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Muy estimados señores:
Ahora que Chiapas nos reventó en la conciencia nacional,
muchos y muy variados autores desempolvan su pequeño Larousse ilustrado,
su México desconocido, sus diskets de datos estadísticos
del Inegi o el Fonapo o hasta los textos clásicos que vienen desde
Bartolomé de las Casas. Con el afán de aportar a esta sed
de conocimientos sobre la situación chiapaneca, les mandamos un
escrito que nuestro compañero Sc. I. Marcos realizó a mediados
de 1992, para buscar que fuera despertando la conciencia de varios compañeros
que por entonces se iban acercando a nuestra lucha.
Esperamos que este material se gane un lugar en alguna de las secciones
o suplementos que conforman su prestigiado diario. Los derechos de autor
pertenecen a los insurgentes, los cuales se sentirán retribuidos
al ver algo de su historia circular a nivel nacional. Tal vez así
otros compañeros se animen a escribir sobre sus estados y localidades,
esperando que otras profecías, al igual que la chiapaneca, también
se vayan cumpliendo.
Departamento de Prensa y Propaganda, EZLN
Selva Lacandona. México, enero de 1994
Viento primero
EL DE ARRIBA
Capítulo I
Que narra cómo el supremo gobierno se enterneció de
la miseria indígena de Chiapas y tuvo a bien dotar a la entidad
de hoteles, cárceles, cuarteles y un aeropuerto militar. Y que
narra también cómo la bestia se alimenta de la sangre de
este pueblo y otros infelices y desdichados sucesos.
Suponga que habita usted en el norte, centro y occidente del país.
Suponga que hace usted caso de la antigua frase de Sectur de "Conozca
México primero". Suponga que decide conocer el sureste de
su país y suponga que del sureste elige usted al estado de Chiapas.
Suponga que toma usted por carretera (llegar por aire a Chiapas no sólo
es caro sino improbable y de fantasía: sólo hay dos aeropuertos
"civiles" y uno militar). Suponga que enfila usted por la carretera
Transístmica. Suponga que no hace usted caso de ese cuartel que
un regimiento de artillería del ejército federal tiene a
la altura de Matías Romero y sigue usted hasta la Ventosa. Suponga
que usted no advierte la garita que el Servicio de Inmigración
de la Secretaría de Gobernación tiene en ese punto (y que
hace pensar que uno sale de un país y entra en otro). Suponga que
usted gira a la izquierda y toma decididamente hacia Chiapas. Kilómetros
más adelante dejará usted Oaxaca y encontrará un
gran letrero que reza "BIENVENIDO A CHIAPAS". ¿Lo encontró?
Bien, suponga que sí. Usted entró por una de las tres carreteras
que hay para llegar al estado: por el norte del estado, por la costa del
Pacífico y por esta carretera que usted supone haber tomado, se
llega a este rincón del sureste desde el resto del país.
Y la riqueza sale de estas tierras no sólo por estas tres carreteras.
Por miles de caminos se desangra Chiapas: por oleoductos y gasoductos,
por tendido eléctricos, por vagones de ferrocarril, por cuentas
bancarias, por camiones y camionetas, por barcos y aviones, por veredas
clandestinas, caminos de terracería, brechas y picadas; esta tierra
sigue pagando su tributo a los imperios: petróleo, energía
eléctrica, ganado, dinero, café, plátano, miel, maíz,cacao,
tabaco, azúcar, soya, sorgo, melón, mamey, mango, tamarindo
y aguacate, y sangre chiapaneca fluye por los mil y un colmillos del saqueo
clavados en la garganta del sureste mexicano. Materias primas, miles de
millones de toneladas que fluyen a los puertos mexicanos, a las centrales
ferroviarias, aéreas y camioneras, con caminos diversos: Estados
Unidos, Canadá, Holanda, Alemania, Italia, Japón; pero con
el mismo destino: el imperio. La cuota que impone el capitalismo al sureste
de este país rezuma, como desde su nacimiento, sangre y lodo.
Un puñado de mercaderes, entre los que se cuenta el Estado
mexicano, se llevan de Chiapas toda la riqueza y a cambio dejan su huella
mortal y pestilente: el colmillo financiero obtuvo, en 1989, una captación
integral de un millón 222 mil 669 millones de pesos y sólo
derramó en créditos y obras 616 mil 340 millones. Más
de 600 mil millones de pesos fueron a dar al estómago de la bestia.
En las tierras chiapanecas hay 86 colmillos de Pemex clavados en los
municipios de Estación Juarez, Reforma, Ostuacán, Pichucalco
y Ocosingo. Cada día succionan 92 mil barriles de petróleo
y 516.7 mil millones de pies cúbicos de gas. Se llevan el gas y
el petróleo y dejan, a cambio, el sello capitalista: destrucción
ecológica, despojo agrario, hiperinflación, alcoholismo,
prostitución y pobreza. La bestia no está conforme y extiende
sus tentáculos a la Selva Lacandona: ocho yacimientos petrolíferos
están en exploración. Las brechas se abren a punta de machetes,
los empuñan los mismos campesinos que quedaron sin tierra por la
bestia insaciable. Caen los árboles, retumban las explosiones de
dinamita en terrenos donde sólo los campesinos tienen prohibido
tumbar árboles para sembrar. Cada árbol que tumben les puede
costar una multa de 10 salarios mínimos y cárcel. El pobre
no puede tumbar árboles, la bestia petrolera, cada vez más
en manos extranjeras, sí. El campesino tumba para vivir, la bestia
tumba para saquear.
También por el café se desangra Chiapas. El 35% de la
producción nacional cafetalera sale de etas tierras que emplean
a 87 mil personas. El 47% de la producción va al mercado nacional
y el 53% se comercializa en el extranjero, principalmente el Estados Unidos
y Europa. Más de 100 mil toneladas de café salen del estado
para engordar las cuentas bancarias de la bestia: en 1988 el kilo de café
pergamino se vendió en el extranjero a un promedio de 8 mil pesos,
pero al productor chiapaneco se lo pagaron a 2 mil 500 o a menos.
