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Hoy decimos: ¡Aquí estamos! ¡Resistimos!
"Nosotros somos los vengadores de la muerte.
Nuestra estirpe no se extinguirá mientras
haya luz en el lucero de la mañana"
Popol Vuh
Hermanos y hermanas:
No es nuestra la casa del dolor y la miseria. Así
nos la ha pintado el que nos roba y engaña.
No es nuestra la tierra de la muerte y la angustia.
No es nuestro el camino de la guerra.
No es nuestra la traición ni tiene cabida en nuestro
paso el olvido.
No son nuestros el suelo vacío y el hueco cielo.
Nuestra es la casa de la luz y la alegría. Así
la nacimos, así la luchamos, así la creceremos.
Nuestra es la tierra de la vida y la esperanza.
Nuestro el camino de la paz que se siembra con dignidad
y se cosecha con justicia y libertad.
I. La resistencia y el silencio
Hermanos y hermanas.
Nosotros entendemos que la lucha por el lugar que merecemos
y necesitamos en la gran Nación mexicana, es sólo una parte
de la gran lucha de todos por la democracia, la libertad y la justicia,
pero es parte fundamental y necesaria. Una y otra vez, desde el inicio
de nuestro alzamiento el 1 de enero de 1994, hemos llamado a todo el pueblo
de México a luchar juntos y por todos los medios, por los derechos
que nos niegan los poderosos. Una y otra vez, desde que nos vimos y hablamos
con todos ustedes, hemos insistido en el diálogo y el encuentro
como camino para andarnos. Desde hace más de cuatro años
nunca la guerra ha venido de nuestro lado. Desde entonces siempre la guerra
ha venido en la boca y los pasos de los supremos gobiernos. De ahí
han venido las mentiras, las muertes, las miserias.
Consecuentes con el camino que ustedes nos pidieron andar,
dialogamos con el poderoso y llegamos a acuerdos que significarían
el inicio de la paz en nuestras tierras, la justicia a los indígenas
de México y la esperanza a todos los hombres y mujeres honestos
del país.
Estos acuerdos, los Acuerdos de San Andrés, no fueron
producto de la voluntad única de nosotros, ni nacieron solos. A
San Andrés llegaron representantes de todos los pueblos indios
de México, ahí estuvo su voz representada y planteadas sus
demandas. Estuvo brillando su lucha que es lección y camino, habló
su palabra y su corazón definió.
No estuvieron solos los zapatistas en San Andrés y sus acuerdos.
Junto y detrás de los pueblos indios del país estuvieron
y están los zapatistas. Como ahora, entonces sólo fuimos
parte pequeña de la gran historia con rostro, palabra y corazón
del náhuatl, paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma,
seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca,
ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui,
amuzgo, mazateco, chocho, izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua,
popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal,
tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco,
kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán,
tarahumara, mayo, yaqui, cahita, ópata, cora, huichol, purépecha
y kikapú.
Como entonces, hoy seguimos caminando junto a todos los
pueblos indios en la lucha por el reconocimiento de sus derechos.
No como vanguardia ni dirección, sólo como
parte.
Nosotros cumplimos nuestra palabra de buscar la solución
pacífica.
Pero el supremo gobierno faltó a su palabra e incumplió
el primer acuerdo fundamental al que habíamos llegado: el reconocimiento
de los derechos indígenas.
A la paz que ofrecíamos, el gobierno opuso la guerra
de su empecinamiento.
Desde entonces, la guerra en contra nuestra y de todos los
pueblos indios ha seguido.
Desde entonces, las mentiras han crecido.
Desde entonces se ha engañado al país y al
mundo enteros simulando la paz y haciendo la guerra contra todos los indígenas.
Desde entonces se ha tratado de olvidar el incumplimiento
de la palabra gubernamental y se ha querido ocultar la traición
que gobierna las tierras mexicanas.
II. Contra la guerra, no otra guerra sino la misma resistencia
digna y silenciosa
Mientras el gobierno descubría a México y
al mundo su voluntad de muerte y destrucción, los zapatistas no
respondimos con violencia ni entramos a la siniestra competencia para
ver quién causaba más muertes y dolores a la otra parte.
