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Hermann Bellinghausen, Selva Lacandona, Chis. 20 de octubre de
1994. En extensa entrevista concedida a La Jornada y otros medios, el
subcomandante Marcos analiza la situación que atraviesa el país
y presta especial atención a las nuevas propuestas del obispo Samuel
Ruiz para la paz, a la respuesta del gobierno federal, al conflicto chiapaneco,
y analiza las acciones del ejército federal en torno de la zona
que controla el EZLN.
En su primer diálogo formal con periodistas desde vísperas
del 21 de agosto, el vocero del EZLN alerta contra la imposición
de una línea dura y agresiva ante el conflicto chiapaneco, bajo
el supuesto gubernamental de que sería posible una solución
local rápida y quirúrgica. Equivaldría a jugar al
aprendiz de brujo, advierte, porque "si se equivocan y no consiguen
el estallamiento localizado que pretenden, les va a prender y ya no van
a poder detenerlo ni ellos ni nosotros".
I
A la pregunta sobre cómo ve el EZLN las propuestas del
obispo Samuel Ruiz y del comisionado Madrazo, el subcomandante Marcos
responde:
-La propuesta del comisionado no procede porque el diálogo
está roto, y si no hablamos con el gobierno tampoco recibimos propuestas
del gobierno. La única propuesta que realmente hemos recibido es
la de mediación del señor Ruiz. La ruptura del diálogo
se decidió a nivel de comités; la reanudación sólo
puede hacerse con la aprobación de todos los comités. Los
cuatro puntos de la propuesta se van a someter a consulta. Si todo el
Comité decidió romper el diálogo, no fue algo de
Marcos, el Comité es el que tiene que canalizar el documento y
responder si lo reanuda o no, si se mantiene la tregua o no, o si se mantiene
la ruptura y ordena el rompimiento de la tregua.
-¿Algo como lo que se dio después del diálogo
en la catedral?
-Sí, pero más selectivo. Ésa es prerrogativa
del Comité. No tiene que irse hasta los poblados, se pasa a todos
los comités y ellos discuten, o sea que su proceso es tardado;
no sé si respondan sí o no, pero lo más seguro es
que reaccionen como lo hicieron cuando se dio la ruptura del diálogo.
No una respuesta a las palabras que hablan de paz, sino a los hechos.
Ellos decidieron romper el diálogo por las señales que ven
del gobierno, que son de guerra. Así, aunque vengan propuestas
de diálogo siguen los actos de prepotencia militar y política,
por lo que no procede la reanudación del diálogo según
el Comité, y el hecho es que se adelgaza la tregua.
Más que hacer propuestas de paz, para reanudar el diálogo
el gobierno y la mediación deberían dar señales de
que se puede desactivar la beligerancia de las otras partes; no sólo
del ejército federal, también de los ganaderos, los comerciantes,
los cuerpos policíacos.
Nosotros pensamos que no lo van a hacer, porque lo que vemos
es la incursión sobre Morelia, la reincidencia en vuelos aéreos
rasantes sobre la zona franca. Pero un camino para el diálogo implicaría
desactivar las amenazas como se desactivaron en enero y febrero, cuando
empezaron a hacer acuerdos y finalmente todo quedó en calma; entonces
uno dice: ahora me toca hablar. Pero no puedes hablar con un avión
encima, con incursiones, desalojos, declaraciones agresivas y amenazas.
O sea que nosotros vemos más cerca la guerra que la paz.
Pero no por nosotros ni porque nos hayamos hecho más radicales,
sino porque la guerra parece venir del gobierno. Hay quien ha dicho que
la guerra beneficia a alguien del lado del gobierno y está haciendo
todo lo posible por provocarla para que la empecemos nosotros. Y si no,
están dispuestos a empezarla ellos. ¿Quién? No lo
sé, ojalá supiera para traerlo aquí cuando empiecen
los cabronazos. No sé a quién puedan servirle estas cosas".
-¿La renuncia de Eduardo Robledo Rincón sería
una condición para la reanudación del diálogo?
-No, el diálogo no depende de Robledo, depende de esas
señales del gobierno entre las que está el conflicto poselectoral;
el problema de Robledo no es con nosotros, él tiene un movimiento
civil fuerte en su contra. El problema es que no puedes contestarle a
un ejército en armas como le contestas a un partido político,
con una concertación. Si vas a hablar de paz tienes que dar señales
de paz.
-¿Que interpretación da el EZLN a las recientes
maniobras del ejército federal en territorio rebelde?
-Pensamos que el ejército federal quiere presionar al
EZ a una negociación con el gobierno de Salinas de Gortari. Según
esta lectura, el objetivo de las presiones en los retenes, los vuelos
rasantes y las incursiones es intimidar y amenazar con esta argumentación
de que hay una línea dura y una línea blanda, y que más
nos valdría arreglarnos con la línea blanda, porque si no
la línea dura nos va a destrozar. Pero conforme se ha ido deteriorando
la situación en el estado vemos que si el objetivo es ése,
resulta contraproducente .
Entonces empezamos a interpretar que existe interés en
algún lado por llevar la situación de crisis a su punto
límite, y que esas maniobras del ejército federal respondían
al interés de provocar una respuesta violenta de los zapatistas.
Como si hubiera una fracción en el poder interesada en que se haga
más inestable e inmanejable la situación nacional, porque
no creo que todavía haya quien se trague que es posible un conflicto
localizado en unos cuantos municipios de Chiapas, separándolo de
los acontecimientos nacionales.
El asesinato de Ruiz Massieu revela que hay gente en el partido
de Estado, en los grupos de poder, interesada en hacer cada vez más
inestable una situación que se pregonaba de transición pacífica
del poder. Pensamos que el ejército federal toma parte en este
juego de intereses; evidentemente algo le están ofreciendo a cambio
de prestarse a este tipo de maniobras, que no responden a la movilidad
natural de un ejército que patrulla o que recaba información
sobre los enemigos, sino que se trata de acciones militares que ponen
en riesgo a las unidades que las hacen. Como si buscaran un choque y no
información.
Los vuelos de reconocimiento son muy cercanos a las montañas,
donde lógicamente se emplazan las unidades de fuego antiaéreo,
y las patrullas se adentran en terreno que no conocen, que es zapatista,
en horas y situaciones geográficas que dificultarían el
enlace en caso de que esos destacamentos fueran atacados.
O nos estamos enfrentando a un mando militar torpe para hacer
sus reconocimientos, o se trata de un hecho para provocar ese roce peligroso.
Recordamos cómo eran las maniobras antes del asesinato de Colosio.
El reconocimiento aéreo era más discreto, más alejado
de nuestro territorio, más completo; no es posible hacer movimientos
militares en una zona vigilada por vía aérea sin ser detectados
a tiempo. Incluso se han dado vuelos sobre las zonas francas de San Miguel
y Guadalupe Tepeyac; eso ya es agregar otro elemento para que se dé
cuenta de la vigilancia. Antes no era así, se evitaba la zona franca
y no se adentraban en el territorio.
