Casi
la mitad del Estado de Chiapas ha quedado organizada por el zapatismo en
cinco Caracoles con Juntas de Buen Gobierno al frente. La iniciativa es
sugestiva, original. Las Juntas se instalaron en agosto en Oventic, población
en cuya entrada los visitantes leen esta bienvenida: “Aquí
manda el pueblo y el gobierno obedece”.
Jorge Alonso
Cuando se creía que el zapatismo se había desgastado,
en julio y agosto el movimiento emergió, dando a conocer iniciativas
que había estado madurando durante nueve meses. Al resurgir, los
zapatistas reconocieron no tener contento a nadie. Cuando se esperaba
que hablaran, callaban; cuando se deseaba su silencio, hablaban; cuando
se quería que dirigieran, se ponían atrás; cuando
se les confinaba a seguir atrás, se iban para otro lado. Enojaban
hasta a los que simpatizaban con su causa. Pero los primeros en burlarse
de “su ser muy otros” eran los mismos zapatistas: no vencían,
pero tampoco se morían. Al reaparecer, aclararon que aborrecían
el martirio tanto como la claudicación. No claudicaban ni se rendían,
se empeñaban en vivir.
El momento en que los zapatistas volvieron a hablar era singularmente
tenso. Al ver el repunte electoral que habían tenido nacional y
localmente, los priístas se habían envalentonado, los grupos
paramilitares recobraban fuerza y agresividad, y las comunidades de Chiapas
denunciaban un ambiente similar al que había precedido a la masacre
de Acteal.
LLUVIA DE COMUNICADOS DEL VOCERO MARCOS
Treinta municipios de Chiapas bajo control del EZLN desde 1994
y autoproclamados “autónomos” solicitaron al Subcomandante
Marcos que fungiera temporalmente como su vocero y a finales de julio
y principios de agosto, Marcos emitió diez comunicados, una aclaración
y un mensaje grabado, para explicar tanto la organización que se
darían estos municipios como la relación que tendrían
con la sociedad civil nacional e internacional.
Marcos ratificó su decisión de no tener contacto con el
gobierno mexicano ni con los partidos políticos; descalificó
la reciente campaña electoral, destacando que la respuesta popular
había sido un enorme abstencionismo; acusó a la clase política
-en la que incluía a todos los partidos y a los poderes ejecutivo,
legislativo y judicial- de haber terminado con la esperanza de millones
de mexicanos y de miles de personas de otros países que demandaban
el reconocimiento de los derechos y la cultura de los pueblos indios en
México; y enfatizó que los zapatistas proseguirían
con la resistencia como forma de lucha. El contenido central de todos
sus mensajes fue éste: aplicarían unilateralmente los acuerdos
de San Andrés en los territorios de Chiapas bajo su control.
ORIGEN DE LOS AGUASCALIENTES
El primer cambio anunciado por los zapatistas fue la desaparición
de los llamados Aguascalientes. En uno de los mensajes de Marcos recapitularon
el origen de este lugar. La coyuntura en que aparecieron los comunicados
zapatistas coincidió con la reaparición en el escenario
político mexicano del ex-presidente Salinas de Gortari. Los zapatistas
se remitieron a su trayectoria: entre las reformas antipopulares de este
personaje -presidente gracias a un descomunal fraude electoral- estuvo
la de acabar con los derechos de los campesinos a su tierra. El modelo
impuesto por Salinas arruinó a millones de mexicanos. Ante la política
neoliberal impuesta por su gobierno, equivalente a una guerra de exterminio,
a un etnocidio, el EZLN tomó las armas con la intención
de atraer la atención mundial.
Aunque sabían que no tenían oportunidad militar, no pensaban
en el martirio, sino en la vida. Pronto, la sociedad civil conminó
al EZLN a seguir otro camino: preparados para disparar armas, lo que tenían
que disparar eran palabras. Con la nueva herramienta, la palabra aprendida,
necesitaban un espacio donde aprender a escuchar y a hablar con esa pluralidad
a la que llamaron la sociedad civil para distinguirla de la sociedad política.