Mientras el gobierno amontonaba palabras huecas y se apresuraba a discutir
con un rival que se le escabullía continuamente, los zapatistas
hicimos del silencio un arma de lucha que no conocía y contra la
que nada pudo hacer, y contra nuestro silencio se estrellaron una y otra
vez las punzantes mentiras, las balas, las bombas, los golpes. Así
como después de los combates de enero de 94 descubrimos en la palabra
un arma, ahora lo hicimos con el silencio. Mientras el gobierno ofreció
a todos la amenaza, la muerte y la destrucción, nosotros pudimos
aprendernos y enseñarnos y enseñar otra forma de lucha,
y que, con la razón, la verdad y la historia, se puede pelear y
ganar... callando.
Mientras el gobierno repartía sobornos y mentía
apoyos económicos para comprar lealtades y quebrar convicciones,
los zapatistas hicimos de nuestro digno rechazo a las limosnas del poderoso
un muro que nos protegió y más fuertes nos hizo.
Mientras el gobierno mostraba señuelos con riquezas corruptas e
imponía el hambre para rendir y vencer, los zapatistas hicimos
de nuestra hambre un alimento y de nuestra pobreza la riqueza del que
se sabe digno y consecuente.
Silencio, dignidad y resistencia fueron nuestras fortalezas
y nuestras mejores armas. Con ellas combatimos y derrotamos a un enemigo
poderoso pero falto de razón y justicia en su causa. De nuestra
experiencia y de la larga y luminosa historia de lucha indígena
que nos heredaron nuestros antepasados, los habitantes primeros de estas
tierras, retomamos estas armas y convertimos en soldados nuestros silencios,
la dignidad en luz, y en muralla nuestra resistencia.
No obstante que, en el tiempo que duró este nuestro
estar callado, nos mantuvimos sin participar directamente en los principales
problemas nacionales con nuestra posición y propuestas; aunque
el silencio nuestro le permitió al poderoso nacer y crecer rumores
y mentiras sobre divisiones y rupturas internas en los zapatistas, y trató
de vestirnos con el traje de la intolerancia, la intransigencia, la debilidad
y la claudicación; pese a que algunos se desanimaron por la falta
de nuestra palabra y que otros aprovecharon su ausencia para simular ser
voceros nuestros, a pesar de estos dolores y también por ellos,
grandes fueron los pasos que adelante nos anduvimos y vimos.
Vimos que ya no pudieron mantener callados a nuestros muertos,
muertos hablaron los muertos nuestros, muertos acusaron, muertos gritaron,
muertos se vivieron de nuevo. Ya no morirán jamás los muertos
nuestros. Estos muertos nuestros siempre nuestros y siempre de los todos
que se luchan.
Vimos a decenas de los nuestros enfrentarse con manos y
uñas contra miles de armas modernas, los vimos caer presos, los
vimos levantarse dignos y dignos resistir. Vimos a miembros de la sociedad
civil caer presos por estar cerca de los indígenas y por creer
que la paz tiene que ver con el arte, la educación y el respeto.
Les vimos, ya moreno su corazón de lucha y ya hermanos nuestros
los vimos.
Vimos a la guerra venir de arriba con su estruendo y vimos
que pensaron que responderíamos y ellos harían el absurdo
de convertir nuestras respuestas en argumentos para aumentar su crimen.
Y trajo la guerra el gobierno y no obtuvo respuesta alguna, pero su crimen
siguió. Nuestro silencio desnudó al poderoso y lo mostró
tal y como es: una bestia criminal. Vimos que nuestro silencio evitó
que la muerte y la destrucción crecieran. Así se desenmascararon
los asesinos que se esconden tras los ropajes de lo que ellos llaman el
"estado de derecho". Arrancado el velo tras el que se escondían,
aparecieron los tibios y pusilánimes, los que juegan con la muerte
por ganancias, los que ven en la sangre ajena una escalera, los que matan
porque al matador aplauden y solapan. Y el que gobierna se despojó
de su último e hipócrita ropaje. "La guerra no es contra
los indígenas", dijo mientras perseguía, encarcelaba
y asesinaba indígenas. Su propia y personal guerra lo acusó
de asesino mientras nuestro silencio lo acusaba.