Los sobrevuelos recientes los han realizado aviones perfectamente
reconocibles como militares, a baja altura, en horas en que sólo
este tipo de aviones pueden volar sin luces en la oscuridad.
Cuando los compañeros deciden romper el diálogo
leen más los hechos como un intento de llevar la situación
al límite de la guerra, probablemente calculando que podrían
provocar un conflicto localizado y controlarlo, mediante pequeñas
acciones de fuego, y todavía poder detenerlo como en enero. Y allí
es donde están jugando al aprendiz de brujo, porque si se equivocan
y no consiguen un estallamiento localizado, les va a prender y ya no van
a poder detenerlos ni ellos ni nosotros".
-¿Cómo ve las recientes propuestas del comisionado
Jorge Madrazo?
-Nosotros dejamos de escuchar la palabra del gobierno porque
en la práctica era lo contrario; la última propuesta de
Madrazo sobre la comisión verificadora y otras cosas ya no las
recibimos porque el diálogo estaba roto. Lo que recibimos y estamos
estudiando es la propuesta de Samuel Ruiz García para reactivar
el diálogo con una nueva comisión de intermediación.
Esa propuesta la está analizando el Comité.
Además, las últimas declaraciones de Madrazo son
bastante duras. Las acabo de escuchar por el radio y parecen un ultimátum
al Ejército Zapatista. Pareciera que el que está urgido
de diálogo es el EZLN y el gobierno pone las condiciones. Si la
versión que dan los medios corresponde a lo que dijo Madrazo, aparentemente
su declaración es textual, se nos ponen cuatro condiciones para
la reanudación del diálogo.
Primero, que se responda a las denuncias por presiones del EZLN
sobre la población civil. Esto es oportunista, porque precisamente
días antes nosotros habíamos reconocido esta situación
e invitábamos a las organizaciones no gubernamentales y de defensa
de los derechos humanos a que hicieran esta investigación. Resulta
absurdo que después lo proponga Madrazo.
La segunda es que se garantice el regreso de los desplazados,
siendo que los desplazados son promovidos por las asociaciones ganaderas
y por el propio gobierno federal, mediante la promesa de despensa y pago
de rentas por abandonar las tierras. Así es que los pequeños
propietarios desplazados hacen un gran negocio, porque saben que sus tierras
no han sido ocupadas, consiguen la renta del gobierno, y comoquiera vienen
a checar a cada rato sus propiedades y a pagar el impuesto de guerra para
que no se les invada.
La tercera demanda del ultimátum de Madrazo al EZLN para
reanudar el diálogo es que se les permita a las comunidades de
adentro de la zona de conflicto que reciban la ayuda gubernamental. La
respuesta está por ejemplo en San Quintín, que está
dentro de nuestra zona y ha recibido ayuda del gobierno, en concreto un
programa de electrificación en el cual cada casa recibió
una celda solar para encender cuatro focos. La gente de San Quintín
que pertenece a la CNC y es priista recibe por avioneta mercancías,
créditos, ayuda, y nadie lo impide.
La cuarta demanda de Madrazo es que nos deslindemos públicamente
de hechos delictivos en Tapachula y Teopisca. En Tapachula no sé
a qué se refiere, y lo de Teopisca se trata de policías
judiciales que asaltan la presidencia. Los zapatistas no andan en camionetas
Wagoneer. Mejor que explique él cómo pueden entrar encapuchados
hasta una guarnición pública sin que nadie haga o diga nada.
Lo que nosotros sabemos es que se trata de una jugada entre los ganaderos
y judiciales, para que estos últimos pusieran una guarnición
en Teopisca. Pero no, no somos nosotros y de cualquier manera no tenemos
por qué estar desmintiendo cada una de las cosas que ellos hacen.
A nosotros no nos urge el diálogo porque vemos que nos
hacen un juego doble. Hablan de diálogo, pero dan señales
de guerra. En conclusión, el balance que hacemos de Madrazo es
difuso, porque no sabemos si se burla de nosotros o si también
se están burlando de él, porque no tiene ningún poder,
ninguna iniciativa para respaldar lo que ha propuesto.
Además, otro problema para la reactivación del
diálogo es el asesinato de Ruiz Massieu. Los compañeros
dicen que cómo se van a sentar a hablar con unos que dicen que
respetarán nuestras vidas si no se respetan la vida entre ellos.
Los compañeros dicen «No, pues nos van a chingar» [el
texto de Bellinghausen sufre aquí un corte; continúa así:]
mucho menos podemos hablar de un proceso de paz que signifique reincorporación
a la vida civil y política".
-¿Era más tenso el panorama antes del diálogo
en la Catedral, o en estos momentos?
-Ahora, ni pensarlo. ¿Cuándo hicimos entonces advertencias
sobre movilizaciones y acumulación de tropas en las líneas
de despliegue? Pensamos que en febrero el gobierno quería la paz
y en octubre el gobierno quiere la guerra.
II
En medio de la soledad que circunda Aguascalientes y el silencio
vespertino que sólo rompen los chasquidos de la lona extendida,
el subcomandante Marcos, con un contradictorio R-15 sobre los muslos,
dice a las grabadoras que giran sus torpes cintas:
-Nosotros hemos insistido en que estamos por la solución
política y pacífica del conflicto. No rompemos el diálogo
para reiniciar las hostilidades sino para señalar una situación
específica en contra de nosotros, y para señalar que el
diálogo está empantanado.
La tarde soleada se desliza en el lodo nuevamente endurecido.
Al centro de la explanada vacía de Aguascalientes, un puñado
de sillas iluminadas de luz azul por la vela de lona parecen ausentes
de todo sobresalto. Y dice Marcos:
-Ahorita, la imagen que nos da el gobierno federal es la de una
veleta en medio de una tormenta.
Respecto al reciente boletín de la Secretaría de
la Defensa Nacional, que desmiente las acciones que los zapatistas han
acusado y les devuelve el tratamiento de "transgresores de la ley",
el subcomandante Marcos reflexiona:
-El titular de la Sedena, general Riviello Bazán, acababa
de declarar días antes que el EZLN debería desarmarse y
convertirse en fuerza política para encauzar sus demandas, y ahora
somos otra vez transgresores. Esto es absurdo. ¿Cómo les
vas a decir a unos transgresores de la ley que se hagan fuerza política?
No hay coherencia en este discurso, es como si le dijeras al Cártel
del Golfo que se haga partido político. O nos dan trato de delincuentes
o nos dan trato de organización con legítimas demandas políticas.
No podemos recibir señales tan contradictorias.