Por eso acordaron construir un lugar en el municipio chiapaneco de Guadalupe
Tepeyac al que llamaron Aguascalientes, lugar que entregaron a la sociedad
civil el 8 de agosto de 1994.
Al año siguiente, el presidente Zedillo destruyó los Aguascalientes
y puso allí un cuartel. Entonces, los zapatistas construyeron cinco
Aguascalientes en otros cinco municipios: Oventic, La Realidad, La Garrucha,
Morelia y Roberto Barrios, siempre como espacios de diálogo entre
las comunidades y la sociedad civil nacional e internacional. Estos Aguascalientes
fueron lugares de encuentro y de iniciativas. También surgieron
otros lugares similares en la ciudad de México y en Madrid.
FIN DE LOS AGUASCALIENTES: NI LÁSTIMA NI LIMOSNAS
Los zapatistas anunciaron que los Aguascalientes habían
cumplido ya su misión. Y habían introducido problemas que
había que corregir. Como los comunicados zapatistas tuvieron una
información escalonada, el anuncio del fin de los Aguascalientes
desconcertó al principio a algunos observadores, que temieron que
el zapatismo se fuera a aislar aún más.
Uno de los problemas en la relación de los zapatistas con la sociedad
civil era que no siempre habían recibido respeto. No se trataba
de insultos, sino de actitudes: teniéndoles lástima, les
daban limosnas, lo que sí los había agraviado. Fueron muy
concretos en sus ejemplos: a las comunidades llegaban computadoras inservibles,
medicinas caducas, ropa extravagante, zapatos sin su par... Algunas ONG
y organismos internacionales, sin consultar a las comunidades, elaboraban
proyectos de desarrollo en los que les imponían objetivos y plazos
¿En qué se diferenciaban de los proyectos asistencialistas
que el gobierno les ofrecía a cambio de que claudicaran?
Subrayaban los zapatistas que, ante las intromisiones gubernamentales,
habían mantenido su resistencia, haciendo de su pobreza una lección
de dignidad, y no un reclamo para provocar lástimas. El zapatismo
-decían- está en contra del paternalismo y del asistencialismo,
venga de donde venga, y con los municipios autónomos hemos demostrado
que somos capaces de gobernarnos. Con el fin de los Aguascalientes querían
poner fin a las limosnas y a los paternalismos. A pesar de todo, Marcos
reconocía en sus comunicados que en la construcción de la
autonomía indígena los zapatistas no habían estado
solos y agradecían el apoyo recibido de la sociedad civil.
LA VIDA HA CAMBIADO EN LOS MUNICIPIOS AUTÓNOMOS
La propuesta zapatista era organizar, en vez de los Aguascalientes,
los llamados Caracoles, nombre de la sede del territorio geográfico
que regirían cincos Juntas de Buen Gobierno en los municipios autónomos.
Los numerosos comunicados de Marcos fueron ampliando las explicaciones
para entender en qué consistirían los Caracoles, propuesta
que encierra una pedagogía del zapatismo hacia la sociedad civil.
Ante la negativa del Estado mexicano de dar pleno reconocimiento a los
derechos indígenas y a hacer realidad legislativa los Acuerdos
de San Andrés, los zapatistas anunciaban que harían realidad
esos acuerdos en la práctica diaria. De hecho, de esta misma forma
habían ido consolidando lentamente sus municipios autónomos.
Desde 1994 estos municipios vienen siendo conducidos democráticamente
por las mismas comunidades. Quienes no cumplen bien sus funciones son
removidos. El cargo no tiene remuneración, es trabajo en beneficio
colectivo y es rotativo, según una antigua tradición de
las comunidades, a la que el zapatismo introdujo elementos innovadores,
destacando el principio de “mandar obedeciendo”. En los municipios
autónomos se vienen privilegiando actividades en torno a la salud
y a la educación, aunque en condiciones de pobreza extremas. Con
apoyo de la sociedad civil se han construido clínicas y los zapatistas
enfatizan la organización de agentes de salud que realizan campañas
de higiene y de prevención. También se han construido escuelas,
y lo más importante son los promotores de educación y sus
campañas de alfabetización. Los contenidos que se enseñan
en las escuelas zapatistas son aprobados por los consejos autónomos.