Vimos al poderoso gobierno irritarse al no encontrar ni
rival ni rendición, lo vimos entonces volverse contra otros y golpear
a los que no tienen el mismo camino que nosotros pero levantan idénticas
banderas: líderes indígenas honestos, organizaciones sociales
independientes, mediadores, organismos no gubernamentales consecuentes,
observadores internacionales, ciudadanos cualquiera que quieren la paz.
Vimos a todos estos hermanos y hermanas ser golpeados y los vimos no rendirse.
Vimos al gobierno pegar a todos y, queriendo fuerzas restar, sumar enemigos
lo vimos.
Vimos también que el gobierno no es uno ni es unánime
la vocación de muerte que su jefe luce. Vimos que dentro tiene
gente que quiere la paz, que la entiende, que necesaria la ve, que la
mira imprescindible. Callados nosotros, vimos que otras voces dentro de
la máquina de guerra hablaron para decir no a su camino.
Vimos al poderoso desconocer su propia palabra y mandar
a los legisladores una propuesta de ley que no resuelve las demandas de
los más primeros de estas tierras, que la paz aleja, y que defrauda
las esperanzas de una solución justa que acabe con la guerra. Lo
vimos sentarse a la mesa del dinero y ahí anunciar su traición
y buscar el apoyo que los de abajo le niegan. Del dinero recibió
el poderoso aplausos, oro, y la orden de acabar con los que hablan montañas.
"Que mueran los que tengan que morir, miles si es necesario, pero
que se acabe ese problema", así habló el dinero al
oído del que dice que gobierna. Vimos que esa propuesta incumplía
con lo ya reconocido con nuestro derecho a gobernar y a gobernarnos como
parte de esta Nación.
Vimos que esa pro
uesta nos quiere romper en pedazos, nos quiere quitar nuestra
historia, nos quiere borrar la memoria, y olvida la voluntad de todos
los pueblos indios que se hizo colectiva en San Andrés. Vimos que
esa propuesta trae la división y la ruptura de la mano, destruye
puentes y borra esperanzas.
Vimos que a nuestro silencio se sumó la voluntad
de gentes y personas buenas que, en los partidos políticos, levantaron
voz y fuerza organizada en contra de la mentira, y así parar se
pudo la injusticia y la simulación que se pretendían como
ley constitucional de derechos indios y no era mas que ley para la guerra.
Vimos que, callando, mejor podíamos escuchar voces
y vientos de abajo, y no sólo la ruda voz de la guerra de arriba.
Vimos que callando nosotros, el gobierno sepultó la legitimidad
que dan la voluntad de paz y la razón como ruta y paso. El hueco
de nuestra palabra ausente señaló la vacía y estéril
palabra del que mandando manda, y se convencieron otros que no nos escuchaban
y que con desconfianza nos miraban. Así, en muchos se afirmó
la necesidad de la paz con la justicia y la dignidad como apellidos.
Vimos a esos todos que son los otros como nosotros, buscarse
y buscar otras formas para que la paz volviera al terreno de las posibles
esperanzas, construir y lanzar iniciativas los vimos, los vimos crecerse.
Los vimos llegar hasta nuestras comunidades con ayuda haciéndonos
saber que no estamos solos. Los vimos protestar marchando, firmando cartas,
desplegados, pintando, cantando, escribiendo, llegando hasta nosotros.
Los vimos también proponer diálogo con ellos, el verdadero,
no el que se simula por la voluntad del poderoso. Vimos también
que algunos fueron descalificados por la intolerancia de quienes más
tolerantes ser debieran.
Vimos a otros que antes no vimos. Vimos que la lucha por
la paz sumó ella, y no nosotros, a gentes nuevas y buenas, hombres
y mujeres que, pudiendo optar por el cinismo y la apatía, eligieron
el compromiso y la movilización.