¿Cómo explica el ejército federal esa doble
posición? Además, en uno de sus comunicados dice refrendar
su voluntad para una solución política del conflicto, y
ahora termina diciendo que el ejército federal sigue acatando las
órdenes del Ejecutivo, o sea, que ya no tiene ninguna voluntad
de solución pacífica. Hay una hipocresía en el discurso,
o más bien una incongruencia, no puedes proponerle a alguien diálogo
si lo tratas de delincuente. Si es delincuente te lo tienes que chingar,
y si es alguien legítimo, pues le tienes que dar un trato legítimo.
No puede ser que el comisionado, que es parte del gobierno federal, te
llame a negociar, y la Sedena, que también es parte del gobierno
federal, te diga transgresor de la ley.
Nosotros pensamos que eso responde a una lucha al interior del
gobierno. Como que una parte del gobierno quiere que haya guerra y otra
un arreglo político.
-¿Estamos hablando de una línea dura dentro
del Ejército?
-Bueno, la Defensa Nacional siempre ha estado por la línea
dura. Ni quien dude que ahí están por la solución
militar, pero antes matizaban. De hecho, que el general Riviello Bazán
dijera «Que se desarmen y se hagan fuerza política»
era indicativo de una manera de resolver el problema, pero era también
un ultimátum, aunque más político.
Ya después amainarán los aires, pero mientras el
entrevistado comenta los esfuerzos del mediador Samuel Ruiz y su nueva
propuesta, la Comisión Nacional de Intermediación (Conai),
sobre nosotros da fuertes tirones la lona que nos cobija.
-Del trabajo del obispo Samuel Ruiz García vemos que durante
el periodo posterior a las pláticas de San Cristóbal, estuvo
bajo muchas presiones, y no precisamente zapatistas, sino que tenían
que ver con las pugnas al interior de la Iglesia, del gobierno y las derivadas
de la situación local, que le restaban libertad para encauzar el
conflicto.
A mi manera de ver, tanto él como Camacho pensaron que
las pláticas habían sido suficientes y que la firma era
un trámite del EZLN, un trámite democrático pero
trámite a fin de cuentas, que consistía en conculcar a la
gente, que acordaría firmar la paz.
Así que no se prepararon para otra cosa ni se esforzaron
en amarrar el diálogo. No consideraron la posibilidad de un «No»
o la ruptura del cese al fuego; en fin, que podían pasar muchas
cosas y había que garantizar que el esfuerzo continuara. Después
del «No» ya no hay otra iniciativa de algún lado y
el diálogo termina. Se reactiva en agosto, pero no por iniciativa
del mediador ni del comisionado, sino nuestra; había que ponerse
de acuerdo para las elecciones. Hubo ceguera histórica más
bien. Ningún proceso de paz en el mundo ha sido tan rápido
y espectacular como ellos anunciaron.
Total, que después vimos muy solo al mediador, en una
situación de expectativa nacional y en algunos casos internacional
siendo él un personaje local y con muchas cadenas, empezando porque
pertenece a una institución tan rígida como la iglesia católica,
y en un horizonte político tan viciado como el chiapaneco.
En cuanto a la Conai, desde el principio insistimos en que debía
ser plural. En aquel momento hubo oposición tanto del obispo como
de Camacho, y el diálogo de San Cristóbal arranca sólo
con ellos y nosotros. Aceptamos porque nos presionaba la sociedad civil
para que habláramos ya.
Después del «No» a las propuestas del gobierno
insistimos en ampliar la mediación, pero como no esperaban el fracaso
del diálogo de San Cristóbal, no tenían preparada
otra cosa. Después, cuando se reconoce a Jorge Madrazo, insistimos
con Samuel en que, mientras se aclaraba el panorama electoral, podía
seguir él solo, pero que había que incorporar a otras personalidades.
El que ahora se presente una comisión nacional realmente
colectiva es un avance pero pienso que el problema va a venir del gobierno
federal, porque a ellos no les conviene una comisión con personalidades.
De hecho, la respuesta inmediata de Salinas y Madrazo a la ruptura es
la insistencia en un diálogo directo; es decir, echar a un lado
la intermediación. Me parece que Madrazo ha insistido en el diálogo
directo porque el trabajo de la mediación anterior no causó
mucho beneplácito del lado gubernamental, entre otras cosas porque
se decía que don Samuel no era realmente neutral. Nosotros decimos
que estaba tan en medio que dejaba insatisfechas a las dos partes".
-¿Cómo ven a las personalidades propuestas
para la nueva Comisión?
-Acabamos de recibir la propuesta, conocemos a algunos de ellos
y pensamos que son gente honesta, que ha insistido en que la solución
política es la única posible. Pero el problema, repito,
no es la mediación, sino que las partes muestren voluntad de diálogo,
no sólo de palabra".
-El CCRI evalúa en estos momentos la propuesta de
mediación. Independientemente de lo que el Comité resuelva,
¿cual es la postura de los zapatistas al proceso de pacificación?
-Nosotros -responde Marcos- hemos insistido en que estamos por
la solución política y pacífica del conflicto. No
rompimos el diálogo para reanudar hostilidades, sino para señalar
una situación específica en contra de nosotros, y para demostrar
que el diálogo está empantanado, porque no hemos recibido
propuestas aceptables para reanudarlo".
Para irnos entendiendo, el subcomandante Marcos responde a la
pregunta de una reportera, quien lo interroga sobre la evaluación
que él hace del proceso de diálogo con el gobierno federal
desde enero hasta finales de octubre.
-En un primer momento se trata de lograr que una fuerza que se
levanta en armas contra el gobierno decida suspender la vía armada
y hable con su enemigo en un país con tanta tradición de
traiciones. Esa etapa le toca a Manuel Camacho, y se caracteriza por una
serie de señales encaminadas a desactivar la beligerancia de ambas
partes para aflojar los puntos conflictivos. Disminuyen las movilizaciones
de los dos ejércitos. Ellos liberan a nuestros presos y nosotros
liberamos a Absalón Castellanos. Se reducen los vuelos de vigilancia,
reducimos el movimiento de nuestras tropas y desembocamos en el diálogo
de la Catedral.
El primer logro es que dos fuerzas enfrentadas a muerte se sienten
a hablar y escuchar. Camacho insiste en que nuestra lucha es local e indígena.
Nosotros insistimos en el carácter nacional de nuestras demandas,
y llegamos a los dos puntos del pronunciamiento que hace el comisionado
respecto a las demandas nacionales, que en realidad eran más, y
la respuesta al pliego de demandas, los 32 puntos, referidos únicamente
a la situación indígena local, a veces sólo en relación
a la población indígena en los municipios en conflicto.
La siguiente etapa es la consulta a nuestras bases, y aquí
se desactiva más la belicosidad, porque debemos replegar a todas
nuestras tropas para que hagan la consulta en sus comunidades. El ejército
federal afloja más aún su presencia en los retenes; se da
una cierta confianza en que la otra parte no va a hacer nada. Según
sabemos, los servicios de inteligencia militar del ejército federal
detectan el repliegue de nuestras tropas a sus pueblos y que no amenazamos
con reactivar el conflicto. Los retenes se limitan al trasiego de armas,
no hay detenciones y los vuelos de reconocimiento siguen haciéndose
de día y de noche, pero muy separados de nuestras posiciones.