Los zapatistas se enorgullecen de haber ido logrando que las niñas
-tradicionalmente segregadas de la educación- asistan a las escuelas.
Los Consejos que gobiernan en las comunidades -relataban en su comunicado
los zapatistas- también ven lo relativo a problemas de tierras,
trabajo, comercio, vivienda, alimentación, tránsito, cultura,
información y administración de justicia. Un gran logro
de la organización autónoma tiene que ver con la dignidad
de la mujer: se ha avanzado en la lucha contra la costumbre de “vender”
a las mujeres, que hasta ahora no podían elegir libremente a su
pareja. Y aunque no se cumple del todo, existe ya una avanzada ley de
las mujeres.
El zapatismo ha logrado traducir estas prácticas comunitarias en
otra instancia, regional, que abarca un conjunto de comunidades, las que
a su vez conforman los municipios autónomos. En este nivel, cada
comunidad tiene su responsable. Por encima existe una instancia más,
la zonal, que integra grupos y regiones. En estas instancias el EZLN interviene.
En sus mensajes, Marcos reconocía que en ellas la democracia directa
comunitaria tiene una contaminación militar. El autogobierno, ejercido
de lo local a lo regional, estaba bajo la sombra de la estructura militar
del EZLN, aunque en la elección o sustitución de autoridades
el EZLN no intervenía ni ocupaba cargos, y si alguno quería
aceptar cargos debía renunciar a los cargos organizativos en el
EZLN.
Durante años, estos municipios autónomos han mantenido relaciones
con las comunidades zapatistas, con las no zapatistas de Chiapas y con
la sociedad civil, tanto nacional como internacional.
DESIGUALDADES ENTRE LOS MUNICIPIOS
Después de varios años de estar funcionando así,
los zapatistas hicieron balance de los logros de estos municipios y destacaron
un grave problema: por la desigual relación con la sociedad civil
nacional e internacional, unos municipios contaban con más recursos
que otros y esto había producido un desarrollo desequilibrado tanto
entre los municipios autónomos como entre las comunidades y las
familias, siendo más beneficiados los que habían sido sede
de los Aguascalientes y los más accesibles por las vías
de comunicación. Todo esto había ido creando tensiones y
desequilibrios internos y era necesario establecer contrapesos a la inequidad.
Como en toda convivencia humana, se señalaban también problemas
dentro de las comunidades zapatistas
-compete resolverlos a las autoridades autónomas-. Sin embargo,
los más serios conflictos, tensiones y enfrentamientos se habían
dado con las comunidades no zapatistas. Había quejas contra autoridades
que no respetaban los derechos humanos de los no zapatistas, y ése
era otro de los defectos que tenía que remediar la nueva organización
que los zapatistas proponían crear.
CINCO CARACOLES, CINCO NOMBRES
Los zapatistas asignaron a los Caracoles varias funciones. La
primera, ser como puertas para entrar a las comunidades y para que las
comunidades salgan. Ser “como boca para sacar lejos su palabra y
escuchar la del que lejos esté”. Democráticamente
se les impusieron cinco nombres. Al de La Realidad le pusieron Madre de
los caracoles del mar de nuestros sueños, Al de Morelia, Torbellino
de nuestras palabras. Al de La Garrucha, Resistencia hacia un nuevo amanecer.
Al de Roberto Barrios, El caracol que habla para todos. Y al de Oventic,
Resistencia y rebeldía por la humanidad.
JUNTAS DE BUEN GOBIERNO PARA LOS CINCO CARACOLES
En cada Caracol se crearon Juntas de Buen Gobierno, el primer
órgano formal de administración de los municipios autónomos.
A cada Junta se le construyó una casa para poder funcionar. El
gran encargo que se les dio fue el de “mandar obedeciendo”.