A todos en silencio vimos, en silencio saludamos nosotros a los que buscaron
y abrieron puertas, y en silencio les construimos esta respuesta.
Vimos a hombres y mujeres nacidos en otros suelos sumarse
a la lucha por la paz. Vimos a unos desde sus propios países tender
el largo puente del "no están solos", los vimos movilizarse
y repetir el "¡Ya basta!", primero los vimos imaginar
y realizar reclamos de justicia, marchar como quien canta, escribir como
quien grita, hablar como quien marcha. Vimos todos esos destellos rebotar
en los cielos y llegar a nuestras tierras con todos los nombres con los
que José se nombra, con los rostros de los todos que en todos los
mundos lugar para todos quieren.
Vimos a otros cruzar el largo puente y, desde sus suelos,
llegar hasta los nuestros después de saltar fronteras y océanos,
para observar y condenar la guerra. Los vimos llegar hasta nosotros para
hacernos saber que no estamos solos. Los vimos ser perseguidos y hostigados
como nosotros. Los vimos ser golpeados como nosotros. Los vimos ser calumniados
como nosotros lo somos. Los vimos resistir como nosotros. Los vimos quedarse
aunque los fueran. Los vimos en sus suelos hablando lo que miraron sus
ojos y mostrar lo que escucharon sus oídos. Seguir luchando los
vimos.
Vimos que callando, más fuerte habló la resistencia
de nuestros pueblos en contra del engaño y la violencia.
Vimos que en silencio también nos hablamos como lo
que realmente somos no como el que trae la guerra, sino como el que busca
la paz, no como el que su voluntad impone, sino como el que un lugar donde
quepan todos anhela, no como el que está solo y simula muchedumbre
a su lado, sino como el que es todos aun en la silenciosa soledad del
que resiste.
Vimos que nuestro silencio fue escudo y espada que hirió
y desgastó al que la guerra quiere y guerra impone. Vimos que nuestro
silencio hizo resbalar una y otra vez a un poder que simula paz y buen
gobierno, y que su poderosa máquina de muerte una y otra vez se
estrelló contra el silencioso muro de nuestra resistencia. Vimos
que en cada nuevo ataque menos ganaba y más perdía. Vimos
que no peleando peleábamos.
Y vimos que la voluntad de paz también callando se
afirma, se muestra y convence.
III.- San Andrés: una ley nacional para todos
los indígenas y una ley para la paz.
Una ley indígena nacional debe responder a las esperanzas
de los pueblos indios de todo el país. En San Andrés estuvieron
representados los indígenas de México y no sólo los
zapatistas. Los acuerdos firmados lo son con todos los pueblos indios,
y no sólo con los zapatistas. Para nosotros, y para millones de
indígenas y no indígenas mexicanos, una ley que no cumpla
con San Andrés es sólo una simulación, es una puerta
a la guerra y un precedente para rebeliones indígenas que, en el
futuro, vendrán a cobrar la factura que la historia presenta regularmente
a las mentiras.
Una reforma constitucional en materia de derechos y cultura
indígenas no debe ser unilateral, debe incorporar los Acuerdos
de San Andrés y reconocer así los aspectos fundamentales
de las demandas de los pueblos indios: autonomía, territorialidad,
pueblos indios, sistemas normativos. En los Acuerdos se reconoce el derecho
a la autonomía indígena y el territorio, conforme al convenio
169 de la OIT, firmado por el Senado de la República. Ninguna legislación
que pretenda encoger a los pueblos indios al limitar sus derechos a las
comunidades, promoviendo así la fragmentación y la dispersión
que hagan posible su aniquilamiento, podrá asegurar la paz y la
inclusión en la Nación de los más primeros de los
mexicanos. Cualquier reforma que pretenda romper los lazos de solidaridad
históricos y culturales que hay entre los indígenas, está
condenada al fracaso y es, simplemente, una injusticia y una negación
histórica.