El segundo saqueo en importancia, después del café,
es el ganado. Tres millones de vacas esperan a coyotes y a un pequeño
grupo de introductores para ir a llenar los frigoríficos de Arriaga,
Villahermosa y el Distrito Federal. Las vacas son pagadas hasta en mil
400 pesos el kilo en pie a los ejidatarios empobrecidos, y revendidos
por coyotes e introductores hasta en 10 veces multiplicado el valor que
pagaron.
El tributo que cobra el capitalismo a Chiapas no tiene paralelo en
la historia. El 55 por ciento de la energía nacional de tipo hidroeléctrico
proviene de este estado, y aquí se produce el 20 por ciento de
la energía eléctrica total de México. Sin embargo,
sólo un tercio de viviendas chiapanecas tienen luz eléctrica.
¿A dónde van los 12 mil 907 gigawatts que producen anualmente
las hidroeléctricas de Chiapas?
A pesar de la moda ecológica, el saqueo maderero sigue en los
bosques chiapanecos. De 1981 a 1989 salieron 2 millones 444 mil 700 metros
cúbicos de maderas preciosas, coníferas y corrientes tropicales
con destino al Distrito Federal, Puebla, Veracruz y Quintana Roo. En 1988
la explotación maderera dió una ganancia de 23 mil 900 millones
de pesos, 6 mil porciento más que en 1980.
La miel que se produce en 79 mil colmenas del estado va íntegramente
a los mercados de EU y Europa. 2 mil 756 toneladas de miel y cera producidas
anualmente en el campo se convierten en dólares que los chiapanecos
no verán.
Del maíz, más de la mitad producida aquí va al
mercado nacional. Chiapas está entre los primeros estados productores
a nivel nacional. El sorgo, en su mayoría, va a Tabasco. Del tamarindo,
el 90% va al DF y a otros estados. El aguacate en dos tercios se comercializa
fuera del estado; el mamey en su totalidad. Del cacao el 69 por ciento
va al mercado nacional y el 31 por ciento al exterior con destino a EU,
Holanda, Japón e Italia. La mayor parte de las 451 mil 627 toneladas
anuales de plátanos se exportan.
¿Qué deja la bestia a cambio de todo lo que se lleva?
Chiapas posee 75 mil 634.4 kilómetros cuadrados, unos 7.5 millones
de hectáreas, ocupa el octavo lugar en extensión y tiene
111 municipios organizados para el saqueo en nueve regiones económicas.
Aquí se encuentra, del total nacional, el 40 por ciento de las
variedades de plantas, el 36 por ciento de los mamíferos, el 34
por ciento de los anfibios y reptiles, el 66 por ciento de las aves, el
20 por ciento de los peces de agua dulce y el 80 por ciento de las mariposas.
El 9.7 por ciento de la lluvia de todo el país cae sobre estas
tierras. Pero la mayor riqueza de la entidad son los 3.5 millones de chiapanecos,
de los cuales las dos terceras viven y se mueren en el medio rural. La
mitad de los chiapanecos no tienen agua potable y dos tercios no tienen
drenaje. El 90 por ciento de la población en el campo tiene ingresos
mínimos o nulos.
La comunicación es una grotesca caricatura para un estado que
produce petróleo, energía eléctrica, café,
madera y ganado para la bestia hambrienta. Sólo las dos terceras
partes de las cabeceras municipales tienen acceso pavimentado, 12 mil
comunidades no tienen más comunicación que los centenarios
caminos reales. La línea del ferrocarril no sigue las necesidades
del pueblo chiapaneco sino las del saqueo capitalista desde los tiempos
del porfirismo. La vía férrea que sigue la línea
costera (sólo hay dos líneas: la otra atraviesa parte del
norte del estado) data de principios de siglo y su tonelaje es limitado
por los viejos puentes porfiristas que cruzan las hidrovenas del sureste.
El único puerto chiapaneco, Puerto Madero, es sólo una puerta
más de salida para que la bestia saque lo que roba.
¿Educación? La peor del país. En primaria, de
cada 100 niños 72 no terminan el primer grado. Más de la
mitad de las escuelas no ofrecen más que al tercer grado y la mitad
sólo tiene un maestro para todos los cursos que imparten. Hay cifras
muy altas, ocultas por cierto, de deserción escolar de niños
indígenas debido a la necesidad de incorporar al niño a
la explotación. En cualquier comunidad indígena es común
ver a niños en horas de escuela cargando leña o maíz,
cocinando o lavando ropa. De 16 mil 58 aulas que había en 1989,
sólo mil 96 estaban en zonas indígenas.
¿Industria? Vea usted: el 40 por ciento de la "industria"
chiapaneca es de molinos de nixtamal, de tortillas y de muebles de madera.
La gran empresa, el o.2 por ciento, es del Estado mexicano (y pronto del
extranjero) y la forman el petróleo y la electricidad. La mediana
industria, el 0.4 por ciento, está formada por ingenios azucareros,
procesadoras de pescados y mariscos, harina, calhidra, leche y café.
El 94.8 por ciento es microindustria.
La salud de los chiapanecos es un claro ejemplo de la huella capitalista:
un millón y medio de personas no disponen de servicio médico
alguno. Hay 0.2 consultorios por cada mil habitantes, cinco veces menos
que el promedio nacional; hay 0.3 camas de hospital por cada mil chiapanecos,
tres veces menos que en el resto de México; hay un quirófano
por cada 100 mil habitantes, dos veces menos que en el país; hay
0.5 médicos y 0.4 enfermeras por cada mil personas, dos veces menos
que el promedio nacional.