Se les encomendó resolver los problemas de la comunidad y ser puentes
entre las comunidades y el mundo. Se les dio el encargo de contrarrestar
los desequilibrios en el desarrollo de los municipios autónomos
y de las comunidades y de mediar en los conflictos que se presenten tanto
entre los municipios autónomos como entre éstos y los municipios
oficiales. Otra de sus funciones será la cuidadosa atención
de las denuncias contra los consejos autónomos por violaciones
a los derechos humanos, atendiendo, investigando y encontrando la manera
de que se corrijan las protestas y las inconformidades.
Las Juntas de Buen Gobierno tienen que vigilar la realización de
proyectos y tareas comunitarias en los municipios autónomos; promover
el apoyo a proyectos comunitarios; estar atentas al cumplimiento de las
leyes zapatistas; atender y guiar a la sociedad civil en sus visitas a
las zonas rebeldes; promover proyectos productivos; instalar campamentos
de paz; realizar investigaciones para beneficio de las comunidades. Otra
función es promover y aprobar -de común acuerdo con el Comité
Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN
(CCRI-CG)- la participación de miembros de los municipios autónomos
en actividades fuera de las comunidades rebeldes.
Los zapatistas establecieron que por encima de las Juntas estará
el CCRI-CG del EZLN para vigilar su funcionamiento y evitar actos de corrupción,
intolerancias, arbitrariedades, injusticias y desviaciones del principio
de “mandar obedeciendo”.
Así como los Caracoles tienen sus nombres, las cinco Juntas de
Buen Gobierno fueron bautizadas con nombres elegido por los consejos autónomos.
Se llaman Hacia la esperanza, Corazón del arcoiris de la esperanza,
Camino del futuro, Nueva semilla que va a producir y Corazón céntrico
de los zapatistas delante del mundo.
UN 10% DE “IMPUESTO HERMANO”
Las Juntas iniciaron su trabajo con tres bloques de disposiciones.
Primer bloque: no se permitirá que los donativos y apoyos de la
sociedad civil sean destinados a alguien en particular o a una comunidad
o municipio determinado. En cada Caracol, su Junta, después de
una evaluación, decidirá a dónde va el donativo y
en dónde se realizará el proyecto. A todos los proyectos
de les quitará un 10%, “impuesto hermano” destinado
a las comunidades que no reciban apoyos. Se decidió no aceptar
ni sobras ni limosnas ni proyectos impuestos.
Segundo bloque. Se reconocieron como entidades zapatistas -colectivas
e individuales- sólo las que se registren como tales en las Juntas,
para evitar grupos que se hacen pasar por zapatistas. Se determinó
también que los excedentes o bonificaciones por comercialización
de productos de cooperativas y sociedades zapatistas serán entregados
a las Juntas para dar apoyos a quienes no puedan comercializar sus productos
o no reciban ningún apoyo.
Tercer bloque. Se incluyó en él todo lo relativo a la identificación
de los zapatistas en el exterior, buscando impedir que gente deshonesta,
haciéndose pasar por zapatistas, engañen a la sociedad civil
nacional e internacional. Se aclaró que en la ciudad de México
no existe ninguna casa de seguridad del zapatismo donde se entrene a nadie.
Las Juntas quedaron encargadas de expedir acreditaciones, que se recomendaba
fueran corroboradas.
Los zapatistas aclararon que aunque las Juntas de Buen Gobierno atenderían
a los no zapatistas, no iban a imponer nada.
EL PPP FRAGMENTARÁ A MÉXICO EN TRES PEDAZOS
A la par de esta sugestiva iniciativa, los zapatistas anunciaron
el retiro de los retenes del EZLN, la eliminación del cobro en
caminos del territorio rebelde y la revisión únicamente
a los vehículos sospechosos de transportar madera, droga o armas.