Aunque no incorpora todos los Acuerdos de San Andrés
(una prueba más de que no fuimos intransigentes, aceptamos la labor
de la coadyuvancia y la respetamos), la iniciativa de ley elaborada por
la Comisión de Concordia y Pacificación es una propuesta
de ley que nace del proceso de negociación y, por tanto, está
en el espíritu de darle continuidad y razón de ser al diálogo,
es una base firme que puede abrir la solución pacifica del conflicto,
se convierte en una importante ayuda para anular la guerra y preceder
a la paz. La llamada "ley Cocopa" se elabora sobre la base de
lo que produjeron los pueblos indios desde abajo, reconoce un problema
y sienta las bases para solucionarlo, refleja otra forma de hacer política,
la que aspira a hacerse democrática, responde a una demanda nacional
de paz, une a sectores sociales y permite seguir adelante en la agenda
de los grandes problemas nacionales. Por eso hoy ratificamos que apoyamos
la iniciativa de ley elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación
y demandamos que se eleve a rango constitucional.
IV.- El diálogo y la negociación, posibles
si son verdaderos.
Sobre el diálogo y la negociación decimos
que tienen tres grandes enemigos que deben ser derrotados para poder constituirse
en camino viable, eficaz y creíble. Estos enemigos son la ausencia
de mediación, la guerra y el incumplimiento de los acuerdos. Y
la falta de una mediación, la guerra y el incumplimiento de la
palabra son responsabilidad del gobierno.
La mediación en la negociación de un conflicto
es imprescindible, sin ella no es posible que exista un diálogo
entre dos partes enfrentadas. Al destruir con su guerra a la Comisión
Nacional de Intermediación, el gobierno destruyó el único
puente que había para el diálogo, se deshizo de un importante
obstáculo a la violencia y provocó el surgimiento de una
interrogante: ¿mediación nacional o internacional?
El diálogo y la negociación tendrán
pertinencia, viabilidad y eficacia cuando, además de contar con
una mediación, la confianza y la credibilidad se restituyan. Mientras
tanto, sólo puede ser una farsa en la que no estamos dispuestos
a participar. No para eso entramos al diálogo. Entramos para buscar
vías pacíficas, no para ganar tiempo apostando a trapacerías
políticas. No podemos ser cómplices de una simulación.
Tampoco podemos ser cínicos y fingir un diálogo
sólo para evitar la persecución, el encarcelamiento y el
asesinato de nuestros dirigentes. Las banderas zapatistas no nacieron
con nuestros jefes, no morirán con ellos. Si nuestros dirigentes
son asesinados o encarcelados, no podrán decir que fue por ser
inconsecuentes o traidores.
No nos alzamos y nos hicimos rebeldes por creernos más
fuertes y poderosos. Nos levantamos en demanda de democracia, libertad
y justicia porque tenemos la razón y la dignidad de la historia
de nuestro lado. Y con esto en las manos y en el pecho, es imposible quedarse
impávido frente a las injusticias, traiciones y mentiras que en
nuestro país son ya un "estilo de gobierno".
La razón siempre ha sido un arma de resistencia frente a la estupidez
que ahora, pero no por mucho tiempo, aparece tan arrolladora y omnipotente.
Estemos o no estemos los zapatistas, la paz con justicia y dignidad es
un derecho por cuyo cumplimiento seguirán luchando los mexicanos
honestos, indígenas y no indígenas.
V.- Resistimos, seguimos.
Hermanos y hermanas:
El EZLN ha logrado sobrevivir como organización a una de las ofensivas
más feroces que en su contra se han desatado. Conserva intacta
su capacidad militar, ha expandido su base social y se ha fortalecido
políticamente al evidenciarse la justeza de sus demandas. Se ha
reforzado el carácter indígena del EZLN, y sigue siendo
un importante impulsor de la lucha por los derechos de los pueblos indios.
Los indígenas son hoy actores nacionales y sus destinos y planteamientos
forman parte de la discusión nacional. La palabra de los habitantes
primeros de estas tierras tiene ya un lugar especial en la opinión
pública, lo indígena ya no es turismo o artesanía,
sino lucha en contra de la pobreza y por la dignidad. Los zapatistas hemos
tendido un puente con otras organizaciones sociales y políticas,
y con miles de personas sin partido, de todas hemos recibido respeto y
a todas hemos correspondido. Además hemos, junto a otros, tendido
puentes a todo el mundo y hemos contribuido a crear (al lado de hombres
y mujeres de los 5 continentes) una gran red que lucha por medios pacíficos
en contra del neoliberalismo y resiste luchando por un mundo nuevo y mejor.
