social, México.
NOTAS:
1.- Para una revisión del debate autonómico en México
puede revisarse: Héctor Díaz-Polanco y Consuelo Sánchez.
México Diverso. El debate por la autonomía, Siglo Veintiuno
Editores, México, 2002. Aracely Burguete Cal y Mayor (coord.) México:
experiencias de Autonomía Indígena. IWGIA, CECADEPI, Dinamarca,
1999. Shannan Mattiace, Rosalva A. Hernández y Jan Rus (Eds.) Tierra,
libertad y autonomía: impactos regionales del zapatismo en Chiapas.
CIESAS, IWGIA, México-Dinamarca, 2002.
2.-Una de las vertientes del análisis de las “autonomías
de facto” puede revisarse en: Xóchitl Leyva Solano, “Transformaciones
regionales, comunales y organizativas en Las Cañadas de la Selva
Lacandona (Chiapas, México)”, en: Mattiace, Hernández
y Rus, op. Cit. P. 57-82.
3.- Véase: Verena Stolcke, “¿Es el sexo para el género
lo que la raza para la etnicidad... y la naturaleza para la sociedad?”
En: Política y Cultura, UAM-Xochimilco, otoño 2000, no.
14, pp. 25-60.
4.- Cf. Diario La Jornada, febrero 1995 y enero y febrero 1998.
5.- Véase: Rosalva A. Hernández, “¿Guerra fraticida
o estrategia etnocida? Las mujeres frente a la violencia política
en Chiapas. En. Witold Jacorzynski (coord..) Estudios sobre la Violencia.
Teoría y práctica. CIESAS-Miguel Ángel Porrúa,
México, 2002, pp. 97-122.
6.- Véase: Consuelo Sánchez, “Identidad, Género
y Autonomía. Las mujeres indígenas en el debate.”
En: Revista Memoria, CEMOS, Agosto 2003, No. 174. Reflexiones en este
sentido son desarrolladas también por Sánchez Néstor,
Jiménez Pérez y Cunningham Kain en ese mismo número.
7.- Véase: Rosalva A. Hernández (coord.), La otra palabra:
mujeres y violencia en Chiapas antes y después de Acteal. CIESAS,
México, 1998.
8.- Un análisis detallado de la problemática y estrategias
desarrolladas en torno a la salud en los Municipios Autónomos ha
sido desarrollado en: Alejandro Cerda García, El Proceso de Autoatención
en un Municipio Autónomo Tojolabal del Estado de Chiapas. Tesis
de Maestría en Antropología Social, ENAH, México,
2001, 334 pp.
9.- Una fundamentada opinión al respecto ha sido desarrollada por
Julio Boltvinik en la columna Economía Moral, Diario La Jornada.
27 junio 2003 y otras fechas.
10.- Véase Diario La Jornada, 2 febrero 2003.
Fuente: Revista Memoria 177. http://www.memoria.com.mx/177/cerda.htm
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