Además de esta interesante y profunda reorganización interna,
el EZLN propuso cinco planes a nivel nacional y global. Insistiendo en
que la autonomía zapatista no implica la temida fragmentación
del país ni hay en ella ánimos separatistas, y que lo único
que reclaman es su derecho a gobernarse, los zapatistas expresaron orgullo
por su identidad mexicana, exigiendo que se les reconozca y respete también
su identidad indígena.
Conscientes de la actual fragmentación del país, denuncian
que el gran proyecto separatista es el Plan Puebla Panamá (PPP),
que dividirá en tres pedazos a México. Al norte mexicano,
el PPP le asigna una lógica productiva y comercial integrándolo
a Estados Unidos y convirtiéndolo en una gran maquila. Al centro
de México lo ubica como un centro comercial proveedor de los consumidores.
Y al sureste lo reduce a ser una gran finca, coto de caza para el dinero
mundial, territorio de conquista de recursos naturales. Señalan
los zapatistas que los dueños del capital nacional temen a las
organizaciones sociales, pero quienes los están despojando de todo
son los banqueros extranjeros, haciéndolos sucumbir ante el capitalismo
salvaje.
Convencidos de que la globalización del dinero busca la destrucción
del Estado nacional, los zapatistas constatan grandes y fuertes resistencias
ante los designios de los poderosos y rutas de rebeldía en todo
el territorio mexicano. Auguran al PPP problemas por la agudización
de las revueltas sociales y reafirman que en las tierras zapatistas no
se permitirá el PPP.
CINCO PLANES PARA LOS CINCO CARACOLES
El zapatismo lanzó también planes que involucran
a sus cinco Caracoles. El primer plan, denominado
el Plan La Realidad Tijuana (Reali-Ti) consiste en ligar todas las resistencias
de México para la reconstrucción de la nación mexicana
“desde abajo”. Siendo una de las metas básicas del
zapatismo la construcción de un mundo donde quepan muchos mundos,
plantearon también otras cuatro planes para el mundo. El segundo
plan es el denominado Morelia-Polo Norte. Para el Caribe, Centro y Sudamérica
es el tercer plan, llamado Plan La Garrucha-Tierra de Fuego. Para Europa
y África pensaron el cuarto plan, bautizado Plan Oventic-Moscú.
El quinto está destinado a Asia y Oceanía, Plan Roberto
Barrios-Nueva Delhi. El meollo de todos estos planes es el mismo: luchar
por la humanidad y contra el neoliberalismo.
Miles de personas reunidas en Francia para preparar lo que llegó
a ser “el descarrilamiento de la OMC” en Cancún saludaron
el nacimiento de los Caracoles zapatistas.
“LOS EJÉRCITOS NO SON PARA GOBERNAR”
La fiesta de inauguración de los Caracoles se realizó
el 10 de agosto en Oventic. Aunque la invitación era abierta, el
zapatismo advirtió que no había invitado a la clase política
y que no mantendría reuniones con ninguno de sus integrantes. Diez
mil personas, entre bases zapatistas, organizaciones indígenas
provenientes de varios estados, organizaciones campesinas, integrantes
de sindicatos y activistas provenientes de varios países participaron
en la fiesta.
En el acto hablaron los comandantes y comandantas zapatistas. El subcomandante
Marcos no estuvo presente. Se dijo que por una enfermedad intestinal.
Y aunque algunos observadores consideraron que esto había deslucido
el evento, otros destacaron que así se demostraba quiénes
conducían realmente el proceso.
Las palabras de Marcos llegaron en una grabación. Felicitó
el nacimiento de las Juntas, augurando que el ejemplo cundiría
por todo México y el mundo. Cumplida la tarea que le habían
encomendado temporalmente los municipios autónomos -ser su vocero
a través de los comunicados-, les devolvía “el oído,
la voz y la mirada”. A partir de ese momento, todo lo referente
a los municipios autónomos lo hablarían sus autoridades
y las Juntas de Buen Gobierno.