También hemos contribuido en algo en el nacimiento de un movimiento
cultural nuevo y fresco que lucha por un hombre y un mundo nuevos.
Todo esto ha sido posible gracias a nuestros compañeros y compañeras
bases de apoyo, sobre ellos y ellas ha recaído el peso mayor de
nuestra lucha y la han enfrentado con firmeza, decisión y heroísmo.
Importante también ha sido el apoyo de los pueblos indios de todo
el país, de nuestros hermanos indígenas que nos han enseñado,
nos han escuchado y nos han hablado. La sociedad civil nacional ha sido
el factor fundamental para que las justas demandas de los zapatistas y
de los indígenas de todo el país continúen por el
camino de las movilizaciones pacíficas. La sociedad civil internacional
ha sido sensible y ha tenido oídos y ojos atentos para que la respuesta
a las exigencias no sean más muertes o prisiones. Las organizaciones
políticas y sociales independientes nos han aceptado como hermanos
y así nuestra resistencia se llenó de aliento. Todos no
han ayudado para resistir a la guerra, nadie para hacerla.
Hoy, con todos los que caminan dentro nuestro y a nuestro lado, decimos:
¡Aquí estamos! ¡Resistimos!
A pesar de la guerra que padecemos, de nuestros muertos y presos, los
zapatistas no olvidamos por qué luchamos y cuál es nuestra
principal bandera en la lucha por la democracia, la libertad y la justicia
en México: la del reconocimiento de los derechos de los pueblos
indios.
Por el compromiso hecho desde el primer día de nuestro alzamiento,
hoy volvemos a poner en primer lugar, por encima de nuestro sufrimiento,
por encima de nuestros problemas, por encima de las dificultades, la exigencia
de que se reconozcan los derechos de los indígenas con un cambio
en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
que les asegure a todos el respeto y la posibilidad de luchar por lo que
les pertenece: la tierra, el techo, el trabajo, el pan, la medicina, la
educación, la democracia, la justicia, la libertad, la independencia
nacional y la paz digna.
VI.- Es la hora de los pueblos indios, de la sociedad civil y del
Congreso de la Unión.
Hermanos y hermanas:
Habló ya la guerra su estridente ruido de muerte y destrucción.
Habló ya el gobierno y su máscara criminal.
Es el tiempo de que florezcan de nuevo en palabras las silenciosas armas
que llevamos por siglos, es el tiempo de que hable la paz, es el tiempo
de la palabra por la vida.
Es nuestro tiempo.
Hoy, con el corazón indígena que es digna raíz de
la nación mexicana y habiendo escuchado ya todos la voz de muerte
que viene en la guerra del gobierno, llamamos al Pueblo de México
y a los hombres y mujeres de todo el planeta a unir con nosotros sus pasos
y sus fuerzas en esta etapa de la lucha por la libertad, la democracia
y la justicia, a través de esta...
Quinta Declaración de la Selva Lacandona.
En la que llamamos a todos los hombres y mujeres honestos a luchar por
el...
RECONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDIOS Y POR EL FIN
DE LA GUERRA DE EXTERMINIO.
No habrá transición a la democracia, ni reforma del Estado,
ni solución real a los principales problemas de la agenda nacional,
sin los pueblos indios. Con los indígenas es necesario y posible
un país mejor y nuevo. Sin ellos no hay futuro alguno como Nación.