Salud y alimentación van de la mano en la pobreza. El 54 por
ciento de la población chiapaneca está desnutrida y en la
región de los altos y la selva este porcentaje de hambre supera
el 80 por ciento. El alimento promedio de un campesino es: café,
pozol, tortilla y frijol.
Todo esto deja el capitalismo en pago por lo que se lleva...
Esta parte del territorio mexicano que se anexó por voluntad
propia a la joven república independiente en 1824, apareció
en la geografía nacional hasta que el boom petrolero recordó
a la nación que había un sureste (en el sureste está
el 82 por ciento de la capacidad instalada de la planta petroquímica
de Pemex); en 1990 las dos terceras partes de la inversión pública
en el sureste fue para energéticos. Pero este estado no responde
a modas sexenales, su experiencia en saqueo y explotación se remonta
desde siglos atrás. Igual que ahora, antes fluían a las
metrópolis, por las venas del saqueo, maderas y frutas, ganados
y hombres. A semejanza de las repúblicas bananeras pero en pleno
auge del neoliberalismo y las "revoluciones libertarias", el
sureste sigue exportando materias primas y mano de obra y, como desde
hace 500 años, sigue importando lo principal de la producción
capitalista: muerte y miseria.
Un millón de indígenas habitan estas tierras y comparten
con mestizos y ladinos una desequilibrada pesadilla: aquí su opción,
después de 500 años del "encuentro de dos mundos",
es morir de miseria o de represión. El programa de optimización
de la pobreza, esa pequeña mancha de socialdemocracia que salpica
ahora al Estado mexicano y que con Salinas de Gortari lleva el nombre
de Pronasol es una caricatura burlona que cobra lágrimas de sangre
a los que, bajo estas lluvias y soles, se desviven.
¡¡Bienvenido!!... Ha llegado usted al estado más
pobre del país: Chiapas
Suponga que sigue usted manejando y de Ocosocoautla baja usted a Tuxtla
Gutiérrez, capital del estado. No se detenga mucho; Tuxtla Gutiérrez
es sólo una gran bodega que concentra producción de otras
partes del estado. Aquí llega parte de la riqueza que será
enviada a donde los designios capitalistas decidan. No se detenga, apenas
toca usted los labios de las fauces sangrantes de la fiera. Pase usted
por Chiapa de Corzo sin hacer caso de la fábrica que Nestlé
tiene ahí, y empiece a ascender la sierra. ¿Qué ve?
Está en lo cierto, entró a usted a otro mundo: el indígena.
Otro mundo, pero el mismo que padecen millones en el resto del país.
Este mundo indígena está poblado por 300 mil tzeltales,
300 mil tzotziles, 120 mil choles, 90 mil zoques y 70 mil tojolabales.
El supremo gobierno reconoce que "sólo" la mitad de este
millón de indígenas es analfabeta.
Siga por la carretera sierra adentro, llega usted a la región
llamada los altos de Chiapas. Aquí, hace 500 años el indígena
era mayoritario, amo y señor de tierras y aguas. Ahora sólo
es mayoritario en número y pobreza. Siga, lléguese hasta
San Cristóbal de Las Casas, hace 100 años era la capital
del estado pero las pugnas interburguesas le quitaron el dudoso honor
de ser capital del estado más pobre de México. No, no se
detenga, si Tuxtla Gutiérrez es una gran bodega, San Cristóbal
es un gran mercado: por miles de rutas llega el tributo indígena
al capitalismo: , tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales y zoques,
todos traen algo: madera, café, ganado, telas, artesanías,
frutas, verduras, maíz... Todos se llevan algo: enfermedad, ignorancia,
burla y muerte. Del estado más pobre de México, ésta
es la región más pobre. Bienvenido a San Cristóbal
de Las Casas "Ciudad Colonial" dicen los coletos, pero la mayoría
de la población es indígena. Bienvenido al gran mercado
que Pronasol embellece. Aquí todo se compra y se vende, menos la
dignidad indígena. Aquí todo es caro, menos la muerte. Pero
no se detenga, siga adelante por la carretera, enorgullézcase de
la infraestructura turística: en 1988 en el estado había
6 mil 270 habitaciones de hotel, 139 restaurantes y 42 agencias de viaje;
ese año entraron un millón 58 mil 98 turistas y dejaron
250 mil millones de pesos en manos de hoteleros y restauranteros.
¿Hizo la cuenta? ¿Si? Es correcto: hay unas siete habitaciones
por cada mil turistas, mientras que hay 0.3 camas de hospital para cada
mil chiapanecos. Bueno, deje usted las cuentas y siga adelante, libre
con cuidado esas tres hileras de policía que, con boinas pintas,
trotan por la orilla de la carretera, pase usted por el cuartel de la
Seguridad Pública y siga por entre hoteles, restaurantes y grandes
comercios, enfile a la salida para Comitán. Saliendo de la "olla"
de San Cristóbal y por la misma carretera verá las famosas
grutas de San Cristóbal, rodeadas de frondosos bosques. ¿Ve
usted ese letrero? No, no se equivoca, este parque natural es administrado
por... ¡el ejército! Sin salir de su desconcierto siga adelante...
¿Ve usted? Modernos edificios, buenas casas, calles pavimentadas...