Marcos hizo aclaraciones muy importantes sobre la organización
en el territorio rebelde. El EZLN no debía ser la voz de quienes
mandaran -aun cuando lo hicieran obedeciendo-, porque el zapatismo era
la voz de los de abajo, de los gobernados. El EZLN tenía la misión
de defender a los municipios y a las Juntas. También precisó
que en tierras zapatistas -las de los municipios autónomos y las
Juntas- las autoridades no podrían recurrir a las fuerzas milicianas
del EZLN para las labores de gobierno. Tenían que gobernar recurriendo
a la razón y no a la fuerza. Marcos circunscribió así
el papel de los ejércitos: deben usarse para defender, no para
gobernar. Y eso haría el EZLN: defender a las comunidades de las
agresiones del mal gobierno, de los paramilitares, y de todos lo que quisieran
hacerles daño.
REACCIONES POSITIVAS A LOS CARACOLES
El gobierno mexicano no acertó a dar una respuesta inmediata
a la reactivación del zapatismo, que reafirmaba su ruptura con
el gobierno y con la totalidad de la clase política. En un primer
momento, el Secretario de Gobernación indicó que el gobierno
no podía avalar los Caracoles. Después matizó, declarando
que el gobierno respetaría las acciones que el EZLN realizara ciñéndose
a la Constitución y a la ley del diálogo. Pero la fundación
de los Caracoles obligó a los funcionarios de alto nivel a examinar
la nueva situación. Posteriormente, la posición oficial
fue aceptar los Caracoles, argumentando que eran constitucionales por
ser formas de organización interna. El gobierno federal alabó
que el zapatismo se planteara como movimiento cívico y no militar.
El coordinador del suspendido diálogo de paz encontró positivo
que se promovieran nuevas formas de organización política.
La titular de la recién estrenada Comisión Nacional para
el Desarrollo de los Indígenas, Xóchitl Gálvez, reconoció
que la única solución para volver al diálogo era
una nueva reforma constitucional porque la promulgada había dejado
insatisfechas a las comunidades indígenas y al EZLN. Ante las interpretaciones
que se querían imponer dentro del gobierno, insistió en
que las Juntas no eran un Estado dentro del Estado, y alabó que
las comunidades experimentaran la autonomía.
“UNA INICIATIVA DE GRAN ALCANCE”
El Comisionado del gobierno de Chiapas para la reconciliación
de las comunidades en conflicto declaró
que la iniciativa zapatista era un esfuerzo de las comunidades para buscar
nuevas formas de solución a sus conflictos. Y el gobernador chiapaneco
aseguró que la búsqueda por mejorar la vida de los indígenas
de la Selva y de los Altos de Chiapas -donde se ubican los municipios
autónomos- no violaba la ley y que las nuevas acciones del EZLN
reflejaban la decisión de sustituir la guerra por la política.
Las posiciones favorables a la iniciativa zapatista no hallaron eco en
toda la clase política mexicana. Legisladores locales priístas
y panistas de Chiapas anunciaron su rechazo a las Juntas. Concordaron
con ellos un buen número de legisladores federales de esos dos
partidos, alegando que las Juntas constituían una violación
al estado de derecho. Algunos priístas interpretaron que las Juntas
eran una respuesta ante un deteriorado gobierno del PAN y ante el auge
del PRI en la entidad. Primeramente, el vocero del PAN instó al
gobierno a no tolerar actividades ilegales porque podrían ser muy
perjudiciales para la estructura institucional mexicana, y cuando la Secretaría
de Gobernación fijó su postura argumentando que las Juntas
no violaban la Constitución, entonces acusó a Marcos de
ser “un cacique posmoderno”.
El recién electo diputado por el PRD, Manuel Camacho -quien fue
el primer interlocutor gubernamental del zapatismo en 1994- destacó
que Marcos se había reposicionado con una iniciativa de gran alcance.
El dirigente perredista Cuauhtémoc Cárdenas calificó
a las Juntas como un importante avance, al ofrecer instrumentos de trabajo
en las comunidades y municipios de la zona rebelde.
Dependiendo de sus nexos con los poderosos o con los movimientos populares,
los obispos mexicanos fijaron también sus posturas. Para el secretario
de la Comisión Episcopal de Pastoral Indígena de la Conferencia
Episcopal mexicana las juntas implicaban “segregación”.