Es esta la hora de los pueblos indios de todo México. Los llamamos
para que, juntos, sigamos luchando por los derechos que la historia, la
razón y la verdad nos han dado. Los llamamos para que, juntos y
recogiendo la herencia de lucha y resistencia, nos movilicemos en todo
el país y le hagamos saber a todos, por medios civiles y pacíficos,
que somos la raíz de la Nación, su fundamento digno, su
presente de lucha, su futuro incluyente. Los llamamos para que, juntos,
luchemos por un lugar de respeto al lado de todos los mexicanos. Los llamamos
para que, juntos, demostremos que queremos la democracia, la libertad
y la justicia para todos. Los llamamos a exigir el ser reconocidos como
parte digna de nuestra Nación. Los llamamos para que, juntos, detengamos
la guerra que en contra de todos hacen los poderosos.
Es esta la hora de la Sociedad Civil Nacional y de las organizaciones
políticas y sociales independientes. Es la hora de los campesinos,
de los obreros, de los maestros, de los estudiantes, de los profesionistas,
de los religiosos y religiosas consecuentes, de los periodistas, de los
colonos, de los pequeños comerciantes, de los deudores, de los
artistas, de los intelectuales, de los discapacitados, de los seropositivos,
de los homosexuales, de las lesbianas, de los hombres, de las mujeres,
de los niños, de los jóvenes, de los ancianos, de los sindicatos,
de las cooperativas, de las agrupaciones campesinas, de las organizaciones
políticas, de las organizaciones sociales. Las llamamos a que,
junto a los pueblos indios y a nosotros, luchemos contra la guerra y por
el reconocimiento de los derechos indígenas, por la transición
a la democracia, por un modelo económico que sirva al pueblo y
no se sirva de él, por una sociedad tolerante e incluyente, por
el respeto a la diferencia, por un país nuevo donde la paz con
justicia y dignidad sea para todos.
Es esta la hora del Congreso de la Unión. Después de una
larga lucha por la democracia, encabezada por los partidos políticos
de oposición, hay en las cámaras de Diputados y Senadores
una nueva correlación de fuerzas que dificulta las arbitrariedades
propias del presidencialismo y apunta, con esperanza, a una verdadera
separación e independencia de los poderes de la Unión. La
nueva composición política de las cámaras baja y
alta plantea el reto de dignificar el trabajo legislativo, la expectativa
de convertirlo en un espacio al servicio de la Nación y no del
presidente en torno, y la esperanza de hacer realidad el "Honorable"
que antecede al nombre colectivo con que se conoce a senadores y diputados
federales. Llamamos a los diputados y senadores de la República
de todos los partidos políticos con registro y a los congresistas
independientes, a que legislen en beneficio de todos los mexicanos. A
que manden obedeciendo. A que cumplan con su deber apoyando la paz y no
la guerra. A que, haciendo efectiva la división de Poderes, obliguen
al Ejecutivo federal a detener la guerra de exterminio que lleva adelante
en las poblaciones indígenas de México. A que, con pleno
respeto a las prerrogativas que la Constitución Política
les confiere, escuchen la voz del pueblo mexicano y sea ella la que los
mande en el momento de legislar. A que apoyen con firmeza y plenitud a
la Comisión de Concordia y Pacificación, para que esta comisión
legislativa pueda desempeñar eficaz y eficientemente sus labores
de coadyuvancia en el proceso de paz. A que respondan al llamado histórico
que exige pleno reconocimiento a los derechos de los pueblos indios. A
que contribuyan a crear una imagen internacional digna de nuestro país.
A que pasen a la historia nacional como un Congreso que dejó de
obedecer y servir a uno, y cumplió con su obligación de
obedecer y servir a todos.
Es esta la hora de la Comisión de Concordia y Pacificación.
Está en sus manos y habilidades el detener la guerra, cumplir lo
que el Ejecutivo se niega a cumplir, abrir la esperanza de una paz justa
y digna, y crear las condiciones para la convivencia pacífica de
todos los mexicanos. Es la hora de hacer cumplir lealmente la ley dictada
para el diálogo y la negociación en Chiapas. Es la hora
de responder a la confianza que en esta Comisión depositaron, no
sólo los pueblos indios que acudieron a la mesa de San Andrés,
también el pueblo todo que exige el cumplimiento de la palabra
empeñada, el alto a la guerra y la paz necesaria.
Esta es la hora de la lucha por los derechos de los pueblos indios, como
un paso a la democracia, la libertad y la justicia para todos.