¿Una universidad? ¿Una colonia para trabajadores? No, mire
el letrero a un lado de los cañones, y lea: "Cuartel General
de la 31 Zona Militar". Todavía con la hiriente imagen verdeolivo
en la retina llegue usted al crucero y decida no ir a Comitán,
así se evitará la pena de ver que, unos metros más
adelante, en el cerro que se llama del Extranjero, personal militar norteamericano
maneja, y enseña a manejar a sus pares mexicanos, un radar. Decida
mejor ir a Ocosingo ya que está de moda la ecología y todas
esas pamplinas. Vea usted esos árboles, respire profundo... ¿Ya
se siente mejor? ¿Sí? Entonces mantenga su vista a la izquierda
porque si no, en el Km. 7, verá usted otra magnífica construcción
con el noble símbolo de SOLIDARIDAD en la fachada. No vea, le digo
que voltee para otro lado, no se dé cuenta usted de que este edificio
nuevo es... una cárcel (dicen las malas lenguas que son ventajas
que ofrece Pronasol: ahora los campesinos no tendrán que ir hasta
Cerro Hueco, cárcel en la capital del estado). No hombre, no se
desanime, lo peor está siempre oculto: el exceso de pobreza espanta
al turismo... Siga, baje a Huixtán, ascienda a Oxchuc, vea la hermosa
cascada donde nace el río Jataté cuyas aguas atraviesan
la Selva Lacandona, pase por Cuxuljá y no siga la desviación
que lleva a Altamirano, lléguese hasta Ocosingo: "la puerta
de la Selva Lacandona"...
Está bien, deténgase un poco. Una vuelta rápida
por la ciudad... ¿Principales puntos de interés? Bien: esas
dos grandes construcciones a la entrada son prostíbulos, aquello
es una cárcel, la de más allá la iglesia, esa otra
es la Ganadera, ése de allá es un cuartel del ejército
federal, allá los judiciales, la presidencia municipal y más
acá Pemex, lo demás son casitas amontonadas que retumban
al paso de los gigantescos camiones de Pemex y las camionetas de los finqueros.
¿Qué le parece? ¿Una hacienda porfirista? ¡Pero
eso se acabó hace 75 años! No, no siga por esa carretera
de terracería que llega hasta San Quintín, frente a la Reserva
de los Montes Azules. No, llegue hasta donde se juntan los ríos
Jataté y Perlas, no baje ahí, no camine tres jornadas de
ocho horas cada una, no llegue a San Martín, no vea que es un ejido
muy pobre y muy pequeño, no se acerque a ese galerón que
se cae a pedazos y con láminas oxidadas y rotas. ¿Qué
es? Bueno, a ratos iglesia, a ratos escuela, a ratos salón de reuniones.
Ahorita es una escuela, son las 11 del día. No, no se acerque,
no mire dentro, no vea a esos cuatro grupos de niños rebosando
de lombrices y piojos, semidesnudos, no vea los cuatro jóvenes
indígenas que hacen de maestros por una paga miserable que tienen
que recoger después de caminar las mismas tres jornadas que usted
caminó; no vea que la única división entre un "aula"
y otra es un pequeño pasillo. ¿Hasta qué año
se cursa aquí? Tercero. No, no vea esos carteles que es lo único
que el gobierno les mandó a esos niños, no los vea: son
carteles para prevenir el sida...
Mejor sigamos, volvamos a la carretera pavimentada. Sí, ya
sé que está en mal estado. Salgamos de Ocosingo, siga admirando
estas tierras... ¿Los propietarios? Sí, finqueros. ¿Producción?
Ganado, café, maíz... ¿Vio el Instituto Nacional
Indigenista? Sí, a la salida. ¿Vio esos espléndidos
camiones? Son dados a crédito a los campesinos indígenas.
Sólo usan gasolina MagnaSin, por aquello de la ecología...
¿Que no hay MagnaSin en Ocosingo? Bueno, pues ésas son pequeñeces...
Sí, usted tiene razón, el gobierno se preocupa por los campesinos.
Claro que dicen las malas lenguas que en esa sierra hay guerrilleros y
que la ayuda monetaria del gobierno es para comprar la lealtad indígena,
pero son rumores, seguramente tratan de desprestigiar al Pronasol... ¿Qué?
¿El Comité de Defensa Ciudadana? ¡Ah sí! Es
un grupo de "heroicos" ganaderos, comerciantes y charros sindicales
que organizan guardias blancas para desalojos y amenazas. No, ya le dije
a usted que la hacienda porfirista acabó hace 75 años...
Mejor sigamos... en esa desviación tome usted a la izquierda. No,
no vaya usted a Palenque. Mejor sigamos, pasemos por Chilón...
bonito ¿no? Sí Yajalón... muy moderno, hasta tiene
una gasolinera... mire, ése de allá es un banco, allá
la presidencia municipal, por acá la judicial, la ganadera, allá
el ejército... ¿Otra vez con lo de la hacienda? Vámonos
y ya no vea ese otro gran y moderno edificio en las afueras, en el camino
a Tila y Sabanilla, no vea su hermoso letrero de SOLIDARIDAD embelleciendo
la entrada, no vea que es... una cárcel.
Bueno, llegamos al cruce, ahora a Ocosingo... ¿Palenque? ¿Está
usted seguro? Bueno, vamos... Sí, bonitas tierras. Ajá,
finqueros. Correcto: Ganado, café, madera. Mire, ya llegamos a
Palenque. ¿Una visita rápida a la ciudad? Bueno: ésos
son hoteles, allá restaurantes, acá la presidencia municipal,
la Judicial, ése el el cuartel del ejército, y allá...
¿Qué? No, ya sé qué me va a decir... no lo
diga, no... ¿Cansado? Bueno, paremos un poco. ¿No quiere
ver las pirámides? ¿No? Bueno. ¿Xi'Nich? Ajá,
una marcha indígena. Sí, hasta México. Ajá,
caminando. ¿Cuánto? Mil 106 kilómetros. ¿Resultados?
Recibieron sus peticiones. Sí, sólo eso. ¿Sigue cansado?
¿Más? Bueno, esperemos... ¿Para Bonampak? Está
muy malo el camino. Bueno, vamos. Sí, la ruta panorámica...
ése es el retén del ejército federal, este otro es
de la Armada, aquél de judiciales, el de más allá
el de Gobernación... ¿Siempre así? No, a veces topa
uno con marchas campesinas de protesta. ¿Cansado? ¿Quiere
regresar? Bueno. ¿Otros lugares? ¿Distintos? ¿En
qué país? ¿México? Verá usted lo mismo,
cambiarán los colores, las lenguas, el paisaje, los nombres, pero
el hambre, la explotación, la miseria y la muerte, es la misma.