Luego viene el asesinato de Colosio. Esperamos entonces un endurecimiento
militar, pero no ocurre así. Aumentan los vuelos y refuerzan sus
posiciones, sin aumentar tropas. Digamos que el problema se queda en lo
político, y quienes endurecen sus actitudes son los ganaderos,
los coletos y los grupos reaccionarios.
Reactivamos el proceso de consulta, que desemboca en el «No».
Desde que salimos de la Catedral no hicimos contacto con el mediador hasta
el mes de mayo; en aquel encuentro acordamos reanudar la consulta, suspendida
desde el asesinato de Colosio. El contacto por correspondencia había
insistido en desactivar por ambos lados la beligerancia.
Cuando llega el «No» de los zapatistas el 10 de junio,
empieza un estira y afloja en el grupo en el poder sobre si habían
fracasado las negociaciones. Renuncia Camacho y decidimos ya no hablar
con el gobierno, sino con el pueblo de México, y llamamos a la
Convención Nacional Democrática".
-¿No se rompe el diálogo en ese momento?
-No. El Comité lo valoró como el fin de una etapa
que llevó a propuestas que nos parecían insatisfactorias.
Pensamos que la nueva etapa era la de un diálogo nacional. Con
la intención de hacer a un lado la lucha armada y el protagonismo
del EZLN, nos dirigimos a la sociedad para que tomara un papel protagónico
y pacífico. Quedaba pendiente un problema: las elecciones del 21
de agosto. Una cosa era detener la beligerancia y otra abrir nuestro territorio
para las elecciones.
El gobierno federal se ve obligado a reabrir el diálogo
y nombra a Madrazo. Nosotros lo reconocimos con el objetivo de negociar
la entrada de las elecciones al territorio rebelde. Mediante correspondencia,
van y vienen propuestas y contrapropuestas del IFE y la Comisión
Estatal Electoral. Las elecciones se hacen como nosotros pensamos que
debían ser en todo el país, es decir, bajo responsabilidad
de personalidades de la sociedad civil. Las irregularidades son inexistentes.
Viene una nueva situación nacional. Mientras se habla
de un triunfo incuestionable del Partido Revolucionario Institucional
a nivel nacional, en el estado de Chiapas abundan irregularidades, pero
se da poco margen a la presentación de impugnaciones. Se genera
descontento contra Robledo. Paralelamente, aunque se hace aparecer que
el triunfo del PRI es legítimo, a partir del 22 de agosto aumenta
el número tropas, bajo un supuesto relevo, pero nadie sale. Refuerzan
primero las posiciones externas, en los cuarteles de Tapachula, Arriaga,
Tonalá, Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa y Tenosique, y hasta
en Cintalapa y otras partes. Luego viene un refuerzo técnico con
blindados y armamento para la infantería, sobre todo cohetes tierra-tierra
que el ejército federal usa para combate urbano y contra fortificaciones
(edificios y trincheras de piedra). Esto ya no es defensivo, sino para
avanzar. Nadie acumula tanta tropa para estacionarla. Causa más
problemas así que moviéndola.
Nosotros lo interpretamos como un temor a la efervescencia afuera
y a la previsión de un estallamiento. Se incrementan los patrullajes
dentro del territorio zapatista, en plan de provocación, pues son
columnas que, de ser emboscadas, no podrían recibir apoyo; prácticamente
las sacrificaban si había choques.
Todo esto coincide con las declaraciones de Salinas el 12 de
septiembre respecto a la legalidad. Esa misma noche vienen sobrevuelos
muy agresivos, que siguen en los días posteriores.
El comisionado Madrazo sigue insistiendo en un contacto personal
para la reactivación del diálogo, pero sin agenda. Los compañeros
del Comité me dicen «Bueno, sí, pero de qué
vamos a hablar. Si es lo mismo de San Cristóbal no tiene caso,
ya se acabó, deben ofrecer propuestas nuevas».
Yo le advertí a Madrazo en una misiva que las señales
que recibíamos eran de guerra. Él sólo dijo que el
gobierno reafirmaba su voluntad de diálogo; fue entonces cuando
sacamos los comunicados que denunciaban la situación; él
contestó que faltaban datos concretos. Total, que dimos fechas,
horas y lugares, y él volvió a contestar que había
voluntad de diálogo y que iba a investigar. Los compañeros
del Comité sólo veían los vuelos y el endurecimiento
en los retenes. En ese momento deciden la ruptura, porque no puede ser
que Madrazo hable de diálogo y en el cielo estén los aviones.
Ahí decidimos avisarle a la Convención, que atraviesa
los problemas que conocemos, y tomamos la decisión de ruptura sin
consultarla, pues no teníamos mecanismos para resolver esa situación.
La CND no había vuelto a reunirse, había tomado resolutivos
muy generales, no estaba claro qué podía hacer. Decidimos
romper el diálogo para llamar la atención sobre el hecho
de que la guerra se venía, y no por nosotros".
El subcomandante Marcos pasa entonces a revisar la situación
actual del país, donde la descomposición da paso, según
él, a nuevas incertidumbres.
III
Acompañado por un silencioso comandante Tacho que debe
estárselas viendo negras bajo su pasamontañas de lana en
el cálido anochecer, así sea a la sombra, el subcomandante
Marcos elabora un análisis sobre la actual coyuntura nacional.
De vocero de un grupo armado casi suicida, a pertinaz comentarista político
y escritor de méritos por algunos discutidos y por otros ensalzados,
Marcos ganó hace meses una interlocución que otros creen
merecer más porque son importantes, se consideran menos "aislados",
hicieron mejores estudios universitarios o simplemente se mueven dentro
de márgenes aceptables de legalidad en este país de las
mordidas (y últimamente de las tarascadas).
-En la última ofensiva de medios -considera- el gobierno,
más que mantener el control, quiere aparentar que lo tiene, que
puede dirigir, que sabe lo que va a pasar.
-Lo que cuenta son las apariencias- dirá aquí y
más tarde, cuando hable de eventuales escenarios de guerra. Gana
el que aparenta que ganó:
-Como el gobierno no da soluciones de fondo para mantener el
control, el 23 de marzo le vuelve a reventar el primero de enero, y luego
el 28 de septiembre con el asesinato de Ruiz Massieu. El problema es que
para resolver a fondo las cosas se necesitaría liquidar al partido
de Estado; sería la única forma de recuperar el control.
Como eso no es posible porque está en su esencia misma, debe aparentar.