Como parte de esta lucha a la que llamamos en esta Quinta Declaración
de la Selva Lacandona por el reconocimiento de los derechos indígenas
y por el fin de la guerra, ratificando nuestro "Para todos todo,
nada para nosotros", el EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN
NACIONAL anuncia que realizará directamente y en todo México
una...
CONSULTA NACIONAL SOBRE LA INICIATIVA DE LEY INDÍGENA DE LA
COMISIÓN DE CONCORDIA Y PACIFICACIÓN Y POR EL FIN DE LA
GUERRA DE EXTERMINIO
Para esto nos proponemos llevar la iniciativa de ley de la Comisión
de Concordia y Pacificación a una consulta nacional en todos los
municipios del país para que todos los mexicanos y mexicanas puedan
manifestar su opinión sobre dicha iniciativa. El EZLN enviará
una delegación propia a cada uno de los municipios de todo el país
para explicar el contenido de la iniciativa de Cocopa y para participar
en la realización de la consulta. Para esto, el EZLN se dirigirá,
en su oportunidad y públicamente, a la sociedad civil nacional
y a las organizaciones políticas y sociales para hacerles saber
la convocatoria expresa.
Llamamos a:
Los pueblos indios de todo México a que, junto a los zapatistas,
se movilicen y se manifiesten exigiendo el reconocimiento de sus derechos
en la Constitución.
Los hermanos y hermanas del Congreso Nacional Indígenas para que
participen, juntos los zapatistas, en la tarea de consulta a todos los
mexicanos y mexicanas sobre la iniciativa de ley de la Cocopa.
A los trabajadores, campesinos, maestros, estudiantes, ama de casa, colonos,
pequeños propietarios, pequeños comerciantes y empresarios,
jubilados, discapacitados, religiosos y religiosas, jóvenes, mujeres,
ancianos, homosexuales y lesbianas, niños y niñas, para
que, de manera individual o colectiva participen directamente con los
zapatistas en la promoción, apoyo y realización de esta
consulta, como un paso más a la paz con justicia y dignidad.
A la comunidad científica, artística e intelectual para
que se sumen a los zapatistas en las tareas de organización de
la consulta en todo el territorio nacional.
A las organizaciones sociales y políticas para que, con los zapatistas,
trabajen en la realización de la consulta.
A los Partidos Políticos honestos y comprometidos con las causas
populares para que otorguen todo el apoyo necesario a esta consulta nacional.
Para esto, el EZLN se dirigirá, en su oportunidad y públicamente,
a las direcciones nacionales de los partidos políticos en México.
Al Congreso de la Unión para que asuma su compromiso de legislar
en beneficio del pueblo, para que contribuya a la paz y no a la guerra
apoyando la realización de esta consulta. Para esto, el EZLN se
dirigirá, en su oportunidad y públicamente, a los coordinadores
de las fracciones parlamentarios y a los legisladores independientes en
las cámaras de Diputados y Senadores.
A la Comisión de Concordia y Pacificación para que, cumpliendo
con sus labores de coadyuvancia en el proceso de paz, allane el camino
para la realización de la consulta sobre su iniciativa. Para esto,
el EZLN se dirigirá, en su oportunidad y públicamente, a
los legisladores miembros de la Cocopa.
VII.- Tiempo de la palabra para la paz.
Hermanos y hermanas:
Ha pasado ya el tiempo en que la guerra del poderoso habló, no
dejemos que hable más.
Es ya el tiempo de que hable la paz, la que merecemos y necesitamos todos,
la paz con justicia y dignidad.
Hoy, 19 de julio de 1998, el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional suscribe esta Quinta Declaración de la Selva Lacandona.
Invitamos a todos a conocerla, difundirla y a sumarse a los esfuerzos
y tareas que demanda.
¡DEMOCRACIA!
¡LIBERTAD!
¡JUSTICIA!
Desde las montañas del Sureste Mexicano
Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General
del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
México, Julio de 1998.
Fuente: Página de Comunicados del Frente Zapatista de Liberación
Nacional: http://palabra.fzln.org.mx/
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