Sólo busque bien. Sí, en cualquier estado de la república.
Ajá, que le vaya bien... y si necesita un guía turístico
no deje de avisarme, estoy para servirle... ¡Ah! otra cosa. No será
siempre así. ¿Otro México? No, el mismo... yo hablo
de otra cosa, como que empiezan a soplar otros aires, como que otro viento
se levanta...
Capítulo Segundo
Que narra hechos del gobernador aprendiz de virrey, de su heroico
combate contra el clero progresista, y de sus andanzas con los señores
feudales del ganado, el café y el comercio. Y que narra también
otros hechos igualmente fantásticos.
Érase que se era un virrey de chocolate con nariz de cacahuate.
El aprendiz de virrey, el gobernador Patrocinio González Garrido,
a la manera de los antiguos monarcas que la corona implantó junto
con la conquista, ha reorganizado la geografía chiapaneca. La asignación
de espacios urbanos y rurales es un ejercicio del poder un tanto sofisticado,
pero manejado con la torpeza del señor González Garrido
alcanza niveles exquisitos de estupidez. El virrey ha decidido que las
ciudades con servicios y ventajas sean para los que ya todo tienen. Y
decide, el virrey, que la muchedumbre está bien afuera, en la intemperie,
y sólo merece lugar en las cárceles, lo cual no deja de
ser incómodo. Por esto, el virrey ha decidido construir las cárceles
en las afueras de las ciudades, para que la cercanía de esa indeseable
y delincuente muchedumbre no perturbe a los señores. Cárceles
y cuarteles son las principales obras que este gobernador ha impulsado
en Chiapas. Su amistad con finqueros y poderosos comerciantes no es un
secreto para nadie, como tampoco lo es su animadversión hacia las
tres diócesis que regulan la vida católica en el estado.
La diócesis de San Cristóbal, con el obispo Samuel Ruiz
a la cabeza, es una molestia constante para el proyecto de reordenamiento
de González Garrido. Queriendo modernizar la absurda estructura
de explotación y saqueo que impera en Chiapas, Patrocinio González
tropieza cada tanto con la terquedad de religiosos y seglares que predican
y viven la opción por los pobres del catolicismo.
Con el aplauso fariseo del obispo tuxtleco, Aguirre Franco, y la muda
aprobación del de Tapachula, González Garrido anima y sostiene
las conspiraciones "heroicas" de ganaderos y comerciantes en
contra de los miembros de la diócesis sancristobalense. "Los
equipos de Don Samuel", como les llaman algunos, no están
formados por inexpertos creyentes: antes que Patrocinio González
Garrido soñara siquiera con gobernar su estado, la diócesis
de San Cristóbal de Las Casas predicaba el derecho a la libertad
y a la justicia. Para una de las burguesías más retrógradas
del país, la agrícola, estas palabras sólo pueden
significar una cosa: rebelión. Y estos "patriotas" y
"creyentes" finqueros y comerciantes saben cómo detener
las rebeliones: la existencia de guardias blancas armadas con su dinero
y entrenadas por miembros del ejército federal y policías
de la Seguridad Pública y la judicial del estado, es de sobra conocida
por los campesinos que padecen sus bravatas, torturas y balas.
En meses pasados fue detenido el sacerdote Joel Padrón, párroco
de Simojovel. Acusado por los ganaderos de esa región de incitar
y participar en tomas de tierra, el padre Joel fue detenido por autoridades
estatales y recluido en el Penal de Cerro Hueco, en la capital del estado.
Las movilizaciones de miembros de la diócesis de San Cristóbal
(las de Tuxtla y Tapachula brillaron por su ausencia) y un amparo federal
lograron la liberación del párroco Padrón.
Mientras miles de campesinos marcharon en Tuxtla Gutiérrez
para exigir la liberación del padre, los ganaderos de Ocosingo
enviaron a sus flamantes guardias blancas a desalojar a campesinos posesionados
del predio El Momonal: 400 hombres armados por los finqueros golpearon
y destruyeron, quemaron casas, chicotearon a las mujeres indígenas
y asesinaron de un tiro en el rostro al campesino Juan. Después
del desalojo, las guardias blancas, en su mayoría compuestas por
vaqueros de las fincas y pequeños propietarios orgullosos de compartir
correrías con los mozos terratenientes, recorrieron las carreteras
de la región en las camionetas pickup facilitadas por los amos.
Mostrando sus armas ostensiblemente, borrachos y drogados, gritaban: "¡La
ganadera es la número uno!" y advertían a todos que
era sólo el comienzo. Las autoridades municipales de Ocosingo y
los soldados destacamentados en la cabecera contemplaron impávidos
el desfile triunfal de los pistoleros.
En Tuxtla Gutiérrez cerca de 10 mil campesinos desfilaban por
la libertad de Joel Padrón. En un rincón de Ocosingo, la
viuda de Juan enterraba solitaria a la víctima del orgulloso finquero.
No hubo ni una marcha, ni un rezo, ni una firma de protesta por la muerte
de Juan. Éste es Chiapas.
Recientemente, el virrey González Garrido protagonizó
un nuevo escándalo que salió a la luz pública porque
las víctimas cuentan con los medios para denunciar las arbitrariedades.
Con la anuencia del virrey, los señores feudales de Ocosingo organizaron
el Comité de Defensa Ciudadana, el intento más acabado de
institucionalizar las guardias blancas neoporfiristas que resguardan el
orden en el campo chiapaneco. Nada hubiera pasado seguramente, si no es
descubierto un complot para asesinar a los párrocos Pablo Iribarren
y a la religiosa María del Carmen, además de a Samuel Ruiz,
obispo de la diócesis. A los párrocos y religiosas se les
daba un plazo para abandonar el municipio, pero los más radicales
del Comité clamaban por una solución drástica que
incluyera al obispo Ruiz. La denuncia del complot corrió a cargo
de la prensa chiapaneca honesta, que la hay aún, y llegó
a los foros nacionales. Hubo retracciones y desmentidos, el virrey declaró
que sostenía buenas relaciones con la Iglesia y nombró un
fiscal especial para investigar el caso. La investigación no arrojó
resultado alguno y las aguas volvieron a su cauce.