El Cardenal de México pidió que la reaparición de
los zapatistas no fuera un show más, como los que se hacían
cuando venían la señora Miterrand y los activistas italianos.
El obispo de San Cristóbal de las Casas alabó la constitución
de las Juntas y consideró que el zapatismo había ingresado
a una nueva etapa que la sociedad debía tratar de entender. Valoró
la humildad de la comunicación del EZLN, por reconocer que no todo
era justo y recto en la puesta en práctica del proyecto de nueva
sociedad, aceptando que entre ellos se daban casos de violación
a los derechos humanos y la imposición su ideología.
UNA RESPUESTA Y UN MODELO A CONSIDERAR
En el norte de México, 244 representantes de organizaciones
y autoridades tradicionales indígenas de los pueblos Mayo, Rarámuri
y Odomi constituyeron la Alianza de los Pueblos Indígenas del Norte
y Noroeste. El Congreso Nacional Indígena encomió que se
hubiera emprendido, en los hechos, el camino de la autonomía indígena.
La Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía destacó
que la autonomía era la respuesta popular a la crisis de los partidos,
una nueva forma de hacer política, un proyecto de largo plazo,
y un modelo.
Después de la reaparición del EZLN, 75 organizaciones indígenas
de todo el país se reunieron en Chiapas. Defendieron los procesos
de autonomía que se estaban ensayando y argumentaron que habiendo
crisis de credibilidad, legitimidad y representatividad, las autonomías
eran la alternativa. Hicieron suyo el Plan zapatista Reali-Ti. El Consejo
Guerrerense 500 años de Resistencia Indígena se puso a estudiar
el modelo de los Caracoles. Y en Veracruz varios pueblos indios anunciaron
su intención de crear Juntas como las zapatistas. Comunidades indígenas
de Michoacán anunciaron que formarían 18 municipios autónomos.
Un gran número de organizaciones campesinas vieron en las Juntas
de Buen Gobierno un extraordinario instrumento de democracia popular.
Las organizaciones obreras agrupadas en la Convergencia Sindical y Social
-entre las que se encuentran el sindicato de electricistas, el de telefonistas,
el del Seguro Social y el de la UNAM- apoyaron la autonomía zapatista.
¿DIÁLOGO AHORA?
En el tradicional informe presidencial del primero de septiembre,
el Presidente Fox hizo una breve y general alusión a los pueblos
indígenas, reafirmando la postura gubernamental: ofrecer asistencialismo.
Del zapatismo nada dijo. En el gobierno foxista se hacen invitaciones
formales al diálogo, pero con la certeza de que el EZLN no está
en disposición de negociar. Creen que el zapatismo podría
dialogar, pero no negociaría, por ser ésta la postura que
mayores dividendos políticos le ha producido. En una coyuntura
en la que el gobierno tiene abiertos muchos frentes con muy pocos logros,
también tiene miedo a abrir de nuevo el frente del zapatismo. La
razón asiste a los zapatistas porque hubo un acuerdo firmado con
el gobierno -los Acuerdos de San Andrés- que no fue respetado en
lo fundamental cuando se hicieron las reformas en el 2001 y mientras no
exista un reconocimiento legal de los derechos y de la cultura indígena
no tiene caso volver a la mesa del diálogo.
TRES INQUIETUDES LEGALES
Los analistas de esta nueva etapa zapatista plantearon varias
preocupaciones legales. La primera, sobre la misma legalidad de las Juntas
de Buen Gobierno. Se hizo ver que los zapatistas estaban amparados en
el artículo segundo de la Constitución, que reconoce que
los pueblos indígenas tienen el derecho a la libre determinación
y a la autonomía para decidir sus formas internas de convivencia
y organización social, económica, política y cultural;
y que estaban facultados para aplicar sus propios sistemas normativos
en la regulación y solución de sus conflictos internos.
Esta base legal, más que a los zapatistas, a quien resolvía
el “problema” era al gobierno, que evitaba así la presión
del ala conservadora, que pedía represión para los zapatistas.
