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Radio UNAM, 18 de marzo de 1994.
Entrevistadores: David Vázquez, José Luis Vázquez,
Joaquín Fuentes y Fernando Chamizo, para "Chiapas, expediente
abierto", de Oscar Oliva.
I
-Subcomandante Marcos: ¿cuáles fueron los doce
libros que trajiste a la selva lacandona?
-Bueno, uno es el Canto general de Pablo Neruda, otro una selección
de poemas de Miguel Hernández y León Felipe, Historia de
cronopios y de famas de Cortázar, las Memorias de Francisco Villa,
El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (me puedo tardar, ¿no?,
y allá editan, si no van a decir «No, es un retrasado mental,
de plano»).
-Un manual de alfabetización...
-Un curso de oratoria por correspondencia (como se aprende la
oratoria, por supuesto). Ahorita sólo me acuerdo de ellos.
-¿Qué fue lo que te hizo pensar en esos libros?
¿Lo pensaste en un proceso de reflexión muy largo? ¿Por
qué quisiste que te acompañara Don Quijote y Neruda y Miguel
Hernández y Villa a la selva?
-No, no lo planee, no lo reflexioné mucho. Me dijeron
«Ya vas a salir, prepara tus cosas» y pues puse la ropa y
agarré esos libros que eran los que tenía más a la
mano, los que leía más continuamente o consultaba pues en
todo caso. Había más pero se quedaron, no creo que estén
todavía ahí. Y así fue como los aventé a la
mochila y esos fueron los que llegaron a la selva y ahí se quedaron.
Cuando salimos fuimos guardando todo en los buzones que les decimos nosotros,
o sea las como bodeguitas que vamos dejando en la selva para guardar cosas
que no usamos de diario y que cada tanto vamos a revisar o a recoger para
poder usar. Ahí a veces quedaban unos libros y recogía otros
y luego los cambiaba.
-¿Algunos de estos versos te siguen acompañando
hoy?, ¿los recuerdas, te han dado fuerza, te han dado valor, te
han dado vida?
-Está (vaya, es un comienzo desconcertante de entrevista)
la parte más llamativa del Quijote, cuando termina diciendo Alonso
Quijano: "estuve loco, ya estoy cuerdo". A pesar de eso es recordado
precisamente por sus locuras. Bueno (¿no da para una grabadora
con más cinta? Me espero que lo voltees, soy un experto en tener
paciencia) la derrota de la locura y la imposición de la sensatez
y la prudencia es lo más doloroso de ese libro. Pero como a pesar
de eso la gente siempre recuerda las acciones heroicas y locas del Quijote,
y no la parte donde se vuelve a la vida normal, donde vuelve a entrar
al aro es la parte más clara pues de lo que yo y otros siempre
quisimos evitar: llegar a decir eso, que estuvimos locos y que entrábamos
al aro otra vez y que nos íbamos a poner cuerdos. Decíamos
que teníamos que mantenernos en esta locura hasta el último
momento y no volver nunca a decir esas palabras que dijimos también
aquella vez.
-¿Cuáles fueron tus molinos de viento?
-Los helicópteros de Godínez Bravo... no son precisamente
molinos de viento, ni son precisamente ficción los aviones Pilatos
que el neutral gobierno suizo vende al gobierno mexicano para matar indígenas.
No, eran enemigos muy reales, son creo todavía muy reales. Y evidentemente
también usábamos algo más fuerte que lanzas para
embestirlos, ¿no?, si no que lo diga la Fuerza Aérea Mexicana.
-¿Dónde quedó tu generación,
Marcos? ¿En qué oficina está o qué está
haciendo?
-La mayoría de ellos está trabajando en Radio UNAM,
en algunos periódicos (¿progresistas les dicen ahora?, ¿o
cómo les dicen?), pero afortunadamente no veo ninguno en los altos
puestos gubernamentales ni en las secretarías de Estado. Creo que
por diferentes caminos siguen siendo consecuentes con lo que piensan y
con lo que quieren hacer o el proyecto de vida que tienen. Es una satisfacción
no encontrar a ningún conocido en la lista de las grandes personalidades
de este país. Y yo digo que una satisfacción porque son
las que van a caer dentro de poco. Y saber que esa otra generación
(no la generación del cambio, por obvias razones, sino la generación
de la dignidad) es la que va a enderezar este país por donde debe
ir finalmente, esa generación que no se vendió.
Y no se trataba de dejar todo botado e irse a la montaña
pues, como hicimos nosotros, sino ser consecuente con una forma de pensar
y cada quien dentro de lo que él pensaba que podía ser mejor
para cambiar las cosas, mucho o poco, según su perspectiva. Yo
saludo a esa generación, mi generación, de no verla escribiendo:
"estuve loco y ya estoy cuerdo" y entrar en el aro del Estado
o del conformismo o de las élites de intelectuales o de poder o
como se llamen ahora. Saludo su anonimato y les brindo pues el pasamontañas.
Finalmente cada quien anda con su pasamontañas, aunque sea un micrófono
(diez, ponle diez por ese guayabazo que le di al sub).
-Tu fortaleza física, intelectual y militar, ¿en
dónde se arraiga?
-¿De dónde viene? Bueno, hay que pararse una chinga.
Mira, tú cuando estás de civil, como decimos nosotros, hacíamos
pues mucho ejercicio, pero por gusto no por plan. Jugaba basketbol, el
que perdía pagaba las cervezas, (¿todavía se usa
eso o ya no? Sí, bueno, bienvenido a Ciudad Universitaria). Corríamos
en las mañanas cuando todavía los imecas no transtornaban
tanto, ya existían pues pero no transtornaban tanto la vida del
capitalino. Y luego, ya cuando estaba la perspectiva de subir a la montaña,
pues entonces ya hubo que entrar a un ejercicio según esto más
sistematizado. ¡N'ombre, qué va a ser!, en la primera loma
te revientas, olvídate, aunque hayas corrido ocho kilómetros
diarios, que era lo que corríamos nosotros, no, en la primera loma
sientes que se te parte todo, que se te oscurece y que te vas a desmayar.
Ya poco a poco empiezas a agarrar el ritmo, sabes que hay un
ritmo para subir la loma, otro para la planada, otro ritmo para bajar;
que hay tipos de paso, cuando llevas carga y cuando no llevas carga. Te
empiezas a entender con la montaña, a hablarle, hablarle bien porque
si le hablas mal pues te manda a la chingada (¡chíngale,
edita cut cut cut cut). Entonces empiezas a ver de qué modo sobrevives.
Finalmente toda la primera etapa que tenemos nosotros es de sobrevivencia,
de aprender a caminar, a cargar.
Y luego viene el problema de la carga, que es el problema también
de la literatura. No había apoyo de los pueblos, todo lo que teníamos
era lo que llevábamos, tú lo cuidabas como si fuera lo último
que tuvieras, porque en efecto era lo único que tenías:
una ración de azúcar, una ración de arroz, una ración
de frijol y un poco de sal, una ración de plomo y la casa. La casa
pues es un pedazo de nylon, una hamaca, una cobija y una chamarra, porque
las partes donde nos movíamos eran muy frías, son montañas
altas, no como estamos aquí ahorita que es la cañada donde
hace más calor; en la montaña hace frío todo el día
y en la noche también es muy crudo. Aparte, con la lluvia la humedad
se hace más fuerte para el cuerpo. Entonces el peso lo cuidas mucho,
pues lo tienes que cargar. Entonces es ahí donde uno decide si
carga un libro o no. Finalmente se convierte, no en un peso ideológico
sino en un peso real, y eso es lo que tienes que ver también, cómo
repartes el peso en la mochila, si se te va para un lado.
Estoy hablando de jornadas de ocho, diez horas de camino. No
es algo así de que un rato y a ver qué pasa. No. Entonces
finalmente le agarras el paso, agarras el ritmo, los compas te enseñan,
los compas pues que son de aquí, campesinos indígenas, y
finalmente puedes vencer. Ya que agarras el paso, que agarras el ritmo
de marcha que es la parte física más pesada de esa primera
etapa y la libras, digamos, que sobrevives, no mueres ni pides regresarte
a Radio UNAM, sino que te quedas ahí, ya luego viene la otra parte
de la preparación física, que es la militar. Hay que aprender
a usar un arma, a portarla, a disparar con ella y usarla primero para
conseguir de comer. Para conseguir de comer tienes que conocer al animal,
sus costumbres, sus huellas, su rutina e ir a buscarlo, cobrar la pieza
y cocinarlo, prepararlo, cocinarlo y comerlo, y llevarlo a que siga su
ruta biológica y vaya a salir por donde tiene que salir (qué
fino soy, ¿no?. Los estoy preparando porque van a comer ahorita
y no hay mucho, entonces para que se les baje el apetito).
Entonces así fue, luego vienen ya otras partes de entrenamiento
físico, artes marciales, maniobras ya de táctica militar.
Hay que cargar la mochila con el arma, como moverse una unidad y otra
para hacer maniobras de flanqueo, de frente, envolvimiento, cuestiones
más tácticas. Pero ahí no es tanto el ejercicio físico
sino el movimiento de unidad, digamos que el ejercicio físico va
más sobre la caminata y la carga, porque es la que te hace vivir,
finalmente tienes que moverte de un lado para otro, tienes que cargar
todo, todo lo que tienes lo tienes que cargar y llevar de un lado para
otro, rápido.
-¿Quién te enseñó a caminar?,
¿quién te enseñó a agarrarte a la montaña?
-Los compañeros. Ya en la montaña estaba el grupo
inicial, muy poquitos, cinco, tres de ellos indígenas campesinos.
Ellos fueron los que me enseñaron a todo esto, poniéndote
a prueba finalmente, porque como uno es de la ciudad entonces ellos quieren
ver si puedes también. Entonces te obligan a que camines a su paso
de ellos, que cargues lo que ellos cargan, y si lo logras hacer, si lo
aprendes, entonces sí te aceptan dentro del grupo, quiero decir
moralmente hablando, aunque políticamente estés dentro del
grupo o nominalmente lo estés; pero eres parte de ese grupo de
montaña sólo en el momento en que estás al mismo
nivel físico que ellos, aunque políticamente estés
pensando lo mismo.
Entonces ellos me enseñan también a vivir de la
montaña, a cazar, a seguir el animal, a conocerlo, las plantas,
las plantas venenosas, las plantas que se pueden comer, las que esconden
agua (porque hay lugares donde no hay agua y hay que sacarle a la misma
planta el líquido), los ruidos de la noche. Y en todo ese proceso
en el que me están enseñando eso, vienen también
muchas historias de montaña, de montaña indígena
quiero decir, historias de aparecidos, de muertos, de luchas anteriores,
de cosas que han pasado, que se mezclan mucho. Parece que están
hablando de la revolución y luego aparte (de la Revolución
Mexicana, la pasada, no la que está ocurriendo ahorita) y a ratos
no, parece que se confunde con la etapa de la colonia y a ratos parece
que es la época prehispánica, pero no hay una definición
temporal. Te están hablando de lo mismo pero lo puedes ubicar en
tiempos diferentes. Y eso, contado a la luz de una hoguera en la noche,
solo pues, sin nadie a tu lado.
Y ya con esta, como te diré, relación pues con
la montaña y con la selva, crea un ambiente muy, muy diferente,
muy antiurbano pues para que me entiendas. Si lo logras pescar, si logras
entrar en él, ya, ya estás adentro pues, la montaña
ya es tu compañera, tu amiga, tu amante, como le quieras pues llamar,
y empieza a jugar de tu lado, empieza a pelear de tu lado, empieza a enseñarte
otras cosas que antes no te mostraba, empieza a ser más amable
contigo y te acepta finalmente.
Pero el primer paso, el de entrar, que dices «Bueno ¿ahora
cómo le hago?», fueron estos compañeros los que prácticamente
de la mano te empiezan a llevar, pero te exigen. Te dicen un tiempo, y
si en ese tiempo te aclimatas y estás a mi nivel te acepto, por
voluntad propia, que ése es el mando que vale con nosotros, el
mando moral finalmente, no las estrellas que traigas en el uniforme. Yo
te voy a ayudar hasta donde pueda, pero tú tienes que poner de
tu parte. Y así fue, así fue como pasó, así
fue como Marcos entró a la montaña y se graduó de
teniente y luego empezó a agarrar más responsabilidades
y más trabajos, hasta llegar a ser el sup, como es de todos conocido
(no te escupí, ¿verdad?. Siempre lo tengo que decir de lado,
"el sup", porque siempre sale pues un pedazo. Es un corte, eh,
no sean cabrones).