En las mismas fechas, agencias gubernamentales daban a conocer datos
escalofriantes: en Chiapas mueren cada año 14 mil 500 personas,
es el más alto índice de mortalidad en el país. ¿Las
causas? Enfermedades curables como: infecciones respiratorias, enteritis,
parasitosis, amibiasis, paludismo, salmonelosis, escabiasis, dengue, tuberculosis
pulmonar, oncocercosis, tracoma, tifo, cólera y sarampión.
Las malas lenguas dicen que la cifra supera los 15 mil muertos al año,
porque no se lleva el registro de las defunciones en las zonas marginadas,
que son la mayoría del estado... En los cuatro años de virreinato
de Patrocinio González Garrido han muerto más de 60 mil
chiapanecos, pobres en su mayoría. La guerra que contra el pueblo
dirige el virrey y comandan los señores feudales, reviste formas
más sutiles que los bombardeos. No hubo en la prensa local o nacional
una nota para ese complot asesino en acción que cobra vidas y tierras
como en tiempos de la conquista.
El Comité de Defensa Ciudadana sigue su labor proselitista,
realiza reuniones para convencer a ricos y pobres de la ciudad de Ocosingo
de que deben organizarse y armarse para que los campesinos no entren a
la ciudad porque lo destruirían todo, sin respetar ni a ricos ni
a pobres. El virrey sonríe con beneplácito.
Capítulo Tercero
Que narra cómo el virrey tuvo una brillante idea y la puso
en práctica y que narra también cómo el imperio decretó
la muerte del socialismo y, entusiasmado, se dio a la tarea de difundirlo
para regocijo de los poderosos, desconsuelo de los tibios e indiferencia
de los más. Narra también cómo Zapata no ha muerto,
dicen. Y otros desconcertantes acontecimientos.
El virrey está preocupado. Los campesinos se niegan a aplaudir
el despojo institucional que ahora está escrito en el nuevo artículo
27 de la Carta Magna. El virrey está rabiando. Los explotados no
son felices explotados. Se niegan a recibir con una servil caravana las
limosnas que el Pronasol salpica en el campo chiapaneco. El virrey está
desesperado, consulta a sus asesores. Ellos le repiten una vieja verdad:
no bastan cárceles y cuarteles para dominar, es necesario domar
también el pensamiento. El virrey se pasea inquieto en su soberbio
palacio. Se detiene, sonríe y redacta...
XEOCH: Rap y mentiras para los campesinos
Ocosingo y Palenque, Cancuc y Chilón, Altamirano y Yajalón,
los indígenas están de fiesta. Una nueva dádiva del
supremo gobierno alegra la vida de peones y pequeños propietarios,
de campesinos sin tierra y empobrecidos ejidatarios. Ya tienen una estación
local de radio que cubre, ahora sí, los rincones más apartados
del oriente chiapaneco. La programación es de lo más adecuada:
música de marimba y rap proclaman la buena nueva. El campo chiapaneco
se moderniza. XEOCH transmite desde la cabecera municipal de Ocosingo,
en los 600 megahertz en amplitud modulada, desde las 4:00 hasta las 22:00
horas. Sus noticieros abundan en piedras de molino: la "desorientación"
que religiosos "subversivos" predican entre el campesinado,
la afluencia de créditos que no llegan a las comunidades indígenas,
la existencia de obras públicas que no aparecen por ningún
lado. El soberbio virrey también se da tiempo de transmitir por
XEOCH sus amenazas para recordar al mundo que no todo es mentiras y rap,
también hay cárceles y cuarteles y un código penal,
el más represivo de la república, que sanciona cualquier
muestra de descontento popular: los delitos de asonada, rebelión,
incitación a la rebelión, motín, etcétera,
que están tipificados en los artículos de esta ley son la
muestra de que el virrey se preocupa de hacer las cosas bien y punto.
No hay para qué luchar. El socialismo ha muerto. Viva el conformismo
y la reforma y la modernidad y el capitalismo y los crueles etcéteras
que a esto se asocian y siguen. El virrey y los señores feudales
bailan y ríen eufóricos en sus palacios y palacetes. Su
regocijo es desconcierto en algunos de los escasos pensadores independientes
que habitan en estos lares. Incapaces de entender, se dan a la desazón
y los golpes de pecho. Es cierto, para qué luchar. La correlación
de fuerzas es desfavorable. No es tiempo... hay que esperar más...
tal vez años... alerta contra los aventureros. Que haya sensatez.
Que nada pase en el campo y en la ciudad, que todo siga igual. El socialismo
ha muerto. Viva el capital. Radio, prensa y televisión lo proclaman,
lo repiten algunos exsocialistas, ahora sensatamente arrepentidos.