La mayor mentira después de diciembre de 1993, cuando el gobierno
dice que todo va bien, es el 21 de agosto. Pero si después de diciembre
de 93 siguió enero de 94, después de agosto siguió
septiembre, con todo lo que ocurrió. Acabo de leer unas declaraciones
de Salinas que me pusieron a temblar; en ellas asegura que el cambio de
gobierno va a ser pacífico; quiere decir que va a pasar algo de
un momento a otro, porque lo mismo había dicho cuando mataron a
Ruiz Massieu, y cuando mataron a Colosio, y dijo una peor en diciembre
de 1993: que el país se encaminaba al Primer Mundo.
Lo que vemos, más que una guerra militar, es una guerra
contra los medios (no que les pongan bombas o los ataquen; no lo descarto),
sobre todo por el control de los medios. Es un parche que les va a volver
a reventar. El primero de diciembre de 1994 está más lejos
ahora en octubre de lo que estaba el primero de enero, cuando todavía
faltaba pasar el 21 de agosto; ahorita se ve como si el primero de diciembre
pudiera no llegar, y no por el EZ ni por los movimientos sociales ni por
el descontento ante el fraude electoral. ¿Cómo, a pesar
de la supuesta legitimidad de las elecciones, viene esta crisis, y todo
el mundo especula si Zedillo podrá tomar posesión o no?
¿Cómo, después de esa votación de 17 millones,
se cuestiona lo que en 1988, con una votación inferior, no se cuestionaba?
Ahora, cuando se suponen mayores la legitimidad y el apoyo, hay más
dudas. Pienso que ciertos sectores del gobierno empiezan a darse cuenta
de que es un espejismo que podría no resultar. El asesinato contra
Ruiz Massieu y las investigaciones posteriores rumbo a Tamaulipas, que
al parecer apuntan a otro lado, son resultado de este débil parto
de la legalidad el 21 de agosto."
-La insistencia oficial en regionalizar e indianizar el alzamiento
zapatista alimenta otras contradicciones y paradojas. Por su parte, el
EZLN ha enfatizado en recientes comunicados el carácter nacional
de su movimiento. ¿Qué visión del país tienen
los zapatistas, o al menos Marcos, después del asesinato contra
el secretario general de PRI?
-Desde mayo advertíamos sobre el interés del gobierno
en la legitimidad, y que en ese sentido la tregua era para recuperar el
21 de agosto lo que habían perdido el 6 de julio de 1988. La distensión
previa a las elecciones, donde se inscribe la CND al permitirla y favorecerla,
era con el objetivo de cumplir ese proyecto de legitimidad. Según
ellos, después del 21 de agosto ese proceso queda cumplido, y ya
puede decidirse qué hacer con el levantamiento de Chiapas. Las
presiones que nos dirigen a través de Madrazo se empatan con las
que hacía Camacho; ni siquiera aceptan que sea un problema de los
indígenas; era un problema de los indígenas de Chiapas,
que en efecto habían sufrido una serie de arbitrariedades que debían
resolverse.
Pero habiendo todos los elementos para desactivar el conflicto
y quitarle cualquier argumento político al EZLN para seguir en
armas, imponen a Robledo, lanzan los desalojos a las tomas de tierras
en vez de privilegiar la negociación para proseguir con el diálogo,
se vuelven más agresivos los movimientos militares y se enfrascan
los priistas en un ajuste de cuentas interno que les impide aprovechar
la legitimidad del 21 de agosto, y abren la puerta a la crisis que padece
el partido de Estado.
Dicho de otra forma, los grupos que hicieron posibles los 17
millones de votos están pasando la factura a Salinas o a Zedillo,
y de pronto resulta que no tienen fondos políticos para pagarlas
y hay que reacomodarlo todo. Por una u otra causa, Chiapas y el EZLN son
elementos importantes en este ajuste de cuentas interno. Entonces, tanto
desactivar el conflicto como hacerlo explotar sirve a unos u otros. Unos
dicen que el conflicto no debe amarrarse al problema de Robledo, sino
inscribirse en una solución nacional respecto al reparto agrario
y el problema indígena, sacándolos del deterioro nacional.
Otros insisten en circunscribir todo al aspecto local, y sólo las
demandas sociales fuera de las demandas políticas y dentro de los
límites de la lucha de ciertos indígenas.
Por eso dejamos claro que tanto la paz como la guerra en Chiapas
no significarían una solución local. Todo este tiempo, paralelamente
a la CND, el EZLN ha tenido contacto con otros grupos, en otras partes
de la República, a los que el 21 de agosto convenció de
que la vía electoral no es el camino, que la lucha armada es necesaria
y que el EZLN demuestra que es posible. El resultado de las elecciones
representa una frustración para los sectores más desposeídos,
una frustración respecto a las movilizaciones pacíficas,
que puede ser también una traba para la defensa del voto y para
otras movilizaciones grandes, y que el esfuerzo debe ir por la lucha violenta.
La imagen que nos da ahora el país es de un gran hervor
social subterráneo; sabemos que ya está saltando, que hay
choques con guerrilla en diversos estados, pero que el Estado ha sido
muy cuidadoso en manejarlos como narcotráfico o bandidaje. Según
informes que tenemos, se trata de grupos guerrilleros que operan militarmente.
La línea que separa el terrorismo de la lucha revolucionaria es
muy tenue. Tiene que ver con quién es el enemigo y cómo
es caracterizado.
-O sea, según esto, la gobernabilidad también
tendría que ver con las apariencias. Y luego, ¿qué
son y qué parecen para los zapatistas el PRI y su triunfo electoral?
-El PRI se equivoca al apostarle a que puede simular otra vez
que controla el país, simular que su permanencia al frente del
Estado significa estabilidad, bienestar, gobernabilidad, aunque la realidad
del partido diga lo contrario. Todo lo que está sucediendo ahora
es lo que recuerdo que iba a pasar si ganaba Cárdenas; Cárdenas
no debía ganar porque habría presiones, asesinatos. Pero
gana el PRI, deja muy atrás a sus opositores, y empiezan a ocurrir
las cosas que esperaban al gobierno de oposición.
La apuesta era que, si Cárdenas ganaba, el paso del 21
de agosto al primero de diciembre iba a ser para desestabilizar e impedir
la transmisión del poder. Decían: «Si el 21 de agosto
es cardenista, el primero de diciembre no llegará nunca».
El 21 de agosto fue priista y el primero de diciembre está muy
lejos todavía.
El accionar militar o político de la oposición
no ha llegado a ser suficiente para romper el cerco informativo que padece
todo el país. Nosotros pensamos que en ciertos sectores sociales,
los más cercanos a los medios de comunicación, el 21 de
agosto provocó frustración e inmovilidad, con la falacia
de que este pueblo es priista y no tiene posibilidad de cambio; viene
otra vez la lógica neoliberal y cada quien a lo suyo, a rascarse
con sus uñas abandonando proyectos colectivos o de largo plazo,
porque la lucha por la democracia en México es una utopía.
Nosotros no pensamos que eso mismo ocurrió en los sectores
más desposeídos. Estoy hablando de indígenas, de
campesinos sin tierra y obreros agrícolas, y falta ver la reacción
del sector obrero a ese premio de 4 por ciento.