-¿Qué es lo que Marcos agradece más
a la montaña por haberle enseñado?
-(Es más divertido hablar por radio porque no te están
tomando el lente aquí enfrente, la televisión es muy aburrida,
y te ponen al sol además, que porque no da el registro y no se
qué más. Ése fue un breviario cultural. Pero pagan
peor, eh, mucho peor).
-¿Qué es lo que la montaña le enseñó
más a Marcos, que Marcos a su vez le agradece haber aprendido?
-A cultivar la esperanza. Es la única forma de sobrevivir
ahí como ser humano: pensar que todo lo que te está pasando
tiene un sentido, la esperanza de que lo que está ocurriendo ahí
y que nadie se da cuenta, que es anónimo, más anónimo
que un pasamontaña, tan anónimo que nadie pregunta de esa
época. Los periodistas que vienen te preguntan qué piensas
de Camacho, que si Salinas o que cómo atacaste San Cristóbal
y qué se siente ser la estrellita marinera y tonterías por
el estilo. Pero nadie pregunta de la época donde no había
pasamontañas, no había nada pues.
Y la montaña te hace una promesa, te dice «Bueno,
estas dificultades que vamos a tener o que tienen ustedes pues, tendrán
una recompensa algún día; esto que estás aprendiendo
algún día lo vas a usar y va a servir de algo, no para ti
en lo personal sino para este país en el que te tocó vivir
para bien o para mal, en que te tocó nacer». Y esto es experiencia
que nosotros echamos. Apostamos a vivir o a morir el primero de enero.
Esa experiencia nos hace salir de la montaña, mantenernos en torno
a las ciudades, tomarlas, salir, replegarnos otra vez y sentirnos ahora
con confianza de pelear en casa, finalmente estamos peleando en casa,
y con esa arma poderosa de la montaña que nosotros decimos. Nosotros
ya la conocimos, ya sabemos lo que la montaña le hace al individuo,
al ser humano, y ya sabemos que nosotros la tenemos de nuestro lado.
Pero lo que más te enseña la montaña es
a tener esperanza, porque si tú tienes esperanza en esas condiciones,
cuando todo te dice no, cuando todo te está diciendo "regrésate,
estás perdiendo el tiempo, es inútil lo que estás
haciendo", y tú como quiera todavía dejas una llamita
por ahí que dice no. Ahí hay una esperanza de que cambie,
la montaña la cuida, le hace casita con las manos para que esa
luz no se apague, y ésa es la que prendemos el primero de enero
y la llevamos a las cabeceras municipales. Nosotros usamos la imagen ésta
de que es tan grande la oscuridad que hay en este país, que esa
lucecita que nosotros llevamos brilla mucho, no porque sea grande sino
porque la oscuridad es la que es grande.
Eso es lo que yo pienso que te enseña. Yo sé que
puede sonar así medio cursi o telenovelesco, pero hay que irse
a la montaña para entender que no hay alguien de la ciudad que
no tiene a qué aferrarse más que a la esperanza. Ahí
no hay nada pues, nada, ni siquiera radio para escuchar Radio UNAM.
-¿Cuáles son los sonidos que le dan más
certezas, los sonidos cotidianos, los ruidos de la noche?, ¿cuáles
son los sonidos de la selva que le dan más seguridad?
-Bueno, los sonidos de la noche son más fáciles
de distinguir y de aprender y ver cuando son los naturales de la selva
y cuando hay un elemento extraño. En el día por lo regular
tu atención está distraída en otras cosas, no dependes
tanto del audio, o sea del oído, sino de la vista. Pero en la noche
sobre todo es oído, la vida del guerrillero es oído. Entonces
cuando recién llegas y hay ruidos que te sobresaltan, parece que
está pasando algo, pero ya cuando pasas mucho tiempo en la montaña,
muchos años, aprendes a distinguir los sonidos: cuando llueve adentro
de la montaña, cuando está seco, cuando es un animal, cuando
es una persona, cuando es algo que no encaja en el sonido general de la
noche, y aprendes a estar alerta o a registrar ese cambio en el sonido
y a ponerte listo en caso de que algo está pasando. El guerrillero,
sobre todo en la noche, ve con el oído, a diferencia del día,
pero eso sólo lo puedes hacer si ya llevas tiempo en la montaña
te digo, para que puedas distinguir lo que es normal y lo que no es normal.
Nosotros hacíamos prácticas, de infiltración
se llama, que es aproximarse en silencio a un lugar, sin que el que está
ahí te detecte o te escuche. Entonces le vendábamos los
ojos y por diferentes lados al compañero se le acercaba alguien
tratando de no hacer ruido. El compañero con los ojos vendados
tenía que señalar adonde había escuchado algo y describir
por lo que escuchaba qué era lo que se estaba acercando. Así
hacíamos con los reclutas, porque no llevaban tanto tiempo como
nosotros en la etapa de sobrevivencia, que es la que te estaba platicando
antes. Cuando estábamos mero adentro de la selva (y esto era natural,
quiero decir esta educación del oído), después ya
que descubrimos esa arma del oído para movernos en la noche, entonces
entrenábamos a nuestra gente de esa forma, con los ojos vendados
y a acostumbrarse al ruido normal de la noche y a reaccionar luego cuando
oigan algo que no corresponde.
Pero lo que más te indica tranquilidad es el ruido de
los grillos que estás oyendo, y distingues varios niveles: hay
uno más fuerte, intermitente; otro que es constante y otro que
se prende un rato y luego se apaga. Las gotas de lluvia y, lo que aquí
no hay porque estamos en despejado, cuando caen las ramas, ramas chicas
o ramas grandes. Y en eso ahí aparecen pasos, pasos de animales:
tepezcuintle, el gato de monte o el tigrillo como le dicen ustedes, el
tlacuache (que es el enemigo principal de la guerrilla porque es el que
se come la comida cuando estás dormido) y las personas. Ya cuando
llevas tu tiempo en la montaña, por los pasos distingues quién
es el que está acercándose. Por ejemplo, a mí me
toca mucho el recorrer las posiciones de noche. Entonces los compañeros
ya me conocen el paso, ya según como oyen mis pasos ya saben que
soy yo, no se preocupan o aprovechan ahí para decirme «No,
pues tengo tal problema, o yo creo esto»; sí, gente que está
buscando con quién hablar. Y aprende uno a distinguir los pasos
de uno u otro de sus combatientes.
Entonces es más fácil distinguir cuando hay un
elemento extraño, pero costó mucho tiempo y no era propositivo.
Llega un momento en que te das cuenta que lo puedes hacer, y es ahí
cuando ya nosotros decimos que somos los que andamos de noche, los que
en la noche andan pues, porque así hacemos del oído la vista
para poder movernos y saber si alguien se mueve. Eso es.
-¿Cómo caracteriza los pasos del subcomandante
Marcos?, ¿qué tipo de paso es que el otro lo distingue con
certeza?
-Que se está cayendo a cada rato.
-¿En serio?
-Dos, tres pasos y prash, un chingadamadre o algo así:
es el sup que ahí viene pues, no hay pierde. Si alguien está
caminando y no se cae, ése no es el sup. Ésa es la certeza
que puede tener cualquier compañero. En la noche lluviosa se hace
mucho lodo en los campamentos, sólo puedes caminar por un lado
porque en lo demás está tupido el monte, es decir hay ramas
y ponemos trampas cazabobos. Entonces si te vas por donde no es te llevas
una desagradable sorpresa. Son lomas muy empinadas y por lo regular no
usas el foco, no usas la luz para ver porque se ve mucho de lejos. Entonces
caminas de memoria, lo que viste de día lo empiezas a caminar de
memoria. Pero ahí es donde no apoyas bien o apoyas en una rama
o en una raíz, te tropiezas y al suelo. Cuidas el buen lenguaje
y dices dos o tres groserías nada más, para no aterrorizar
a la gente, y así es como lo distinguen pues, ésa es la
verdad.
-Marcos ganó la esperanza en la montaña, y
¿qué dejó en la ciudad?, ¿perdió algo
en la ciudad?
-Un boleto de metro, un montón de libros, un lapicero
roto, un cuaderno lleno de poesías (quién sabe quién
se lo habrá quedado) y ya. No recuerdo haber dejado algo.
-¿Algunos discos?
-No, no, disculpa, no me acuerdo, ni casettes tampoco, en todo
caso los cargué también con la esperanza de que habría
una grabadora para escucharlos, pero no, nada de eso pues, yo pienso que
no tenía nada, no dejé nada pues atrás.
-¿Y algunos amigos?
-Bastantes digo yo, bastantes que se quedaron.
-¿Algunos muertos?
-Los necesarios también, sólo los necesarios, a
veces sólo es necesario uno, a veces son necesarios más,
pero eso que quede así, como los muertos necesarios para entender
que había que irse para regresar de otra forma, ya sin rostro,
ya sin nombre, ya sin pasado, pero otra vez por esos muertos. Está
dando un giro muy cabrón la conversación, ¿eh?. Me
tienen chaqueteando y luego me dan para abajo, ¿es justo eso, señor
director?
-Dices que presientes la muerte, ¿cuál es la
forma en la que quisieras morir?, ¿en dónde quisieras que
te enterraran?
-Sigue el elevador hasta la planta baja ¿verdad? ¿Qué
es lo que dices que dije?, ¿que prefiero la muerte?
-Que presientes la muerte.
-Ah, aceptan pornografía en el programa. No, me cae, ¿qué
paso con Radio UNAM?, ¿a dónde vamos? No, yo no me quisiera
morir, yo creo que nadie se quisiera morir pues, de nosotros. Entonces
hacemos la diferencia entre querer morirse y estar dispuestos a morirse.
Yo ya estuve muerto tres veces, es muy aburrido, no se lo recomiendo a
nadie. No pasa nada, se te pasa el día y la noche y te aburres,
te aburres y te aburres. No, no vale la pena.
-Hablas de tres muertes Marcos, ¿cómo fueron
ellas, pensando que sea femenina también?
-Fueron más muertes: después del primero de enero
me mataron cuatro veces y me detuvieron ocho, pero antes de eso, por diversas
causas siempre absurdas, una vez morí atropellado, otra morí
en un elevador. Ya son puras películas que estoy platicando. ¿No
nos van a dejar en paz aquí estos compañeros?
-¿Qué pasó?
-Bueno, mira, ahorita es pura telenovela, pero te explicaba lo
de la muerte, porque me dicen que los zapatistas están obsesionados
con la muerte. Es fácil decir eso de que hay una obsesión
por la muerte desde la ciudad, pero viviendo aquí, tú ya
más o menos te has dado cuenta de ciertas condiciones de vida acá.
Faltan las condiciones de muerte, ¿no?. Aquí todavía
hay, por ejemplo, una carretera a la que puedes llegar, y aún así
se dificulta sacar un enfermo o un herido. Pero en cañadas más
adentro es más barato morirse que curarte si te enfermas de enfermedad
curable. ¡Vaya! es un cálculo económico que se hace,
por eso la muerte para nosotros juega de otra forma.
La muerte en sentido urbano es que pierdes algo, o en otros tipos
de campo, pero aquí no pierdes nada pues, lo que cambia es esa
forma de morir por una gana de vivir diferente. A nosotros sí nos
gusta vivir, quisiéramos vivir por siempre jamás, pero no
igual, no igual que como estamos viviendo ahora. Por eso nosotros decimos
«Si para vivir de otra forma, como debe hacerse, tenemos que pagar
un costo y ese costo es sangre, es vida, estamos dispuestos».
Pero es algo, cómo te diré, para nosotros no es
dramático. Yo sé que suena dramático en un comunicado
o en una declaración, pero es algo muy natural si hablas al rato
con la tropa y hablas con los heridos de guerra, por ejemplo. Les preguntas
«Bueno, ¿y a ti qué te pasó? -No, pues una
esquirla de granada, un pedazo de mortero que traigo clavado (ahí
trae el fierro adentro en la espalda, en el brazo, en las manos o en el
pecho)». A uno le volaron un ojo completamente, ése que vino
ahorita. Yo cuando los vi les dije «Bueno, ya se pueden ir a su
casa, ya están de baja, ya cumplieron pues». Y no quieren
irse: «No, por qué, si quedamos que hasta morir o triunfar,
y como no hemos triunfado y no nos hemos muerto pues tenemos que seguirle».