Pero no todos escuchan las voces de desesperanza y conformismo. No
todos se dejan llevar por el tobogán del desánimo. Los más,
los millones siguen sin escuchar la voz del poderoso y el tibio, no alcanzan
a oír, están ensordecidos por el llanto y la sangre que,
muerte y miseria, les gritan al oído. Pero cuando hay un momento
de reposo, que los hay todavía, escuchan otra voz, no la que viene
de arriba, sino la que trae el viento de abajo y que nace del corazón
indígena de las montañas, la que les habla de justicia y
libertad, la que les habla de socialismo, la que les habla de esperanza...
la única esperanza de ese mundo terrenal. Y cuentan los más
viejos entre los viejos de las comunidades que hubo un tal Zapata que
se alzó por los suyos y que su voz cantaba, más que gritar,
¡Tierra y Libertad! Y cuentan estos ancianos que no ha muerto, que
Zapata ha de volver. Y cuentan los viejos más viejos que el viento
y la lluvia y el sol le dicen al campesino cuándo ha de preparar
la tierra, cuándo ha de sembrar y cuándo cosechar. Y cuentan
que también la esperanza se siembra y se cosecha. Y dicen los viejos
que el viento, la lluvia y el sol están hablando de otra forma
a la tierra, que de tanta pobreza no puede seguir cosechando muerte, que
es la hora de cosechar rebeldía. Así dicen los viejos. Los
poderosos no escuchan, no alcanzan a oír, están ensordecidos
por el embrutecimiento que los imperios les gritan al oído. "Zapata"
repiten quedo los pobres jóvenes; "Zapata" insiste el
viento, el de abajo, el nuestro.
Viento Segundo
EL DE ABAJO
Capítulo Cuarto
Que narra cómo la dignidad y la rebeldía se emparentan
en el sureste y de cómo los fantasmas de Jacinto Pérez y
mapaches recorren las sierras de Chiapas. Narra también de la paciencia
que se agota y otros sucesos de ignorada presencia pero presumible consecuencia.
Este pueblo nació digno y rebelde, lo hermana al resto de los
explotados del país no el Acta de Anexión de 1824, sino
una larga cadena de ignominias y rebeldías. Desde los tiempos en
que sotana y armadura conquistaban estas tierras, la dignidad y la rebeldía
se vivían y difundían bajo estas lluvias.
El trabajo colectivo, el pensamiento democrático, la sujeción
al acuerdo de la mayoría, son más que una tradición
en zona indígena, han sido la única posibilidad de sobrevivencia,
de resistencia, de dignidad y rebeldía. Estas "malas ideas",
a ojos terratenientes y comerciantes, van en contra del precepto capitalista
de "mucho en manos de pocos".
Se ha dicho, equivocadamente, que la rebeldía chiapaneca tiene
otro tiempo y no responde al calendario nacional. Mentira: la especialidad
del explotado chiapaneco es la misama del de Durango, el Bajío
o Veracruz; pelear y perder. Si las voces de los que escriben la historia
hablan de descompás, es porque la voz de los oprimidos no habla...
todavía. No hay calendario histórico, nacional o regional,
que recoja todas y cada una de las rebeliones y disconformidades contra
el sistema impuesto y mantenido a sangre y fuego en todo el territorio
nacional. En Chiapas esta voz de rebeldías se escucha sólo
cuando estremece el mundillo de terratenientes y comerciantes. Entonces
sí el fantasma de la barbarie indígena retumba en los muros
de los palacios gobernantes y pasa todo con la ayuda de plomo ardiente,
el encierro, el engaño y la amenaza. Si las rebeliones en el sureste
pierden, como pierden en el norte, centro y occidente, no es por desacompañamiento
temporal, es porque el viento es el fruto de la tierra, tiene su tiempo
y madura, no en los libros de lamentos, sino en los pechos organizados
de los que nada tienen más que dignidad y rebeldía. Y este
viento de abajo, el de la rebeldía, el de la dignidad, no es sólo
respuesta a la imposición del viento de arriba, no es sólo
brava contestación, lleva en sí una propuesta nueva, no
es sólo la destrucción de un sistema injusto y arbitrario,
es sobre todo una esperanza, la de la conversión de dignidad y
rebeldía en libertad y dignidad.
¿Cómo habrá de hacerse oír esta voz nueva
en estas tierras y en todas las del país? ¿Cómo habrá
de crecer este viento oculto, conforme ahora con soplar en sierras y cañadas,
sin bajar aún a los valles donde manda el dinero y gobierna la
mentira?
De la montaña vendrá este viento, nace ya bajo los árboles
y conspira por un nuevo mundo, tan nuevo que es apenas una intuición
en el corazón colectivo que lo anima...
Capítulo Quinto
Que narra cómo la dignidad indígena se dió en
caminar para hacerse oír y poco duró su voz, y narra también
cómo voces de antes se repiten hoy y de que volverán los
indios a caminar pero con paso firme, y junto a otros pasos desposeídos,
para tomar lo que les pertenece y la música de muerte que toca
ahora sólo para los que nada tienen, tocará para otros.
Y narra también otros asombrosos acontecimientos que suceden y,
dicen, habrán de suceder.
La marcha indígena Xi'Nich (hormiga), realizada por campesinos
de Palenque, Ocosingo y Salto de Agua, viene a demostrar lo absurdo del
sistema. Estos indígenas tuvieron que caminar mil 106 kilómetros
para hacerse escuchar, llegaron hasta la capital de la república
para que el poder central les consiguiera una entrevista con el virrey.
Llegaron al Distrito Federal cuando el capitalismo pintaba una tragedia
espantosa sobre los cielos de Jalisco. Llegaron a la capital de la antigua
Nueva España, hoy México, en el año 500 después
de que la pesadilla extranjera se impuso en la noche de esta tierra. Llegaron
y los escucharon todas las gentes honestas y nobles que hay, y las hay
todavía, y también las escucharon las voces que oprimen
el sureste, norte, centro y occidente de la patria. Regresaron otros mil
106 kilómetros llenos los bolsillos de promesas. Nada quedó
de nuevo...
En la cabecera municipal de Simojovel, los campesinos de la CIOAC
fueron atacados por gente pagada por ganaderos de la localidad. Los campesinos
de Simojovel han decidido dejar de estar callados y responder a las amenazas
cumplidas de los finqueros. Manos campesinas cercan la cabecera municipal,
nada ni nadie entra o sale sin su consentimiento. El ejército federal
se acuartela, la policía recula y los señores feudales del
estado claman fuego para volver al orden y el respeto. Comisiones negociadoras
van y vienen. El conflicto se soluciona aparentemente, las causas subsisten
y con la misma apariencia, todo vuelve a la calma.