Los sectores medios encuentran en la televisión un espejo
donde reflejan su frustración y dicen «Bueno, sí,
así es»; pero nadie se aventura a pensar que el fraude en
sí es de tal naturaleza que incluso pone en duda el triunfo de
Zedillo. Sectores que antes eran muy radicales aceptan que hubo fraude,
pero no tanto como para cambiar los resultados de la elección presidencial;
sólo se altera la proporción de diputados y senadores. En
el mejor de los casos, concluyen que ni modo, se trata de algo gradual,
más espaciado, y es ahí donde esos sectores se muestran
mal preparados para un proceso a largo plazo, suponiendo que sea lo que
procede.
Entonces, distinguiríamos dos Méxicos cercanos
al tránsito a la democracia: el México de en medio y de
abajo, que estaría frustrado, y el México de hasta abajo,
del sótano, que estaría volviendo la cabeza hacia la vía
violenta, apostando a un movimiento espontáneo o con mínima
organización para salir adelante.
¿En qué medida tendrá esto efecto para que
no se convierta en algo desarticulado? -se pregunta Marcos, y se responde-
En la medida que pueda generarse un movimiento más grande de dirección
(porque dirigir es controlar, articular, encauzar) que el apostado en
agosto (y que para nosotros era y sigue siendo la CND, nada más
que está metida en una mecánica muy desgastante, de ajuste
de cuentas interno, que temíamos desde el principio, y la separa
de sus definiciones fundamentales), lo que vemos a nivel nacional, no
sólo en el gobierno, también en sectores progresistas, es
el engaño de valorar a Chiapas como un problema localizado, tanto
de paz como de guerra. Pero se van a equivocar, y en una situación
de guerra esta equivocación tendría un elevado costo social."
Las alarmantes conclusiones del EZLN, que ya alarmaron al país
el 1 de enero, conducen a Marcos a la virtual certidumbre de que para
muchos desposeídos, independientemente del ejército zapatista,
la opción armada gana prestigio, conclusión de suyo preocupante.
-En la medida en que se acerque la toma de posesión de
Zedillo, si no se articula un movimiento pacífico de resistencia
civil, de gente que crea en ello y lo lleve adelante, los ajustes de cuentas
de justicia popular, las Fuenteovejuna que fueron apareciendo a lo largo
del año en todo el país, las conocidas y las que se niegan,
serán más y más frecuentes, al grado de hacerse incontrolables
en términos militares.
Al gobierno no le interesa tanto ganar la guerra como aparentar
que la gana y que controla al país. Si consigue aparentar que los
conflictos violentos que se están dando no responden al descontento
político, entonces irá ganando, porque la única rebeldía
violenta por cuestiones políticas será la del EZLN, reconocida
en Chiapas, y a ésta se le puede mantener en cauce o aniquilar.
Aunque el gobierno tenga un problema nacional, militarmente hablando,
podrá decir en términos de prensa que la cosa está
resuelta. El problema es que un movimiento nacional tan desarticulado
provoca criterios muy locales para decidir las acciones militares."
La noche cae y el rollo no se acaba. Para mayor fatiga de la
magnetofonía y la estenografía, ahora la noche de la entrevista
coincide con la luna llena, así que la vasta lona azul arroja sombras
pardas caprichosas.
En cierto modo no hace falta, pero el subcomandante Marcos pide
que se encienda el discreto alumbrado de Aguascalientes. En la semipenumbra
silenciosa, ya sin rastros de viento, la paz del ambiente contrasta con
las declaraciones tremendas del encapuchado de negro.
La "ley de la selva", opina Marcos, es más racional
que la ley del orden que tiene el PRI.
Sin que sea tan tarde, continúa, viene a cuento una cita
del Libro de Manuel, del que te dije: "Algo como una cuenta al revés
empezaba a gotear lentamente sus cifras en los nervios".
IV
Según el subcomandante Marcos, el EZLN pretende "contaminar
lo más que se pueda al país, no en el sentido de que todos
agarren las armas sino en esta lucha por la libertad, la democracia y
la justicia, en el entendido de que cada quien con su fuerza y en su medio
puede hacer algo si está incluido en un movimiento mayor".
El EZLN, a diferencia de muchas guerrillas tradicionales, dice
el subcomandante Marcos, es "un ejército político".
Eso explica que a los diez meses de su alzamiento no haya retomado la
beligerancia y sí, en cambio, estableció diálogo
o debate con partidos políticos, organizaciones civiles, ciudadanos
varios y hasta el gobierno federal.
En el amplio análisis que hace bajo la lona quieta de
Aguascalientes, deja claro que tanto él como el CCRI ven al país
en crisis.
-¿Sería igual esta crisis en caso de que las
elecciones hubieran favorecido a Diego Fernández de Cevallos o
a Cuauhtémoc Cárdenas?
-Sí, nosotros acertábamos al decir que la crisis
sólo podría superarse con un gobierno de amplia alianza
que regule el tránsito a la democracia y lo haga menos doloroso.
Cualquiera de las situaciones en que nos hallamos derivan de esta inestabilidad.
Nadie está seguro de quién manda en el país, quién
toma las decisiones. Si antes se decía: no, pues el Presidente
de la República, ahora podría ser que las decisiones las
tome la embajada de cualquier país al norte del río Bravo,
o cualquier narcotraficante. La crisis también obedece a una incapacidad
para gobernar. El triunfo de Cárdenas o Fernández de Cevallos
hubiera desembocado en lo mismo tal vez, pero el único partido
que ofreció que no sucedería lo que está sucediendo
fue el PRI.
-Después del 21 de agosto, ¿siguen creyendo
ustedes en la vía electoral como vía para un tránsito
pacífico?
-Nosotros nunca creímos en la vía electoral, no
en estas condiciones. Cuando el EZ se alza no demanda un proceso electoral
limpio sino un gobierno de transición que garantice un proceso
electoral limpio. Las elecciones deben organizarse en un nuevo espacio,
en una relación en equilibrio, con igualdad de oportunidades para
acceder a los medios. Se necesitan nuevas reglas de relación política
en un juego democrático; ahí sí podría ganar
cualquier partido y la gente vería innecesario un movimiento armado.
-Ustedes se hicieron a un lado para las elecciones. ¿Ahora
dicen que se hagan a un lado los partidos?
-Creemos en la necesidad de nuevas formas políticas, pero
tenemos la limitación de estar armados, somos ilegales. Representamos
una opción, sí, pero la más radical, la última,
y sabemos, porque conocemos nuestra historia, que hoy se están
cancelando otras vías, menos la que lleva a la lucha armada.