Pero no te lo dicen así como algo dramático o terrible,
te lo dicen así normalmente, te dicen «¿Qué
piensas de la muerte? -¡Nada! -¿Y de la vida? -Nada tampoco.
-¿Y tú, qué quieres hacer? -Pues yo, queremos luchar
para que cambien las cosas, para que la gente viva bien». Y todo
sin discursos, sin demagogias, además con la solidez de su ejemplo,
de lo que ya hicieron y lo que están dispuestos a hacer.
Son muy claros pues para hablar, ¿no?. Por eso te digo,
lo que puede sonarles dramático a ustedes o a sus radioescuchas,
para nosotros no lo es, es algo así normal. Tal vez pueda decirse
«Bueno, ¿por qué habla tanto de eso?, es que está
obsesionado». En la montaña hablamos mucho de azúcar,
es lo que más extrañas en la montaña, el azúcar
y un par de calcetines secos, porque siempre andas con los pies destrozados
y es horrible dormir con frío y con los pies mojados. No se lo
recomiendo a nadie. Y también por el desgaste físico necesitas
mucho el azúcar, dulce o azúcar así nada más.
Y es lo que menos hay, es lo único que no te da la montaña,
lo tienes que traer de lejos. Eso sí era una obsesión, para
que veas, de eso sí hablábamos mucho en la montaña
los que veníamos de la ciudad, y era así una especie de
masoquismo, pues empezábamos a hablar, «No, pues yo me acuerdo
que los helados de Coyoacán o de ahí del centro, los taquitos
de allí de ¿División del Norte?, tacos al pastor,
(¿todavía existen?), la otra carne, la que andaba por avenida
Insurgentes casi esquina con Viaducto (¿todavía?)».
Son cosas que te acuerdas y dices «Bueno, es una obsesión,
son pláticas de noche» pues ya acabaste tu trabajo y tienes
que estar cuidando que se está cocinando el frijol o algún
faisán, una cójola o algo que mataste que tienes que cocerlo
para comerlo a la hora que esté. Si lo cazaste a las cinco de la
tarde, en lo que lo pelas, lo aliñas, o sea lo preparas y lo avientas,
va a tardar como tres cuatro horas en cocerse. Te tienes que esperar a
que esté para comerlo. Si ya la tropa está muy desesperada
pues lo va a avanzar crudo, crudo se lo avientan y al otro día
por supuesto la diarrea colectiva.
Es otra vida pues, otra forma de verlo todo. Por ejemplo un libro.
Un libro en esas circunstancias es algo que cuidas mucho, lo lees y lo
relees y lo masticas, y en una tropa mayoritariamente analfabeta en ese
entonces, porque casi todos llegaban a aprender a leer y escribir a la
montaña, tú das el libro, leían el libro a través
tuyo, y podía ser el mismo libro pero siempre tenías que
buscarle otra forma de contarlo o de platicarlo, y sacabas de un libro
muchos libros pues, finalmente. Entonces tienes que sacar varios libros
del libro porque tampoco puedes cargar muchos libros, por lo mismo del
peso que te expliqué.
Entonces aprendes de una u otra forma a ver desde varios puntos
de vista una sola cosa. Eso pudiera explicar por qué hay comunicados
tan distintos, o que aparentemente los escriben diferentes personas, en
este caso diferentes Marcos. Yo pienso que es esa necesidad de verlo desde
varios puntos de vista que entonces era parte de la sobrevivencia cultural
(por decirlo de alguna forma) en la montaña. Había que ver
ese relato o ese poema desde varios puntos de vista, y así hacerlo
como en el caso de los comunicados respecto a la parte bélica de
la guerra o la parte militar. Parecía pues un enfoque y luego otro
y luego otro, hasta que uno decía «No, pues no es una misma
persona que los escribe, sino que son varias».
Eso es lo que (no sé ni a qué vino, ¿a qué
venía todo esto qué estoy diciendo?. No me acuerdo, es que
me chi... yo quiero denunciar al que está allá con la grabadora,
que se le acaba el casette y empieza a hacer señales obscenas al
respetable, y uno tiene su corazoncito, aunque sea pasamontañas).
-Volviendo con la muerte, cuéntanos la muerte que
más te haya conmovido.
-Había una época de la guerrilla donde salimos
de la selva, de mero la profundidad de la selva. No hay comunidades cerca,
hay selva y punto. Son varios días de camino a las comunidades
más cercanas, pero hubo una época en la guerrilla en que
empezamos a tener más apoyo de las comunidades, empezamos a crecer
mucho y las mismas comunidades nos dijeron «Vente, acércate
más porque estás muy lejos, y si hay combates o lo que sea
vamos a necesitar que nos ayuden». Entonces los pueblos nos dicen
«Acércate más porque acaba de haber un desalojo, mataron
a unos campesinos», no eran compañeros pues, pero eran campesinos,
quemaron sus casas, algo muy común en Chiapas por parte de los
finqueros.
Estaba la amenaza de desalojo de las comunidades de la selva
lacandona, había posibilidades pues de choque con los militares.
Entonces los compañeros del funeral nos dicen «Salte de la
selva y acércate más a las montañas cercanas, a los
pueblos». Nosotros salimos y acampamos ya relativamente cerca, quiere
decir a una jornada de camino de las poblaciones, y después de
eso empezamos ya a bajar, quiere decir a llegar a las comunidades, a pasar
por ellas, porque todas estas cañadas están atravesadas
por ríos. Si quieres pasar de una sierra a otra tienes que brincar
los ríos. Nos ayudaban a cruzar de una montaña a otra para
hablar con otros compañeros en otra comunidad, o nos presentaban
a otra.
Entonces había una ruta que siempre seguíamos,
un río que siempre cruzábamos de una sierra a otra. De punta
a punta, de un cuartel a otro, eran dieciséis horas de camino,
y la mitad estaba en un río. En ese río está todavía
un poblado muy pequeño, muy pobre. Había ahí un compañero
sargento de milicias, zapatistas pues, que era el que nos cruzaba en cayuco
cada vez que pasábamos, y tenía una niña como ese
tanto que está ahí, unos tres, cuatro años, que siempre
llegaba con su papá, o sea el sargento, cuando nosotros pasábamos
y nos llevaba un bidoncito, o sea, ¿cómo le dicen ustedes?
una cantimplora, un bidoncito de café cuando pasábamos ahí
y llegaba con su papá y ya se nos quedaba viendo así como
me estás viendo tú, pero un poco más abajo, con mucha
curiosidad. Bueno, no usábamos pasamontañas y se quedaba
viendo y yo le preguntaba, «¿Y cómo te llamas? -Vinabeel
(decía en tzeltal), Paticha. -¿Cómo? -Paticha».
Y ya decía su papá el sargento «Patricia».
Se llamaba Patricia y ella decía pues Paticha. Y le preguntábamos
así en dialecto que qué iba a ser de grande (es lo que se
le suele preguntar a un niño, ¿no?). Decía que iba
a ser guerrillera, insurgente. Pero siempre, no fallaba, cada vez que
cruzábamos el río, el río de ida o de regreso, la
encontrábamos allá. Una vez que se nos hizo tarde (estábamos
esperando un enlace para mover unas armas) pasamos la noche ahí
y empezó con una fiebre, te voy a decir por ahí de las seis
de la tarde, y a las diez de la noche se me murió en las manos.
Cuatro horas duró la fiebre y cuatro horas duró su vida.
Se murió, no pudimos hacer nada. Buscamos por supuesto antipiréticos
para bajar la fiebre ahí en el pueblo, con la gente de salud. Por
supuesto no había nada. Nosotros no traíamos nada tampoco.
Le echamos agua fría y la bañamos, todo con tal de pararle,
pero le poníamos unos trapos mojados en el cuerpo y los secaba
como si fuera plancha. Debe haber andado así como en 39-40, y así
a los tres años pues quién va a aguantar eso mucho tiempo.
Se me murió en las manos y ya, ya no pudimos hacer nada pues, mas
que dejarla. Ahí estaba su papá también, o sea el
sargento, y al otro día nos fuimos y luego ya supimos que la habían
enterrado.
Y así pasó muchas veces, eso era cotidiano pues,
tan cotidiano que esos nacimientos ni siquiera se toman en cuenta. Por
ejemplo Paticha nunca tuvo acta de nacimiento, quiere decir que para el
país nunca existió, para el INEGI pues, por lo tanto su
muerte tampoco existió. Y así eran miles, miles y miles
pues, conforme crecíamos más nosotros en las comunidades,
teníamos más poblados, más compañeros morían
precisamente porque la muerte que ya era natural ahora empezaba a ser
nuestra.
Por eso es esta lógica que te digo: cuando ellos toman
la decisión de «la muerte es nuestra, ahora escojamos cómo
tomarla», así lo vamos a hacer.
-¿Cómo viven los niños de la comunidad
zapatista el ambiente de la guerra?
-¿Ahorita? Ahorita ellos ven a sus papás y a sus
hermanos que estuvieron peleando como héroes, es decir ellos quieren
ser como sus papás, como sus hermanos, como sus amigos que fueron
a pelear y que regresaron, que regresaron vivos con un arma que le quitaron
al enemigo, con una historia que contar, con una herida o con un pariente
muerto pues. En este caso el pariente muerto, o preso o desaparecido o
herido, es una afrenta más que hay que cobrar, pero nosotros hemos
tratado de paliar o mediar ese espíritu de guerra, porque nosotros
nos estamos aventando precisamente para que ellos no lo tengan que hacer,
y hemos insistido mucho en que se normalice la vida en las comunidades
y que los niños vayan a la escuela, y si no hay maestro pues que
alguno de los compañeros milicianos o de los encargados de los
colectivos se encargue de darles clases. O si estamos ahí, pues
nosotros y organizarlos para algo, para jugar o lo que sea. Pero que no,
que en lo posible no entre esa lógica de guerra dentro de ellos,
como tienen por ejemplo la lógica de trabajo. Aquí un niño
juega a que trabaja, ¿me entiendes?, ése es su juguete,
un machete por ejemplo. Ve que su papá está limpiando el
monte (así le dicen a esa maleza que está ahí, digamos
que vas a enfrijolar), entonces juega a que es su papá y agarra
el machete, aunque está más grande el machete que él,
y empieza también a rozar. Eso lo hace a los cuatro, cinco años.
A los diez u once ya lo está haciendo en serio para poder comer.
Juega que corta leña, juega a que trabaja pues, finalmente, y es
muy cabrón eso, muy cabrón, porque pues no hay niñez.
A alguien le decía yo mi problema con la educación.
Por ejemplo, aquí llegan libros de la SEP (todavía así
se llama, ¿no?. Es que como ya quitaron los libros de historia
pensé que también le iban a quitar el nombre de la SEP)
que le recomiendan al niño que no tome mucho dulce porque se le
pican los dientes. Decirle a un niño de estas comunidades esas
cosas es algo absurdo, porque te preguntan «¿qué es
un dulce?», finalmente se le están cayendo los dientes por
desnutrición no por exceso de azúcar. O que cuando le pida
a los reyes magos no se deje llevar por el consumismo y pida cosas inútiles,
que pida juguetes educativos. Para un niño de las comunidades ¿qué
significa eso, qué es un juguete pues? Mi juguete es mi machete,
ése es su juguete pues.
Entonces imagínate qué grado de cultura y civilización
tiene esa gente respecto a eso. Son muy receptivos, asimilan, es gente
muy inteligente, brillante de veras. Cualquiera de ellas podría
ser director de Radio UNAM. Gente pues muy brillante desde chavala, entonces
asimila muchas cosas. Cuando nosotros hacíamos prácticas
militares más adentro, por supuesto, simulábamos el ataque
al cuartel, entonces cuartel de Ocosingo, que luego lo quitaron y lo hicieron
en Rancho Nuevo. Y días después de la práctica los
niños jugaban a la guerra que atacaban el cuartel de Ocosingo y
todo eso. Estamos seguros que esa experiencia de la guerra la van a asimilar
muy rápido y no lo queremos pues, no queremos niños así,
de veras, queremos niños que podamos mantenerlos dentro de lo posible
alejados de esa lógica, y si es posible, resolverlo de otra forma,
ni siquiera con guerra.