En el poblado Betania, en las afueras de San Cristóbal de Las
Casas, los indígenas son detenidos y extorsionados, regularmente
por agentes judiciales, por cortar leña para sus hogares. La judicial
cumple con su deber de cuidar la ecología, dicen los agentes. Los
indígenas deciden dejar de estar callados y secuestran a tres judiciales.
No conformes con eso, toman la carretera Panamericana y cortan la comunicación
al oriente de San Cristóbal. En el crucero de Ocosingo y Comitán,
los campesinos tienen amarrados a los judiciales y exigen hablar con el
virrey antes de desbloquear la carretera. El comercio se empantana, el
turismo se derrumba. La noble burguesía coleta se mesa sus venerables
cabelleras. Comisiones negociadoras van y vienen. El conflicto se soluciona
aparentemente, las causas subsisten, y con la misma apariencia todo vuelve
a la calma.
En Marqués de Comillas, municipio de Ocosingo, los campesinos
sacan madera para sobrevivir. La judicial los detiene y requisa la madera
para provecho de su comandante. Los indígenas deciden dejar de
estar callados y toman los vehículos y hacen prisioneros a los
agentes, el gobierno manda policías de seguridad pública
y son tomados prisioneros de la misma forma. Los indígenas retienen
los camiones, la madera y a los prisioneros. Sueltan a estos últimos.
No hay respuesta. Marchan a Palenque para exigir solución y el
ejército los reprime y secuestra a sus dirigentes. Siguen reteniendo
los camiones. Comisiones negociadoras van y vienen. El gobierno suelta
a los dirigentes, los campesinos sueltan los camiones. El conflicto se
soluciona aparentemente, las causas subsisten, y con la misma apariencia
todo vuelve a la calma.
En la cabecera municipal de Ocosingo marchan, desde distintos puntos
de las fuerzas de la ciudad, 4 mil campesinos indígenas de la ANCIEZ.
Tres marchas convergen frente al Palacio Municipal. El presidente no sabe
de qué se trata y se da a la fuga, en el suelo de su despacho queda
tirado un calendario señalando la fecha: 10 de abril de 1992. Afuera
los campesinos indígenas de Ocosingo, Oxchuc, Huixtán, Chilón,
Yajalón, Sabanilla, Salto de Agua, Palenque, Altamirano, Margaritas,
San Cristóbal, San Andrés y Cancuc, bailan frente a una
imagen gigantesca de Zapata pintada por uno de ellos, declaman poemas,
cantan y dicen su palabra. Sólo ellos se escuchan. Los finqueros,
comerciantes y judiciales se encierran en sus casas y comercios, la guarnición
federal parece desierta. Los campesinos gritan que Zapata vive, la lucha
sigue. Uno de ellos lee una carta dirigida a Carlos Salinas de Gortari
donde lo acusan de haber acabado con los logros zapatistas en materia
agraria, vender al país con el Tratado de Libre Comercio y volver
a México a los tiempos del porfirismo, declaran contundentemente
no reconocer las reformas salinistas al artículo 27 de la Constitución
Política. A las dos de la tarde, la manifestación se disuelve,
en orden aparente, las causas subsisten, y con la misma apariencia todo
vuelve a la calma.
Abasolo, ejido del municipio de Ocosingo. Desde hace años los
campesinos tomaron tierras que les correspondían por derecho legal
y derecho real. Tres dirigentes de su comunidad han sido tomados presos
y torturados por el gobierno. Los indígenas deciden dejar de estar
callados y toman la carretera San Cristóbal-Ocosingo. Comisiones
negociadoras van y vienen. Los dirigentes son liberados. El conflicto
se soluciona aparentemente, las causas subsisten, y con la misma apariencia
todo vuelve a la calma.
Sueña Antonio con que la tierra que trabaja le pertenece, sueña
que su sudor es pagado con justicia y verdad, sueña que hay escuela
para curar la ignorancia y medicina para espantar la muerte, sueña
que su casa se ilumina y su mesa se llena, sueña que su tierra
es libre y que es razón de su gente gobernar y gobernarse, sueña
que está en paz consigo mismo y con el mundo. Sueña que
debe luchar para tener ese sueño, sueña que debe haber muerto
para que haya vida. Sueña Antonio y despierta... ahora sabe qué
hacer y ve a su mujer en cuclillas atizar el fogón, oye a su hijo
llorar, mira el sol saludando al oriente, y afila su machete mientras
sonríe.
Un viento se levanta y todo lo revuelve, él se levanta y camina
a encontrarse con otros. Algo le ha dicho que su deseo es deseo de muchos
y va a buscarlos.
Sueña el virrey con que su tierra se agita por un viento terrible
que todo lo levanta, sueña con que lo que robó le es quitado,
sueña que su casa es destruida y que el reino que gobernó
se derrumba. Sueña y no duerme. El virrey va donde los señores
feudales y éstos le dicen que sueñan lo mismo. El virrey
no descansa, va con sus médicos y entre todos deciden que es brujería
india y entre todos deciden que sólo con sangre se librará
de ese hechizo y el virrey manda matar y encarcelar y construye más
cárceles y cuarteles y el sueño sigue desvelándolo.
En este país todos sueñan. Ya llega la hora de despertar...
LA TORMENTA...
...la que está
Nacerá del choque de estos dos vientos, llega
ya su tiempo, se atiza ya el horno de la historia. Reina ahora el viento
de arriba, ya viene el viento de abajo, ya la tormenta viene... así
será...
LA PROFECIA
...la que está
Cuando amaine la tormenta, cuando
lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra, el mundo ya no será
el mundo, sino algo mejor.
Selva Lacandona, agosto de 1992
Fuente: Página de Comunicados del Frente Zapatista de Liberación
Nacional: http://palabra.fzln.org.mx/
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