A pesar de la base legal, está claro que la autonomía anunciada
por los zapatistas va más allá de los marcos legales.
Otra preocupación legal la planteaba el anuncio de que las Juntas
cobrarían impuestos. Se salvaba viéndolos como contribuciones
voluntarias. Otro problema: las Juntas aparecían por encima de
los municipios, constituyendo un cuarto nivel, cuando son sólo
tres los niveles legales: nacional, estatal y municipal. Varios comentaristas
hicieron ver que el ensayo de las Juntas, más que una amenaza al
orden constituido ofrece oportunidades para solucionar conflictos, sin
olvidar que a lo largo de la historia es siempre la realidad en marcha
lo que trasforma el derecho. Ciertamente, las Juntas representaban retos
y oportunidades para cambios constitucionales.
Los especialistas en derecho indígena recordaron que el Convenio
169 de la Organización Internacional del Trabajo forma parte de
la Ley Suprema de la Nación y que las Juntas encontraban en él
su más plena justificación. Recalcaron también que
el Convenio de Viena establece que los Estados no pueden alegar legislaciones
internas para justificar el incumplimiento de los tratados suscritos.
¿EL COMERCIO? ¿LA CONVIVENCIA LOCAL?
Otra inquietud versó sobre los límites percibidos
en algunas de las nuevas medidas. Como las comunidades zapatistas no son
ni pueden ser autárquicas, tienen que relacionarse con el mercado.
Imponer a las cooperativas que comercian café y artesanías
contribuciones solidarias las podría colocar en desventaja frente
a la competencia, y el afán de evitar desigualdades entre las comunidades
podría desembocar en la imposición de una centralización
burocrática controlada por el aparato militar.
Otra preocupación se refería a la convivencia local. En
Chiapas, el priísmo local es especialmente adverso y agresivo con
los zapatistas y existen comunidades con serias polarizaciones. Cada grupo
con sus propias autoridades ya ocasionaba fricciones y ha sido lenta la
reconstrucción del tejido social. El diálogo es imperativo,
y el más importante tiene que ver con la negociación hacia
el interior de las comunidades.
BRILLAN LOS LOGROS DEL ZAPATISMO
A pesar de todas las inquietudes, brillan más los logros.
Entre la gama de aportes que el zapatismo ha hecho al mundo, el fundamental
tiene que ver con la alternativa autonómica que plantea. Los pueblos
indios de México han podido sobrevivir con su propia autonomía,
no reconocida por el derecho. Hoy, sin fundarse en textos clásicos
revolucionarios, sintetizan imaginativamente tradiciones indígenas
con planteamientos novedosos.
No quieren el poder estatal sino la construcción de un poder popular
desde abajo. No pretenden ser vanguardia, pero su influencia nacional
y mundial se ha ido renovando en los diez años que tienen de haber
irrumpido
en el espacio público.
Con este nuevo paso, los zapatistas reafirman la vocación pacifista
que les impuso la sociedad hace diez años.
Han seguido por ese camino: dan importancia a los fines comunitarios y
dejan de ponderar lo militar. Tienen relegadas las armas pero no las olvidan,
las circunscriben sólo a la defensa. No quieren militarizar su
cultura.
Con estas nuevas medidas, privilegian la reconciliación con grupos
contrarios. Y siguen demandando respeto.
DOS PILARES, DOS METAS
El EZLN ha dado muestras de una gran capacidad de resistencia
y de inventiva política. Los Caracoles zapatistas articulan la
organización local con un proyecto alternativo en lo global. Combinan
una defensa de intereses específicos con intereses universales.
Los dos pilares fundamentales del zapatismo, mandar obedeciendo y crear
un mundo donde quepan muchos mundos, siguen siendo metas para los movimientos
populares de México y de todo el mundo.
Fuente: Revista Envío. Nº 260. Noviembre 2003. Revista
mensual de Análisis de Nicaragua y Centroamérica. http://www.envio.org.ni/ |