Pero parece difícil, te digo, porque en las familias en
las comunidades indígenas hay una liga muy fuerte de sangre y de
historia, de historia atrás. Familias enteras que pelean juntas,
que luchan juntas y que mueren juntas. Pero así que sea remota,
te digo, que ahí es donde el tiempo se confunde, no se sabe cuál
es cuál, y ahorita lo único que hemos logrado es eso, que
se normalice la escuela en las comunidades y que se reparta un poco de
la ayuda humanitaria que llega, que llega poco todavía y principalmente
para ellos, ¿no?. Eso es lo que estamos haciendo, pero es difícil
pues, porque el niño ahora sí juega a la guerra, como que
juega a que trabaja. Un niño aquí es de diez o menos; a
los once o doce ya participa en las asambleas y vota y pelea y es miliciano;
puede ser lo que sea. Aunque en términos de pensamiento es más
inmaduro, puede decidir; a un niño de doce años ellos ya
le dan voto en la asamblea. Por ejemplo ahora, cuando se votó la
guerra le dieron voto a los de doce para arriba, y cuando vayan a ver
lo de los supuestos acuerdos, también le van a dar voto a ellos.
Tan tan.
-Supongo que tu mayor miedo tal vez no sea la muerte sino
la derrota. ¿Piensas en ella?
-No, la derrota no. Mira, tú sabes que vas a ganar, uno
tiene la convicción de que va a ganar desde que empieza. Si no,
no empieza pues. Si tiene la duda de que tal vez gane o tal vez pierda,
no, no arriesgas tanto a ese volado. Lo que más te da miedo es
a que sigas el camino más largo o más costoso.
Siempre tienes la duda de si lo que estás decidiendo no
se pudiera conseguir con menos costo, sobre todo en un combate cuando
decides atacar o defender un lugar. Claro, tu haces los planes para que
no se te muera nadie, pero siempre está la sombra de que sí,
que eventualmente alguien va a caer, y es ahí donde dudas si la
decisión que estás tomando pudiera haber sido otra y con
el mismo resultado, pero más barato pues, más barato en
vidas, en costo social y todo eso. Ése es el temor más grande
que hay en mí y en todos los mandos de nivel medio para abajo,
militares, a la hora que toman una decisión militar. «Bueno,
¿es éste el mejor camino para conseguir lo que quiero, o
hay uno más mejor, menos costoso?». Finalmente pues, que
te maten la gente de balde, no que te maten a ti, porque finalmente pues
apostaste antes, ¿no?, pero la gente que está cumpliendo
una orden confiando en que tú analizaste las cosas bien y que tomaste
una decisión correcta, eso es muy cabrón, muy cabrón.
Es la sombra con la que empiezas un combate, con la que lo realizas y
con la que lo terminas. No te deja, no te deja hasta que ya viste qué
pasó, qué obtuviste y las bajas que te causaron, y todavía
sigues pensando ¿pude haberle hecho de otra forma para que no murieran
los que murieron, o que no quedaran heridos los que quedaron heridos,
o que no fueran presos los que quedaron presos? o todo eso.
Siempre te queda esa duda, aunque desde el principio todos te
dicen «Nosotros estamos contigo, tú da la orden y la vamos
a cumplir aunque nos maten pues», no porque seas el mando militar
sino porque apuestan moralmente a tu autoridad como compañero,
a que sí realmente te vas a preocupar de lo mejor para ellos, que
no los vas a llevar pues a un combate sin tomarlos en cuenta. En términos
políticos eso te puede causar un retraso en la guerra o en tus
demandas, o no saber aprovechar un punto de avance o evitar un punto de
retroceso, pero en términos militares es que te matan a la gente.
No tanto si ganas o pierdes una posición, sino que si te equivocas
te matan pues. Ése es el miedo más grande.
-Se imagina Marcos como el Cid.
-El Cid Campeador (¿todavía hay quien lea eso?,
¿no seremos de la misma generación?). No, no. No, yo pienso
que es, ¿cómo decirte pues?. Finalmente tú, tú
o el que está allá con la grabadora haciendo señas
obscenas o el que está aquí que casi me clava en el ojo
el micrófono, están ahí porque creen en su trabajo,
porque no creo que sea por el sueldo, dicho sea de paso, ¿no?.
Creen en algo y por eso siguen ahí. En este caso Marcos, el pasamontañas
que entonces no era pasamontañas, cree en algo y es lo que está
haciendo pues. No, no tienen pues mayores aspiraciones o, ¿cómo
decirte?, anhelos pues de ubicar una cara, un nombre, un pasado y presentarlo
así como antes. Pienso que el pasamontañas tiene su trabajo,
su sentido de ser, y es precisamente marcar esa distancia frente a uno
mismo. Vaya, finalmente el poder irreversible de la revolución,
el poder reírse de uno mismo y no tomarse en serio en todo pues.
Cuando uno empieza a tomarse en serio entonces sí, a parir madres
latinas y empiezan a venir más problemas y tonterías. Mientras
uno tenga la capacidad de tomar distancia frente a sí mismo y reírse
de poses o incluso de declaraciones radiales, es bueno, es sano pues para
la lucha y para uno mismo y para la historia, si es que alguna vez se
escribe todo esto que está pasando.
-¿Te interesaría que la historia te colocara
frente a caudillos como Zapata, el Che, Castro?, ¿con quién
te identificarías más?
-¿Con quién de los caudillos? Con ninguno pues,
realmente, no encuentro alguno que no tenga nombre y apellido. Pero debe
haber alguno que por supuesto no aparezca en ningún libro de historia
y que haya cumplido su papel, ese finalmente sería Marcos o ¿qué
más se va a saber pues de Marcos, más que era un pasamontañas
que bromeaba mucho, era medio payaso y medio (tit) mamón (te comí
los dos efectos, si no tienes el tit ya lo puse yo), la imagen ésta
pues de un soldado que no tiene nombre?. Vaya, es lo que no queremos nosotros,
caudillos pues, finalmente. Si hubiera que referirse a caudillos, había
que referirse por supuesto al comité, que además no usa
pasamontañas pero es colectivo. Entonces en ese sentido tampoco
es un caudillo en el sentido clásico, es un grupo de compañeros
indígenas perfectamente conocidos en sus comunidades y con tradición,
con tradición de lucha pero es colectivo. No puede decir ninguno
de ellos «Yo soy el comité», sólo pues como
individuo. Tiene que sujetarse a la crítica y a la sanción
del resto del colectivo.
Yo pienso que esos dos niveles (que la dirección militar
no tenga rostro ni nombre ni pasado, y que la dirección política
sea colectiva) es lo que nos hizo crecer finalmente en un grado tan masivo
como el que se vio el primero de enero, lo que nos va a permitir sobrevivir
en estos tiempos y lo que nos va a dar el triunfo tarde o temprano. De
otra forma pues, no creo, no le veo posibilidades ni a éste ni
a ningún movimiento que gire en torno a un individuo solamente.
-¿Cuáles son tus sueños obsesivos?
-Cómo va a ser esto cuando ya todo resulte bien. Uno apuesta
a un sueño y se imagina que aquí donde estamos sentados
pues va a haber una casa con piso de cemento cuando menos, y va a haber
paredes ahorita donde están esas varillas con lodo; y esa escuela
pues va a tener un maestro y va a estar bien construida, no como está
ahorita, y va a tener niños que asistan, en lugar de que estén
ahorita cargando la leña o acechándolos a ustedes porque
creen que ustedes les van a dar esos jugos que están ahí;
y que esas casas van a ser casas de veras, para que viva la gente; y que
ese cable de luz va a traer energía eléctrica, que no esté
colgado así para que le tomen la foto los de Pronasol y luego digan
que ya hay luz eléctrica en una comunidad; y que esa carretera
va a estar pavimentada y que esa tierra va a tener tractores.
Yo sí lo imagino, yo sí lo sueño, pero no
estoy en ese sueño. No me toca pues estar presente, pero lo tengo
que soñar. Y cuando lo sueño, pues no, sí veo quiénes
están pues, veo a ellos, a esos niños, a esas niñas,
tal vez a algunos de los combatientes, pero no, no aparecemos nosotros,
y ésa es la, ¿cómo decirte?, un poco lo que te explicaba
hace rato, la distancia frente a uno mismo, para poder bromear, no tomarse
en serio; también la distancia frente al proceso para no sacralizarlo,
no elevarlo a la aspiración de vanguardia única, indivisible
y todopoderosa. Saber pues que el proceso es parte de otra cosa más,
que la organización, en este caso nuestro ejército zapatista,
también es parte de algo más grande, ¿no?, y que
sólo ese algo más grande es el que va a poder convertir
esa pared de tierra en una pared de veras, y este suelo de tierra en un
suelo de veras, y construir las paredes que faltan y cambiar el techo
y ponerle maestro y alumnos y libros a esa escuela que está allá
donde duermen ustedes. Eso es lo que nosotros vemos pues.
Yo como lo veo, es que la gran ventaja es ésa, que tenemos
la suficiente distancia de nosotros mismos y respecto a nuestro movimiento
para poder ver lo que es capaz y lo que no es capaz. Y en ese sentido,
aunque ustedes no lo crean, no, no hacer cosas inútiles, pues.
Tan, tan.
-¿En qué sueño...
-¿En qué pregunta vamos? Esto está peor
que el examen de admisión.
-En qué sueño sí aparece Marcos, además
de los sueños de las mujeres. En la vida.
-No, pues que me acuerde, no, ninguno. Siempre estoy afuera,
lo estoy viendo pues o estoy escuchando lo que pasa. Pero no, no recuerdo
pues ninguno en especial. Mas que ése que te digo, cómo
va a ser, y más bien viene siendo sueño de ojos abiertos,
despierto, porque ya últimamente, prácticamente desde el
primero de enero pues, el sueño viene siendo un lujo, que no siempre
puedes pagar, más bien casi nunca puedes pagar y menos ahora. Cuando
parece que sí, que ahora sí se puede pagar ese lujo de soñar,
de soñar, de dormir pues, de descansar.
Entonces yo te estoy hablando de lo de antes, cuando estábamos
pensando si nos aventábamos o no. Después del primero de
enero empezamos a vivir en la raya, en la línea. En cualquier momento
te tropiezas y te caes del otro lado, y del otro lado ya no hay nada.
Entonces eso te da otra forma de ver la vida, más inmediata pues.
No piensas en lo que sigue y en lo que sigue, ni haces planes así
al futuro, ni siquiera para el futuro inmediato. Te vas viviendo el momento
y tomando decisiones y más bien preparando, tomando medidas para
que si no estás tú en el siguiente instante, se puedan seguir
haciendo las cosas.
Pero antes de eso, de esos sueños de cuando sí
dormía, dormíamos pues, ése era el sueño,
porque finalmente lo que te preguntabas era «Bueno, nos lanzamos,
¿por qué?. Por esto, ¿vale la pena?». Porque
luego uno se pregunta, «¿Vale la pena morir así o
mejor nos esperamos?. A lo mejor alguien va a hacer algo. Pues vamos a
ver, a lo mejor a este país sí le da un poco de vergüenza
de sí mismo, de lo que está pasando, y empieza a hacer otras
cosas que no impliquen tanto gasto social, o que no nos cobren la cuota
de sangre que yo sabía que iba a pagar el primero de enero, que
íbamos a pagar el primero de enero o a partir del primero de enero».
Pero no, es cuando los compañeros dicen «No, ya los esperamos
mucho tiempo. No, no van a hacer nada», dicen «ven ellos de
otra forma el mundo, ven de otra forma lo que les pasa, y alguien tiene
que empezar. Pues sí, nos tocó a nosotros pues, ni modo,
entonces vamos». Son esos sueños que te digo, como ves lo
que finalmente va a borrarse aquí, lo que va a existir, lo que
te hace decir «Bueno, pues sí; bueno, vamos pues».
II
-¿Fuiste un buen estudiante?
-Estudiante bueno y veloz decían antes. Sí, yo
creo que sí.
-Y hoy, ¿eres un buen estudiante?
-Pues no, ya no me dedico a estudiar sino a leer, cuando hay
tiempo pues. Pero yo me acuerdo que sí, que lo que marcaban que
había que estudiar lo estudiaba y luego pues ya me dedicaba a otras
cosas, a estudiar otras cosas que no eran la currícula (así
se llamaba entonces, no sé si todavía. Hacíamos muchos
albures al respecto, pero así era).
-¿Eres un buen mexicano?