Nos dimos cuenta de que no podíamos ponernos en contra
del pueblo por el que decíamos luchar. Decimos querer democracia,
justicia y libertad para todos, pero la gente nos dice «No queremos
guerra, queremos probar el tránsito pacífico». Nosotros
no podíamos imponer la guerra. Bah, podemos, pero sería
la misma imbecilidad que hacen otros, aunque no lo sea en términos
militares. Cuando vemos esta situación decimos no, tampoco podemos
irnos así, hacernos a un lado y esperar los cabronazos. Si estamos
leyendo lo que pasa en la sociedad tenemos que decirles que está
bien, que vale la pena el esfuerzo y estamos dispuestos a aceptar que
nos equivocamos, que sí había otro camino. Ese otro camino
era la Convención.
Pensamos en un movimiento nuevo, no que se plantee la toma del
poder, la permanencia en el poder y esas cosas, sino nuevo para hacer
el cambio previo al cambio, la antesala del movimiento democrático.
Y dijimos que debía ser un movimiento amplio, plural, democrático,
una especie de frente cuyo objetivo sea lograr ese tránsito. Luego,
si ese frente deviene partido, o se divide y hunde, ya es otra cosa, no
importa. Por eso dijimos «Nos hacemos a un lado, pero no nos vamos».
Pasó agosto, estamos en octubre y vemos que el EZLN crece como
alternativa no de prestigio moral, sino en número. Esto no es bueno,
porque significa el cierre de la otra vía, a la que le cortaron
las alas. En agosto dijimos «Si los partidos políticos ofrecen
el cambio, está bien, démosles la oportunidad», pero
ya se vio que no pudieron. Es cierto que se necesita un movimiento más
amplio, en el que tiene que ver la lucha armada. Y ahora decimos a los
partidos políticos que se hagan a un lado, tiene que ir adelante
otra organización, no digo que el EZLN, pero sí la CND.
Voy a poner un ejemplo: ahora, en el país, la zona con
mayor efervescencia civil pacífica es Chiapas, y eso porque tiene
la guerra a un lado, no la ven de lejos. Y en ningún otro lugar
del país los partidos son tan débiles como en Chiapas. Aquí
no existe el PAN ni el PRD ni el PT. Aquí se señala un hecho:
donde los partidos políticos son fuertes no hay movilizaciones;
donde están débiles es donde hay más posibilidades
de evitar la guerra. Es decir, si el resto del país se movilizara
como Chiapas, todos dirían: para qué me voy a la montaña
si puedo presionar tomando carreteras, sin matar a nadie. Aquí
estas acciones, sin ser tan pacíficas, no llegan al extremo absurdo
de la guerra. Ahí se está marcando una realidad.
El problema es que la sociedad civil sin partido no tiene disciplina
ni organización ni seguimiento. Reacciona ante problemas concretos,
limitados. Y es ahí donde se comen a los partidos políticos,
porque ellos ven a largo plazo, quieren el poder. Según nosotros,
esta dispersión de la sociedad civil progresista podría
resolverse y agarrar coherencia, dirección, en la CND, en una forma
nueva de actuar, tan nueva como no hacer nada sin preguntarle a la gente
si está de acuerdo. Parece lógico pero nadie lo hace, y
la CND, cuando se fue de aquí el 9 de agosto, tampoco lo hizo.
Y es cuando reacciona el EZLN y les dice que miren hacia abajo, tienen
que voltear el mundo de cabeza y poner arriba a los que están abajo.
Nosotros así nacimos como organización. Por eso Tacho decía
el otro día «Ustedes van a batallar menos porque no son clandestinos,
son legales, pueden crecer más rápido». Quizá
nos equivocamos al creer que la CND puede organizar a los sin partido,
y si todo fracasa, los partidos políticos regresarán diciendo
«Ya ven, se necesitan los cuadros, la estructura, la lucha por el
poder, el programa partidario»".
Crean o no los zapatistas en las elecciones, sigue la ronda de
urnas y pronto habrá comicios, que se esperan competidos, en Tabasco,
y elecciones municipales en Veracruz, donde el PRD es ya segunda fuerza
política.
-Ante la posibilidad de un triunfo reconocido o no, de Andrés
López Obrador en Tabasco y el progreso de la lucha por la gubernatura
en Chiapas, ¿cuál es la postura del EZLN?
-Contaminar lo más que se pueda al país, no en
el sentido de que todos agarren las armas sino en esta lucha por la libertad,
la democracia y la justicia, en el entendido de que cada quien en sus
fuerzas y en su medio puede hacer algo, si está incluido en un
movimiento mayor. Nosotros vemos este proceso de acumulación de
fuerzas con esta valoración: las cosas están ocurriendo
muy rápido, y cada vez más el EZLN es buscado por más
sectores para que diga, se pronuncie o haga algo que permita volver efectivo
el para todos todo, para nosotros nada. Sería ya muy difícil
que la población aceptara que el ejército zapatista resuelva
«Bueno, nos guardamos y vamos a esperar que se junte gente en otros
lados», sobre todo la efervescencia por venir en Guerrero, Puebla
y Veracruz, y en Tabasco, que está en una situación muy
difícil: el PRI dice que todas sus encuestas revelan que va a arrollar;
ya sabemos lo que significa eso, y Tabasco está muy cerca de Chiapas;
entonces, ¿qué va a hacer la gente? Voltear hacia acá.
Eso no quiere decir que volteen a ver al EZLN, sino al movimiento de resistencia
civil. Nosotros vemos que todo va para arriba y que la dirección
del EZLN va a tener que cumplir su trabajo, como lo hizo en los años
pasados y en los diez meses últimos, para que no se pierda todo
esto. Ahora estamos en la ruptura del diálogo, en ver si se puede
reactivar, y es ahí donde el Comité deberá ver qué
vamos a hacer. Lo que el Comité ya dijo claramente es que Robledo
no, ahí no habrá para dónde hacerse, y todo parece
indicar que el gobierno va por Robledo hasta lo último.
-¿Y si sostienen a Robledo hasta el final? ¿Eso
modificaría el panorama?
-Sí, definitivamente. Pero el Comité no batalla.
Para la cuestión nacional está la CND; la Convención
es nuestro referente. Ahora, si la CND se va a la mierda, entonces ya
tendríamos que valorar la situación nacional con nuestros
propios elementos, como en diciembre de 1993. Pero el Comité ya
dijo que Chiapas no está a discusión, y aquí sí
la población civil es radical, hablan de que Avendaño ganó
y ése es el que tiene que quedar".
Haciendo una pausa, el subcomandante Marcos se levanta de su
silla y camina hacia lo oscurito. Cada quien tiene su manera de tomarse
un respiro, antes de sumergirse de nuevo en la conversación.
-¿Ven ustedes señales de una expansión
real del movimiento civil chiapaneco?
-Habría que esperar qué pasa en Tabasco y Veracruz
para calar eso. Habría que esperar también que se defina
el movimiento por la anulación de las elecciones aquí.
Veo con esperanza que se abandone la actitud del resto del país,
de ver a Chiapas como un país centroamericano con el que hay que
tener solidaridad y enviarle ayuda. A Chiapas hay que verlo como una parte
de la nación, así como vieron al movimiento navista, con
la expectativa de que se generalizara. Ésa es la esperanza que
nosotros tenemos. Veracruz y Tabasco pueden ser indicativos".