-Yo pienso que sí, pago mis impuestos, acudo a anular
mi voto cada que hay elecciones, conozco los nombres de los niños
héroes, etcétera. Sé quién es el entrenador
de la selección de futbol nacional, cuando menos antes de que hicieran
el papelón con Suecia, no sé si ya lo cambiaron. Y conozco
más o menos el nombre del presidente de la República, aproximadamente,
espero que cambie pronto.
-¿Eres buen marido?
-Ah cabrón no, pues no tengo mujer, pues cómo voy
a ser buen marido.
-¿Eres buen soldado?
-Esa sí es una buena pregunta. Yo pienso que sí,
que el buen soldado tiene que saber cuándo le toca obedecer y cuándo
le toca mandar. Y es el problema de la confusión, sobre todo en
el momento del combate. Tienes que saber cuándo la gente está
esperando de ti una orden y cuándo está esperando que cumplas
tú una orden, y a veces se confunde. A veces, cuando el mando medio
tiene que decidir una operación militar o una acción, se
queda esperando a que alguien dé la orden. Es cuando le toca dar
las órdenes que no le has dado. O cuando recibe una orden que piensa
que es mejor cumplirla de otra forma. Eso trae problemas, trae problemas
ya en el plan general pues. Tú estás pensando que tu tropa
va a hacer algo y no hace eso, hace otra cosa. Pero así en general
yo pienso que no sólo yo, sino que todos los compañeros
son buenos soldados, en el sentido de que salen a cumplir la orden más
grande que reciben, que es la de ir a pelear sin paga alguna, sin ninguna
esperanza de una retribución personal, y como quiera van y lo hacen,
vamos y lo hacemos pues.
-¿Eres buen escritor?
-Magnífico. Modesto pues.
-¿Eres modesto?
-Obviamente. No, no es cierto, lo que pasa es que cuando uno
lee mucho tiende a aprender a manejar el lenguaje como un arma. Y siempre
es mejor o más fácil escribir que hablar, te da más
distancia, te da tiempo de revisar, evitas mucho las muletillas, los titubeos
"este..., o sea..., quiero decir...", cosas así por el
estilo, que en el lenguaje oral cortan o distraen y en el escrito le puedes
dar coherencia a lo que estás diciendo. Hasta parece que uno sabe
lo que está diciendo. Ésa es la ventaja del lenguaje escrito.
Y siempre cuando uno tiene algo que decir, bueno yo en lo particular,
prefiero escribirlo antes si es que lo tengo que decir, y leerlo después,
a empezar a decir lo que se me ocurre. Tardo pues en agarrar el tren,
como es obvio en esta entrevista y en la del otro día que empecé
titubeante y luego ya no hay quien me detenga. Así como que empiezas
a agarrar la carrera apenas.
-¿Nos podría dar, subcomandante Marcos, una
evaluación sobre los resultados hasta
ahora obtenidos por los zapatistas en tanto éxitos y fracasos?
-Los fracasos que vemos nosotros son algunos fracasos militares,
y para nosotros un fracaso militar es gente que se te muere pudiendo no
haber muerto, pudiendo haber evitado esas muertes. Yo pienso que en Ocosingo
cometimos errores, errores que pagamos con vida de los compañeros;
que en Rancho Nuevo también cometimos errores que también
pagamos con la vida de compañeros; que en los repliegues de las
cabeceras de Altamirano y de Las Margaritas también cometimos errores,
en este caso que provocaron la pérdida de la libertad de compañeros,
o sea que fueran tomados presos, torturados y todo lo que se sigue. Y
el otro fracaso, el fracaso político, es no haber previsto con
la suficiente visión que podíamos pasar rápidamente
de la etapa militar a la etapa política. Nosotros hacemos todos
los cálculos para que pasemos a esa etapa después de mucho
tiempo. Pero además calculamos que no nos va a tocar a nosotros,
quiero decir a la cabeza que aparece ahora, porque te digo que el cálculo
era que los primeros días la primera cabeza iba a ser cortada por
la guerra. Entonces más bien era la segunda cabeza la que se estaba
preparando para hacer lo que estamos haciendo nosotros. Se estaba preparando,
tampoco estaba preparada. Y yo pienso que nuestra reacción política
es muy titubeante cuando vamos al principio, y luego es excesiva, es excesiva
ya cuando tenemos interlocución, cuando hay alguien que te escuche
lo que estás diciendo. Y ahí pues adoptamos poses de payaso,
o vedetismo, no sé como le digan ahora, o protagonismo, y perdemos
mesura en algunos aspectos.
Pero estamos pisando un terreno que no previmos pues, que no
nos entrenamos para el combate en él, y en muchas cuestiones improvisamos.
Improvisamos respecto a hablar a los medios: qué les decimos, cómo
se los decimos, en quiénes confiamos y en quiénes no confiamos.
Y eso pues te puede traer consecuencias políticas, que te tengas
que desdecir de lo que dijiste o corregir, o que te vuelvas repetitivo,
una y otra vez y otra vez y otra vez lo mismo, y lo que primero era novedad
y frescura se empiece a hacer acartonado y repetición. Y yo pensé
luego, ya cuando habíamos entrado en esto, que el diálogo
era nuestro punto límite, que ahí había que decir
todo y que luego ya nadie se iba a interesar en nosotros pues, o que simplemente
iba a estarse repitiendo lo que se dijera ahí. Total, todo eso
que ocurrió después del cese al fuego es improvisación
pura, y en un militar, por más que sea político, no te da
seguridad pues, aunque aquí no se te muere nadie. Si te equivocas
diciendo una grosería donde no debes decirla o haciendo una broma
cuando debes ser serio, o siendo serio cuando puedes tomar distancia haciendo
una broma, pues no se te muere nadie. No es lo mismo que te equivoques
atacando de una forma y te maten a la gente, es menos costoso en términos
de vidas inmediatas, pero en términos políticos puede ser
más grave que lo otro, le puede traer más problemas al movimiento.
Esos son los fracasos que ahorita vemos. Evidentemente, cuando
pasa más el tiempo pues vas viendo más las cosas, a lo mejor
algunos de esos fracasos no lo son tanto o aparecen otros que tú
pensabas que no eran fracasos. Por ejemplo, los primeros días nosotros
pensábamos que los fracasos militares que habíamos tenido
eran mayores a los que en realidad fueron. Fue hasta que empezó
a aparecer tropa que teníamos dispersa, perdida o escondida que
ya supimos que el golpe militar que habíamos recibido no había
causado tantos estragos como nosotros habíamos pensado al principio.
Ahora, respecto a los éxitos yo creo que el más
importante es haber logrado convencer al país de tres cosas: uno,
que el movimiento era mexicano, es mexicano; dos, que es justo en el sentido
de que no es narcotráfico, narco guerrilla o en beneficio de una
de las fracciones del poder, que haya provocado la guerrilla para molestar
o incomodar a otra fracción en el poder; y tres, que las demandas
que presentamos son nacionales, que no es un movimiento local, por más
que diga Salinas que sí, que es local. Yo pienso que haber logrado
esas tres cosas, que sí eran objetivos nuestros en el nivel político,
es el éxito más grande del EZLN hasta ahorita. Yo pienso
que ahorita difícilmente alguien podría sostener que no
somos mexicanos, que nuestra lucha no es justa en el sentido de las causas
que la motivan o que nuestras demandas son locales. El hecho que el gobierno
diga que no se va a negociar la agenda nacional en San Cristóbal
es que reconoce de hecho que en nuestras demandas hay una parte nacional,
si no toda, cuando menos una parte fundamental que es nacional. Y eso
es lo que logramos en la ofensiva de enero. Ofensiva es así medio
pomposo, porque en realidad corrimos como nunca habíamos corrido
antes, la verdad. Eso es más o menos como lo veo yo. Eso es de
fracasos y éxitos lo que ahorita se me ocurre, a lo mejor al rato
sale y te digo otro más, ya que me acuerde.
-Marcos ¿desapareció el fantasma de Chinameca?
-En el sentido así de que se iba a repetir en San Cristóbal
la traición, sí, sí desapareció en San Cristóbal,
pero sigue todavía en todo el proceso de diálogo para la
siguiente ronda, si es que hay siguiente ronda de diálogo. En todo
lo que se llama pomposamente el proceso de paz está continuamente
la amenaza de esa sombra de una traición, de que estén diciendo
que van a hacer una cosa y no la hagan, o estén solamente ganando
tiempo y buscando la forma de golpear a nuestro movimiento de forma definitiva
o muy concluyente. Se ve con el hecho de que el ejército siga haciendo
detenciones arbitrarias e indiscriminadas a pobladores civiles, que no
se hayan soltado los presos que según esto habían dicho
que, como señal de buena voluntad, después de la salida
de Absalón iban a soltarlos, y con el clima que favorece la agresividad
de finqueros, de ganaderos de los pequeños grupos de poder locales
en los municipios.
Todo eso hace pensar que la supuesta voluntad de paz del gobierno
es eso, supuesta nada más, y que en realidad está ganando
tiempo o está apostando a que la sociedad civil o los medios se
cansen, se agoten y empiecen a buscar otras cosas que mantengan la atención,
baje la presencia o la voz del EZLN en el país y entonces sí
se creen las condiciones políticas propicias para un golpe de este
tipo. Eso sí, cada día crece más esa convicción
de que se está jugando algo chueco detrás de este proceso,
y que si no se hace tan evidente es porque se está buscando todavía
el momento oportuno.
-El EZLN ganó una gran batalla. ¿Piensa el
subcomandante Marcos que será difícil vencerlo?
-Al ejército zapatista es imposible vencerlo, no sólo
difícil pues. Así como es difícil ahorita que el
ejército zapatista pueda tener victorias militares contundentes
o aspirar siquiera a un empate frente a las fuerzas federales y policíacas
en términos militares, también es cierto que es invencible
en el sentido de que ni con un proceso de aniquilación masiva podrían
acabar con nosotros. Tendría que ser realmente total, declaradamente
desaparecer a las etnias del sureste de México, a todo aquél
que lleve sangre indígena tendrían que asesinarlo por ese
solo hecho, porque ese hecho sería ya suficiente para sospechar
de que es zapatista.
Como el ejército zapatista nace en las comunidades, en
las montañas, en las selvas chiapanecas y se nutre de la sangre
indígena, vive de ella, tendrían que acabar con todo. Por
eso nosotros decimos que es invencible. Podremos no ganar, pero definitivamente
es imposible que perdamos. Además, como vemos nosotros, no merecemos
perder, creo yo, no podemos hacerlo pues. Y tal vez sea el error de cálculo
militar del gobierno el pensar que sí es posible derrotarnos militarmente
o darnos el golpe definitivo que, aunque no sea la aniquilación
total, sí sea el descabezamiento del cuerpo. Golpear pues a la
dirección.
-¿Tendría el EZLN un brazo político?
-Bueno, no lo tenemos, no lo teníamos contemplado porque
te digo que el EZLN salía para la guerra en esas condiciones. Pero
si finalmente ésta es la opción que se va a hacer más
viable, más rentable también en términos de vidas
y de éxitos políticos, tendrá que contemplar el Comité
esa posibilidad, si no un partido político pues sí una parte
que pueda dar la cara y que pueda hacer este tipo de trabajo. Apenas recién
lo estamos viendo, pero no le damos mucha importancia porque las señales
que nos están llegando son de guerra, no de prioridad política
sino de prioridad militar por parte del gobierno: siguen los secuestros,
las detenciones, los asesinatos, las provocaciones, todo eso. Pero yo
creo que si eso se calmara y empezara a despuntar cada vez más
claramente que la opción política va a ser la más
importante, tendrán que resolver eso. Parece poco probable, yo
te lo digo sinceramente. Toma la fecha 18 de marzo, aniversario de la
expropiación petrolera (si es que no han cambiado los libros de
texto también en eso) y qué va a pasar después. A
lo mejor ya cuando llegues allá hay algún nuevo elemento
o algo que haya pasado.
-Has mencionado que la paz está muy lejos. ¿Cuáles
crees tú que sean los grandes obstáculos para encontrar
una paz con dignidad?
-El principal es la credibilidad. El gobierno que te está
ofreciendo la paz es el que te orilló a la guerra, el que te mintió,
todo esto que explicaba de la tramoya, de la escenografía. Por
eso nosotros insistimos en que el proceso de paz tiene que tratarse con
otro gobierno finalmente, producto de otra cosa, en otro país que
no sea el que nos provocó a la guerra, porque si el país
es el mismo de antes del 31 de diciembre no va a haber paz, la guerra
va a seguir siendo la única opción; tendría que cambiar
a otro país, a otro México, que es el que nosotros pedimos.
El segundo obstáculo son las condiciones regionales y
locales de nuestro movimiento, que se enfrenta a otra fuerza armada aparte
de la del gobierno federal, que está muy imbricada con el poder
local, con el gobierno local, el gobierno jurídico, quiero decir
el gobierno legal. Y además con una tradición histórica
de desprecio, de racismo, de despojo, que se remonta a la colonia, prácticamente
al descubrimiento. Y así como la lucha zapatista se remonta también
más para el lado de Zapata, y más que para el lado de Zapata
para el lado de las resistencias indígenas de la colonia y de la
revolución mexicana, el poder de los finqueros y su reacción,
su abolengo, todo eso, no se liga más al México del tratado
de libre comercio sino al México colonial, clasista, real en el
sentido de la realeza. Ése es el segundo elemento y el tercer elemento
es el, como te diré, el honor militar, o el falso orgullo militar
más bien.
Los militares somos muy orgullosos, por eso nunca debemos gobernar,
ni un país ni el mundo por supuesto. Porque somos capaces, para
mantener ese orgullo militar o ese falso honor militar, de sacrificar
otras cosas. Entonces, por el lado de los federales o por el lado del
ejército zapatista, se dice «Bueno, ya nos mataron, ahora
vamos a cobrarnos lo que nos mataron», o al revés, o «Ya
nos derrotaron, eso no se puede quedar así, lo tengo que derrotar
yo». Nosotros decimos por el lado de los federales. Pero yo te lo
pongo más amplio para decir que tampoco estaríamos vacunados
absolutamente frente a eso.
Nosotros tratamos de preverlo poniendo encima nuestro a una autoridad
civil, el Comité Clandestino. Que sean esas valoraciones civiles
gubernamentales, aunque revolucionarias, las que guíen incluso
la política militar. Y del otro lado se supone que está
sujeto también a un poder civil, pero cuánto tiempo, no
sabemos. Pero en ambas partes armadas juega eso de cómo quedamos:
te gané o perdí o empatamos. Y en esa lógica pueden
ocurrir otras cosas. Por eso nosotros insistimos mucho en que dejemos
al Comité a que siga su proceso de consulta, aunque se tarde seis
años en consultar. Pero que se asegure que es esa parte civil de
nuestro ejército la que guíe el proceso. Que no se le deje
a la fuerza combatiente. Por ejemplo, nosotros no vamos a consultar a
la fuerza combatiente, no lo vamos a hacer hasta después de que
hayan acabado a la fuerza civil, para que nuestra decisión no vaya
a influir en la parte civil.
Ése es el otro obstáculo que yo veo, más
diluido, porque uno como militar tiene menos distancia, vaya, es menos
objetivo decir «Para mí, la culpa la tiene el ejército
federal». No tendría mucha objetividad yo para juzgar la
actuación del ejército federal, así como ellos no
tienen mucha objetividad para juzgarnos a nosotros porque somos rivales,
y a un rival o lo odias o lo matas pues, no tienes la distancia necesaria
como para juzgarlo objetivamente. Aunque debías hacerlo, también
como militar debes hacerlo porque vas a combatir contra él, no
puedes irte con el puro odio.
Esos son los tres grandes obstáculos, y además
en ese orden. Yo digo que el más grave es el problema de la credibilidad,
el segundo el de las causas regionales que provocan esto y el tercero,
más diluido pero que puede llegar a provocar algún enfrentamiento,
alguna ruptura del cese al fuego, alguna provocación ya con repercusiones
más grandes si se da en determinadas circunstancias o con determinado
caldo de cultivo. Por ejemplo, ahorita que estás consultando la
paz, que hubiera un hecho de guerra pues tendría una repercusión
muy cabrona.
Y ahorita el problema es que reanudar las hostilidades va a ser
más costoso, porque va a ser más difícil que te vuelvas
a sentar a dialogar, porque ya te sentaste a dialogar y fracasaste, entonces
ahora cómo vas a convencer a la gente de que se vuelva a sentar.
Uno y otro va a decir «No, ya me senté y no resultó;
él me engañó, él me engañó y
sigue la guerra», y sigue la guerra. Por eso una vez ya sentados
uno tiene que hacer lo más posible para agotar todo realmente antes
de que vuelva la siguiente etapa, porque entonces sí va a ser muy
difícil otra vez detenerla. Quedas marcado, pues. Yo siento ser
dramático, pero ésa es la verdad y si no se la llevan ahorita
luego van a decir, «¿Por qué no dijeron nada si lo
estaban viendo?». Sí, lo estamos viendo, lo estamos viendo
ahorita.
-¿Por qué la necesidad del gobierno para que
te quites el pasamontañas?
-Bueno, tiene que golpear, el gobierno tiene que golpear de alguna
forma; no es tanto si ya con el rostro de Marcos lo puede ubicar y matar,
porque finalmente ahorita el pasamontañas es tan conocido como
si fuera mi cara. Sino que se trata de dar un golpe político. «¿Qué
oculta el rostro de Marcos? Finalmente, Marcos oculta el rostro no porque
sea modesto, honesto o porque realmente no quiera ser un caudillo, lo
oculta porque oculta algo en su pasado, algo con lo que lo podemos desprestigiar
o lo que le podemos presentar. Si averiguamos cuál es el rostro
vamos a averiguar esa parte oculta en su pasado, la explotamos bien, publicitariamente,
la presentamos a la opinión pública y entonces ya el mito
se derrumba». Como el otro, el de la pobreza, ahora el mito de Marcos
se derrumbaría. Ésa es la apuesta del gobierno.
Si no, yo no entiendo por qué tanto afán, pues
si finalmente cualquiera que me ubique con el pasamontañas pues
me da un balazo y ya, no necesita conocer mi cara. O tal vez pensando
que yo uso el pasamontañas también porque ando en otros
lados y entonces dice: no, pues este cuate en realidad unos días
está en la selva pero luego se sale a la ciudad y anda como cualquier
civil. Entonces si en la montaña no lo podemos agarrar porque lo
protegen, pues en alguna salida, ya ubicado físicamente, lo podemos
agarrar y ahí lo chingamos. Esa es la otra apuesta.
Y yo creo que las dos apuestas nacen de ese presupuesto, de que
digan «Es que no es posible que este cabrón sea desinteresado.
Quiere decir que al ocultarse el rostro, o está haciendo otros
trabajos aparte, que los tiene que cubrir, o está ocultando algo
que puede ser peor para el movimiento. Entonces busquémoslo, busquemos
a ese Marcos».
-¿No será Marcos también que el gobierno
tiene necesidad de ponerle rostro a aquél que ha representado,
que ha sido vocero de los que tradicionalmente el gobierno trata como
los que no tienen rostro?
-Sí, pero esos serían los más inteligentes,
porque hay estúpidos en todas partes y hay inteligentes en todas
partes. Los más inteligentes dirían «No, es que el
problema con esas gentes de pasamontaña es que cualquiera se puede
identificar con ellos», y ése es un poderoso catalizador
del descontento popular: no necesitas ser de determinada forma para alzarte
puesto que no hay rostro, y la voz que estás diciendo, lo que dice
esa voz encuentra mucha lógica, mucha similitud con lo que estén
diciendo otras gentes. Los más inteligentes dirían «que
se quiten el pasamontaña para que ya los ubique la gente y tome
distancia y vea que no son ellos. En todo caso que los vea así,
como locos o como héroes o como lo que sea pues, pero aparte, que
no cualquiera puede ser como ellos; pero mientras se mantengan enmascarados,
cualquiera puede ser Marcos, cualquiera puede ser Ramona, cualquiera puede
ser Ana María o Irma o Lorena, el que sea finalmente».
Esos serían los más inteligentes, pero los más
estúpidos más bien le calculan a lo otro. Yo bromeaba con
alguien diciendo que, cuando sepan finalmente qué es Marcos físicamente
y ubiquen totalmente cómo se llama y todo eso, investiguen el curriculum
vitae y de dónde viene y todo eso, pues van a decir «No,
mejor que no se quite el pasamontaña, porque si sale que una gente
con esa historia previa toma ese camino, entonces va a ser peor pues,
va a ser peor, va a agarrar más vuelo, más aire, más
alas ese narizón con pasamontaña». Eso es lo que me
divierte en todo caso. Incluso yo apuesto que tal vez ya saben y no le
mueven precisamente por eso, porque si hacen público el currículum
van a decir «No, puta, ¡¿ése es?! Pues ya quítate
y que mejor se siente ahí él a decirnos qué vamos
a hacer». Y en caso de que no, pues es eso, que no se pueden imaginar
que es así, que sí hayan descubierto a Marcos, que sepan
ya su currículum y por lo mismo digan «No, no puede ser que
una gente con esta trayectoria y que pudo haber hecho todas estas cosas,
según como iba, y haber obtenido muchas cosas que cualquier hombre
normal no tendría, haya dejado todo y se haya ido a la montaña.
Por lo tanto no es, es un dato falso, busquemos en otro lado». Puede
ser también que haya ocurrido así.
Pero yo digo que mantengamos el pasamontaña. Aunque la
gente nos dice que no nos lo quitemos porque nos puede pasar algo, yo
creo que es un efecto ideológico bueno, además que sí
corresponde a nuestra concepción de lo que debe ser una revolución:
no individualizada o con un caudillo sino con la suficiente fuerza moral
como para diluirse en toda la gente y tener muchos ejércitos zapatistas
y muchos Marcos y muchos comités clandestinos en muchos lados y
en otros frentes no militares.
-¿Cuáles son las propuestas zapatistas en materia
agraria, económica, política y jurídica para transformar
este país?
-Nosotros vemos que en las modificaciones que hace Salinas hay
algunas que nos afectan directamente a nosotros, como ejército
zapatista pues, como campesinos y como indígenas. Pero entonces
los compañeros dicen «Bueno, si a nosotros nos pasa esto,
¿no les pasará a otros igual, que haya otras modificaciones
que les afecten?». Por ejemplo, la modificación al artículo
tercero, ¿no le trae consecuencias a los universitarios, a los
preparatorianos, a los maestros, a los alumnos, etc? ¿Y la modificación
al 130, toda la readecuación jurídica en torno al tratado
de libre comercio y a las pugnas para modificar el artículo 123,
la ley federal del trabajo y todo eso?
Entonces más bien nuestra apuesta es a que digamos «Bueno,
lo que corresponde aquí finalmente es un nuevo constituyente, hay
que rehacer la Constitución, pero no en una cámara
sino en un congreso constituyente que consense y que consulte así
directamente a toda la población, como una votación, sobre
los puntos que la afectan». Nosotros por ejemplo decimos «Bueno,
hay que revisar el artículo 27, que se le devuelva el espíritu
zapatista, quiere decir la tierra para el que la trabaja». Eso sería
por ejemplo, pues, porque nuestra tropa es principalmente campesina: que
se legisle un nuevo pacto de la federación con las poblaciones
indígenas para reconocerles autonomía y todo eso, y en general
que se redefina toda la cuestión de la democracia.
Pero hay otros pues. Lo que pasa es que cuando nosotros nos alzamos
no hay obreros en las filas zapatistas, no hay maestros, no hay estudiantes,
pero evidentemente su participación hubiera traído también
que esas demandas fueran más amplias, que incorporaran otras cosas.
Y nosotros estamos llamando al país ahora a eso pues, volvamos
a redefinir el país juntos, ¿qué rumbo queremos?.
Y como diga la mayoría, pues por ahí nos vamos a ir, siempre
y cuando sin olvidar a las minorías, porque nosotros somos de las
minorías.
Eso es lo que nosotros pensamos, pero no sé, se vienen
tiempos políticos difíciles, confusos para el país:
el proceso electoral, un partido que a veces tiene dos candidatos y a
veces uno (me refiero al Revolucionario Institucional, ¿no?); la
falta de credibilidad ya muy aguda en el proceso electoral y en el triunfo
de uno o de otro candidato; ese quedarse atrás de los partidos
políticos y de sus discursos, porque las campañas políticas
se definieron o se planearon antes del primero de enero. Por eso vemos
todavía que esa demanda de un nuevo constituyente apenas empezará
a hacerse consenso en torno a ella.