-En cuanto al conflicto electoral chiapaneco, ¿cual
es la postura del EZLN?
-Nosotros decimos que Robledo no puede gobernar, sino quien ganó
las elecciones: Amado Avendaño Figueroa.
-¿Y la Convención Nacional Democrática?
-Lo que vimos con el Comité es que si la Convención
entiende que su viaje es a largo plazo y se prepara para eso, tiene una
buena oportunidad. Si no se convierte en una organización coyuntural,
ayer para el 21 de agosto y ahora para el primero de diciembre, puede
hacerla.
-¿Cómo ve el EZLN el movimiento social campesino
de Chiapas?
-A diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, aquí
sí hay un movimiento organizado que levanta las demandas del EZLN
pero no por las armas. En enero, el gobierno apostó por que el
CEOIC fuera cabeza de playa de la contrainsurgencia y disputara la base
social al EZLN, pero se le volteó porque el gobierno no sabía
qué pasaba en el campo chiapaneco. A lo largo del año, el
CEOIC, en lugar de irse desgastando como ellos esperaban, se hizo zapatista.
Se volvió más homogéneo, más fuerte, se depuró
en vísperas de la Convención y llegó a las elecciones
con un plan de defensa del voto y de insurgencia civil.
El CEOIC, como la fuerza civil más importante de la sociedad
chiapaneca, pudo calar el fraude, la naturaleza del fraude, y los recursos
que usó el gobierno. El CEOIC sí llegó el 22 de agosto
sabiendo qué había pasado, lo que no hizo ningún
partido político a nivel nacional. Entonces se articula, primero
de manera suelta, y luego ya con un plan de actividades de grupos ciudadanos
en torno del CEOIC. Ahí sí vemos un zapatismo que lucha
por la democracia, la libertad y la justicia, civil, pacífico.
Vemos la posibilidad de hacer innecesarias las armas, aunque ellos mismos
dicen que ese auge, ese despertar, es porque existe un grupo armado".
-Pero ya había un avance de los movimientos indígenas,
tal vez no tanto en Chiapas...
-Sí, lo había en Chiapas, pero estaba muy dividido.
Los principales movimientos, de 1992 a la fecha, estaban muy dispersos.
Por un lado CEOIC, por otro OCEZ, UCI...
-Xi'Nich. . .
-Y a cada rato se separaban. En 1994 se presenta un movimiento
articulado, homogéneo, y organizaciones que nunca antes se hubieran
dirigido la palabra ahora se sientan juntas y deciden acciones.
-¿Ellos bastarían para conjurar la guerra?
-No, ellos dicen que son posibles porque hay un grupo armado,
no accionante pero que existe. Eso permite que su gente pueda probar si
se puede una cosa o la otra; si una no resulta, entonces la otra. No al
grado de anular al grupo armado, pero sí de hacerlo innecesario.
Es decir, podrían meter el proceso de guerra en un congelamiento
a largo plazo, mientras se mantenga esa agitación. Lo vimos en
las movilizaciones de septiembre y octubre: la base de ese movimiento
es zapatista; no armada, pero sus planteamientos son zapatistas.
-En esto, ¿el Ejército Zapatista ve la concreción
de un cambio a partir de enero?
-Sí, nosotros pensamos que lo que ocurre ya hizo que valiera
la pena la sangre derramada en enero. En el balance regional, lo que está
pasando no tiene precedentes en la historia desde que llegaron los españoles.
Independientemente de si queda Robledo o Avendaño, el hecho es
que el frente opositor, el de los ganaderos y comerciantes, no acaba de
homogeneizarse, se parte continuamente, se reagrupa y dispersa otra vez;
unos valoran el costo de radicalizarse, otros quieren negociar. Tienen
más dificultades para organizarse que los indígenas y el
CEOIC, y eso nunca había pasado. La división, la falta de
articulación y plan común eran monopolio de los jodidos.
Los madreaban, los encarcelaban, y ni siquiera se ponían de acuerdo,
deja tú para hacer movilizaciones, para sacar un desplegado e informar
bien lo que estaba ocurriendo. Ahora, esa dificultad la tienen los ganaderos.
Si hay una toma de tierras, ya se preguntan «¿Me meto o no?».
Porque una parte de los ganaderos está dispuesta a negociar, a
vender las tierras invadidas, y otros insisten en los desalojos. Los grandes
comerciantes también tienen problemas con respecto al mediano y
pequeño comercio, porque el mediano y pequeño han sufrido
una política fiscal muy opresiva. Entonces ven con simpatía
un movimiento antigubernamental, no el armado, eso no les gusta, pero
que sea antigubernamental sí. Que ofrezca eso de consultar las
cosas, que haya democracia y libertad.
Yo tuve correspondencia con un pequeño comerciante que
me decía que hace dos meses, antes de la Convención, lo
obligaron, a él y a otros, con golpeadores, a cerrar su tienda
para hacer un paro. No habían sacado acuerdo en la Cámara
de Comercio, decían que finalmente iban a perder más en
términos económicos.
El hecho de que el plantón de propietarios se mude a Los
Pinos en vísperas de la toma de posesión revela las dudas
de algunos de los que están plantados sobre si vale la pena; no
hay homogeneidad en las declaraciones. Un sector de los ganaderos es muy
robledista; otro sector considera que Robledo está transando. Yo
los veo muy divididos; lo que los mantiene juntos es la presencia masiva
del ejército federal, con la ilusión de que los federales
les resolverán el problema.
De hecho, este caminar sobre el filo de la ingobernabilidad ha
sido posible por la presencia del ejército federal y por la tregua,
que el EZLN ha respetado. Ahí es donde nosotros vemos la posibilidad
de que esta insurgencia civil sí derive en un gobierno plural,
que establezca nuevas reglas políticas para la lucha democrática
en niveles más civilizados, menos violentos, menos prehistóricos
que los que siempre hubo.
Lo que nosotros decimos, con nuestro escepticismo zapatista,
con nuestro pensamiento cabrón, como dice Tacho, es que esto sólo
será posible si hay un cambio nacional. Pensamos que los estaríamos
engañando a todos si dijéramos que Chiapas puede arreglarse
aunque el resto del país siga en el desmadre. Por eso insistimos:
el problema es nacional".
Por una vez, este rincón de la selva chiapaneca ha sido
clemente y no ha llovido. La noche es clara y lunática. Lo dijo
Pedro Infante, "de las lunas, la de octubre". El subcomandante
Marcos y el comandante Tacho se incorporan, dicen buenas noches y se alejan,
seguidos por los insurgentes que los escoltaban desde la sombra. Se apagan
los focos de Aguascalientes, pero la noche es joven todavía.
Fuente: La Jornada, días 21, 22, 23 y 24 de octubre de 1994
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