Nosotros pensamos que es eso: finalmente con guerra o sin guerra
tiene que haber una redefinición jurídica del destino del
país. Una redefinición jurídica en el sentido de
darle a la democracia también decisión sobre ese rumbo.
Finalmente que el gobernante diga «Bueno, yo voy a jalar para este
lado, ya están de acuerdo con que yo dirija, pero quiero jalar
para este lado, por lo tanto voy a hacer esto». Eso también
lo tiene que consensar, no puede jugar nada más con que ya salió.
Para medidas así históricas tiene que volver a consultar.
Por ejemplo el tratado de libre comercio: suponte que Salinas sí
hubiera ganado las elecciones y que fuera legítimo; como quiera,
aún así, una medida del tamaño del tratado de libre
comercio debió haberla sometido a consulta popular directa, a un
plebiscito pues. Y no lo hace. La reforma al artículo 27 también
debió haberla consensado en el campo de forma directa, y no lo
hace. Debiera haber algo en la Constitución que obligara al gobernante
a hacer eso, que en determinadas cosas tenga que recurrir a una consulta
popular más amplia que preguntarle a los diputados si están
de acuerdo o no. Eso es lo que nosotros pensamos.
-Marcos, algunos analistas temen un golpe de estado. ¿Crees
que éste sea un escenario posible?
-Sí, sí definitivamente. Pero más contraproducente
para el mismo sistema que para nosotros o para la sociedad. El golpe de
estado no se podría mantener mucho tiempo en estas condiciones
de efervescencia política. Tendría que buscar algo más
diluido, más calmado, porque no es que en las condiciones de una
izquierda efervescente puedas decir «Bueno, vas a contar con la
clase media para tener base social para el golpe de estado, aparte por
supuesto de la clase pudiente». No, aquí el problema es que
la clase media también está muy descontenta y con mucha
efervescencia política, con el problema extra de que además
en la clase pudiente también cierto sector está muy agitado
y con agitación política. No hay pues soporte social para
el golpe de estado. Pudieran ser tan estúpidos de intentarlo, eso
sí, pero no pudiera durar mucho. Mas que la misma estructura del
ejército, ¿no?, pero necesitas un respaldo social. No es
el caso por ejemplo ahorita, como yo lo veo desde aquí en la montaña,
del Chile de 73, donde sí está la izquierda por un lado,
un sector de clase media descontento con ese gobierno, descontento por
falta de servicios, o que las cosas son caras y la escasez y todo eso;
la amenaza del comunismo y todo eso que se estaba diciendo entonces. Se
da el golpe de estado y la base social es pues la clase media en general.
Ahorita hay un movimiento que plantea democracia, justicia, libertad,
crea consenso en las clases desposeídas pero también en
la clase media y también en parte de la clase pudiente, y no existe
pues el fantasma del comunismo, o sí existe pero no tiene soporte
físico en algún lado. Por eso yo no lo veo probable ahorita,
en el escenario que está ahorita; no sé si más adelante
se deteriore más la situación y pudiera crearse un caldo
de cultivo más propicio. Eso nosotros lo sabríamos hasta
después del 21 de agosto. Yo creo que de aquí a entonces
las fuerzas esperarán a ver cómo se define esto y lo otro.
Pero ahorita tenemos un pueblo mexicano muy politizado, muy atento a los
medios, a ver qué se dice. En poco tiempo ya no hay tanta atención
o pena por si gana la selección o pierde. Parece más preocupado
por qué declaró Camacho o qué declaró Colosio
o qué está diciendo Cárdenas o ahora qué dice
Fernández de Cevallos, si va a haber período extraordinario
o no, qué está pasando con la consulta.
Es bueno, yo digo que es bueno para el país que ésa
sea preocupación, además de lo del deporte por ejemplo,
o de espectáculos, que se me hace también bueno que haya
interés en eso. No digo que haya que ser completamente
políticos y que no nos importe que pierdan los pumas o en qué
lugar van ahorita (no sé pues en qué lugar vayan, ¿de
plano van muy mal? Bueno, voy a tener que regresar otra vez para volver
a llevarlos al campeonato).
-¿Está cerca un gobierno de transición?
-Ojalá, ojalá esté cerca pues, porque te
digo que si no, lo que va a estar cerca es otra cosa, o sea la guerra
civil. Porque no veo otra forma, te digo, de resolver, no sólo
el problema de Chiapas sino el problema nacional, si no hay un tránsito.
El tránsito viene o de una revolución brusca o de una revolución
en tránsito, que sería el gobierno de transición.
Ese gobierno de transición puede surgir a partir del 21 de agosto,
¿sí?. Pareciera ser lo más lógico, pero no
sabemos, te digo, porque los tiempos políticos son muy raros, muy
extraños para nosotros, no los entendemos bien. A ratos se dice
que a lo mejor se posponen las elecciones, pero ya no por nosotros sino
por problemas internos que tienen: que si un candidato o dos candidatos
de un partido, que cómo se va a definir, que la opción no
es un gobierno de transición sino Fujimori pero en México,
o sea un autogolpe de estado civil en este caso; o que no, que sí
pero más mediado, que el próximo presidente sea un gobierno
de transición de seis meses, a ver qué pasa o a ver si se
calma el problema, y entonces sí dejar el juego electoral libre
hasta dentro de seis años. Así cosas pues de ese estilo.
Sería lo menos costoso en términos sociales, aunque
se diga que bajaría la bolsa y que habría muchos problemas
de inversión y todo eso, pero en términos sociales sería
mejor que mantenerse a fuerza en que el gobierno tiene que terminar y
el proyecto económico tiene que mantenerse, cueste lo que cueste.
Nosotros decimos «Se puede mantener, pero sométanlo, busquen
respaldo popular, no lo impongan. Si el proyecto neoliberal es un camino
para México, ¿cuál es el problema de confrontarlo
con otros y sacar el acuerdo del país?. No tienen nada que perder
finalmente». Pero no, no se hace.
III
-Marcos ¿qué hiciste y qué pensaste
el 31 de diciembre?
-Bueno, el 31 de diciembre lo que hicimos fue checar las salidas.
Teníamos que dar la orden de todas las unidades para que salieran
ya a atacar sus objetivos. Lo que más pensé es si íbamos
a salir, quiero decir, si se iba a juntar la tropa. Porque éste
es un ejército de voluntarios. No basta con que digas «vamos
a hacerlo»; si no los convenciste o si no están convencidos
de lo que van a hacer, pues no van. Entonces era el volado que estábamos
echando, aunque en el interior por supuesto teníamos confianza
en que sí, que la gente iba a salir junto con nosotros a pelear.
Ya en términos concretos, pues, estás echando un águila
o sol a ver si van a salir todos los que tú crees que van a salir,
porque hiciste un plan con una cierta cantidad de tropa y de armas, y
luego a la hora que no lleguen.
Esa es la duda que más pesaba hasta las cero horas del
día primero, cuando empezaba el año. Ya para entonces ya
sabía yo que sí, que las tropas habían llegado a
sus puntos, más de las que esperábamos que iban a salir.
Entonces ya lo único que quedaba era que los planes se cumplieran
como se habían hecho. Si esto era así, iba a tener éxito
la primera parte de la campaña militar de enero. Vaya, era lógico
que la sorpresa jugaba de nuestra parte, y que con esa cantidad de tropa
se iba a conseguir lo que de hecho cumplimos, pues, lo que de hecho conseguimos.
Pero todo el 31 era ese rumiar y rumiar. Además fíjate
que era un cambio muy radical para nosotros. Habíamos estado 10
años preparándonos para ese día, y así como
puede ser el debut ante un micrófono, siempre llegas pensando «¿estaré
preparado?, ¿no faltará más?, ¿no será
que debemos esperarnos todavía más, o buscar más
preparación?, o ¿no será extemporáneo?, ¿estaremos
listos, pues?». Ésa era la gran interrogante que se dibujaba
ese 31. Al mismo tiempo mezclada, pues, con el ansia de un sueño
que habíamos estado acariciando desde hace mucho, de poder decir
al país y al mundo entero que ahí estábamos, qué
era lo que queríamos y todo lo que habíamos tenido que pagar
de precio por adelantado para ese día. Esas dos cosas se mezclan
ese día 31 de diciembre.
Y pasan a segundo plano hechos que luego fueron saliendo como
anécdotas: errores en la comunicación, pérdidas de
unidades que no llegaban a tiempo porque se equivocaron de camino, cosas
pues muy concretas que ocurrieron el 31, que yo no las recuerdo en ese
momento, porque estaba pensando en lo otro. Pero luego ya me fueron diciendo,
«No, pues es que pasó esto y esto». Ya ahorita a esta
distancia te da risa, ¿no?, te da risa que nos íbamos a
equivocar, íbamos a atacar rumbo a Tuxtla, un lugar donde no había
nada, porque nuestra tropa no conoce la ciudad. Ibamos a agarrar una carretera,
en lugar de a la izquierda la íbamos a agarrar a la derecha, entonces
íbamos a salir para otro lado. Y ahorita nos divierte, pero si
hubiera pasado así, olvídate, hubiera sido un cagadero de
gente que no hubiera tenido fin, y hubiera tenido un costo también
en vidas muy grande. Y ésa era la otra apuesta del 31. Habíamos
aprendido a pelear pero nunca lo habíamos hecho realmente.
Además íbamos a un terreno que no era el nuestro,
el terreno del enemigo, el terreno urbano, además con un montón
de tradición de racismo, de opresión. Era el centro del
poder pues para los compañeros. Y también estaba el peligro
de que la tropa se saliera de cauce y empezara a ajustar cuentas milenarias,
pues, centenarias, milenarias no, centenarias pues, de racismo, de desprecio,
de opresión, de humillaciones. Eso explica la reacción de
los compañeros a las presidencias municipales, cómo las
destruyeron; y a los centros policiales: a los cuarteles de la policía
pues les prendieron fuego. Todos ellos habían pasado por esos centros
policiales, ahí habían sido torturados, extorsionados, vejados,
y de una u otra forma ellos identificaban el poder, lo identifican todavía,
el poder que los tiene en esa situación, que nos mantiene en esta
situación, en el poder político, en este caso en las presidencias
municipales.
Ese era otro problema, porque habíamos insistido mucho
en el trato a la población civil, en que teníamos que cuidarlo
porque éramos un ejército, no una gavilla de bandoleros
ni un grupo vengativo. Y habíamos estado trabajando meses antes
sobre eso en la tropa. Pero igual era otra vez el volado de si se iba
a entender o no, y finalmente si iba a ocurrir. Pero salió bien,
no hubo ningún desmán contra la población civil ni
le hicimos nada pues.
Y ése era el fantasma que rondaba a la población,
sobre todo de San Cristóbal y de Ocosingo, que siempre habían
temido ese día, el día que llegaran los indígenas
armados y se cobraran ahora sí, a sangre y fuego, todas las afrentas
que ellos habían hecho. Porque hay un sentimiento de superioridad
en ese tipo de gente, de abolengo, de racismo pues, finalmente. No creo
que haya mucha diferencia entre el blanco de Sudáfrica hace unos
años y el propietario, mediano propietario o gran propietario de
tierra o de comercio en Chiapas en 1994; el otro respecto al negro, éste
respecto al indígena.
Entonces ésas eran las apuestas o las dudas que estaban
marcando el día 31 y que se fueron despejando a lo largo de todo
el día primero.
Y el día 2 en la madrugada empezaron las otras: «¿cómo
vamos a reaccionar a la reacción del gobierno?, ¿qué
vamos a hacer?, ¿se van a cumplir los planes de repliegue o no?,
¿con qué número de bajas?». Porque nosotros
acabamos el día primero limpios, sin una sola baja. Pero el día
2 es cuando empiezan los problemas, que luego pues ya se sabe lo que pasó
ese día y a partir de ese día: los combates del sur de San
Cristóbal, los de Rancho Nuevo y los de Ocosingo; y luego el repliegue
desordenado, porque fue un repliegue desordenado de nuestras tropas acá,
a la Selva Lacandona; la preparación de la defensa y de la resistencia,
y el cese al fuego, y de ahí todo lo que se siguió después.
Digamos que el reloj iba muy lento el día 31, lento el
día primero, y se empezó a acelerar el día 2, muy
muy rápido, muy rápido, muy rápido, el reloj histórico
pues, para nosotros. Y luego, después del cese al fuego (cuando
se empieza a hacer efectivo, porque el ejército federal no lo cumple
luego luego, hasta el 17), otra vez empieza a alentarse y a pasar un poco
lo que te pasa aquí, a ti y a los que vienen contigo, pues, como
que pasa el día y uno empieza a entrar a otro ritmo de tiempo,
marcado por la luz solar. Uno se levanta temprano, tiene que levantarse
temprano, pero también temprano empieza a acostarse, ya no hay
nada que hacer pues no hay luz. Y ahorita pues sí traen velas,
pero por lo regular los compañeros no las usan, usan el mechero
que es un frasquito con petróleo y un pedazo de calcetín,
y ése hay que cuidarlo porque el petróleo hay que traerlo
de lejos. Entonces, prácticamente, la vida en la montaña,
en la selva, se acaba a las 7 de la noche y empieza a las 4, 5 de la mañana,
y transcurre así sobre grandes periodos de tiempo. La preparación
del desayuno, después sería el entrenamiento, las prácticas
militares, el estudio, la discusión política, y luego la
preparación de la comida y ya, se acaba. La noche. Las guardias
nocturnas entran y las guardias diurnas, las que están de día,
pasan a descansar, y en el día las nocturnas descansan, así
se van turnando.
Entonces es otro ritmo de tiempo, que no corresponde al tiempo
urbano. Y sobre todo a la gente que viene de la ciudad, ahora que está
viniendo. Batallan en eso, dicen, «No pues, es que estoy aburrido,
no tengo nada que hacer». Mis compañeros se maravillan, porque
dicen, «pero si tienen veladora, cómo que no tienen nada
que hacer; si nosotros hubiéramos tenido veladora hubiéramos
hecho maravillas. Están bajo un techo, no duermen bajo un nylon
y no tienen que caminar, y está llegando la comida, traen la comida
pues ya, y el agua pues aquí la tienen».
Todo lo comparan con la vida de la montaña que, por ejemplo,
hacer una comida te lleva mucho tiempo: tienes que acarrear el agua de
muy lejos, porque los campamentos no están cerca de los arroyos
ni de los ríos; tienes que cortar la leña y tienes que lavar
los platos bien, porque en tropa así numerosa una enfermedad se
corre como pólvora y te puede tumbar a toda la tropa; y luego cocinar
con leña te toma mucho tiempo, porque además la leña
la tienes que ir a traer, entonces la cuidas mucho, no le avientas la
leña así nomás, sino sólo lo necesario; entonces
te toma 3, 4 horas hacer una comida para 20, 30 combatientes y otra hora
y media en limpiar los trastes, lavarlos, porque también hay que
ir al río o al arroyo a lavar los platos y dejarlos bien limpios,
y dejar todo listo para unas horas después empezar a hacer la comida.
En la montaña sólo hacemos dos comidas, un desayuno muy
temprano y la comida muy tarde. O sea que todo el día se va en
los trabajos. Entonces es esa lógica de tiempo la que marca toda
la vida en la selva, no sólo en la montaña sino también
en las comunidades.
-¿Cuál es el momento de esta guerra que te
haya emocionado más?
-Para bien, a las 16 horas del día primero de enero cuando
ya recibí el informe de que teníamos las 8 cabeceras municipales
en nuestras manos. Para bien. Para mal, el momento más angustiante
fue cuando se desbalagó la tropa que atacó Rancho Nuevo.
Quedamos dispersos. Y cuando parte de nuestros combatientes queda cercado
en Ocosingo. No sabes si tu gente está viva o está muerta
o está presa, y esa incertidumbre pues te atora muchas decisiones
militares, pero además te angustia pues en lo personal, pues son
tus compañeros y están bajo tu mando.
Pero digamos que ésa es la gran diferencia. A las 16 horas
del día primero yo recibía la última información
de la última cabecera que caía en nuestras manos, que era
Ocosingo. Hasta entonces se cumplía el plan que debió haberse
cumplido a las 4 de la mañana del día primero; doce horas
después lo cumplíamos apenas. Y luego al otro día,
el día 2, lo que fue Rancho Nuevo y Ocosingo. Esos fueron los momentos
más emocionantes para bien y emocionantes para mal en ese período.
-Subcomandante, ¿nos puede contar un día de
Marcos después del triunfo del EZLN?
-¿Después del triunfo del EZLN? Uta ma', una tumba
en algún lugar y alguien que se acuerde y lleve flores, sólo
eso es lo que se me ocurre.
Nosotros lo vemos muy lejano (nosotros pues, los que estamos
ahorita). Hay tantas cosas que faltan y tantas fuerzas que están
jugando en contra, que no, no entra ni siquiera como esperanza o deseo,
así, con alguna base objetiva que tú digas, «Bueno,
pues es que yo voy a estar cuando triunfemos y vamos a hacer esto».
En nosotros no está esa perspectiva por ese manejo del tiempo que
te decía hace rato. Por ejemplo, a los compañeros les divierte
mucho la respuesta del gobierno que dice que en tantos meses va a resolver
cosas que ellos han vivido muchos años y que ya saben que cuesta
mucho resolverlas, de condiciones de vida, infraestructura económica.
Les divierte cuando hablan de días, de meses, para resolver cosas
que tienen muchos años. Y cuando ellos apuestan a iniciar la guerra
y a llevarla para adelante, en realidad todos, así honestamente,
apuestan a que otro lo va a capitalizar. Es como la herencia, para que
me entiendas. Nosotros sentimos, pues, que tenemos una herencia de lucha,
o de tradición de lucha y que tenemos que responder a ella y que
debemos transmitir esa herencia con dignidad, con verdad, a los que vayan
a seguir después.
Pero cuando hablamos de eso, porque ésa es una plática
que suele salir en la montaña, «Bueno y ¿qué
vas a hacer cuando triunfemos?», y ahí es donde cada quién
empieza a acomodar o aparece cuál es el concepto de cada uno de
triunfo. Para uno puede ser, pues, que ya haya tierra para trabajar para
todos, que en el caso del campesino pues es así el problema central,
¿no? En realidad ellos son muy claros que en torno al problema
de la tierra juegan los demás problemas: de vivienda, de salud,
de escuelas, de servicios. Todo lo que los haga salir de la tierra es
malo y todo lo que los haga permanecer en ella es bueno. Permanecer con
dignidad. Por eso ellos dicen que, en sus demandas, los servicios y todo
eso, deben incluir las ventajas del medio urbano, pero en el campo, sin
dejar la tierra. Entonces ahí ellos sí hacen su cálculo:
«No, pues cuando todos tengan tierra, pues entonces yo me voy a
trabajar con mi familia y ya vamos a tener. La familia, mi hermanito o
mi hijo, pues ése sí ya va a poder ir a la escuela, porque
ya va a haber más tiempo, porque vamos a tener tractores, todo
eso pues».
No es una visión del triunfo holgado, de holganza pues,
de descanso, sino de trabajo, pero ya otro trabajo diferente, ya no como
signo de miseria, de humillación, de desprecio, sino como signo
de dignidad, de libertad, de bonanza ahora sí, pero justa. Ésa
es la imagen pues, todos cuando te hablan de eso, te hablan de que al
triunfo vamos a trabajar, o al triunfo vamos a estudiar, o al triunfo
vamos a aprender lo que no hemos aprendido. Porque el nivel de escolaridad
que tenemos, te digo, es muy bajo. Y sale eso pues. Nadie piensa así
de que cuando triunfemos pues va a ser el desfile, nadie habla pues de
esa victoria militar apocalíptica o de epopeya, entrando a las
grandes ciudades y recibiendo las flores o cosas por el estilo. No, todos
hablan de su tierra y del trabajo ahora en otro sentido.
Eso es lo que ellos manejan de triunfo. Los más claros
políticamente, sí dicen, «No, es que eso les va a
tocar a otros, en realidad nuestro triunfo es preparar al relevo, al que
va a seguir la lucha cuando nos caemos nosotros». Ésa es
la palabra, la expresión que usan. Entonces, si yo logro preparar
a mi relevo o a mi segunda cabeza, pues, es el triunfo que tienes, para
que después ése siga y entonces sí se pueda conseguir
ese otro concepto de libertad y de trabajo, de sociedad pues, finalmente,
que es el que te estaba diciendo. Pero esos sí ya son oficiales
medios, los del comité por ejemplo, líderes de las comunidades,
líderes locales; pero la tropa, los rasos pues, como decimos, la
mera tropa, ésa sí piensa en el triunfo así como
te estoy explicando: volver a la tierra, volver al trabajo y conseguir
cosas que parecieran lógicas en cualquier otro medio: poder terminar
la primaria, por ejemplo. «No pues yo, cuando triunfemos, lo primero
que voy a hacer es terminar la primaria, o aprender a leer y escribir,
o entrar a la secundaria». Sobre todo los muchachos y las compañeras
también, ésas más todavía porque tienen más
baja la escolaridad que el promedio de los varones.
Ése es el triunfo para la tropa del EZLN, o el concepto
de triunfo que tenemos, y de ahí ya vienen bromas y rebromas que
se hace la tropa. «¿Qué vamos a hacer con Televisa
al triunfo?». Entonces ya la tropa dice, los varones dicen, «No,
pues carne para la tropa», y las compañeras dicen «No,
qué carne ni qué la chingada, esas viejas...» y no
sé qué. Y ahí empiezan rivalidades de otro tipo pues.
Pero ninguno habla de que, «Bueno, pues vamos a tomar el poder,
o voy a ser el gobernador, o el presidente municipal, o el presidente
de la República, o el comandante supremo de las fuerzas armadas».
No hay esa expectativa en nuestra tropa.
Y yo pienso que son sinceros, porque esto sale en momentos en
que es muy difícil mentir, o fingir, o aparentar que eres algo
que no eres. Porque es en momentos cuando la soledad aprieta más
en la montaña, cuando más solo estás, cuando más
lejos está todo y es muy difícil mentirle así a la
gente con la que estás, pues es lo único que ves, lo único
que tienes como humanidad pues a un lado. Entonces hablan claro.
Además que los dobleces y mentiras no son muy frecuentes
en la montaña, es muy difícil. La montaña te desnuda,
pues, no puedes fingir que eres una cosa y no serla porque se ve inmediatamente.
Digamos que la montaña te hace que tus virtudes se hagan muy grandes,
pero tus defectos también. Es muy radical en ese sentido la montaña.
Y obliga al ser humano, hombre o mujer, lo obliga a ser sincero consigo
mismo y con su gente con la que vive, porque no es posible mentirle 24
horas al día durante años y años a los que viven
contigo. Necesariamente tienes que ser como eres, a riesgo de que sea
una mentira evidente, completamente insostenible, decir que haces una
cosa pero estar viendo que no la haces. Es esa misma relación entre
triunfo y tiempo, y verdad y mentira en la montaña. Es buena la
montaña, pregúntale a los federales. Ya. No, no les preguntes,
porque si no van a querer venir a averiguarlo.
-¿Te gusta que te tomen fotos? ¿Tu presencia
constante en los medios no crea problemas al interior del EZLN?
-No me gusta que me tomen fotos, ésa es la verdad. Al
interior del EZLN no provoca problemas porque al interior del EZLN Marcos
no tiene pasamontaña, o sea, todos lo conocen. Les divierte y se
burlan de mí, que me tenga que poner pasamontaña. Pero,
cómo decirte, al interior del EZLN la autoridad moral de Marcos
no tiene ninguna duda ni nada por el estilo. Los medios podían
estar manejando exactamente lo contrario de lo que están manejando
respecto a Marcos, y los compañeros impávidos pues, no les
haría ningún efecto, porque ya estuvimos mucho tiempo juntos,
ya saben quién es el verdadero Marcos, no la pasamontaña
que se presenta a los medios. Así que cree celos, rivalidades o,
cómo se dice, o resquemores, no. No, más bien se burlan
pues, se burlan de mí y tienen razón también, yo
pa' qué chingados me estoy metiendo en estos problemas.
-¿Qué opinas, Marcos, de la mercadotecnia que
se desató con tu imagen?
-A mí me divierte, me da risa; a los compañeros
sí algunas cosas les molestan, pero a mí me es inverosímil,
ni me va ni me viene, no obtengo ningún beneficio, porque no tengo
copy right de mi imagen ni me pasan regalías ni nada por el estilo.
Ni se sabe finalmente quién es Marcos. Así que digan, «Bueno,
con esa mer |